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Mostrando las entradas con la etiqueta Alegría

Despertar al Niño de Belén

Cuenta la historia que Francisco de Asís quiso ver con sus propios ojos, tres años antes de su muerte, lo que ocurrió en la noche de Belén, cuando Jesús nació. En ese año 1223, el santo llamó a un amigo suyo llamado Juan –hombre de gran piedad y devoción, muy querido por Francisco–, quien vivía en el poblado de Greccio, Italia. "Deseo celebrar –le pidió a su amigo– la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno". Juan de Greccio preparó entonces en el lugar señalado lo que Francisco le indicó. En la celebración de la Nochebuena, acudieron hermanos de la orden venidos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca llegaron también. Todos prepararon cirios y antorchas para iluminar aquella noche sublime. Llegó, por supuesto, san Francisco que, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se...

A la memoria de Octavio Murguía Chávez

Si hay un misterio que tiene la vida es el del sufrimiento. Octavio Murguía fue un joven, como cualquiera, alegre, deportista y simpático durante su infancia y adolescencia. En la escuela lo llamábamos 'el coruco'. El nombre coruco se refiere a un pequeño parásito que vive en las aves domésticas como las gallinas, y que ocasionalmente ataca al hombre. Sepa Dios por qué le llamaban así, seguramente que por inquieto y travieso. Recién terminada la secundaria, Coruco empezó a desarrollar una extraña enfermedad. Su cuerpo se fue paralizando. Poco a poco fue perdiendo sus facultades motoras y su capacidad de hablar. Pero mientras que su físico se iba lentamente atrofiando, crecía su lucidez y sus ganas de vivir. De un buen humor habitual, se fue convirtiendo en un maestro de vida para su familia y para muchos que lo conocimos. Le gustaban las bromas. Recuerdo en una ocasión en que, en su silla de ruedas, lo saqué a pasear. Fuimos a un restaurante y con señas me dijo que quería...

Alegría del Evangelio en Ciudad Juárez

Cuando venga el papa Francisco a Ciudad Juárez habrá sabido muchas cosas que suceden en la ciudad. Ya le habrán informado de los espantosos años de violencia que vivimos, de las mujeres desaparecidas así como de la situación dramática de tantos migrantes que por aquí transitan. Pero si el Santo Padre se asomara a ver muchas cosas que suceden en esta frontera y concretamente en la vida de esta Iglesia diocesana, su corazón se llenaría de entusiasmo y esperanza. Si el papa descubriera el entusiasmo vibrante de los laicos católicos en Ciudad Juárez y la pasión que existe en muchas comunidades de la ciudad por llevar la Buena Nueva de Jesucristo, pondría a esos evangelizadores como modelos para otras diócesis. Efectivamente, una de las grandes fuerzas de nuestra Iglesia particular son sus laicos. Ellos, en colaboración con el Espíritu de Dios están logrado transformar el rostro de la ciudad, y lo hacen al estilo de Dios, discreta y silenciosamente. En esta última edición del año...

El pecado contra la Resurrección

E l evento más grandioso de la historia –la Resurrección de Jesucristo– no fue escandaloso ni espectacular. ¿Qué le pasa a Dios?, podemos preguntarnos. Si toda la historia narrada en el Antiguo Testamento tiene su culminación en la Resurrección de Cristo, ¿cómo es que la coronación de la obra de Dios no ocurrió con bombo y platillo? ¿Por qué no se desgajaron las montañas, retembló la tierra o se escucharon excelsos cantos de querubines? ¿Qué razón tuvo para no aparecerse a Herodes ni a Pilato? Si al menos una noche el Señor les hubiera jalado los pies a los miembros del Sanedrín, estos incrédulos hubieran terminado convencidos. El espectáculo no es el estilo de Dios. El Señor es todo un caballero, humilde, elegante, discreto, sumamente respetuoso de la libertad de sus hijos. Por ese respeto que Dios tiene por el hombre no quiere imponerse a nadie, ni ser temible mostrando el poder de su divinidad. Es tan fino que elige a quiénes mostrarse para que sean sus testigos. Por...

Invitados al banquete de bodas

Los santos convirtieron sus vidas en himnos a la alegría. Se sintieron felices de saborear, aquí en la tierra, el banquete de bodas de la eternidad. Benedicta Bianchi Porro fue una espléndida chica golpeada por un tumor del sistema nervioso y que se quedó sorda, paralizada y totalmente ciega. Había motivos humanamente suficientes para caer en la desesperación y en la rebelión, y en cambio la palabra de Dios una vez más fue cierta: Benedicta se entregó a Dios y Dios le llenó el corazón de una alegría indescriptible. El 19 de abril de 1958 escribió a una amiga: “Yo pienso: qué cosa tan maravillosa es la vida, aún en sus aspectos más terribles, y por ello mi alma está llena de gratitud y de amor hacia Dios”. En el verano de 1963, pocos meses antes de su muerte, ya sorda y ciega, dictó a su mamá una carta maravillosa para un joven desesperado. Decía: “Querido Natalino, hace tres meses yo gozaba de la vista: ahora es de noche. Pero en mi calvario no estoy desesperad...

Gozos del mundo y del espíritu

La vida tiene muchas alegrías muy legítimas: una graduación de la preparatoria o un diploma universitario, un partido de fútbol y subir una montaña, una buena charla de sobremesa con los amigos, las fiestas familiares, un hermoso concierto de algún artista admirado, ver a los hijos crecer y superar las pruebas de la vida… Pero hay gozos más profundos: ser discípulos de Jesús, entrar en su presencia, gastar la vida por él, amarlo y adorarlo, escuchar su Palabra y orar con ella, servirlo en los hermanos y esperar la posesión plena de los bienes que él nos prometió. Los gozos del mundo son más rápidos y pasan pronto. Los del espíritu son más lentos pero más profundos. Hay que saber gozar con todo lo legítimo del mundo, cuidando de no embriagarnos con esos gozos para no olvidarnos de Dios. Que nuestro gozo y consuelo más hondo sea la dulce presencia de Jesucristo en nuestras almas.

Vivir con los ojos abiertos (artículo)

Admiro a las personas que, a pesar de tener enormes responsabilidades, no pierden su sentido del humor y hacen siempre agradable la vida a los demás. El papa san Juan XXIII fue uno de ellos. A pesar de tener el enorme peso de guiar a la barca de Pedro y de haber convocado a un concilio ecuménico, el papa Roncalli tenía una personalidad tan agradable y bromista que se desplazaba por el Vaticano como cualquier cura en su parroquia. “Hay tres maneras de perder el dinero en la vida –dijo en una ocasión–: mujeres, apuestas y la agricultura. Mi padre eligió la más aburrida de las tres”. En otro momento le preguntaron que cuánta gente trabajaba en el Vaticano, a lo que respondió: “sólo la mitad”. Y cuentan que en sus primeros días como papa se despertaba durante la noche por algún problema sin resolver. Y se decía “lo hablaré con el papa”, pensando que seguía siendo cardenal. “¡Pero si yo soy el papa! –se percataba– Muy bien, entonces lo hablaré con Dios”. San Juan XXIII y mucho...