Mucho colorido... ¿y la oración? Hace unos días celebramos el Día de los fieles difuntos. En la ciudad se celebraron festivales con concursos de altares, tumbas y exhibición de catrinas. Decoraciones de gran colorido, música, tamales y antojitos ambientaron la noche de muertos. Nos preguntamos, ¿en cuántos altares exhibidos se hizo oración por el difunto? El problema no son las tradiciones mexicanas sino perder el sentido espiritual de la fecha. La noche en que un alma pidió ayuda Sin embargo ¡es tan necesaria la oración por los difuntos! En el siglo XIII, a un sacerdote y místico católico llamado san Nicolás de Tolentino, se le manifestó un alma del purgatorio: "Nicolás, hombre de Dios, mírame", le gritó. El joven sacerdote reconoció la voz de fray Pellegrino, a quien conocía cuando vivía. "Me atormentan estas llamas", exclamó Pellegrino. "Dios aceptó mi arrepentimiento y no me destinó al castigo eterno, que merecía por mi debilidad, sino al Purgatorio, en ...
En la plaza de la vida Los seres humanos somos los trabajadores que Dios ha venido a contratar en la gran plaza del mundo. Imaginamos esa plaza cuando empieza a amanecer. Dejada la oscuridad de la noche, ahora la luz del sol, poco a poco, va iluminando la tierra. La gente comienza a circular por la plaza. Es la vida humana que empieza a existir. Los trabajadores somos la humanidad que ha recibido, gratuitamente el don de la vida que cuyo origen está en Dios. Nadie nos preguntó si queríamos vivir, y esta ha sido la primera gracia: el regalo de existir, que nos dice que la vida es bella. Todos estamos llamados a querer vivir y ¡qué maravilla es que existamos! Esta belleza del mundo la perciben los niños cuando no los asustamos o los maltratamos. Sin embargo no todos logran mantener esta visión positiva de la vida. Los trabajadores también se dan cuenta de que existen sombras. Dice Jesús: "La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está luminos...