Ir al contenido principal

Superstición, fe y milagros

La superstición está muy presente en nuestra cultura. A una crisis de salud o a un descalabro económico, muchas personas acuden a curanderos buscando el remedio de sus males. Hay lugares famosos, como el mercado de Sonora en la Ciudad de México, donde se ofrece magia china, macumba del Brasil o ritos caribeños de palo mayombe. Aquí en Ciudad Juárez la gente no es tan sofisticada; en la zona del centro histórico se ofrece sólo lectura de cartas y limpias con hierbas o huevo. Buscando un poco más, también se puede encontrar santería.

Se pudiera creer que de los estratos sociales más pobres y con menos educación es donde está la clientela más recurrente de los curanderos, pero no es así. Personas de niveles medio y alto acuden con frecuencia a los magos y chamanes en búsqueda de poderes mágicos, sólo que deben desembolsar más dinero. Las personas que se involucran en estas prácticas esotéricas se aferran a cualquier cosa que le dé esperanza. El pecado es desconfiar de Dios y manipular fuerzas oscuras -demonios- para conseguir los fines deseados.

Veamos lo que sucede en la Iglesia, entre católicos practicantes. Las misas de sanación se han puesto de moda. Ahí donde éstas se anuncian, llegan los fieles y abarrotan los templos. Hay personas que acuden esperando que el sacerdote celebrante ejerza poderes taumatúrgicos para realizar algún milagro. Sin embargo hay que aclarar que el término ‘misas de sanación’ no es correcto. Lo adecuado son las misas para enfermos. En ellas se hacen oraciones litúrgicas propias de petición por quienes padecen males físicos.

En la Catedral celebramos una misa cada primer día del mes llamada ‘de la Divina Providencia’ para encomendarnos a la asistencia del buen Dios durante el mes que inicia. En dicha Eucaristía bendecimos agua, sal, velas y otros objetos religiosos. Es importante que los fieles utilicen en sus casas estos objetos sacramentales con espíritu de oración; de otra manera se tiene el riesgo de darles un uso mágico, como si los objetos, por ellos mismos, tuvieran propiedades curativas. Es Jesucristo, que se vale también de la materia para sanar a las personas -como cuando tomaba barro de la tierra y lo ponía en los ojos de los ciegos (Jn 9,6)-. Así que cualquier objeto bendecido, para evitar el pecado de superstición, debe utilizarse con fe y oración.

Además en las misas de la Divina Providencia de Catedral oramos durante la oración de los fieles por los enfermos y por quienes tienen alguna opresión del demonio. Es una súplica a Dios, a quien dejamos actuar libremente para que Él decida cuándo y cómo ocurrirá el favor que le pedimos. Quizá el Señor no cumpla nuestra petición, porque Él sabe mejor que nosotros lo que conviene para nuestra salvación. Dejemos a Dios ser Dios. Si alguna vez hice largas oraciones espontáneas con imposición de manos durante esas misas, hace mucho tiempo que ya no lo hago. He comprendido que lo importante no es orar con muchas palabras, sino ayudar a los fieles a tener un encuentro con Jesús, y que a la Eucaristía no podemos agregar elementos a nuestro gusto.

Cuando Jesucristo cura a una persona -hoy el Evangelio lo presenta curando a una mujer que padecía una hemorragia-, hemos de entender que el fin de estos prodigios no son las curaciones en sí mismas. La grandeza de una curación de cáncer, por ejemplo, no está en la desaparición de células cancerígenas o de tumores malignos. Lo maravilloso de estos milagros, que hoy siguen ocurriendo, es lo que significan y prometen. En primer lugar quieren decir que nuestras vidas son inmensamente amadas por Dios; estamos en sus manos y nuestro destino únicamente depende de Él.

Hay personas que, luego de encomendarse a Dios, ven en su cuerpo notables mejorías o tienen la curación total, pero pasan algunos años, vuelve la enfermedad y la persona muere. ¿Significa esto que Dios la abandonó y se olvidó del milagro realizado? Absolutamente no. Si Jesús decide un día curar a una persona, no significa que la libra para siempre de futuras enfermedades, ni de la vejez ni de la muerte. ¿Qué sentido tiene que Dios realice un milagro cuando, tarde o temprano, la persona deberá morir? La función del milagro es afirmarnos en la gran promesa de Dios al anunciar que un día no habrá muerte, ni llanto, ni dolor. Con el milagro Dios nos abre un puente hacia la vida eterna.

