miércoles, 16 de junio de 2021

Catolicismo progresista


Vivimos en la Iglesia tiempos de gran confusión. Entre los católicos de Estados Unidos se ha creado una división –que ha afectado a los obispos– en torno al catolicismo que vive el presidente Joe Biden, quien es un recalcitrante partidario y promotor del aborto y de la ideología LGBT y que, domingo a domingo, participa devotamente en la Eucaristía acercándose a recibir la Sagrada Comunión. 
Según la moral católica, un bautizado que apoya el aborto comete pecado mortal y no debe acercarse a recibir la Comunión. El escándalo del presidente que comulga los domingos ha sido tan intenso que el tema de la recepción de la Comunión en la Eucaristía será abordado en la próxima reunión del episcopado norteamericano, pese a que hay prelados que se oponen a discutir este asunto.

Por otra parte continúa el catastrófico Sínodo de Alemania, que ha sido tomado –según analistas– por una especie de mafia de laicos, ex sacerdotes y ex religiosas resentidos. Estos han manifestado su abierta rebeldía a la autoridad del papa y al Magisterio, para llevar a la Iglesia de su país por un camino –en realidad un precipicio– diverso al de la doctrina católica en materias de ordenación sacerdotal de mujeres; en asuntos de moral de la sexualidad como la bendición a parejas homosexuales –considerada por muchos como una blasfemia–; y de admisión a la Comunión eucarística a divorciados vueltos a casar y a personas no católicas, lo cual es un acto sacrílego. Esto ha metido a los participantes del sínodo en un callejón en el que no se ve otra salida más que la ruptura con Roma para hacer, ellos, su propia Iglesia progresista y liberal. Imitando el estilo de Lutero, quieren una ruptura con la Iglesia.

Son síntomas alarmantes que nos hacen preguntarnos: ¿Por qué muchos hombres y mujeres que son católicos eligen a su propio gusto las verdades de fe? El cardenal Ratzinger había dicho en una conferencia en 1970 que "lo que antes era inconcebible, es hoy algo normal; personas que desde hace tiempo habían abandonado el credo de la Iglesia se consideraban de buena fe como auténticos cristianos progresistas. Según éstos, el único criterio para juzgar a la Iglesia es su eficiencia". Vivimos tiempos en que la religión se hace a la medida y al gusto personal de cada uno. "Es asunto de cada quien", se ha vuelto el lema de muchos católicos.

En mis años de sacerdocio he conversado con muchos que se confiesan católicos y que no participan en la Eucaristía ni en los sacramentos porque, según ellos, no es necesario. Otros me han dicho que rechazan la doctrina sobre el purgatorio. He conocido a sacerdotes que son pro aborto en ciertos casos, otros que no creen en la existencia de Satanás y de los demonios, ni en el infierno. He conversado con mujeres que reclaman las órdenes sagradas para ellas; otras que piden el aborto –al menos en ciertas ocasiones– y también con personas que practican la anticoncepción o el sexo fuera del matrimonio. Y así se acercan todos a comulgar, aunque realmente no están en comunión plena con la fe de la Iglesia. Vivimos en tiempos –decía el cardenal Ratzinger– en que "se hace cada vez más borroso el rostro de Dios. La muerte de Dios es un proceso totalmente real, que se instala hoy en el mismo corazón de la Iglesia".

El espíritu del mundo, como un río de lodo, amenaza con arrasarlo todo. No debemos permitir que la secularización nos apague la gran llama de la fe que durante dos mil años ha alumbrado el camino del cristiano. El cardenal Robert Sarah dice que "nuestra capacidad de recibir la enseñanza de la Iglesia con el espíritu del discípulo, dócil y humildemente, es la auténtica señal de nuestro espíritu de hijos de la Iglesia". Es preciso que tengamos la humildad para dejar a un lado el carrito del supermercado al que le ponemos sólo las verdades de nuestra fe que nos agradan, y comencemos a asentir a todas las verdades que la Iglesia nos enseña –que son como una gran luz– sabiendo que solamente en el Magisterio del papa y los obispos en comunión con él encontramos la garantía de la unidad de la fe.

En la Iglesia la verdad revelada debe de profundizarse y enriquecerse; es lo que significa progresar en la fe. Lo que debemos evitar es el "progresismo" que trata de modificar la fe. "Es característica del progreso el que una cosa crezca, permaneciendo siempre idéntica a sí misma –dice Sarah– es propio, en cambio, de la modificación, que una cosa se transforme en otra". El progreso es católico; el progresismo es diabólico. En estos tiempos de confusión oremos por nuestra santa Madre la Iglesia, y permanezcamos fieles sus enseñanzas. Estas son una herencia de siglos de contemplación que están a nuestra disposición para santificar nuestra vida.

martes, 8 de junio de 2021

Iglesia y gobernantes electos


El 6 de junio pasado elegimos democráticamente a María Eugenia Campos Galván, candidata del PAN como gobernadora de Chihuahua, y a Cruz Pérez Cuéllar, candidato de Morena, como el próximo presidente municipal de Ciudad Juárez. Ante todo hemos de alegrarnos por la participativa jornada electoral que tuvimos, por los millones de católicos de México que no se contentaron con dar culto a Dios en los templos, sino que expresaron su amor a su país y a su ciudad mediante el voto consciente, libre y responsable.

Nos alegramos también por el INE y el IEE, instituciones que cumplieron con su labor de organizar la elección y velar así por la consolidación de la democracia. Aunque se vieron largas filas de votantes en muchas de las casillas, sin embargo reconocemos y lamentamos que es copioso el número de católicos que aún viven desinteresados en los asuntos políticos. El papa León XIII decía que "no querer tomar parte alguna en la vida pública es tan reprensible como no querer prestar ayuda alguna al bien común" (Immortale Dei, 22).

Además de felicitar a Maru Campos, a Cruz Pérez Cuéllar y a los diputados del Congreso Estatal y Federal, les recordamos a ellos que, gracias al pueblo que los eligió, dentro de poco tiempo tendrán calidad de autoridades. Sabemos que, en el fondo, toda autoridad viene de Dios y por ello está sujeta a las leyes divinas. Si no viniera de Dios, nadie estaría obligado a obedecer a los gobernantes ni a cualquier autoridad. Recordemos siempre que la obediencia a nuestros padres, maestros, jefes y mandatarios tiene un fundamento ético-religioso.

Exhortamos a la gobernadora, al presidente municipal y a los legisladores electos a superar la tentación de gobernar a su arbitrio teniendo como única referencia el pueblo soberano. Dar gusto a la soberanía popular como único criterio de gobierno, fácilmente conduce a la creación de un orden político sin Dios, sin ley moral, sin orden natural, y entonces termina por volverse contra Dios y contra el mismo pueblo, contra la naturaleza y sus leyes. Quienes seremos gobernados por las nuevas autoridades confiamos en que Dios y su Ley gobernará sus almas. Sólo así podremos esperar un gobierno feliz para todos.

