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Mostrando las entradas con la etiqueta Coronavirus

Todos en la misma barca (homilía)

D ice el salmo 123: "Las aguas nos hubieran sepultado, un torrente nos hubiera llegado al cuello, un torrente de aguas encrespadas. Bendito sea el Señor, porque no permitió que nos despedazaran con sus dientes". La pandemia de Covid-19 llegó a nuestro mundo y ciudad como olas de aguas encrespadas, llegando al cuello de muchas personas. El coronavirus ha causado enfermedad y destrucción de vidas humanas, dejando también a miles de familias sin trabajo ni sustento. Sin embargo "Nuestra ayuda es invocar al Señor", continúa el salmista. El texto nos recuerda aquel pasaje en el que los apóstoles navegaban en el Mar de Galilea cuando se levantaron los vientos y las olas provocándoles el miedo mientras Jesús dormía en la popa. Y despertaron al Señor: "¿no te importa, Señor, que perezcamos?". Fue cuando el Señor, luego de reprocharles su falta de fe, calmó la tempestad. Ante el grito que pide auxilio de una comunidad golpeada por la carestía, Jesús también se ha d...

Las vacunas y la Bestia

E n el artículo "Vacunas y aborto" que publiqué la semana pasada, escribí sobre la legitimidad que significa, para un católico, ponerse la vacuna contra el Covid-19, cuando se sabe que las inoculaciones tuvieron su origen el líneas celulares provenientes de dos embriones humanos abortados hace 50 años. La conclusión fue que aplicarse la vacuna es moralmente legítimo, incluso conveniente, aunque queda en la libertad de la persona vacunarse o no. Quien se vacuna no peca. Así lo ha manifestado la Congregación para la Doctrina de la Fe y así lo han puesto en práctica, haciéndose vacunar, el papa Francisco y Benedicto XVI. Yo también lo haré a la brevedad posible. Desde hace meses estamos siendo bombardeados, a través de las redes sociales, por múltiples mensajes –provenientes incluso de gente de la Iglesia– que denuncian que la vacuna contra el Covid-19 es una estrategia de los poderosos del mundo –el nuevo orden mundial– para controlar a la población en esta "nueva normalid...

Vacunas y aborto

E l papa Francisco y el papa emérito Benedicto XVI se han vacunado contra el Covid-19. Habiendo recibido la inoculación han dado ejemplo para que también lo hagamos los millones de católicos que somos la Iglesia y que queremos erradicar la pandemia. Lo que hicieron los papas estaría libre de controversia si no fuera porque la vacuna tiene su origen en líneas celulares que se desarrollaron a partir de dos abortos ocurridos alrededor de hace 50 años. Cinco obispos emitieron un documento –tres de ellos de Kazajstán, uno de Letonia y otro estadounidense– en el que rechazan la vacuna para no cooperar ni remotamente con un pecado que la Iglesia ha combatido con tanta determinación en su historia. Para estos obispos cualquier tipo de vacuna que tenga que ver con el aborto, aunque sea remotamente, es éticamente inaceptable, y los católicos deberían de preferir ir al martirio antes que hacer fila para vacunarse. La mayoría de los obispos y teólogos en la Iglesia –incluidos Francisco y el papa e...

¿Sobrevivirá la Iglesia en 2021?

E s domingo por la mañana. Me levanto a las seis para asearme y orar, y así estar listo para bajar de mi habitación a la sacristía de la Catedral. La misa es a las ocho y debo empezar puntual como un reloj, ya que habremos de celebrar, los padres de la catedral, un total de doce misas, una inmediatamente después de la otra, incluida la de la capilla San José. Los fieles católicos arriban, en su mayoría, diez minutos antes de cada Eucaristía. Hay cierta ansiedad por encontrar un espacio en las bancas y sentarse cómodamente para participar en el culto. Entrar al templo a la hora de inicio, o unos minutos más tarde, dejará a los fieles de pie, en los pasillos laterales. Y cuando llega la misa de 12, que celebra el obispo, es imposible caminar por los pasillos porque el recinto está absolutamente abarrotado. Al final de las misas, innumerables feligreses vienen al frente de la nave de la catedral, en donde está el sacerdote, para recibir un baño de agua bendita, para que sus niños sean ben...

