En la plaza de la vida Los seres humanos somos los trabajadores que Dios ha venido a contratar en la gran plaza del mundo. Imaginamos esa plaza cuando empieza a amanecer. Dejada la oscuridad de la noche, ahora la luz del sol, poco a poco, va iluminando la tierra. La gente comienza a circular por la plaza. Es la vida humana que empieza a existir. Los trabajadores somos la humanidad que ha recibido, gratuitamente el don de la vida que cuyo origen está en Dios. Nadie nos preguntó si queríamos vivir, y esta ha sido la primera gracia: el regalo de existir, que nos dice que la vida es bella. Todos estamos llamados a querer vivir y ¡qué maravilla es que existamos! Esta belleza del mundo la perciben los niños cuando no los asustamos o los maltratamos. Sin embargo no todos logran mantener esta visión positiva de la vida. Los trabajadores también se dan cuenta de que existen sombras. Dice Jesús: "La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está luminos...
Vida católica: frontera México-Estados Unidos