El alma en el Juicio Particular Cada uno de nosotros tiene una cita puntual con Dios al final del tiempo, cuando el alma se separe del cuerpo. Es Jesús quien vendrá a juzgar. En ese momento del jucio desaparecen títulos, cuentas bancarias, propiedades y seres queridos. Sola se queda el alma con sus obras, frente al rostro de Cristo. Dice el profeta Daniel: "El tribunal se sentó y se abrieron los libros" (Dn 7,10). San Alfonso María de Ligorio enseña que esos libros son el Evangelio y la conciencia de cada uno. En los Evangelios se lee lo que el alma debía haber hecho; en la conciencia se lee lo que realmente hizo. Quedarán manifiestos los pensamientos, las omisiones, las gracias no correspondidas, y los rencores guardados. Recordar nuestro final es imaginar a Cristo mirándonos y darnos cuenta de que no hay tiempo para reescribir nuestra historia. ¿Cómo, frente al juicio particular, se verán nuestros rencores, odios y resentimientos? Se verán como una deuda que nos negamos a c...
En el año 390 ocurrió una masacre del emperador romano Teodosio contra los habitantes de la ciudad griega de Tesalónica. Murieron siete mil personas. San Ambrosio, que era obispo de Milán, excomulgó al emperador y le exigió hacer penitencia pública. Le dijo que no podía acercarse a los sagrados misterios con las manos manchadas de aquella sangre. Teodosio acabó haciendo penitencia. San Ambrosio pretendía, con esa excomunión, la conversión del alma del emperador. Hubiera sido más cómodo quedarse callado y no exponerse a la furia imperial, pero prefirió hablar y ser centinela de Dios. Cuidar al otro Dice el profeta Ezequiel: "A ti, hijo de hombre, te he constituido centinela para la casa de Israel. Cuando escuches una palabra de mi boca, tú se la comunicarás de mi parte" (Ez 33,7). El centinela no es un juez que condena, sino una persona que vigila y cuida a los demás mientras estos duermen. Tiene la responsabilidad de avisar. "Si tú no lo amonestas para que se aparte del ...