La pregunta: Buen día padre, desde Argentina, feliz Pascua. Hace unos meses estoy aquejado por una enfermedad respiratoria. Todos me alientan, hasta mi médico, pero uno sabe mejor que nadie cómo se derrumba todo por dentro. Nunca antes tuve la percepción del final como ahora. La depresión, el dolor, la angustia y el enojo me ha superado y ha arrastrado a mi familia. Luché mucho por conseguir un empleo digno, y en febrero pasado recibí como regalo de Dios un puesto en una organización prestigiosa de mi ciudad, con un sueldo digno que sacaría de pobres a mis hijas y... pum, el golpe: mis vías respiratorias empezaron a deteriorarse, quizá sin retorno. No disfruto de mis hijas ni de mi trabajo tan ansiado. Se ha desatado mi miedo a la muerte, a la oscuridad, al olvido y al purgatorio. Lo que más temo es dejar a estas hermosas niñas sin sustento y empujadas a la pobreza. Soy sustento también de mis padres. Si me voy los dejaré a ellos, a mis hijas y a mi mujer en la situación más penosa...
Vida católica: frontera México-Estados Unidos