U n obispo de México, hace unos días, criticó despectivamente al presidente de la república Enrique Peña Nieto, por su iniciativa de ley sobre los matrimonios igualitarios. Su comentario, dicho en tono jocoso, insinuaba que nuestro mandatario pudiera ser gay. El hecho se hizo viral en las redes sociales, y la crítica al obispo no se hizo esperar. Políticos y periodistas se fueron contra el obispo –con justa razón– y, de pasada, contra el episcopado. Muchos católicos, lejos de festejar el chiste del prelado, nos sentimos avergonzados de su imprudencia. Por otra parte, Omar Mateen, un joven estadounidense de 29 años, que se confesó partidario del Estado Islámico, acabó con la vida de 49 homosexuales masacrándolos en un antro gay de Orlando Florida. Este fue un caso de intolerancia extrema que rayó en la locura más espantosa. Después de ese hecho, personas del colectivo LGBTI de Ciudad Juárez arremetieron contra la Iglesia Católica alegando que es la institución que propaga el odio con...
Vida católica: frontera México-Estados Unidos