Ir al contenido principal

Tolerancia en una sociedad democrática

Un obispo de México, hace unos días, criticó despectivamente al presidente de la república Enrique Peña Nieto, por su iniciativa de ley sobre los matrimonios igualitarios. Su comentario, dicho en tono jocoso, insinuaba que nuestro mandatario pudiera ser gay. El hecho se hizo viral en las redes sociales, y la crítica al obispo no se hizo esperar. Políticos y periodistas se fueron contra el obispo –con justa razón– y, de pasada, contra el episcopado. Muchos católicos, lejos de festejar el chiste del prelado, nos sentimos avergonzados de su imprudencia.

Por otra parte, Omar Mateen, un joven estadounidense de 29 años, que se confesó partidario del Estado Islámico, acabó con la vida de 49 homosexuales masacrándolos en un antro gay de Orlando Florida. Este fue un caso de intolerancia extrema que rayó en la locura más espantosa. Después de ese hecho, personas del colectivo LGBTI de Ciudad Juárez arremetieron contra la Iglesia Católica alegando que es la institución que propaga el odio contra los homosexuales, y nos pedía un ¡basta ya! de tanto rechazo y persecución contra ellos.

Las personas solemos chocar unas con otras por defender nuestras ideas, y con frecuencia cometemos el error de arremeter contra el otro porque no estamos de acuerdo con su manera de pensar o de vivir. Las pasiones nos ganan por defender nuestro pensamiento y, en esa defensa, terminamos atacando al que piensa diferente. Esto lo podemos hacer desde un comentario ofensivo hasta el extremo de odiar y querer acabar con la vida del contrario.

Nos preguntamos, ¿cómo podemos convivir entonces en una sociedad democrática en la que existen tantas corrientes de pensamiento, tan contradictorias, y grupos con intereses tan opuestos? Jesús nos dice: “No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados” (Lc 6,37). ¿Qué significan estas palabras en el contexto de una convivencia tolerante?

Si un grupo como el LGBTI, o el mismo presidente Peña Nieto, están proponiendo que el concepto de matrimonio se amplíe para incluir a personas del mismo sexo, ¿debemos de estar de acuerdo con ellos y decir que su propuesta es legítima? Por supuesto que no. Un católico no debe de renunciar a una verdad que conocemos por la recta razón y que ha sido revelada por Dios. Como seres inteligentes estamos llamados a discernir entre el grano y la paja, entre la verdad del error, y vivir en la verdad.

En nuestro mundo las ideas deben de ser juzgadas, y la verdad debe ser defendida y propagada. Pero a las personas no las podemos juzgar. Desconocemos el fuero interno de cada alma. Es algo que sólo Dios y ella misma conocen. Cada persona tiene una historia que la acompaña, a veces con muchos sufrimientos y condicionamientos, y su búsqueda de la verdad puede estar ofuscada. Hay muchas personas que podemos estar viviendo en una mentira.

Cuando vemos que alguien camina en el error, debemos de corregirle. Los LGBTI tratan de corregir a los católicos porque piensan que nuestro concepto de matrimonio es discriminatorio. Y los católicos queremos corregir a los LGBTI porque pensamos que son ellos quienes están en el error. ¿Debemos lastimarnos, ofendernos para defender nuestras posturas? Absolutamente no. Decía san Juan Crisóstomo: “Sí, corrígele en hora buena, pero no como quien declara la guerra, no como enemigo que le pide cuentas, sino como médico que le prepara una medicina. Porque no nos dijo –el Señor– que no apartáramos al hermano del pecado, sino que no le juzguemos, es decir, que no seamos para él un juez duro”.

“Ustedes los católicos están propagando el odio con su postura sobre el matrimonio”, decía una activista LGBTI. Yo no lo creo. Decir que no estoy de acuerdo contigo no significa que te odie. Al contrario, te amo aunque no pienses como yo, y porque te amo seguiré invitándote a reflexionar en la verdad. Pero si te digo la verdad enojado, entre gritos e insultos, mi amor por ti será falso. Tenía razón san Francisco de Sales cuando enseñaba que la verdad que no es caritativa procede de una caridad que no es verdadera.

P. D.: Aunque el obispo cometió una grave falta en criticar con burla al presidente, hizo un gran acto de virtud al enviarle luego una carta pidiéndole perdón. No nos quedemos viendo la humareda de su error; veamos mejor el sol de su gesto de humildad.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Confesionario sin absolución: a mi san Judas se le rompió la cabeza y estoy asustado

Pregunta: Vivo en El Paso Texas y soy devoto de san Judas Tadeo, del cual tengo dos imágenes de yeso que compré. Mi suegra fue a la Ciudad de México y me compró otra imagen más de san Judas. Acomodó la imagen en su coche y cuando llegó a su hotel vio que la estatua tenía la cabeza quebrada. Cuando lo supe quedé muy impactado porque dicen que, cuando eso ocurre, es porque se ha cumplido algo que se le ha pedido al santo. Mi desconcierto fue mayor cuando compré, acá en El Paso Texas, otro san Judas, de color oro, muy bonito, pero al llegar a mi casa uno de los san Judas que ya tenía, estaba con su cabeza rota. Estoy muy impresionado. No sé a qué se deba, padre. A veces creo que el santo está celoso porque tengo varias imágenes de él. Agradezco su tiempo y le pido que me ayude. Padre Hayen: ¿Cómo? ¿Dos imágenes con cabeza rota? ¡Seguramente tú y tu suegra se van a sacar la lotería! Por favor, muchacho, no peques de ingenuidad. Pero además dices que san Judas está celoso porque tien...

380 cadáveres

El hallazgo de más de 380 cadáveres apilados en un crematorio de Ciudad Juárez, esperando durante varios años el servicio de cremación de algunas funerarias que subcontrataron dicho servicio, suscita algunas preguntas. El macabro descubrimiento hace que muchas personas pongan en tela de juicio si las urnas con cenizas que entregan las funerarias a sus clientes contienen las cenizas reales de su ser querido difunto, o si son cenizas de alguien o de algo más. Al despedir después de una ceremonia religiosa o de la velación en la capilla ardiente a un ser querido que ha muerto, los deudos confían en que la funeraria cremará el cadáver y les entregará las cenizas verdaderas. Pero todo puede resultar ser una farsa. Es importante reclamar el cuerpo de un ser querido difunto. Cuando Sara, esposa de Abraham, murió, éste reclamó el cadáver a los descendientes de Het y les dijo:"Aunque yo no soy más que un extranjero residente entre ustedes, cédanme en propiedad alguno de sus sepulcros, para...

Izaguirre y el príncipe del mundo

Los acontecimientos del rancho Izaguirre, en el municipio de Teuchitlán Jalisco, ponen la pregunta sobre el enigma del mal. Tales campos de entrenamiento para el sicariato, narcopanteones y hasta hornos crematorios –reminiscencia de aquellos hornos en que los nazis calcinaban a sus prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial– nos habla de los niveles tan extremos de podredumbre que puede alcanzar el corazón del hombre. México se ha convertido en un gran cementerio donde deambulan –como fantasmas a los que nadie hace caso– las madres y padres de las personas desaparecidas."Que mi súplica llegue hasta ti, inclina tu oído a mi clamor", es la aflicción del salmista que bien podemos poner en los labios de tantos familiares angustiados que buscan a su pariente cuyo paradero permanece ignoto. La Sagrada Escritura nos habla de los niveles de maldad que alcanzan niveles sociales: opresión de los pobres, injusticia en los tribunales y adoración de ídolos acompañada de sacrificios hum...