Exhortamos también a los gobernantes electos a dejar a un lado los intereses partidistas de cada uno para fomentar, entre ellos, un diálogo maduro y constructivo para el bien de México, de Chihuahua y Ciudad Juárez. Los antagonismos partidistas y las luchas de intereses es siempre decepcionante para el pueblo que espera la colaboración entre sus autoridades para edificar el bien común. Aunque los proyectos políticos estén basados en plataformas ideológicas diversas, cuando existe amor por la comunidad y madurez política, se puede llegar a acuerdos que sean alegría para todos. Confiamos en que Maru y Cruz sabrán construir una buena relación de trabajo.

Como católicos nos alegramos por nuestros gobernantes electos. Tenemos el deber de orar para que la sabiduría de Dios los asista, y hemos de estar dispuestos a colaborar con ellos en todo aquello que promueva y respete la dignidad de las personas y las familias en lo social, cultural, político, jurídico y en lo económico. De esa manera los católicos en la vida pública, guiados por nuestra fe y amor a Cristo, contribuiremos a construir la ciudad terrena, en la cual se juega la salvación eterna de los hombres.

martes, 1 de junio de 2021

Evangelización y lenguas indígenas


La Cuarta Transformación acusa hoy a los frailes españoles, que vinieron hace 500 años, de destruir las culturas originarias. ¿Será cierto? La historia de la Conquista es un tema difícil que tiene muchas aristas. Veamos una de ellas: el intrincado mundo de las lenguas y dialectos que encontraron los frailes en Mesoamérica.

Al pisar playas mexicanas aquellos misioneros tenían claro de que si querían tener un apostolado fecundo, debían conocer la civilización y las lenguas en los nuevos territorios. Conocer los idiomas de los nativos era el medio más eficaz para llegar al alma de esos pueblos y conquistar su corazón. En un principio la predicación fue a señas y los religiosos se vieron reducidos a predicar solamente la existencia del cielo y del infierno. Para indicar el averno señalaban la parte baja de la tierra con la mano y les hacían entender que allá había fuego, sapos y culebras. Luego elevaban los ojos al cielo diciendo que un solo Dios estaba arriba. Posteriormente los predicadores aprendían sus sermones con la ayuda de un traductor y los declamaban en lengua nativa, lo que tampoco dio resultados. Fueron métodos muy rudimentarios que no dieron frutos; los indios nada entendían.

Los misioneros tuvieron que estudiar las lenguas indígenas, y cada orden religiosa –franciscanos, dominicos y agustinos– se dedicó a aprender los idiomas presentes en las regiones que tenían designadas para evangelizar. Estos idiomas eran el zapoteco, tarasco, otomí, mixteco, chontal, pirinda, huasteco, matlatzinca, totonaco, chichimeco, tlapaneco y ocuiteco, además de los dialectos propios de cada lengua. El desafío era titánico. Todos los misioneros estudiaron y aprendieron el náhuatl, que era la lengua que generalmente se hablaba desde Zacatecas hasta Nicaragua, debido a la difusión de imperio azteca. De hecho los frailes rogaban a los obispos que no ordenaran a sacerdotes ni dieran licencia a los religiosos que ignoraran la lengua general de los indios de su provincia.

Los misioneros no tuvieron la intención de hispanizar a los nativos y el trabajo de evangelización tenía que hacerse solamente en hablas indígenas. Tuvieron la necesidad de hacer manuscritos de las lenguas para que los nuevos misioneros las estudiaran, pero además para que fueran ayuda para la predicación de la doctrina cristiana y la administración de los sacramentos. Así nacieron las gramáticas, los vocabularios, las doctrinas o catecismos, los sermonarios y los confesionarios. Lamentablemente muchos de estos trabajos desaparecieron o nunca se imprimieron, ya que sólo pasaban de mano en mano.

La Corona española siempre alentó a los sacerdotes y religiosos a que estudiaran las lenguas indígenas. Sin embargo decían que ninguno de estos idiomas era tan rico para exponer adecuadamente los misterios de la fe católica. Por eso se insistía para que enseñaran a los indios a hablar el castellano, aunque los frailes siempre se resistieron a hacerlo. Sus razones eran que les parecía inútil sobrecargar a los pueblos originarios con el aprendizaje de un idioma que resultaba muy complejo para ellos pero, sobre todo, querían que los indios no fueran hispanizados; querían mantenerlos alejados de los europeos, que por su rapacidad, ambición e inclinación a la carne, no eran buen ejemplo para los aborígenes.

La Corona quería hispanizar a los indígenas. El Santo Oficio prohibió la traducción de los textos de la Biblia en lenguas de los indios, y Felipe II vedó que se escribiera sobre las costumbres indígenas. Por eso fue confiscada, durante dos siglos, una monumental obra enciclopédica de fray Bernardino de Sahagún llamada "Historia general de las cosas de la Nueva España", escrita en náhuatl, que describía todo sobre el mundo de los indígenas. La obra fue juzgada por la orden franciscana como un atentado contra la pobreza, y Sahagún murió sin saber el paradero de su trabajo.

El esfuerzo lingüístico y etnográfico de los frailes durante la evangelización fue descomunal, y siempre promovió la preservación de las culturas autóctonas. Lejos de avergonzarnos de aquellos misioneros españoles, hemos de admirarlos. Fue una maravillosa labor de inculturación del Evangelio la que en México se realizó, lejos de la destrucción de las culturas originarias que propaga la ideología socialista de la 4T.

sábado, 29 de mayo de 2021

Confesionario sin absolución: lucho contra mi inclinación homosexual


La pregunta:
le escribo desde Guatemala y reconozco que soy homosexual. Toda mi vida he luchado contra esa inclinación, y cuando caigo en actos homosexuales me siento sucio y repugnante. Me persigue el fantasma del VIH. Mi último contacto sexual fue en agosto del año pasado con un chico infectado, y ahora el verme con la posibilidad de haber sido contagiado me ha despertado mucha ansiedad y depresión. En los últimos nueve meses me he hecho una infinidad de análisis cuyos resultados han sido negativos. Reconozco que durante ciertos períodos de mi vida he tenido total abstinencia de ver pornografía y de fornicar, pero al final vuelvo a caer. 

También reconozco que estoy metido en un círculo vicioso del que no puedo salir y siempre me quedo un profundo vacío por llevar esta doble vida. De jovencito tuve un encuentro con Cristo, fui tan feliz, pero con el correr de los años mi inclinación me hizo sentir muy sucio como para dirigirme a Dios. Tengo la esperanza de acercarme a Dios, pero necesito un verdadero arrepentimiento y pedir perdón, incluso por haberme querido quitar la vida. Estoy viviendo la batalla más grande dentro de mí, con muchas deudas por la pandemia, el fallecimiento de mi madre por Covid, los problemas familiares, el no tener trabajo. Me siento perdido y no sé qué voy a hacer.

Padre Hayen: te agradezco mucho la confianza por hablar de tus problemas. Las penas pueden ser muy grandes, pero si no se comparten, nos ahogan lentamente. Te doy mi sincero pésame por la muerte de tu mamá, en días pasados. Dios le conceda el Cielo. Lo primero que te digo es que no te definas a ti mismo como homosexual. Las personas no se definen por sus inclinaciones sexuales sino por su ser de varón o mujer pero, sobre todo, por nuestro ser hijos de Dios.

