Vivimos tiempos de abundante envidia. La mentalidad progresista y de izquierda que hoy caracteriza a tantas personas es fruto de ese pecado capital simbolizado con el color verde, justamente por ser el color de la bilis que se derrama cuando se afecta al hígado por un coraje fuerte. Curiosamente para crear una sociedad igualitaria, los gobiernos de izquierda se cimientan en la envidia social. Les gusta dividir a los ciudadanos: chairos y fifís, pobres y ricos, revolucionarios y conservadores. Amigos de lo colectivo, los socialistas tienen desconfianza en las jerarquías, en las aspiraciones, en el esfuerzo y el éxito personal, en la creatividad, en el riesgo del propio patrimonio y en las empresas. Su visión de la política está basada en la lucha de clases, que si bien ha dejado de ser aquella contienda entre la clase obrera y los ricos explotadores, hoy se ha convertido en lucha entre hombres y mujeres, homosexuales contra heteros, abortistas contra pro vidas, progres contra conservado...
Vida católica: frontera México-Estados Unidos