Hace tiempo recibí una carta de una mujer joven, entre 25 y 30 años, que solamente quería compartir conmigo su profundo dolor. En años pasados de su vida había tenido relaciones sexuales con algunos hombres y contrajo una enfermedad de transmisión sexual que la había dejado permanentemente estéril. La muchacha, que había soñado con casarse y formar una familia, sintió que sus sueños jamás se harían realidad. Creía que nadie aceptaría casarse con una mujer con una enfermedad venérea incurable e incapaz de dar hijos en el matrimonio. ¡A veces las lecciones de Dios son muy duras! Siempre aconsejo a todos los solteros y parejas de novios, tengan la edad que tengan, que se abstengan de tener relaciones sexuales si no están casados. Son muchas las razones que les expongo, y una de ellas –la más obvia– es el peligro de contraer una enfermedad de transmisión sexual. Hace algunas décadas eran los marineros los que se contagiaban con las prostitutas en los puertos, y en su mayoría esas enfermeda...
Vida católica: frontera México-Estados Unidos