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Mostrando las entradas con la etiqueta Optimismo

Confesionario sin absolución: creo que puedo morir y temo por mi familia

La pregunta: Buen día padre, desde Argentina, feliz Pascua. Hace unos meses estoy aquejado por una enfermedad respiratoria. Todos me alientan, hasta mi médico, pero uno sabe mejor que nadie cómo se derrumba todo por dentro. Nunca antes tuve la percepción del final como ahora. La depresión, el dolor, la angustia y el enojo me ha superado y ha arrastrado a mi familia. Luché mucho por conseguir un empleo digno, y en febrero pasado recibí como regalo de Dios un puesto en una organización prestigiosa de mi ciudad, con un sueldo digno que sacaría de pobres a mis hijas y... pum, el golpe: mis vías respiratorias empezaron a deteriorarse, quizá sin retorno. No disfruto de mis hijas ni de mi trabajo tan ansiado. Se ha desatado mi miedo a la muerte, a la oscuridad, al olvido y al purgatorio. Lo que más temo es dejar a estas hermosas niñas sin sustento y empujadas a la pobreza. Soy sustento también de mis padres. Si me voy los dejaré a ellos, a mis hijas y a mi mujer en la situación más penosa...

Gozos del mundo y del espíritu

La vida tiene muchas alegrías muy legítimas: una graduación de la preparatoria o un diploma universitario, un partido de fútbol y subir una montaña, una buena charla de sobremesa con los amigos, las fiestas familiares, un hermoso concierto de algún artista admirado, ver a los hijos crecer y superar las pruebas de la vida… Pero hay gozos más profundos: ser discípulos de Jesús, entrar en su presencia, gastar la vida por él, amarlo y adorarlo, escuchar su Palabra y orar con ella, servirlo en los hermanos y esperar la posesión plena de los bienes que él nos prometió. Los gozos del mundo son más rápidos y pasan pronto. Los del espíritu son más lentos pero más profundos. Hay que saber gozar con todo lo legítimo del mundo, cuidando de no embriagarnos con esos gozos para no olvidarnos de Dios. Que nuestro gozo y consuelo más hondo sea la dulce presencia de Jesucristo en nuestras almas.