Tras consagrar el aborto en la Constitución en marzo de 2024, es decir, el "derecho" a matar a los no nacidos, Francia ha extendido ahora el "derecho" a la muerte mediante la eutanasia y el suicidio asistido. Ambas leyes, aborto y eutanasia, son pasos hacia una mayor barbarie. Además, con una tasa de natalidad tan raquítica, es muy difícil que Francia salga del precipicio de muerte en el que ha caído.
Muy bien por el obispo Marc Aillet, quien advirtió seriamente a los legisladores católicos que aprobaron la ley, que por el estado de pecado mortal en el que han incurrido, no podrán recibir la sagrada Comunión, y que su voto a favor puede traerles consecuencias espirituales. Las comunidades católicas, firmes en la fe, son casi la única luz de esperanza con la que Dios puede recomenzar a reconstruir la que era una gran nación.

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