Ir al contenido principal

Último adiós a una gran guerrera

Ayer despedimos en la iglesia a Ana Luisa Escobar Andrade, niña de tres años que había estado un año en el hospital por tratamiento de leucemia. Ana Luisa era una niña con síndrome down y hasta el último momento de su vida luchó por su vida.

No me cabe la menor duda de que sus padres, Luis y Gaby, fueron elegidos por Dios para ser los custodios de una niña inmensamente amada por Dios.

Ana Luisa, con limitaciones y sufrimientos, nos obliga a interrogarnos con respeto y sabiduría sobre el misterio del hombre. Sus padres no escatimaron esfuerzos por salvar a la niña porque en esas limitaciones de su hija descubrieron la dignidad y la grandeza del ser humano. Sabían que Ana Luisa fue creada por Dios para llegar a ser hija suya en su Hijo Jesucristo.

Solamente un matrimonio, una familia que abre su corazón a asistir a una persona más débil y necesitada, ayudándola a participar, lo más posible, en la vida de la sociedad para que desarrolle sus potencialidades físicas, psíquicas y espirituales, es una familia digna del hombre, y así se hace también digna de Dios. Cuando Ana Luisa llegó al mundo, toda su familia se puso atenta y amorosamente a la escucha de la vida de la niña para ayudarla a responder a sus necesidades y rodearla de amor y cariño.

Luego llegó la leucemia y con ella, el viernes santo. La vida pasa por pruebas muy duras. El problema del dolor nos acosa y nos pone a prueba, como sucedió con Job. El varón justo del Antiguo Testamento expresó el gemido del hombre que sufre en todos los tiempos. Job tuvo que atravesar un túnel de una densa oscuridad, pero al final del túnel encontró a Dios y se inclinó en adoración ante el misterio.

Nosotros hemos encontrado a Jesús de Nazaret. Él anunció: "los ciegos ven, los sordos oyen, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Nueva. Estas palabras nos dan la certeza de que Dios ve a Ana Luisa, y a cada uno de nosotros, como un don precioso salido de sus manos. Su vida estuvo siempre custodiada en las manos del Padre.

Únicamente cuando reconocemos la enfermedad o el pecado podemos encontrar a Dios, porque Jesús dijo: "No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos". En cambio, aquellos que pretenden asegurar su vida por los bienes materiales, se engañan. La vida se les escapa y pronto irán a la presencia de Dios sin haber captado el sentido más profundo de la vida. Recuerdo las palabras de José Luis Martín Descalzo: "Una vida que no ha sido visitada por el dolor es como una catedral sin bendecir".

Sólo el Dios hecho hombre ilumina el misterio de Ana Luisa. El Verbo se hizo hombre y cuando nació, fue acogido por María y José. Hubo quienes querían eliminarlo, como Herodes que no quería que el niño viviera. Y otros más que fueron indiferentes ante el nacimiento del niño, pues para ellos no hubo lugar en la posada. Sin embargo la gloria de Dios resplandeció en Belén y después en el hogar de Nazaret, porque esa vida que nació fue la salvación para toda la humanidad.

Así también en los padres de Ana Luisa hemos visto resplandecer la gloria de Dios. Desde el nacimiento de su hija y hasta su muerte, ellos la recibieron como un regalo del Padre, y no escatimaron esfuerzos y sacrificios para sacarla adelante. En el hogar de Luis y Gaby, hoy marcado por el signo de la Cruz por despedir a su hija, resplandece la gloria del Señor, la gloria del amor.

¡Qué misterio somos los seres humanos! ¡Qué grandes debemos ser para que Dios se haya metido en nuestra aventura humana a vivir la pobreza y la precariedad. Fue en la Cruz donde se entregó a sí mismo y en esa entrega reveló toda la grandeza de su vida. "En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu". Así se entregó a la muerte, en un acto supremo de abandono confiado.

Así entregamos hoy a Ana Luisa en las manos del buen Dios, de quien un día la recibimos para injertarla, por el Bautismo, en el misterio de Cristo, misterio de amor y de dolor. Su muerte se ha transformado en fuente de vida para todos. Descanse en paz.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Confesionario sin absolución: a mi san Judas se le rompió la cabeza y estoy asustado

Pregunta: Vivo en El Paso Texas y soy devoto de san Judas Tadeo, del cual tengo dos imágenes de yeso que compré. Mi suegra fue a la Ciudad de México y me compró otra imagen más de san Judas. Acomodó la imagen en su coche y cuando llegó a su hotel vio que la estatua tenía la cabeza quebrada. Cuando lo supe quedé muy impactado porque dicen que, cuando eso ocurre, es porque se ha cumplido algo que se le ha pedido al santo. Mi desconcierto fue mayor cuando compré, acá en El Paso Texas, otro san Judas, de color oro, muy bonito, pero al llegar a mi casa uno de los san Judas que ya tenía, estaba con su cabeza rota. Estoy muy impresionado. No sé a qué se deba, padre. A veces creo que el santo está celoso porque tengo varias imágenes de él. Agradezco su tiempo y le pido que me ayude. Padre Hayen: ¿Cómo? ¿Dos imágenes con cabeza rota? ¡Seguramente tú y tu suegra se van a sacar la lotería! Por favor, muchacho, no peques de ingenuidad. Pero además dices que san Judas está celoso porque tien...

380 cadáveres

El hallazgo de más de 380 cadáveres apilados en un crematorio de Ciudad Juárez, esperando durante varios años el servicio de cremación de algunas funerarias que subcontrataron dicho servicio, suscita algunas preguntas. El macabro descubrimiento hace que muchas personas pongan en tela de juicio si las urnas con cenizas que entregan las funerarias a sus clientes contienen las cenizas reales de su ser querido difunto, o si son cenizas de alguien o de algo más. Al despedir después de una ceremonia religiosa o de la velación en la capilla ardiente a un ser querido que ha muerto, los deudos confían en que la funeraria cremará el cadáver y les entregará las cenizas verdaderas. Pero todo puede resultar ser una farsa. Es importante reclamar el cuerpo de un ser querido difunto. Cuando Sara, esposa de Abraham, murió, éste reclamó el cadáver a los descendientes de Het y les dijo:"Aunque yo no soy más que un extranjero residente entre ustedes, cédanme en propiedad alguno de sus sepulcros, para...

Trigo y cizaña

Papa pacificador en la Iglesia Desde que el pasado 8 de mayo se anunció que el cardenal Robert Francis Prevost era el papa y que León XIV era su nombre, un gran júbilo ha recorrido el mundo católico. Hay una gran esperanza de que este papa pueda traer la paz a la Iglesia. En los últimos años las fracturas al interno del Cuerpo Místico de Cristo se han hecho más profundas. Por una parte están los que reclaman la ortodoxia en la doctrina y la moral católica; al otro extremo y liderados por el Sínodo de Alemania están quienes exigen apertura al fin del celibato, ordenación sacerdotal de mujeres, tolerancia al aborto y una moral sexual abierta a una gama de experiencias. En sus primeras intervenciones públicas, León XIV ha dejado clara su inclinación a la ortodoxia doctrinal y moral, así como la verticalidad de su pontificado, es decir, tener siempre a Cristo como centro. Sin embargo el pontífice ha subrayado el legado del papa Francisco y la necesidad de continuar con él, aunque aún no sa...