D espués de casi cinco meses de presencia del Covid-19, imaginar el futuro puede ser motivo de ansiedad para muchas almas. ¿Saldremos bien librados de la peste? ¿Quiénes más irán a morir, víctimas de coronavirus? Nos preguntamos, como Judas en la Última Cena; "¿acaso seré yo, Maestro?" No lo sabemos. Hay incertidumbre. Si el futuro puede causar ansiedad, recordar el pasado es también fuente infecta de preocupaciones y tormentos. Recordar las injurias que hemos sufrido o los pecados que están en las páginas negras de nuestra historia suele ser tormento para el corazón. Dios es el Señor del tiempo pasado, presente y futuro. El libro de Isaías describe la ocasión en que Ezequías, al ver que se terminaban los días de su vida, imploró a Dios por vivir un tiempo más sobre la tierra y Dios, en su generosidad, le concedió 15 años extras. Luego Ezequías pidió una señal de que podría subir a la Casa del Señor y Dios, como signo, hizo retroceder diez grados la sombra en el reloj de Ajaz...
Vida católica: frontera México-Estados Unidos