El domingo pasado muchas mujeres conmemoraron el Día Internacional de la Mujer con las marchas feministas en cientos de ciudades del mundo. Al anochecer de aquel día rastros de amargura quedaron en calles, plazas, edificios públicos e iglesias: pintas y grafitis, roturas de vidrios en bancos y negocios, daños en la infraestructura urbana, intentos de quemas en algunas iglesias y presidencias municipales. En redes sociales se hizo viral la imagen de algunas feministas radicales que intentaban prender fuego a la puerta del templo de San Francisco en Querétaro. Aunque no todas las mujeres de las marchas están de acuerdo con estos actos destructivos contra los templos ––muchas de ellas son católicas––, la comunidad se pregunta la razón de la agresión feminista contra los lugares de culto particularmente contra los que son católicos. Hay varios motivos. El primero tiene que ver con el respeto al derecho a la vida. La Iglesia Católica es de las pocas instituciones que enseña que el aborto es...
Hace muchos años, cuando estudiaba en Roma, escuché la historia en torno a una dura decisión que tomó un obispo italiano de negar la ordenación sacerdotal a un candidato al sacerdocio. La razón fue que durante más de ocho años en que el muchacho estuvo en el Seminario, nunca acudió al sacramento de la Confesión. El obispo tenía una razón de peso para negar las Órdenes sagradas: un sacerdote que no tenía aprecio por tener la experiencia de recibir la misericordia de Dios, no estaría en condiciones de ofrecerla a sus feligreses. El obispo sabía que ese candidato al sacerdocio, por nunca haberse confesado, tendría una vocación muy quebradiza e inconsistente. Sin la experiencia de haber sido perdonado durante sus años de formación en el Seminario, ya siendo sacerdote, fácilmente podría acostumbrarse a una doble vida moral, lo que también derivaría en un eventual escándalo para los fieles de su parroquia. El aprecio del sacerdote por confesar él mismo sus pecados, con frecuencia, fortalece ...