Tener inclinación homosexual no es pecado y Dios ama igualmente a todas las personas sin importar sus inclinaciones sexuales. La homosexualidad es una tendencia debida, lo más probable y según los estudiosos, a un bloqueo en el desarrollo psicosexual por motivos de una inadecuada relación con el padre, desde tu más temprana infancia. Sin embargo ese instinto te ha llevado a cometer actos con personas de tu mismo sexo que te han hecho sentir sucio y degradado. Es ahí donde se levanta la voz de tu conciencia diciéndote que algo está mal en dichos actos. Se trata de actos estériles en los que se utiliza a las personas como objetos sexuales. Por eso terminan en una sensación de suciedad y degradación.

La decisión está en tus manos. Tienes la opción de continuar con ese estilo de vida que tiende a ser muy promiscuo porque se basa primordialmente en la búsqueda de belleza física y de sensaciones placenteras. El sexo que Dios hizo para crear amor y vida termina siendo desvirtuado hacia la muerte por las enfermedades de transmisión sexual, entre ellas, el VIH, que tanto te angustia. La otra opción es abandonar ese estilo de vida y las malas amistades, y redescubrir tu verdadera masculinidad, procurando tener amigos heterosexuales. Te recuerdo que, aunque no lo creas, tú tienes una naturaleza heterosexual latente que, con cierta ayuda, puede emerger y transformar tu vida.

Es importante que la motivación que tengas para dejar los actos homosexuales no sea solamente porque te lo dice la Iglesia a manera de una ley externa sino, sobre todo, porque se vuelve una convicción que brota desde el fondo de tu alma y que pide un cambio en tu vida ya que no eres feliz.

Mi recomendación es que te propongas algunos objetivos. Lo primero es dejar la pornografía y la adicción sexual. Luego deberás aprender a gestionar tus emociones. La atracción al mismo sexo radica en que tus necesidades emocionales no fueron satisfechas en el pasado. Habrás de incrementar tu seguridad y autoestima y, si es preciso, sanar cualquier experiencia de abuso sexual que hayas tenido. Éstas se pueden trabajar y reparar. Necesitarás, evidentemente, la ayuda de un especialista para que además te ayude a superar el miedo de estar infectado con VIH.

Por último te pido que prestes atención a esa añoranza de felicidad de tu pasado debido a tu presencia en la casa de Dios. Aquel recuerdo es hoy, seguramente, una llamada de tu Padre Dios y una promesa de que puedes recuperar aquella felicidad perdida, conociendo, amando y sirviendo a Él. La Iglesia no es un museo de santos, sino un hospital que nos cura de nuestros males espirituales, porque todos  estamos enfermos y necesitamos curación. Cristo Jesús nos acepta como somos pero, por el amor que nos tiene, no nos deja como somos. Quiere que hagamos los cambios necesarios para llevarnos hacia una vida plena que, en vocabulario cristiano, se llama santidad.

Acércate al sacramento de la Reconciliación con un sacerdote que te inspire confianza y, si es posible, pídele que te brinde un acompañamiento espiritual. Solo no podrás salir. Necesitas un "coach" que te sostenga en los momentos difíciles y te motive a alcanzar nuevas metas.

Te pongo en mis oraciones y te pido que cuentes con mi apoyo personal. Saludos y bendiciones hasta Guatemala.

miércoles, 26 de mayo de 2021

El Espíritu nos guía a las urnas


El Espíritu Santo derramado el domingo pasado en Pentecostés nos prepara para elegir el próximo domingo 6 de junio a nuestros próximos gobernantes en México. Hay una relación entre el Espíritu de Dios y las elecciones. Es el Espíritu el que nos hace conocer el proyecto de Dios y nos ayuda a amoldar a él nuestra vida; y nos lleva a discernir aquello que es conforme al plan divino y aquello que le es contrario, o menos conforme.

Los futuros gobernantes pueden o no colaborar con el Espíritu de Dios para hacer que la sociedad progrese, no sólo en el orden material sino, sobre todo, en el orden espiritual. Ahí radica la guía y el motor del verdadero desarrollo. Por eso es importante elegirlos bien en estas elecciones.

Hoy vivimos en México una lucha encarnizada contra los valores perennes del Evangelio. El respeto a la vida humana no nacida es amenazada por el aborto, y el cuidado de la vida nacida se ha vuelto muy vulnerable ante la presencia del crimen organizado y la legalización de las drogas. El llamado "matrimonio igualitario" intimida a la familia natural, y la moda transexual destruye la antropología cristiana.

También los creyentes vemos la libertad de conciencia y la libertad religiosa que están bajo fuego. Todos estos valores fundamentales los custodia la Iglesia Católica y sin ellos no puede existir un auténtico desarrollo social. El progreso material viene por añadidura. Votar por partidos políticos que ponen en peligro nuestros valores es desobedecer al Espíritu de Dios y obstaculizar su labor, y es contribuir para que la misma democracia se destruya.

El Espíritu Santo está al inicio de la vida humana porque es Dios quien insufla el alma inmortal en la concepción. Es el Espíritu quien creó al ser humano hombre y mujer, y quien los conduce a formar una familia. Es el mismo Espíritu quien nos habla en la conciencia y nos da una ley interna, fuente de verdad y no de mentira (1Jn 2,27). Es el Espíritu el que nos adhiere a Dios y nos da la libertad para vivir, en el ámbito público y privado, según los criterios de nuestra religión católica. Quienes en la política custodien mejor y promuevan estos derechos fundamentales son merecedores de nuestro voto.

San Pablo quería que sus fieles fueran "sagaces para el bien y trastienda para el mal" (Rom 16,19). Los exhortaba a examinarlo todo y a quedarse con lo bueno, de modo que supieran siempre distinguir lo que fuera más conveniente. En las elecciones se juega nuestro futuro como sociedad y como cristianos. No hay razones, entonces, para la apatía o la indiferencia. Razonemos bien y vayamos a dar nuestro voto el próximo 6 de junio al proyecto político que se acerque más a los valores del Evangelio.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Cisma en Alemania


El 31 de octubre de 1517 Martín Lutero clavó, en la iglesia de Todos los Santos en Wittemberg y en otras parroquias de Alemania, carteles que contenían las 95 tesis o propuestas teológicas para ser debatidas en la Iglesia. Ese día inició la Reforma protestante que marcó, con tanto dolor, la historia de la Iglesia y de Europa. El pasado 10 de mayo de 2021 un grupo de sacerdotes iniciaron, lo que muchos consideran, un nuevo cisma, con la bendición pública de parejas homosexuales y heterosexuales no casadas por la Iglesia en varias parroquias de Alemania.

La iniciativa de estos sacerdotes alemanes tuvo como lema "el amor gana", y se invitó a todas las comunidades parroquiales del país a sumarse a ella como un acto de rebeldía al Documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe que prohíbe la bendición a parejas homosexuales. Aclara el escrito vaticano que se pueden bendecir a personas homosexuales de manera individual para pedir por ellas, pero no a las uniones, ya que el pecado no puede ser bendecido.

