Con el corazón agradecido con Dios por habernos permitido celebrar un año más las fiestas de Navidad, termina hoy este tiempo litúrgico precioso de los misterios de la Encarnación. Nos quedamos con una alegría sobrenatural en el alma por lo que nuestros ojos han visto y contemplado, por Jesucristo, el Verbo de la Vida, que hemos tocado. Después del Domingo del Bautismo del Señor nos adentraremos al tiempo ordinario para contemplar con orden litúrgico –por eso el término "tiempo ordinario"– los misterios de la vida pública del Señor en los que manifestará su amor por los hombres. En este Año Jubilar 2025, que nos llama a ser peregrinos de esperanza, hemos de nutrir esa esperanza experimentando la cercanía de Jesús y su amor por nosotros. Es impresionante la cantidad de personas que sienten lejano a Dios en su vida, que no se sienten amados ni acompañados por Él, que no saben que tienen un Dios tan personal y tan cercano que cuida de ellos. ¿Cómo revelarles a ellos la esperanza...
Vida católica: frontera México-Estados Unidos