Médicos y sacerdotes de cara a la muerte

I mpresiona la cantidad de médicos y personal de enfermería muertos en esta pandemia de Covid. Cada vez que abro el periódico y veo alguna esquela que anuncia el fallecimiento de un galeno, algo dentro de mí duele mucho pero, al mismo tiempo, se levanta mi admiración y respeto por esos doctores que murieron cumpliendo con el deber de salvar vidas. Así también los sacerdotes que contrajeron el virus durante el ejercicio de su ministerio y murieron por ello merecen nuestro amor y veneración.  Al terminar los estudios universitarios de medicina e iniciar el ejercicio de su profesión, los nuevos médicos hacen un juramento –el "Juramento de Hipócrates"– por el que se comprometen a no tener otro propósito más que velar por la salud y el bienestar de los enfermos. Por eso cuando me entero de que un médico ha sido víctima del Covid, mi corazón se inclina en profunda reverencia: murió dando su vida por los demás. Cuando los sacerdotes fuimos ordenados por nuestro obispo fue porque est...

Los templos siguen cerrados

E l Estado de Chihuahua pasó de semáforo sanitario rojo al color naranja restrictivo, lo que amplía un poco las actividades comerciales de la comunidad. No fue sorpresa que se autorizara el aforo del 30 por ciento para restaurantes y tianguis, y que no se autorizaran las actividades religiosas. Desde que inició la pandemia los gobiernos han sido duros con la Iglesia y por eso hoy los templos continúan cerrados. No se necesita hacer un gran análisis para saber que en restaurantes y tianguis, incluso en supermercados, el riesgo de contagio es mayor que en los templos. Por eso la decisión de no permitir las actividades religiosas es una incongruencia grave del gobernador y Consejo Estatal de Salud. Las iglesias –lugares donde se sanitizan las instalaciones después de cada celebración, sitios donde hay aforo limitado, donde las personas no se tocan y cumplen las medidas higiene– son espacios donde el pueblo alimenta su esperanza y se fortalece con el consuelo de viene de Dios. Para nuestro...

Aprender de las pandemias

N os acercamos a casi un millón y medio de personas fallecidas por Covid en el mundo. Aunque nos parecen cifras alarmantes, recordemos que los estragos hechos por otras pandemias fueron mucho mayores que los daños ocasionados por el coronavirus hoy. La peste de gripe –mal llamada "gripe española"– ocurrida entre 1918 y 1920, fue una de las enfermedades más catastróficas de la historia. Se infectaron 500 millones de personas –una tercera parte de la población mundial–, y el número de víctimas mortales se calcula entre 40 y 100 millones de personas. Aprendamos algunas lecciones que nos dejan aquellos años en los que parecía que el ángel exterminador pasaba con su espada desenvainada por todos los pueblos y ciudades del mundo. Primero, hemos de asumir la idea de que la humanidad vive entre epidemias. Son impresionantes la peste bubónica del siglo XIV, que acabó con una tercera parte de la población europea, hasta la viruela que segó las vidas de millones de indígenas en Mesoamér...

El Arte del bien morir

U n hospital de la ciudad ha colocado extensiones portátiles a sus instalaciones para alojar a los enfermos, y otro más ha instalado una morgue móvil para conservar los cadáveres. Familiares, amigos y conocidos han ido enfermando y varios han muerto. En estas circunstancias nadie está a salvo de contraer el coronavirus con la posibilidad de morir. La pandemia de Covid-19 nos ha puesto de cara a la muerte. Atravesamos una situación absolutamente anómala que nos pone frente a nuestro destino eterno. La pregunta es: si Dios nos llamara a su presencia ¿estaríamos preparados? Aunque es casi seguro de que la mayoría no morirá por Covid, nadie puede asegurar que está libre de contagio y decir que todavía le falta mucho tiempo para su muerte. "Mors certa, hora incerta", dice un viejo proverbio latino. Viviendo en medio de una pandemia nadie que sea llamado a la presencia de Dios podría presentarse ante Él diciendo: "la muerte me tomó por sorpresa", "es que yo no lo sab...

