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Mostrando las entradas con la etiqueta Misericordia

Domingo: Misa y familia

Dos instituciones entrañables dan estabilidad y sentido a la vida. Ellas son la familia y el domingo. Las vidas de muchos de nosotros no sería tan feliz sin estos dos regalos que el buen Dios nos ha concedido. Son patrimonio de la humanidad y, especialmente, de los cristianos. No tengo otro día favorito de la semana sino el domingo por un simple motivo: el domingo es mi cita más importante con Dios y con mi familia. Son el Señor y mi familia quienes reparan mis fuerzas para seguir adelante. De ellos obtengo el Espíritu y la paz. El trabajo es un regalo de Dios; siempre he valorado el trabajo como fuente de creatividad, de disciplina, de productividad, de colaboración en equipo. Trabajar me entusiasma y no podría concebir mi vida en la pereza o el desánimo. Sin embargo el trabajo encierra el peligro de enajenarnos y de despojarnos del sentido último de nuestra actividad. Tengo amigos que trabajan más de doce horas diarias durante los siete días de la semana. Viven estresados y en una pe...

Hatuey, el indio que no quiso bautizarse

Estatua de Hatuey en Baracoa, Cuba C uando Diego Velázquez y los hombres de su expedición llegaron a Cuba en 1511, combatieron contra Hatuey y sus guerreros, quienes eran indios taínos que poblaban la isla. Hatuey, el jefe, años antes había huido de La Española –hoy Haití y República Dominicana– debido a los estragos que los colonizadores estaban haciendo en la vida de los indígenas. El destino lo alcanzó en Cuba y cuando fue capturado y condenado a muerte, un sacerdote se acercó para preguntarle si deseaba recibir el bautismo para ir al cielo. Preguntó Hatuey: "¿Y mis verdugos, los castellanos, están bautizados?" –Sí– respondió el sacerdote. "Entonces, ¿ellos también irán al cielo?", indagó el jefe taíno. Y añadió: "En esas condiciones no quiero ser bautizado, para no encontrarme después de la muerte con aquellos que han asesinado a mi pueblo y se preparan para matarme". Fue el fraile dominico Antonio de Montesinos quien en 1514 predicó un célebre se...

¿Acaso seré yo, Maestro?

"Ayer me fui con prostitutas y me metí cocaína en la nariz. Hoy no tengo paz, se alejó de mí el gozo. Dios retiró su voz de mi vida, y se hizo un gran vacío en mi alma. Me siento confuso y miserable. Dios no golpeó mi cabeza con un rayo. Simplemente me retiró su paz". (Anónimo) ¿Acaso seré yo, Maestro?, preguntó Judas a Jesús. "Tú lo has dicho", respondió el Señor. Judas abrió un resquicio de su corazón al diablo y sabía que estaba haciendo mal. Por si no estaba enterado, Jesús aclaró el estado de su alma. La misericordia de Dios no sólo se muestra perdonando al pecador ni dando de comer al hambriento. Su amor misericordioso se muestra a través de la luz de la conciencia que nos previene del pecado. Cuando vivo con la conciencia despierta, es Dios que me cuida, que me abraza, que me dice que mi vida vale mucho y me muestra los peligros de hacer pactos con las tinieblas. La Virgen María experimentó la misericordia preventiva de Dios que la preservó del pecad...

Año de la Misericordia y Año de Fátima

N o es una coincidencia el que el Año de la Misericordia, que ya terminó, haya quedado junto al año en que celebramos el centenario de las apariciones de la Virgen de Fátima. ¿Por qué? ¿Qué contemplamos en uno y en el otro año? Durante el año 2016 el papa Francisco nos hizo saber que estamos "llamados a tener la mirada fija en la misericordia de Dios para poder ser también nosotros mismos un signo eficaz del obrar del Padre".  El Año de la misericordia nos hizo sentir muy cercano el amor misericordioso de Dios, quien, a pesar de que fácilmente nos cansamos de pedir perdón, nunca se cansa de perdonar nuestras miserias. Por más horrífico que sea nuestro pecado, "la misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona", ha dicho el papa.  Personalmente doy gracias a Dios por aquel bendito año jubilar, sobre todo en los momentos en que acudí al Sacramento de la Confesión e hice mi peregrinación a la Cated...

Confesionario (sin absolución): aborté y me lo echan en cara

Pregunta: Me casé adolescente, con un joven que, al paso de los años, se hizo alcohólico. Yo tenía ya cuatro hijos y quede embarazada una vez más, y desesperada con mi difícil situación fui a El Paso Texas a abortar. Finalmente quedé viuda y con mis cuatro hijos. Ese pecado lo cargué muchos años, hasta que en el Año de la Misericordia, gracias al papa Francisco, recibí la absolución. ¿Qué puedo hacer cuando alguien de mi familia -mi hermana en concreto- me juzga y me echa en cara mi pecado, aún cuando yo le digo que ya fui perdonada? Estoy sufriendo mucho y no quiero volver a ver a mi hermana porque es muy dura para juzgar a los demás. Padre Hayen: Gracias por compartir tu caso, pero... ¡Qué dolor tan grande el tuyo! Aunado al sufrimiento emocional de haber abortado, ahora agregas el dolor de que alguien de tu propia familia te lo sigue echando en cara. La familia es el espacio donde unos y otros hemos de encontrar comprensión, compasión y ayuda emocional, pero a veces hallamos lo...