Dos instituciones entrañables dan estabilidad y sentido a la vida. Ellas son la familia y el domingo. Las vidas de muchos de nosotros no sería tan feliz sin estos dos regalos que el buen Dios nos ha concedido. Son patrimonio de la humanidad y, especialmente, de los cristianos. No tengo otro día favorito de la semana sino el domingo por un simple motivo: el domingo es mi cita más importante con Dios y con mi familia. Son el Señor y mi familia quienes reparan mis fuerzas para seguir adelante. De ellos obtengo el Espíritu y la paz. El trabajo es un regalo de Dios; siempre he valorado el trabajo como fuente de creatividad, de disciplina, de productividad, de colaboración en equipo. Trabajar me entusiasma y no podría concebir mi vida en la pereza o el desánimo. Sin embargo el trabajo encierra el peligro de enajenarnos y de despojarnos del sentido último de nuestra actividad. Tengo amigos que trabajan más de doce horas diarias durante los siete días de la semana. Viven estresados y en una pe...
Vida católica: frontera México-Estados Unidos