Doblan las campanas

Padre Jesús Armando Delgado Carlos U na gran cantidad de muertos desborda los hospitales y satura las funerarias. Pareciera que el Ángel Exterminador nuevamente hiciera su rondín por nuestros barrios y centros de trabajo. No hay ambiente en el que la muerte no se haya hecho presente, con Covid o sin Covid. La Iglesia no se ha librado. En el colegio de los presbíteros los padres Agustín Navarro, Jesús Figueroa y Armando Delgado fueron llamados al tribunal de Dios. En el gremio de los diáconos la muerte segó las vidas de Francisco Lazo durante el verano, y recientemente Abraham Gutiérrez. También la muerte visitó a las Misioneras de María Dolorosa y la madre Luz Estela Borunda tuvo que abandonar este mundo para acudir puntual a su cita con el Señor. Los seis llamados por Dios a su divina presencia nos dejan un vacío en el corazón. Recordaremos del padre Navarro su gran celo pastoral; del padre Figueroa su sencillez y su sabiduría; del padre Armando su buen humor y su cercanía a sus felig...

Cuando la pandemia nos toque

H ay luto en la ciudad. La muerte ha visitado a numerosas familias. El rostro sombrío del Hades ronda especialmente en los hospitales donde también médicos y enfermeros, que luchan por salvar vidas, han terminado contagiados y algunos de ellos han perdido la batalla. Para las personas que mueren en casa no hay funeraria que los atienda y los cadáveres se pueden quedar hasta dos días dentro del hogar. Hay miedo a contaminarse, miedo a presentar dificultades para respirar y de que no haya hospital con camas disponibles. El dolor se multiplica cuando a un contagiado de Covid-19 se lo llevan al sanatorio. Muchos ya no regresan y se marchan sin tiempo para la despedida. A la familia se le avisa del estado del paciente y cuando les dan la noticia de que le será colocado un respirador, las esperanzas se derrumban porque saben que sólo dos de cada diez personas intubadas viven para contarlo. Los enfermos mueren solos, deseando quizá que algún médico o enfermera les brinde alguna palabra de ali...

Cuatro razones para reabrir los templos

D esde que inició la pandemia de Covid-19 la Iglesia Católica fue obediente y colaboradora con las autoridades civiles cuando éstas decretaron el confinamiento social. Obispos, sacerdotes y laicos sabían que venía un tiempo muy difícil para todos, y que era fundamental salvaguardar la salud física del pueblo de Dios. Por ese motivo acatamos las órdenes y nos quedamos en casa. En la medida en que fueron sucediéndose los días, las semanas y los meses, nuestros gobernantes permitieron la reapertura de otras actividades consideradas no esenciales, como los comercios, parques y restaurantes. Después de más de 160 días de colaboración con los tres órdenes del gobierno, mantener cerrados los templos se ha vuelto tan insostenible como seguir bajo el agua sin respirar. Son, al menos, cuatro las heridas que ha dejado a la Iglesia la presencia del coronavirus, heridas que se convierten en razones para acelerar la reapertura de las parroquias. La primer herida es espiritual. El hombre no es un ser...

San Miguel Arcángel en tiempo de Covid

D esde que inició la pandemia de Covid-19, al final de la celebración de la Eucaristía diaria en la Misión de Guadalupe, acompañado solamente por cuatro religiosas, rezamos la acostumbrada oración a san Miguel Arcángel pero con una intención especial: suplicar su defensa a la humanidad para combatir la pandemia. Mientras que el mundo científico busca una vacuna y el personal médico lucha por curar a los enfermos; en tanto que las autoridades civiles imponen medidas sanitarias –medidas todas igualmente importantes– el fiel católico debe, además, orar por el fin de la peste. Los hijos de la Iglesia, además de las oraciones a Jesús y a María, contamos con el poderoso recurso de la oración a los ángeles. No pretendo con esto atribuir la presencia en el mundo del Covid-19 a la influencia de los demonios. Afirmo de manera tajante que los desastres que ocurren en la naturaleza –pestes, terremotos, tempestades, incendios y accidentes de todo tipo– ocurren por causas naturales. Sin embargo me p...

¡Señor, vuelve a multiplicar el pan!

E n este tiempo de pandemia contemplamos, hoy domingo, un banquete sobreabundante preparado por Dios: "Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis". Son palabras que tuvieron su primer cumplimiento en el milagro espectacular de la multiplicación de los panes. Su penúltimo cumplimiento tiene lugar en la mesa de la Eucaristía, en nuestras asambleas dominicales, donde Jesús nos prepara la mesa y parte para nosotros el pan de su Palabra y nos da a comer su carne sacrificada y resucitada. El último y definitivo cumplimiento será en las bodas de la eternidad, cuando Dios sea la parte de nuestra herencia, con los santos en el Cielo. Hoy hacemos énfasis en la virtud de la abnegación. Esta virtud es la capacidad de posponer o negar nuestros propios intereses por ir a la búsqueda de un bien mayor. La abnegación es la virtud de sacrificarnos para que se manifieste la gloria de Dios o para traer un bien al prój...

