Ir al contenido principal

Crisis de los niños migrantes

Juan es un joven agricultor guatemalteco de 14 años. Cuando tenía dos años, a su padre lo mataron en un asalto. Su madre falleció por una enfermedad un año después. Él y sus cinco hermanos se quedaron solos en la lucha por salir adelante. El 22 de julio del 2013, un coche recogió a Juan y a otras personas para llevarlos con un coyote que los trasladaría a Estados Unidos. Un familiar había pagado 12 mil quetzales –alrededor de 20 mil pesos– al traficante para trasladar a Juan hacia el sueño americano.

El muchacho inició su aventura acompañado sólo por una mochila llena de ropa. El coyote les dijo que en 18 días llegarían a Estados Unidos. Subió al autobús y halló a 22 personas, todas guatemaltecas, entre ellas algunos menores de edad. Todos rezaban nerviosos implorando la bendición de Dios para el viaje. En una ocasión caminaron 36 horas, día y noche, sin comer ni beber agua. De pronto les gritaron que subieran a un tren que ya estaba en marcha. Mientras corrían para alcanzar el tren, iban dejando tirada ropa, cepillos y jabón para correr más rápido.

Más adelante comenzó su pesadilla. “Cuando íbamos en el tercer tren –relata Juan– se subieron cuatro hombres con machetes y cuchillos. Mi primo y yo sólo nos tomamos de la mano porque si llorábamos nos pegarían”, expresó. Los delincuentes les quitaron los celulares y mochilas a los que integraban el grupo. “¿Quieren colaborar con algo?”, fue la pregunta de los hombres que enseguida le quitaron su mochila y los únicos 40 quetzales –65 pesos– que llevaba para su largo viaje a Estados Unidos.

En México, al llegar al estado de Nuevo León, los agentes de migración los bajaron y les pidieron sus papeles, pero como eran indocumentados, los capturaron junto al coyote. “Estuvimos alrededor de 13 días –dice Juan–, luego nos trajeron a Guatemala. Estoy triste porque regresé otra vez, ahora no sé si volveré a intentarlo”.

Mientras tanto, en la frontera sur de Estados Unidos los agentes de migración tienen capturados alrededor de 52 mil niños que, como Juan, soñaron con una vida mejor o con encontrar a sus papás en alguna ciudad de la Unión americana. En una estación, cuatro agentes con audífonos hacen numerosas preguntas personales y dedican más de una hora a cuestionar a cada adulto, y más aún a los niños. Éstos, generalmente, son desconfiados de la autoridad. Y si a juicio del oficial de migración el niño no demuestra tener miedo de regresar a su país por causa de la violencia, el menor automáticamente es deportado.

A miles de kilómetros al norte, en Washington, un hombre de Iglesia habla al Congreso de Estados Unidos. Es Mark Seitz, obispo de El Paso Texas. El prelado, antes de iniciar su discurso, ha contemplado a Jesús, quien cuando fue niño tuvo que huir a Egipto, acompañado por sus padres, María y José, para salvar su vida de Herodes que quería matarlo. Algo muy parecido ocurre hoy con los niños de Centroamérica que huyen de la violencia pandilleril de sus tierras. El obispo fue a Washington llevando a los niños migrantes en su corazón y en el de toda la Iglesia.

¿Qué ha pedido el obispo al Congreso? Cinco cosas básicamente. Primero, tratar el tema de la migración de niños no acompañados como una crisis humanitaria que requiere la cooperación del gobierno de Estados Unidos, y proporcionar los fondos necesarios para responder a la crisis de forma integral, subrayando la protección a la infancia.

Segundo, el obispo pide políticas para garantizar que los niños migrantes no acompañados reciban los servicios adecuados de bienestar infantil, asistencia jurídica y acceso a la protección de la inmigración cuando proceda. Tercero, que se vele por los intereses superiores del niño en los procedimientos de inmigración para los niños extranjeros no acompañados. Cuarto, examinar las causas que impulsan la migración forzada, como la violencia en los países de origen, la falta de seguridad ciudadana y los mecanismos de protección a los menores. Y por último, buscar soluciones innovadoras en los países de origen y en los países de tránsito que permitan a los niños permanecer y desarrollarse con seguridad en esas tierras.

Los católicos no podemos permanecer indiferentes frente al drama de los niños migrantes. Hemos de compartir nuestra riqueza con quien necesita ayuda. Y nuestra riqueza se llama Jesucristo. “Les aseguro –dice el Señor– que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa”.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Confesionario sin absolución: a mi san Judas se le rompió la cabeza y estoy asustado

Pregunta: Vivo en El Paso Texas y soy devoto de san Judas Tadeo, del cual tengo dos imágenes de yeso que compré. Mi suegra fue a la Ciudad de México y me compró otra imagen más de san Judas. Acomodó la imagen en su coche y cuando llegó a su hotel vio que la estatua tenía la cabeza quebrada. Cuando lo supe quedé muy impactado porque dicen que, cuando eso ocurre, es porque se ha cumplido algo que se le ha pedido al santo. Mi desconcierto fue mayor cuando compré, acá en El Paso Texas, otro san Judas, de color oro, muy bonito, pero al llegar a mi casa uno de los san Judas que ya tenía, estaba con su cabeza rota. Estoy muy impresionado. No sé a qué se deba, padre. A veces creo que el santo está celoso porque tengo varias imágenes de él. Agradezco su tiempo y le pido que me ayude. Padre Hayen: ¿Cómo? ¿Dos imágenes con cabeza rota? ¡Seguramente tú y tu suegra se van a sacar la lotería! Por favor, muchacho, no peques de ingenuidad. Pero además dices que san Judas está celoso porque tien...

El ‘rosario satánico’

A lgunos fieles están inquietos por los símbolos de un rosario que está de moda y que les parece satánico. Es de plástico, popular y económico. Detrás del Cristo aparece una serpiente enrollada sobre el madero vertical de la cruz. En realidad la serpiente no tiene que ver con Satanás, sino con la serpiente de bronce que Moisés levantó en el desierto para traer vida y salud. Si el temor es a los pentagramas que aparecen en los extremos de la cruz, nada tiene que ver el diablo; se trata de las cinco llagas del Señor en su Pasión. Los soles en los extremos de la cruz no son símbolos ‘illuminati’, sino recuerdan que Cristo es el sol que nace de lo Alto. Si alguien piensa que si se reza con ese rosario Dios no escuchará, y que las oraciones irán dirigidas al demonio, está equivocado. No existen razones serias para satanizar el objeto ni hay que imaginar al diablo en todas partes.

Católicos y rituales paganos

La nueva presidenta Claudia Sheinbaum, quien dice ser no creyente, empezó su gobierno participando en un ritual de brujería. Hago algunas observaciones con este hecho: 1. Muchos ateos se niegan a creer en el Dios revelado por Cristo debido a que ello exige conversión y compromiso moral, y prefieren dar cauce a su sensibilidad espiritual a través de rituales mágicos de protección contra fuerzas que los puedan perjudicar. Es decir, en el fondo, muchos que se confiesan ateos creen que existe algo que está más allá del mundo natural. ¿Será que la presidenta, en realidad, no es tan atea? 2. Participar en un ritual religioso indígena debería de ser motivo de escándalo para los jacobinos y radicales de izquierda que proclaman la defensa del Estado laico y la no participación de un político en actos de culto público. Ellos deberían de ser coherentes y lanzar sus rabiosos dardos a la presidenta. Si Claudia Sheinbaum hubiera sido bendecida por algún sacerdote con sotana y sobrepelliz a las puert...