Ubiquemos el hecho en su justa dimensión. Numéricamente el acontecimiento no es relevante. Las ceremonias de bendición se realizaron en aproximadamente cien parroquias, lo que representa apenas el uno por ciento del total de las comunidades parroquiales germánicas. Y aunque las cifras son irrelevantes, el impacto mediático en el mundo ha sido tremendo. Se trata de un acto de desobediencia y de irrespeto al papa, a la doctrina católica, y un ultraje al Cuerpo Místico de Cristo –la Iglesia– que confunde y escandaliza a los más pequeños.

Sin embargo lo peor es lo que vino el 15 de mayo. El presidente del episcopado alemán, monseñor Georg Bätzing, anunció que en ese día harían una celebración en la que invitarían a recibir la Comunión eucarística a católicos y a protestantes que, en conciencia, se acercaran a comulgar. Así lo hicieron. Esto fue mucho más grave que la bendición a parejas homosexuales. Se trata de un agravio a la Eucaristía hecho en masa, a la presencia real de Jesucristo, que es lo más sagrado que custodia la Iglesia. Sabemos que para recibir el Cuerpo del Señor, sacerdotes y fieles hemos de estar en estado de gracia. Comulgar en estado de pecado grave –afirma san Pablo– nos hace reos de muerte espiritual (1Cor 11,27), y el Código de Derecho Canónico lo declara como sacrilegio.

En la Iglesia, una de las causas de la excomunión "latae sententiae" –la que ocurre de manera automática al cometer ciertos delitos o pecados– es la profanación deliberada de las especies eucarísticas. La excomunión es una pena canónica –la más grave– cuya finalidad es proteger al Pueblo de Dios de caer en errores que podrían comprometer su salvación. Si tantos en Alemania profanaron la Eucaristía por invitación de obispos y sacerdotes, escandalizando y confundiendo a millones de católicos y haciendo que también el sacramento de la Confesión perdiera su sentido, ¿no aplica para ellos la pena canónica más grave de la Iglesia?  

Quizá este grupo minúsculo de clérigos alemanes se sienten los nuevos reformadores y creen que permaneciendo en las filas del catolicismo podrán hacer que muchos, desde diversas partes del mundo, sigan sus propuestas. De esa manera podrían desmembrar más la unidad de la Iglesia. La situación es gravísima y requiere de una intervención especial de la autoridad de la Iglesia para poner orden y evitar peores consecuencias.

Todos los cismas en la Iglesia son trágicos y nadie los queremos. Hemos de orar diariamente para que no ocurra una nueva escisión con los alemanes. El gran riesgo es de que estos escándalos queden impunes y así se transmita el mensaje de que cualquiera puede hacer lo que se le ocurra en la Iglesia, al fin que nada sucede. A Lutero le dieron tiempo para que se retractara. Nunca lo hizo y la sentencia de excomunión se decretó en enero de 1521, hace 500 años. Algo semejante pudiera ocurrir en 2021.

lunes, 10 de mayo de 2021

Razón y emoción al votar


En las calles, en reuniones y en las redes sociales las campañas políticas desatan pasiones. Hasta dentro de las mismas familias las diferencias políticas son causa de división. Mientras tanto los candidatos lanzan sus estrategias apelando más a las pasiones, sentimientos y emociones, y muy poco a la inteligencia del electorado.

A la hora de votar suele tener más peso el trabajo de marketing y las dádivas de los candidatos a sus posibles electores que lo razonable de sus propuestas. Los políticos saben que el pueblo elige a sus gobernantes estimulado más por las emociones que por otra cosa.

San John Henry Newman –quien fue converso del anglicanismo al catolicismo en el siglo XIX– decía que los seres humanos no llegamos a la verdad o a la mentira a través de muchas explicaciones. Son pocas las personas que analizan minuciosamente los argumentos para llegar a conclusiones. La mayoría de los mortales nos dejamos llevar por la persuasión o la seducción.

Cuando nos adherimos a ciertas posturas políticas o religiosas y las tenemos como firmes, no fue porque llegáramos a ellas a través del estudio, sino por una extraña combinación de palabras, sentimientos, tendencias, afectos, modas, simpatías, opinión pública, partido político al que se pertenece, gente famosa influyente, respetos humanos y otros motivos más.

Cuando a Jesucristo los fariseos y jefes del pueblo le pedían que hiciera algún milagro para creer en él, el Señor se resistía. Lo hacía por una sencilla razón: ni aunque la palabra de Cristo hubiera resucitado a un muerto enfrente de sus narices, aquellos enemigos suyos habrían creído en él. Sus pasiones los habían predispuesto a la no creencia.

Pensemos en las discusiones sobre el aborto. En ellas, las explicaciones a favor del derecho a la vida son tan contundentes y lógicas que aquellos que están a favor del aborto no logran refutarlas. No son las argumentaciones lógicas las que logran convencer del derecho a la vida; estas tienen un poder relativo. Lo que logra la adhesión a una causa es un coctel hecho de persuasión, seducción, emociones, odios, combinación de palabras y medias verdades, lo que todo mundo piensa o lo que dicta la propia ideología política. Eso nos muestra que, aunque tengamos inteligencia, lo que mueve nuestros corazones no son las razones, sino las pasiones.

Si vemos los movimientos sociales anarquistas de los últimos años –Black Lives Matter, el feminismo con sus marchas destructoras, las revueltas multitudinarias en Chile y Colombia– nos damos cuenta de que son, sin duda, revueltas e insurrecciones no basadas en la razón sino en las emociones desatadas; porque todos estos movimientos sociales carecen de una propuesta seria, articulada y constructiva. Todo lo contrario, sólo se quiere destruir y sembrar caos.

Lo que mueve, entonces, a los movimientos sociales y partidos políticos es una cuestión espiritual. San Pablo enseña que nuestra lucha no es contra la gente de carne y hueso, sino contra los poderes, potestades y espíritus tenebrosos que dominan el mundo (Ef 6, 12). 

Esto significa que toda causa política y social debe ser cribada por la mente y el corazón de los católicos. Algunas de ellas son muy beneficiosas para la sociedad, sobre todo las que respetan la dignidad de la persona humana desde su concepción hasta la muerte natural, la familia natural, la libertad de conciencia, la libertad religiosa y los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Es importante apoyar las propuestas políticas que más se acerquen a los valores del Evangelio.

Se aproximan las elecciones y las pasiones están sueltas. ¿A quién dar nuestro voto? "Vendrá el Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad" que yo les enviaré", dice Jesús. Si bien es importante utilizar la inteligencia para analizar cuidadosamente las propuestas de los partidos políticos, es también muy importante no votar arrastrados por emociones, sino en oración y discernimiento para que el Espíritu de la verdad nos descubra dónde está el espíritu malo, y así nos permita elegir con claridad la mejor opción para el progreso del país.

martes, 4 de mayo de 2021

Niños, tecnología y porno


Con la pandemia los casos de abuso sexual dentro de las familias se han multiplicado. No son únicamente personas adultas quienes cometen este tipo de delitos dentro de los muros del hogar, sino también entre los jóvenes y adolescentes. Recientemente conocí el caso de una niña de nueve años que fue abusada por su primo de catorce. Al enterarse, los padres de la víctima y del victimario quedaron conmocionados y la unidad familiar se hizo polvo.