Tiempos de Covid: en las manos de Dios

D espués de casi cinco meses de presencia del Covid-19, imaginar el futuro puede ser motivo de ansiedad para muchas almas. ¿Saldremos bien librados de la peste? ¿Quiénes más irán a morir, víctimas de coronavirus? Nos preguntamos, como Judas en la Última Cena; "¿acaso seré yo, Maestro?" No lo sabemos. Hay incertidumbre. Si el futuro puede causar ansiedad, recordar el pasado es también fuente infecta de preocupaciones y tormentos. Recordar las injurias que hemos sufrido o los pecados que están en las páginas negras de nuestra historia suele ser tormento para el corazón. Dios es el Señor del tiempo pasado, presente y futuro. El libro de Isaías describe la ocasión en que Ezequías, al ver que se terminaban los días de su vida, imploró a Dios por vivir un tiempo más sobre la tierra y Dios, en su generosidad, le concedió 15 años extras. Luego Ezequías pidió una señal de que podría subir a la Casa del Señor y Dios, como signo, hizo retroceder diez grados la sombra en el reloj de Ajaz...

Medicina ayer, medicina hoy

L a medicina es una profesión que se ha abierto camino en la historia de la humanidad gracias a la aparición de enfermedades. Si no hubiera males que curar no existirían los médicos. La historia de la medicina ha avanzado entre grandes aciertos y errores garrafales. Los éxitos se han obtenido, en variadas ocasiones, con una buena dosis de salvajería. Imaginemos una cirugía antes de 1842, año en que se inventó la anestesia. Los cirujanos van a amputar una pierna. Deben trabajar a toda velocidad con sus filosos cuchillos e instrumentos rudimentarios para que no se desangre el paciente. Mientras tanto, algunos sujetan con fuerza al enfermo que se retuerce entre alaridos de dolor. Por cierto, santa María Goretti tuvo que soportar una cirugía de vientre abierto y sin anestesia, antes de su último suspiro. Durante la Edad Media y el Renacimiento, a las personas con fracturas en el cráneo en los campos de batalla se les practicaban unos procedimientos llamados trepanaciones. Estas las ...

Cuerpos deteriorados, almas embellecidas

S an Agustín, obispo y Doctor de la Iglesia –uno de los hombres más influyentes del pensamiento cristiano– cuenta en sus escritos que varias veces estuvo al borde de la muerte. Cuando tenía 29 años y estaba en Roma fue azotado por una enfermedad de carácter infeccioso de la que pudo recuperarse. Tres años después, debido al excesivo trabajo literario, uno de sus pulmones empezó a enfermar y se vio obligado a respirar con dificultad. Su voz se hizo débil y tenía intensos dolores en su pecho. Además lo atormentaba un dolor de muelas. En otras ocasiones confesó no poder caminar ni mantenerse en pie, ni sentarse por la hinchazón y dolor de sus hemorroides. Durante los últimos meses hemos sabido que cerca de nosotros hay personas que padecen de Covid-19. Un sacerdote de nuestra iglesia diocesana llegó a perder más de 12 kilos en pocos días, su voz se apagó y fueron tan altas sus fiebres y sudoraciones que por momentos deliraba, ni siquiera tenía fuerzas para decir un Padrenuestro y a ...

El católico y el miedo al Covid

L a zona norte de Chihuahua está en semáforo rojo. Significa que la máxima "quédate en casa" nos obliga a resguardarnos por el riesgo de ser infectados de Covid-19. Ante esta situación muchas personas, sobre todo los empresarios, están exasperados con nuestros gobernantes, quienes no se deciden a cambiar el color del semáforo para dar apertura a mayores actividades económicas. El problema es que las personas ya no aguantan el confinamiento y menos lo soportan las empresas, muchas de ellas con serios problemas financieros o bancarrota. En este momento el riesgo de una gran pérdida de empleos es muy alto debido al cierre de tantos centros de trabajo. Parece que la disyuntiva fuera morir por Covid o morir de hambre. Resuena tres veces en el Evangelio de este domingo la frase de Jesús "No tengan miedo". Es una frase que nos recuerda que Dios está con su pueblo para transmitir su fortaleza a aquellos que confían en Él. Es una invitación a no ser cobardes, principa...