En los debates sobre el cambio climático y el cuidado de la creación, –hoy tan de moda fuera y dentro de la Iglesia–, existe la peligrosa tendencia a ver al hombre como el estorbo del mundo, como aquel que trajo el virus malévolo del progreso poniendo en riesgo la supervivencia del planeta. Hoy existen corrientes de pensamiento que cuestionan la pirámide de la creación donde el hombre se coloca en el vértice mientras que los animales, las plantas y los minerales están en una escala inferior a él. Y proponen que en la clasificación de los seres no sea una pirámide sino un círculo donde al hombre se le coloca al mismo nivel del resto de la creación. Así todos los seres se ubican en el mismo plano de dignidad. Esto es tan falso como peligroso. La teología del cuerpo de san Juan Pablo II nos ubica en la postura adecuada. El hombre pone nombre a los animales Al saber que Adán tenía necesidad de ayuda, Dios creó a los animales y los presentó al hombre para que éste les pusiera el nombre a ca...
Vida católica: frontera México-Estados Unidos