Situaciones como esta se están multiplicando en el mundo de los adolescentes, quienes carecen de pleno control de sus emociones y facultades sexuales; y se dejan guiar únicamente por instintos que se pueden volver incontrolables. Las consecuencias pueden ser terribles.

En 1902 santa María Goretti, a sus 12 años, falleció apuñalada por Alejandro Serenelli, un chico de 20 años que le gustaba empapelar su habitación con imágenes obscenas y quien era aficionado a las lecturas eróticas. La pornografía, que había despertado obsesiones sexuales en él, lo llevó a intentar violar a la niña y ésta, al resistirse, terminó siendo su víctima mortal.

Hoy en día, la tecnología es parte de la vida de los niños y adolescentes. Ellos crecieron con internet y telefonía celular. Utilizan videojuegos, chats, videochats, correos electrónicos, mensajes instantáneos, Twitter, Facebook, Tik Tok, Snapchat, YouTube y Face Time. Lo hacen con sus móviles, tabletas, reproductores MP3 y Skype. Los padres de familia se quedan asombrados de las habilidades que sus hijos tienen para manejar la tecnología. Quizá también se quedarían pasmados al saber que los niños, en promedio, empiezan a ver imágenes pornográficas a los once años de edad, según lo informa Family Safe Media.

La industria del porno es astuta como una serpiente. Sabe que, así como el narcotráfico necesita conseguir nuevos adictos a las drogas, también se necesita conseguir nuevos adictos a la pornografía. Para ello no hay nada mejor que apoderarse de las frágiles mentes de los niños. Bastará mostrarles unas cuantas imágenes para que, por curiosidad, vuelvan una y otra vez, y así queden atrapados en un vicio que les puede durar toda la vida. Todo aparato electrónico con acceso a internet es un portal para el material pornográfico. Haciendo adictos al porno a las nuevas generaciones, saben que sus ganancias se multiplican por millones de dólares. Y lo están consiguiendo.

Existen leyes para proteger a los menores de edad contra la pornografía, pero son leyes que prácticamente no sirven para nada. Antes de acceder a una página porno, se pregunta a la persona si es mayor de 18 años. Si se hace click en "sí", la persona accederá a la página web. Si se hace click en "no", el sistema lo desviará de la página. Es una crasa tontería. Cuando un adolescente de 15 años tiene la curiosidad de entrar a una página porno, ¿qué responderá a esa pregunta sobre su mayoría de edad? Es obvio que el chico o la chica mentirán ya que no se les pedirá ninguna identificación.

A la edad de 18 años, el 90% de los varones han visto pornografía en internet; el 83% ha visto sexo en grupo; el 69% ha visto porno homosexual; el 29% ha dado libremente su domicilio de casa online; el 14% ha proporcionado su correo electrónico de manera libre; el 15% ha visto pornografía infantil (Family Safe Media, 2007). Esas eran estadísticas de hace 14 años. Seguramente se quedan abajo para lo que hoy está sucediendo en la vida de nuestros jóvenes.

Aunque puede parecer que tenemos la batalla perdida por la inocencia de los niños y adolescentes, sin embargo hay esperanza. Existen programas educativos con perspectiva de familia para ayudar a los padres a educar en la sexualidad a sus hijos. De lo más recomendable es un programa llamado "Guardianet" que ofrece cursos online. Existe también "Formando corazones", producido por VIFAC, que está siendo aplicado en diversas escuelas del Estado de Chihuahua con grandes éxitos. En nuestra diócesis de Ciudad Juárez y en otras de México se ofrece también la Certificación Humanae Vitae para adolescentes y jóvenes.

Solamente a través del conocimiento de los terribles daños de la cultura del porno, que hoy invade a los adolescentes, y a través de una educación en la sexualidad, podremos derrotar, a largo plazo, la cultura de la muerte.


lunes, 26 de abril de 2021

Elecciones y defensa de la vida


Nos acercamos a las elecciones del 6 de junio donde la población de Chihuahua elegirá a su gobernador, a 67 alcaldes y a 33 diputados, mientras que en la esfera federal se renovará la Cámara de diputados. Se trata de elecciones muy importantes donde en los 32 estados se renovarán diversos cargos públicos. En este contexto, cuando los diversos candidatos han desplegado sus campañas políticas, los católicos nos preguntamos a quién daremos nuestro voto.

Uno de los criterios más importantes a la hora de emitir el sufragio es la defensa y protección a la vida humana. Se trata de uno de los valores más promovidos y protegidos por los cristianos por la sencilla razón de que el respeto, cuidado y protección a la vida es un dato que atraviesa toda la Revelación bíblica, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Dios es un Dios de vivos y no de muertos. La vida es un regalo de Dios y, por lo tanto, Dios es el dueño de la vida. Los seres humanos somos sólo sus administradores. Ningún partido político o candidato tiene la autoridad moral para proponer leyes que violen el precepto divino de "No matarás".

Nuestra fe nos enseña que todo lo que existe tiene su origen en Dios. Él fue quien creó el universo y todo lo que existe. Todo ser viviente recibe gratuitamente la vida y, en el caso del hombre, la transmisión de la vida está acompañada por la bendición de Dios. Cuando un nuevo ser humano es procreado en el vientre materno, Dios infunde su espíritu de ese nuevo ser humano que es su imagen. Los animales no son creados a imagen de Dios; solamente el hombre.

Los proyectos políticos que promueven la despenalización del aborto se empeñan en tratar a los seres humanos no nacidos no como personas sino como objetos que se pueden manipular y desechar. Estos actores de la política olvidan que un ser que se gesta en el vientre de una mujer no es un agregado numérico más a nuestra raza como si fuera un añadido a una camada de cachorros o a una bandada de pájaros.

Un ser humano no es una reproducción sino una creación única y original en la historia, hecha por Dios y por cooperación de los padres. No es algo sino alguien. No es un número más, sino un nuevo ser con una dignidad inviolable. Por eso la enseñanza de la Iglesia es tan exigente en el respeto a la vida humana naciente, y por eso nos pide que no votemos por quienes, en sus proyectos políticos, contemplan el aborto legal.

Ante estas razones que son de índole religiosa y de gran peso para los cristianos, los políticos no creyentes pueden argumentar diciendo que el discurso sobre Dios no puede ser utilizado como argumento válido para defender la vida. Es cierto. Ellos no ven el don de la vida con la profundidad y el sentido que tenemos los creyentes. Sin embargo hay dos argumentos no religiosos por los que la vida humana debe ser defendida.

El primero de ellos es que el derecho a la vida es el más fundamental de los derechos humanos. Es la puerta para reconocer los demás derechos. Y segundo, cuando de seres humanos se trata no puede haber discriminación. Así como no debe segregarse a nadie por su color de piel, por su sexo o ideas políticas, a nadie se debe discriminar por el tiempo de su existencia.

Los creyentes en Cristo nunca podremos votar a favor del aborto por una última razón: el destino último de la persona humana es la vida eterna. La muerte no es el fin de la vida humana, sino un paso, una pascua, para la entrada definitiva a donde ya no habrá más muerte, ni llanto, ni dolor porque ya todo lo antiguo terminó (Apoc 21,4-5). Y nos queda claro que no tendremos plenitud en el Más Allá si no hay compromiso de amor solidario en el más acá, sobre todo en la protección y defensa de los más débiles, y estos son los que todavía no nacen.

