A propósito del día del padre que este domingo celebra la sociedad civil, en mi camino sacerdotal he podido observar cómo algunos padres de familia -me refiero a los varones-, le dan una muy enorme lección de vida a sus hijos. Son hombres que viven en permanente espíritu de sacrificio, dando todo por sus familias y por sus parroquias. Participan de la misa dominical con su mujer y sus niños y, al mismo tiempo, buscan involucrarse en algún servicio de atención a los pobres, a los enfermos, en la evangelización o sirven como lectores o ministros extraordinarios de la Comunión. De ellos sus hijos aprenden una valiosa cátedra: a la vida se viene para amar a Dios con el alma entera, y que a este mundo no nacimos para ser servidos, sino para dar la vida por los demás. Dichosos los hijos que reciben este ejemplo de su papá. Tuve la fortuna de ver siempre en mis padres una relación de alianza, entre ellos y con Dios. Aunque la cultura hoy nos dice que varón y mujer somos iguales, yo siem...
Vida católica: frontera México-Estados Unidos