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Mostrando las entradas con la etiqueta Piedad

El ‘rosario satánico’

A lgunos fieles están inquietos por los símbolos de un rosario que está de moda y que les parece satánico. Es de plástico, popular y económico. Detrás del Cristo aparece una serpiente enrollada sobre el madero vertical de la cruz. En realidad la serpiente no tiene que ver con Satanás, sino con la serpiente de bronce que Moisés levantó en el desierto para traer vida y salud. Si el temor es a los pentagramas que aparecen en los extremos de la cruz, nada tiene que ver el diablo; se trata de las cinco llagas del Señor en su Pasión. Los soles en los extremos de la cruz no son símbolos ‘illuminati’, sino recuerdan que Cristo es el sol que nace de lo Alto. Si alguien piensa que si se reza con ese rosario Dios no escuchará, y que las oraciones irán dirigidas al demonio, está equivocado. No existen razones serias para satanizar el objeto ni hay que imaginar al diablo en todas partes.

La piedad romana

Durante la historia los pueblos católicos fueron herederos de la antigua piedad romana. Roma tuvo siempre recelo de la tiranía como de la democracia descontrolada, y se defendió de ambas cosas por la paternal virtud de la piedad. Esta virtud es la que ennoblece al hombre y lo vincula estrechamente con los antepasados, con la Ciudad y con los dioses. Piadoso era el hombre que respetaba su pasado como seña de identidad y que intentaba ser leal a esos principios y a esas personas. Era el hombre ‘arraigado’ que tenía raíces y se nutría de ellas. La Piedad cristiana tiene algunos puntos en común con esta noble idea, pero tiene algunos rasgos que la diferencian. Por lo pronto está dirigida a todos los hombres, que se sitúan en un plano de radical igualdad. El horizonte de la Ciudad, de la familia, de los lazos familiares se ensancha con el cristianismo a toda la humanidad.