Este 6 de junio vayamos a las urnas con un discernimiento bien hecho acerca de quiénes son los candidatos más favorables para crear una cultura de la vida y del respeto a la dignidad de la persona, y quiénes fomentan la cultura 
de la discriminación y de la muerte; que para un católico, el valor de la vida humana no se negocia.

miércoles, 21 de abril de 2021

Descanse en alegría eterna, padre Goyo


"Vale el que sirve" es el epitafio que eligió para su sepultura el padre Gregorio Ciria Laglera –mejor conocido como el padre Goyo–, quien, después de su viacrucis acompañado por el cáncer, fue llamado a la presencia de Dios el lunes 19 de abril, entre las diez y las once la noche. El padre Goyo es uno aquellos sacerdotes españoles que llegaron para servir a la diócesis de Ciudad Juárez desde tiempos del obispo Manuel Talamás: José María Gracia, Saturnino García y Justo Jiménez, quienes ya partieron a las moradas eternas; así como Juan Manuel García, el único que permanece con vida en una casa de reposo en Madrid.

Conocí al padre Goyo en 1993 o 1994 cuando, siendo yo seminarista, me asignaron para mi apostolado de Semana Santa a la parroquia San Ignacio de Loyola, en el Valle de Juárez, donde él era el párroco. Entusiasmados y con gran expectación, llegamos mi amigo Alberto Castillo y yo para ser sus seminaristas huéspedes y servir en lo que él nos encomendara. Fueron mis papás quienes me llevaron hasta la parroquia y ahí el padre –a quien nunca habíamos visto– nos contó una anécdota con un final de subido color cuyo contenido no puedo reproducir en estas líneas, pero que hizo ruborizar a mis padres y luego nos provocó mucha risa.

Con un sentido del humor negro –ese que se hace sobre cosas que normalmente suscitarían horror, piedad, lástima y emociones parecidas– y sin pelos en la lengua, el padre Goyo invitaba al pensamiento crítico, a la reflexión, y muchas veces, con remates de lenguaje soez, conmocionaba a sus oyentes. En su último mensaje que, unos días antes de morir, dejó grabado para sus hermanos sacerdotes, el padre bromeó con su muerte y reveló cuál sería su epitafio. Incluso antes de ser introducido en su agonía conservó su genio y su chispa.

En aquel día en que Alberto y yo lo conocimos nos hizo la advertencia de que, durante nuestro apostolado de Semana Santa, no haríamos nada sino únicamente observarlo a él. Habíamos ido allí para eso, para conocer cómo vive y qué hace un sacerdote, y no para hacer celebraciones con el pueblo. Decía que sólo éramos simples seminaristas, que no sabíamos nada y que enviarnos a celebrar la palabra con la gente sería un fraude, ya que una celebración de la palabra estaba muy lejos de ser la Eucaristía. Observar, callar y aprender sería nuestro oficio.

También recuerdo su curiosa manera de alimentarse. Ese día el padre Goyo nos llevó a la cocina y nos mostró la estufa donde había únicamente una olla repleta de arroz. Era todo lo que comeríamos durante la semana; mañana, tarde y noche. Una vez agotado el arroz, durante los siguientes siete días la cacerola contendría únicamente picadillo de res. La tercera semana tocaría el turno a la ensalada de lechuga y hacia el final del mes habría sólo frijoles. De esa manera tendríamos –decía– una dieta balanceada. La Providencia no quiso dejarme durante toda la semana en la parroquia San Ignacio. El padre Gerardo Rojas me solicitó acompañarlo en El Porvenir durante los días santos, así que dejé a mi amigo Alberto observando al padre Goyo y, como los chinos, alimentándose de arroz durante toda la semana. ¡Ah!, eso sí, como buen hijo de España, en las casas parroquiales donde vivió el padre Goyo nunca faltaron el vino y el queso.

Detrás de ese hombre jocoso, franco y de mucho temple que fue Gregorio Ciria, había un sacerdote hondamente sensible y con un enorme amor a Jesucristo. Varias veces lo escuché decir que había llorado por tal o cual cosa que afectaba la vida de la Iglesia; incluso por la dramática pérdida de la fe en España. Su disponibilidad misionera para dejar su diócesis de Zaragoza y viajar al otro lado del mar, a Ciudad Juárez, así como su apasionada entrega al servicio del Reino de Dios durante 53 años en esta ciudad, en una vida sin ostentación y con espíritu de pobreza, son expresión de un alma sacerdotal enorme.

¡Cuánto bien hizo a nuestra Iglesia diocesana el padre Goyo, y cuánta alegría trajo a nuestro presbiterio! Quienes aquí nacimos hemos de agradecer a Dios por el testimonio sacerdotal de un hombre que, siendo extranjero, amó profundamente a nuestra tierra, se hizo uno de nosotros y quiso morir en este suelo. ¡Gracias, padre Goyo, por su vida y su donación! Gracias por haber disfrutado de las cosas sencillas de la vida y por enseñarnos que en el sacerdocio se puede fusionar el amor a Dios y a la Iglesia con el sentido del humor. Descanse hoy en el pecho de Aquel que es la felicidad eterna y goce con las alegrías inefables que habitan en la casa de Dios.

miércoles, 14 de abril de 2021

Bravobús en Ciudad Juárez


A
lgunas protestas se han levantado contra el BRT II (Bus Rapid Transit) Bravobús, el proyecto de transporte semi masivo para Ciudad Juárez. Como cristianos católicos estamos llamados a superar nuestros intereses personales o partidistas y analizar si esta obra del gobierno acrecentará, realmente, el bien de toda la comunidad. Por eso hemos de discernir el proyecto a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, es decir, con los criterios del Evangelio.

Una de las enseñanzas fundamentales de la Iglesia en materia social es la protección de los más débiles y pobres de la sociedad. El papa León XIII en la Rerum novarum afirma que "la gente rica, protegida por sus propios recursos, necesita menos de la tutela pública; la clase humilde, por el contrario, carente de todo recurso, se confía principalmente al patrocinio del Estado". Durante décadas, los más desprotegidos en Ciudad Juárez se han movilizado en un sistema de transporte público deficiente y contaminante, con autobuses de segunda, que ha quedado rezagado por el acelerado crecimiento que ha tenido la ciudad.

Hoy que se quiere poner a disposición de las clases más humildes –las que no pueden comprar coches particulares– un servicio de transporte de alta categoría, con una organización moderna, rápida y eficiente, hay personas que, por ver afectados únicamente sus intereses, se empeñan en mantener rezagados a los más pobres. 

En la encíclica Pacem in terris de Juan XXIII, la Iglesia enseña que entre los deberes del Estado, en materia de justicia social, está la búsqueda de la armonía entre el desarrollo económico y el progreso social, el afán de ampliar los servicios públicos esenciales –carreteras, transportes, comercio, agua potable, vivienda, asistencia sanitaria– y la organización de sistemas eficaces de producción, entre otros.