Particularmente me alegro cuando alguna persona me comparte que se curó de alguna enfermedad gracias a que participó en una misa para enfermos, o cuando algún matrimonio, que era estéril, me anuncia que ya están esperando un bebé y me piden el Bautismo, luego de que se hizo oración por ellos. Mi corazón se llena de alegría al ver en estos hechos a la muerte derrotada, y al vislumbrar los esplendores del siglo futuro. Creamos en las promesas de Dios y cultivemos nuestra fe -“Tu fe te ha salvado”, dijo muchas veces Jesús-, porque sólo quienes la tienen pueden llegar al otro lado del mar de la historia, donde se encuentra aquello que el ojo no vio, ni el oído oyó.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Confesionario sin absolución: a mi san Judas se le rompió la cabeza y estoy asustado

Pregunta: Vivo en El Paso Texas y soy devoto de san Judas Tadeo, del cual tengo dos imágenes de yeso que compré. Mi suegra fue a la Ciudad de México y me compró otra imagen más de san Judas. Acomodó la imagen en su coche y cuando llegó a su hotel vio que la estatua tenía la cabeza quebrada. Cuando lo supe quedé muy impactado porque dicen que, cuando eso ocurre, es porque se ha cumplido algo que se le ha pedido al santo. Mi desconcierto fue mayor cuando compré, acá en El Paso Texas, otro san Judas, de color oro, muy bonito, pero al llegar a mi casa uno de los san Judas que ya tenía, estaba con su cabeza rota. Estoy muy impresionado. No sé a qué se deba, padre. A veces creo que el santo está celoso porque tengo varias imágenes de él. Agradezco su tiempo y le pido que me ayude. Padre Hayen: ¿Cómo? ¿Dos imágenes con cabeza rota? ¡Seguramente tú y tu suegra se van a sacar la lotería! Por favor, muchacho, no peques de ingenuidad. Pero además dices que san Judas está celoso porque tien...

El ‘rosario satánico’

A lgunos fieles están inquietos por los símbolos de un rosario que está de moda y que les parece satánico. Es de plástico, popular y económico. Detrás del Cristo aparece una serpiente enrollada sobre el madero vertical de la cruz. En realidad la serpiente no tiene que ver con Satanás, sino con la serpiente de bronce que Moisés levantó en el desierto para traer vida y salud. Si el temor es a los pentagramas que aparecen en los extremos de la cruz, nada tiene que ver el diablo; se trata de las cinco llagas del Señor en su Pasión. Los soles en los extremos de la cruz no son símbolos ‘illuminati’, sino recuerdan que Cristo es el sol que nace de lo Alto. Si alguien piensa que si se reza con ese rosario Dios no escuchará, y que las oraciones irán dirigidas al demonio, está equivocado. No existen razones serias para satanizar el objeto ni hay que imaginar al diablo en todas partes.

Católicos y rituales paganos

La nueva presidenta Claudia Sheinbaum, quien dice ser no creyente, empezó su gobierno participando en un ritual de brujería. Hago algunas observaciones con este hecho: 1. Muchos ateos se niegan a creer en el Dios revelado por Cristo debido a que ello exige conversión y compromiso moral, y prefieren dar cauce a su sensibilidad espiritual a través de rituales mágicos de protección contra fuerzas que los puedan perjudicar. Es decir, en el fondo, muchos que se confiesan ateos creen que existe algo que está más allá del mundo natural. ¿Será que la presidenta, en realidad, no es tan atea? 2. Participar en un ritual religioso indígena debería de ser motivo de escándalo para los jacobinos y radicales de izquierda que proclaman la defensa del Estado laico y la no participación de un político en actos de culto público. Ellos deberían de ser coherentes y lanzar sus rabiosos dardos a la presidenta. Si Claudia Sheinbaum hubiera sido bendecida por algún sacerdote con sotana y sobrepelliz a las puert...