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Mostrando las entradas con la etiqueta Liturgia

Católicos equilibrados

Cómo vivir una vida cristiana equilibrada, es la pregunta que puede estar en el corazón de los catecúmenos y adultos que se preparan para recibir los sacramentos de iniciación cristiana. A veces los fieles desarrollan un gusto fuerte por la liturgia; les gusta la misa cuidando que la música y los cantos sean los adecuados y que las ceremonias luzcan impecables en el cumplimiento de las rúbricas. Otros, en cambio, están inclinados a cuestiones sociales y al compromiso con los pobres de su parroquia pero descuidan la parte celebrativa y otros aspectos de la moral. También hay quienes tienen una preferencia por la catequesis y la docencia y minimizan las cuestiones sociales. No podemos ser cristianos cojos, cristianos de una religiosidad que sólo busque una dulce paz interior y sea gratificante, desligándonos de los mandamientos divinos. Tampoco podemos llenarnos la cabeza de datos bíblicos o teológicos pero sin saber ponernos de rodillas ante el misterio que celebramos. No funciona un ca...

Sanación del árbol genealógico

En las últimas décadas diversos grupos y personas en la Iglesia hacen oración para limpiar de pecados su árbol genealógico. Esta práctica es llamada "sanación intergeneracional". Incluso hay sacerdotes que la promueven haciendo misas con ese propósito. Es un grave error. Algunas conferencias episcopales como la de Francia y de Polonia, y ahora la española, se han pronunciado en contra de esta falsa doctrina y pésima práctica. Conocida también como la "sanación del árbol genealógico", la sanación intergeneracional tuvo su origen en los escritos del misionero y terapeuta anglicano Kenneth McAll, quien trató de hacer una conexión entre ciertas enfermedades y las fuerzas del mal. En ámbito católico fueron John Hampsch y Robert DeGrandis quienes popularizaron la práctica en grupos carismáticos. Según estos autores, existen pecados no perdonados, cometidos por los antepasados de una persona, que hoy tienen efectos perniciosos en sus descendientes y que se manifiestan a tr...

Santificar el Domingo

Sin los domingos la vida sería insoportable. Es el día en que los cristianos nos escapamos de la rueda en que gira la vida humana: trabajo-consumo-diversión. Son tres actividades buenas en sí mismas, pero que repetidas una y otra vez, nos colocan en un círculo aburridísimo y carente de sentido. Quizá la mayoría de las personas viven atrapadas en ese círculo hasta el día de su muerte, y la vida se les escurre sin darse cuenta de que, más allá de ese mecánico círculo, existe un propósito sagrado que da sentido a todo nuestro quehacer cotidiano. Ese propósito está representado por el Domingo, el día del Señor. El Domingo es regalo de Dios para su pueblo como día sagrado que nos libera de la rutina que nos abruma. No es casualidad que las grandes religiones tengan establecido su día sacro: el viernes para los musulmanes; el sábado para los judíos; y para los cristianos el domingo. Un día de la semana tiene la función de hacer que los hombres salgamos del círculo repetitivo del tiempo y nos...

Traditiones custodes, con el papa

Los que nacimos en los años 60 y posteriores no recordamos haber acudido a misas en latín –llamadas también misas tradicionalistas– celebradas con el antiguo rito. La misa que actualmente celebramos en nuestro propio idioma es con el rito ordinario que aprobó Pablo VI en 1962. Sin embargo existe en la Iglesia un pequeño grupo de católicos que añoraron la misa en latín con el antiguo ritual de san Pío V y que fue aprobado por san Juan XXIII. Son los llamados católicos tradicionalistas. Por su desobediencia a los papas anteriores y su rechazo al Concilio Vaticano II, algunos de ellos fueron excomulgados mientras que otros devotos del antiguo rito se reconciliaron con la Iglesia y pudieron celebrar la Misa con el permiso de san Juan Pablo II y Benedicto XVI. Esta semana el papa Francisco publicó un decreto llamado Traditiones Custodes (Custodios de la Tradición) que pone un enorme candado a la celebración de la Eucaristía según el rito antiguo en latín, llamado también "extraordinar...

Homilías, ¿dulzonas o con garra?

El nuevo directorio de homilética señala que la homilía no es sólo una instrucción sino también un acto de culto. No sólo debe santificar al pueblo sino glorificar a Dios. La homilía es un himno de gratitud por las maravillas de Dios. Debe ser preparada en la escucha de la Palabra y la oración. No debe ser ni muy larga ni muy corta; según algunos expertos, no debe durar menos de cuatro minutos ni más de ocho. Debe cumplir tres requisitos: ilustrar las lecturas a la luz de la muerte y resurrección de Jesús; debe disponer a la asamblea a la celebración eucarística y, por último, debe sugerir cómo podemos vivir el Evangelio en la vida cotidiana. Magnífico, pero nos preguntamos ¿Qué preferirán los fieles, aquella oratoria sagrada con garra, llena de fuego, pecado, entusiasmo, truenos y relámpagos, con mucha gesticulación y amenazas, o por el contrario sermones light, dulzones, que sólo hablan de paz y solidaridad?

“Dense fraternalmente la paz”

La Congregación para la Disciplina de los Sacramentos ha emitido un documento donde nos enseña a darnos adecuadamente el saludo de la paz durante la Misa. El saludo –dice– debe ser sobrio y solamente debemos intercambiarlo con quienes están cercanos a nosotros. La Iglesia pide evitar los excesos. En primer lugar, no deben entonarse cantos durante el intercambio del saludo ya que dichos cantos no son litúrgicos. Además las personas no deben desplazarse de sus lugares para dar el saludo; los sacerdotes no deben bajar a la nave del templo para dar la paz a los fieles, dejando solo a Jesús sacramentado. Dar la paz no es ir a felicitar a los novios, quinceañeras ni dar el pésame a los familiares del difunto en los funerales. Las normas para este rito pretenden conservar el clima de orden y belleza de la celebración, y evitar la confusión entre los fieles.