El proyecto de transporte semi masivo para Ciudad Juárez es un proyecto que nació del Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP), desde hace muchos años, para solucionar el rezago en el sistema de transporte público. Está fundamentado en amplios estudios de movilidad urbana, con análisis del número de vehículos que circulan por las calles, vialidades, horarios, rutas de autobuses y muchos otros factores. No es obra del capricho ni de ocurrencias del gobernador actual Javier Corral, ni del anterior, César Duarte. Es una obra que la ciudad necesitaba con urgencia y en la que los gobiernos tardaron demasiado.

Entre los juarenses a menudo se escucha el lamento de que los gobiernos estatales y federales no otorgan a nuestra urbe los recursos económicos que le corresponden, y que por ello somos una ciudad saqueada. Hoy la inversión para el BRT II en Ciudad Juárez es de más de 1200 millones de pesos; se trata de un acto de justicia social para mejorar las condiciones de vida de los más pobres y desvalidos. Si a eso agregamos la  inversión de más de 450 millones de pesos en obras que realiza la Junta de Aguas para solucionar el grave problema de falta de drenaje pluvial de la ciudad, creo que, al menos, debemos alegarnos.

El papa Francisco en Laudato si, señala que el transporte suele ser causa de grandes sufrimientos en las ciudades. La circulación de muchos coches utilizados por una o dos personas complica el tránsito y produce mucha contaminación, consume grandes cantidades de energía, hace que se construyan más autopistas y estacionamientos que complican el tejido urbano. Por ello el papa nos invita a utilizar más el transporte público o a compartir un mismo vehículo entre varias personas, como pequeñas acciones que podemos hacer para crear ciudades menos contaminadas y fortalecer el tejido social.

Santo Tomás de Aquino hablaba de "caridad social" o "amor social", como aquello que vincula a los ciudadanos unos con otros, no de manera íntima e interpersonal, sino como vínculo abierto a toda la comunidad. Es un lazo civil que une al ciudadano con la totalidad del cuerpo social. Es como el alma de la sociedad y la fuerza de su cohesión interna.

Celebro la construcción del BRT II. Estoy convencido de que hará que vivamos en una ciudad más ordenada y pondrá condiciones para que existan mejores vínculos de amor social entre los juarenses. Seguramente muchos de quienes hoy conducimos coches, utilizaremos más el transporte público. Ya lo dijo el papa Francisco en Fratelli tutti: "El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos".


domingo, 11 de abril de 2021

Adoración y civilización


"¡Señor mío, y Dios mío!" Con estas palabras santo Tomás Apóstol reconoció la divinidad de Cristo resucitado y lo adoró reverente. No fue fácil. Tomás no tuvo la primera experiencia de la resurrección aquel día en que la tuvieron sus hermanos apóstoles. Él no estaba presente y por eso su imagen de Cristo era más humana que divina. Como hombre de carne y hueso, Tomás estaba familiarizado con la carne mortal de su Maestro, pero no con el cuerpo glorioso del Resucitado.

Hay muchos cristianos que creen solamente en un Cristo muy humano y poco divino; se lamentan de Dios porque no les cumple lo que ellos piden. La salud que imploran nunca llega, o su situación financiera no mejora. Así, habiendo convertido a Jesucristo en un ídolo pagano que debería de estar a su servicio, acaban renegando de la fe porque Cristo no cumple con sus deseos materiales. Conozco personas que incluso han abandonado la Iglesia por este motivo.

Únicamente cuando tenemos la experiencia de tocar las llagas gloriosas del Cristo resucitado, somos realmente cristianos. Quien mete sus dedos en los agujeros de los clavos experimenta su misericordia y se llena de confianza en Él. Todo lo demás viene por añadidura. La vida se llena de luz divina y la ley de Dios se inscribe en el corazón. El contacto con el amor de Dios, que no abandona a sus hijos, es la base de toda la vida cristiana. No se trata, entonces, de pedir a Dios muchas cosas, sino de esperar y confiar en Él, cuya misericordia es inagotable.

Es a través de la recuperación del temor reverente por lo sagrado y la adoración silenciosa como entramos en contacto con Cristo resucitado. Los templos son, por excelencia, los lugares donde podemos tener esta experiencia. Explica Romano Guardini que nuestros templos católicos tienen dos imágenes significativas: la puerta y la mesa del altar. La puerta es la frontera donde termina una cosa y comienza algo nuevo. En la puerta de entrada termina el espacio del mundo y empieza el espacio de Dios. El altar es el símbolo de la frontera que marca el más allá, del lugar donde Dios reside.

Por eso al sacerdote lo vemos celebrar al otro lado del altar, como ocupando el lugar de Dios. Cuando nos educamos en la adoración y el temor reverente a Dios, podemos vivir la experiencia de Moisés ante la zarza que ardía en el Horeb y que no se consumía. Y así hacemos para nosotros las palabras que Dios dirigió al caudillo de su pueblo: "Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar que pisas es suelo sagrado" (Ex 3, 1-5).

Los altares de nuestros templos –explica Robert Sarah– son el corazón de nuestras ciudades. "Nuestros pueblos se han construido literalmente alrededor del altar, apiñados en torno a la iglesia que los protege. La pérdida del sentido de la grandeza de Dios es una regresión terrible al estado salvaje. El sentido de lo sagrado constituye, de hecho el núcleo de cualquier civilización humana". Por eso la piedra fundamental de Ciudad Juárez y El Paso Texas –lugar donde vivo– no es la Misión de Guadalupe como edificio histórico, sino el altar que sus paredes custodian, ya que fue la presencia de Dios la que, en esta tierra, hizo nacer civilización y cultura.

El "Señor mío y Dios mío" de santo Tomás habla de sentimientos de respeto y reverencia hacia la majestad de Dios. De esos sentimientos –dice Sarah– brota también toda la urbanidad, la amabilidad y la cortesía humanas. Somos imagen y semejanza de Dios. La frase del apóstol hace posible que nosotros nos reconozcamos y nos tratemos como hermanos. La adoración a Cristo resucitado nos descubre nuestra inmensa dignidad. 

Dejar de adorar nos despoja de la nobleza divina, y así nos convertimos en mercancías, en objetos de laboratorio, y nuestras relaciones humanas se tiñen de vulgaridad y agresividad. El feminismo abortista y movimientos sociales como Black Lives Matter son tristes ejemplos del ser humano que ha dejado de adorar y que ha perdido el sentido de lo sagrado. Los católicos hemos de educarnos en la adoración, a ejemplo del apóstol Tomás, porque "cuanta más deferencia mostremos ante Dios en el altar –dice el cardenal– más delicados y corteses seremos con nuestros hermanos".

martes, 6 de abril de 2021

Libres, coherentes y con visión de cielo


H
oy celebramos la razón y el sentido de nuestra vida. La Resurrección de Jesucristo nos hace contemplar el amor que venció la tumba y que hoy vive victorioso. El perfume que exhala el sepulcro vacío es tan intenso que la Iglesia no puede aspirarlo en un solo día. Necesita ocho días –la octava de Pascua– para inhalar su dulce aroma y proclamar el gran misterio que nos hace sentir su presencia viva y nos hace amarnos como hermanos.

