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Mostrando las entradas con la etiqueta Relaciones humanas

Confesionario sin absolución: mi mamá me ha herido y no sé si puedo perdonarla

La pregunta: padre, usted puso un artículo dónde dice que uno no entrará al cielo si no perdona. Eso me tiene muy precupada porque mi mamá me ha hecho tanto daño desde que yo tenía cuatro años hasta la fecha. Han sido abusos desmedidos, indiferencia, sin un abrazo, haciéndome siempre menos y haciendo diferencias entre mis hermanos. Soy la mayor de seis hijos y ella me dejó toda su responsabilidad desde que yo era muy niña. Ella nunca trabajó. Fue mi papá quien siempre fue muy trabajador y responsable, pero muy enérgico. Nos golpeaba mucho por culpa de mi mamá. En fin, para mi mamá su dios es el dinero, así ha sido toda la vida. Ella es una persona tan falsa, hipócrita y avariciosa, al de que a mí tiene enferma. Ella sigue igual y no le duele nada. Para ella todo está muy bien. Yo no sé qué siento, si rencor o dolor. Todo lo que ella hace me tiene muy herida; yo ya tengo 60 años y es ahora que se me ha cargado más. Hace unos tres años siempre estuve callada pero ella no cambia. ¿Qué...

Tres reglas para corregir a los hijos

L a mayoría de los mortales somos torpes para corregir, probablemente porque no fuimos corregidos de manera adecuada cuando éramos niños. Quizá porque nos humillaron en público, o bien porque vimos a nuestros padres corregirse entre gritos y groserías. Tal vez también porque no teníamos un claro sentido de las reglas en casa.   A veces encuentro personas en la calle o en el súper, a madres de familia, por ejemplo, que se ponen furibundas contra sus hijos, delante de la gente y les espetan una retahíla de groserías. Pobres niños, me quedo pensando. Su autoestima debe estar por la calle de la amargura. Estas criaturas, cuando sean varones o mujeres adultos, serán torpes para amonestar y corregir porque fueron víctimas de una pésima corrección. Cuando viví en Colorado como estudiante de intercambio, hace muchos años, me tocó ver a un padre de familia corregir a su hijo. El niño quería un juguete que su hermana tenía, y se lo arrebató de las manos. El papá dijo a...

Sólo adultos

En un viejo cine, ya cerrado, del centro de mi ciudad, ha permanecido la marquesina con un letrero que dice 'sólo adultos'. Ese establecimiento fue antaño una sala de cine pornográfico donde se refugiaron toda clase de sátiros, faunos, exhibicionistas, depredadores y gente proclive a los gozos del libido. A un menor de edad no le estaba permitida la entrada a aquella sala. Era sólo para adultos. A veces llegan menores de edad al confesionario y se acusan de que han visto películas 'para adultos'. Yo les digo que esas películas no son para niños, ni tampoco para adultos. La razón es porque a todos hacen daño y crean adicción. Nadie diría que la cocaína es una droga no apta para menores y sí para los mayores de 18 años. Las drogas dañan a todos por igual. De la misma manera, la pornografía se convierte muy fácilmente en una droga que afecta a grandes y chicos. En su libro 'The porn myth', Matt Fradd explica que los neurocientíficos afirman que la corteza pr...

La regla de oro

Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas (Mt 7,12) Hace unas semanas un buen número de sacerdotes, junto con el obispo, acompañamos a un hermano sacerdote que sufrió vejaciones por parte de la policía, en su parroquia. Ese sacerdote agradeció públicamente nuestra visita, visiblemente emocionado y con lágrimas en los ojos. "Traten a los demás como ustedes quieren que los hombres los traten a ustedes", es la regla de oro que Dios nos ha dejado. Si aprendemos, poco a poco, a mirar a los demás como una prolongación de nosotros mismos, iremos alegrándonos en sus alegrías y conmoviéndonos en sus tristezas. Dios nos puso esa regla de oro porque nos creó por amor y para el amor. De hecho Dios es amor. Él sabe que cada ser humano tiene una profunda necesidad de amar y sentirse amado. Si vivo con la atención de comportarme con los demás como quiero que ellos se comporten conmigo, pronto se abrirán en mi vida ...

San José, líbranos del síndrome de Peter Pan

D e todos los personajes que aparecen en las escenas de Navidad, san José es con quien más me identifico. Tuvo el privilegio de ser quien preparara la primera Navidad. Él condujo a María durante el largo viaje a Belén mientras que el niño divino esperaba en el vientre de su madre. José fue quien buscó ansioso el alojamiento adecuado para que Jesús naciera. Fue José quien condujo a María a la gruta para el alumbramiento. Limpió la cueva y la calentó con una hoguera. Él recibió a los pastores, mostrándoles a María y al Niño. José tomó a su familia y huyó a Egipto para salvarla de la amenaza de Herodes. José nos enseña que la verdadera hombría es ejercer la capacidad de cuidar y proteger a la esposa y a los hijos, o amar hasta el sacrificio por un alto ideal. Los varones tenemos que aprender mucho de san José. Uno de los problemas más serios que tenemos hoy los hombres –y esto no sólo afecta a casados y solteros sino también a los sacerdotes– es que padecemos el síndrome de Peter Pan...

Lechones en sus tetas

A propósito de vivir comparándonos unos con otros, lo cual es fuente perenne de sufrimientos, vienen a mi mente estos versos de José Hernández en su obra 'El gaucho Martín Fierro': A nadie tengas envidia que es muy triste el envidiar. Cuando veas a otro ganar a estorbarlo no te metas; cada lechón a su teta es el modo de mamar.