U n hospital de la ciudad ha colocado extensiones portátiles a sus instalaciones para alojar a los enfermos, y otro más ha instalado una morgue móvil para conservar los cadáveres. Familiares, amigos y conocidos han ido enfermando y varios han muerto. En estas circunstancias nadie está a salvo de contraer el coronavirus con la posibilidad de morir. La pandemia de Covid-19 nos ha puesto de cara a la muerte. Atravesamos una situación absolutamente anómala que nos pone frente a nuestro destino eterno. La pregunta es: si Dios nos llamara a su presencia ¿estaríamos preparados? Aunque es casi seguro de que la mayoría no morirá por Covid, nadie puede asegurar que está libre de contagio y decir que todavía le falta mucho tiempo para su muerte. "Mors certa, hora incerta", dice un viejo proverbio latino. Viviendo en medio de una pandemia nadie que sea llamado a la presencia de Dios podría presentarse ante Él diciendo: "la muerte me tomó por sorpresa", "es que yo no lo sab...
Vida católica: frontera México-Estados Unidos