La Resurrección del Señor es el triunfo de la libertad sobre el miedo. Las personas no nos damos cuenta de las cadenas que tenemos hasta que intentamos movernos. El miedo es una cadena. Pedro había asegurado a Jesús que no lo traicionaría, pero ignoraba que dentro de él se escondía el miedo. Cuando a Jesús lo llevaron preso, Pedro acabó traicionando a su maestro por el miedo a ser acusado. Solamente la resurrección de Jesús lo hizo vencer el miedo.

La experiencia que nos ha dejado el Covid-19 durante el último año es también la del miedo. Muchos siguen temerosos del contagio y aún permanecen dentro de sus casas. Ni siquiera se atreven ir a las iglesias porque el miedo los paraliza. Sin duda debemos seguir cuidándonos porque el coronavirus no se ha ido y puede venir una nueva ola de contagios. Pero si bien es cierto que el miedo nos previene de muchos males, el exceso de miedo nos paraliza. Aquellos que son más libres son los que vencen el miedo porque tienen la certeza de que después de esta vida, nos aguarda el mundo del Resucitado.

La Resurrección de Cristo es también el triunfo de la coherencia sobre nuestras inconsistencias. Jesús, durante su proceso hacia la muerte respondió a dos preguntas de vida o muerte, y dijo la verdad. Caifás le preguntó si era el Mesías, a lo que Jesús no se retractó. Pilato le preguntó si era rey, a lo que Cristo respondió afirmativamente. Si hubiera dado una respuesta negativa a ambas preguntas, muy probablemente se hubiera librado de la muerte. Pero Jesús se mantuvo coherente en sus respuestas.

La palabra de los resucitados con Cristo busca ser coherente, sobre todo en aquello que afecta las opciones fundamentales de la vida. Los casados que saben vencer las tentaciones de infidelidad para mantenerse fieles a la palabra dada ante su cónyuge y ante Dios; los sacerdotes y religiosos que viven su celibato con alegría y que mantienen sus promesas de obediencia y respeto a su obispo; el político que cumple con sus promesas de campaña. Tantas veces nuestras incoherencias ante la palabra dada desgarra a las familias, al tejido social y a la misma Iglesia.

La Resurrección de Cristo, finalmente, es la victoria del cielo sobre la tierra. Es la visión de la vida que nos saca de la rueda a la que el mundo nos quiere aferrar: producir, consumir y divertirnos; y cuando ya no producimos, ni consumimos ni nos divertimos, el mundo nos ofrece la eutanasia porque la vida ha dejado de tener sentido. Vivir resucitado con Cristo es sobreponerse a esa rueda esclavizante del mundo para vivir en la alegría de un amor que nos sobrepasa y que nos envía a compartir la mejor noticia que ha recorrido la historia. ¡Feliz Pascua a todos los resucitados con Cristo!

domingo, 28 de marzo de 2021

miércoles, 24 de marzo de 2021

Cristianismo profano


¿Qué clase de cristianismo es el que se quiere vivir hoy en buena parte de algunos países ricos como Alemania y Austria? Miremos las reacciones a la respuesta negativa que dio la Congregación para la Doctrina de la Fe a la pregunta de si la Iglesia debería de bendecir uniones homosexuales. Nos daremos cuenta de que se trata de un cristianismo profano.

En Estados Unidos el sacerdote jesuita pro gay James Martin y sus seguidores dijeron sentirse desilusionados y tristes. El obispo de Amberes, Johan Bonny, se confesó sentirse avergonzado de pertenecer a la Iglesia Católica. Georg Bätzing, presidente del episcopado alemán, ha dicho que no bendecir a las parejas gay es algo que no va con ellos, que son cosas de Roma y que Alemania tiene sus propios criterios. Un grupo de más de mil de sacerdotes y laicos alemanes y austriacos manifestaron su decisión de no obedecer y continuar impartiendo bendiciones a las uniones homosexuales, como desde hace tiempo lo venían haciendo.

Cuando hay desobediencia al Magisterio de la Iglesia, sobre todo por parte de obispos y sacerdotes, se crea una gran confusión en el pueblo cristiano, con el riesgo de que muchas almas terminen alejadas de la comunión con la Iglesia de Cristo. 

En aquellos países europeos muchos critican abiertamente al papa porque no les ha concedido el sacerdocio a los casados, ni ha aceptado de la ideología de género; tampoco les ha otorgado el sacerdocio femenino, ni el aborto o la eutanasia; ni siquiera la Comunión a los protestantes. Creyeron que el pontificado de Francisco traería una ola de reformas de mayor apertura moral, y nada. Al no poder hacer una revolución para cambiar la doctrina y la moral de la Iglesia como le gustaría, ellos optaron por el camino del progresismo, es decir, dar pequeños pasos en “progreso” hacia una Iglesia abierta, moderna y liberal.

Hay católicos –no sólo laicos sino obispos y sacerdotes– que creen que el espíritu del mundo y la Iglesia Católica deberían de reconciliarse. Ellos creen que ser cristianos es sumergirse en el mundo y sus máximas. Sería muy bueno que los católicos devotos de la progresía recuerden lo que dijo el cardenal Ratzinger: la encarnación de Jesucristo sólo puede entenderse a la luz de su Pasión y Resurrección, donde la cruz ocupa un lugar central. Decía: "Si para la Iglesia abrirse al mundo significa desvestirse de la Cruz, ello la conduciría no a una renovación, sino a su fin".

En su libro "El espíritu de la liturgia", el cardenal Ratzinger señalaba que nuestra forma actual de sensibilidad religiosa ha dejado de percibir la presencia del Espíritu Santo por medio de los sentidos. Hoy la tendencia es aislar a Dios de la naturaleza, a organizar al mundo sin Dios, de modo profano. Ejemplo claro es la manera en que el mundo de hoy ha dejado de percibir la sacralidad en el matrimonio de hombre y mujer. Vale lo mismo que una pareja del mismo sexo. Ya nada tiene la presencia de lo sobrenatural.

Una parte de la Iglesia se ha prestado al juego de organizar el mundo, la cultura, la naturaleza, la solidaridad y los derechos humanos sin la presencia de lo sagrado. En este contexto el matrimonio es algo que se puede organizar según criterios profanos y no según Dios. De esa manera el cristianismo se vuelve un contacto con Dios exclusivamente interior –dice el cardenal Sarah–, sin una traducción concreta en la vida. Así la vida cristiana se convierte en una gnosis, es decir, en un conocimiento intuitivo y vago de la divinidad, donde todas las realidades humanas son ajenas a Dios. Se termina por no necesitar de la gracia de Dios y por vivir en un ateísmo práctico. 

¿Vendrá un cisma en la Iglesia de Alemania? Probablemente. Lo cierto es que si la ruptura con Roma ocurre, las comunidades liberales del Rin habrán optado por una especie de nueva reforma protestante, lo que hará que, seguramente, sus iglesias poco a poco se queden vacías. Está comprobado que a nadie atrae un cristianismo que se amalgama con la mundanidad. ¿Quién quiere sal que no sala? 

Catolicismo progresista

Vivimos en la Iglesia tiempos de gran confusión. Entre los católicos de Estados Unidos se ha creado una división –que ha afectado a los obis...