Nos preparamos para celebrar las fiestas en honor a Santa María de Guadalupe el próximo jueves 12 de diciembre. Su presencia en el Tepeyac, hace 493 años, fundó nuestra nación mexicana, nacida de la mezcla de sangre indígena y de sangre española. ¡Nada de qué avergonzarnos! Al contrario: un santo orgullo inflama nuestros corazones hispanoamericanos al contemplar que la Virgen María plasmó su imagen mestiza en la tilma de san Juan Diego. Son muchas enseñanzas preciosas las que nos deja el hecho guadalupano, pero este año podemos meditar cuatro, una por cada aparición. Primera aparición: La Virgen pide que se construya el templo: "Mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada en donde lo mostraré". La expresión no se limita a un edificio de culto, sino a algo más profundo: al acoger la Palabra de Dios en la oración y los sacramentos de la Iglesia, el hombre, por la gracia divina, se va transformando en el templo donde Dios habita. "¿O no sabéis que vuest...
Vida católica: frontera México-Estados Unidos