Ir al contenido principal

Oh ven, Emmanuel

José Antonio, un niño mexicano de 11 años, se recupera en Albuquerque después de una operación para extraerle un gigantesco tumor del tamaño de una sandía. Como él, millones de seres humanos sufren por los traumas que afligen sus cuerpos, con repercusiones en toda su existencia. Los científicos se esfuerzan por hallar la cura del cáncer, la diabetes o mitigar los dolores que agreden nuestros cuerpos, pero jamás podrán crear para todos una vida que sea inmune.

Nuestro paso por la tierra está también atormentado por dolores sociales. ¿Qué familia, ambiente de trabajo, escuela o parroquia están completamente libres de litigios, frialdades, celos, egoísmos, individualismos, traiciones, sospechas, ingratitudes, groserías y otros males por el estilo? Amores traicionados y divorcios son causa de profundas angustias. O bien, de pronto llega la muerte llevándose aquel amor que se había convertido en un sol para nuestros días.

El abajamiento moral de la sociedad es fuente de preocupaciones y aflicciones. Los hechos ocurridos en el estado de Guerrero con el narcotráfico infiltrado en el gobierno, fosas clandestinas que aparecen en todas partes; la rabia y la confusión que todo ello ha generado; los mega sueldos y bonos navideños de diputados y senadores mientras que el pueblo pobre pasa hambre. La perturbación sacude el corazón del presidente de la república y de muchos mexicanos que ven incierto el futuro del país.

En tantas almas hay carencia de auténtica paz interior. Sumidas en la depresión, en la culpa, se agitan con amargura entre remordimientos de conciencia; corazones alienados de Dios con un sentido de vergüenza y de maldición que pesa sobre ellos. Otros se han visto envueltos en males morales que los hicieron prisioneros sin que ellos apenas se dieran cuenta. Vista desde esta perspectiva de sufrimiento y dolor, con razón decía Albert Camus que “El hombre está obligado a vivir el absurdo de su existencia”.

Está, en fin, aquel que el hombre considera el supremo de los males, la muerte. Este es el momento más dramático. De cara a la muerte el enigma de la condición humana se vuelve supremo. No sólo se aflige el hombre con el pensamiento al acercarse el dolor y la disolución del cuerpo, sino también, y más todavía, por el temor de que todo termine para siempre. Todos los intentos de la técnica, por más útiles que sean, no logran calmar las ansias del hombre de satisfacer aquel deseo de vida ulterior que está dentro de su corazón. ¿Puede el hombre por sí mismo y con sus solas fuerzas, superar esta condición suya de miseria y curar radicalmente sus males? No puede, absolutamente.

 
“Oh ven, oh ven, Rey Emanuel –dice un himno medieval de Adviento–, rescata ya a Israel, que llora en su desolación y espera su liberación. Vendrá, vendrá, Rey Emanuel, Alégrate, oh Israel”. Solamente Dios puede ayudar a la humanidad a salir de su abismo. No basta una vaga fe que crea en la existencia de Dios, en ese Dios infinitamente distante de nuestra vida cotidiana. Sólo porque Él nos lo ha revelado, estamos convencidos del hecho enorme e inimaginable que Dios se hizo hombre para socorrer al hombre, hasta el grado de transformarlo en Dios.

Adviento es el tiempo para abrir este puente entre dos mundos infinitamente distantes, el mundo de Dios y el mundo de los hombres. Es el tiempo para tomar conciencia de esa familiaridad inaudita que nos pone en relación con el Dios hecho hombre.

Dios no viene a abolir nuestros dolores físicos, los males sociales o espirituales de esta peregrinación terrena. Pero sí viene a hacer que esos males que nos afligen no sean para nosotros absurdo y desesperación. De hecho, Dios viene a transformar nuestros sufrimientos en un valor precioso para adquirir los bienes incomparables que Dios nos ofrece.

Adviento viene para hacernos sentir, en la fe, que somos arcilla que se quiere entregar en las manos de un gran artista para convertirse en obra de arte. El hombre hecho de barro, solamente poniéndose en las manos de Dios se convierte en su imagen viviente.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Confesionario sin absolución: a mi san Judas se le rompió la cabeza y estoy asustado

Pregunta: Vivo en El Paso Texas y soy devoto de san Judas Tadeo, del cual tengo dos imágenes de yeso que compré. Mi suegra fue a la Ciudad de México y me compró otra imagen más de san Judas. Acomodó la imagen en su coche y cuando llegó a su hotel vio que la estatua tenía la cabeza quebrada. Cuando lo supe quedé muy impactado porque dicen que, cuando eso ocurre, es porque se ha cumplido algo que se le ha pedido al santo. Mi desconcierto fue mayor cuando compré, acá en El Paso Texas, otro san Judas, de color oro, muy bonito, pero al llegar a mi casa uno de los san Judas que ya tenía, estaba con su cabeza rota. Estoy muy impresionado. No sé a qué se deba, padre. A veces creo que el santo está celoso porque tengo varias imágenes de él. Agradezco su tiempo y le pido que me ayude. Padre Hayen: ¿Cómo? ¿Dos imágenes con cabeza rota? ¡Seguramente tú y tu suegra se van a sacar la lotería! Por favor, muchacho, no peques de ingenuidad. Pero además dices que san Judas está celoso porque tien...

380 cadáveres

El hallazgo de más de 380 cadáveres apilados en un crematorio de Ciudad Juárez, esperando durante varios años el servicio de cremación de algunas funerarias que subcontrataron dicho servicio, suscita algunas preguntas. El macabro descubrimiento hace que muchas personas pongan en tela de juicio si las urnas con cenizas que entregan las funerarias a sus clientes contienen las cenizas reales de su ser querido difunto, o si son cenizas de alguien o de algo más. Al despedir después de una ceremonia religiosa o de la velación en la capilla ardiente a un ser querido que ha muerto, los deudos confían en que la funeraria cremará el cadáver y les entregará las cenizas verdaderas. Pero todo puede resultar ser una farsa. Es importante reclamar el cuerpo de un ser querido difunto. Cuando Sara, esposa de Abraham, murió, éste reclamó el cadáver a los descendientes de Het y les dijo:"Aunque yo no soy más que un extranjero residente entre ustedes, cédanme en propiedad alguno de sus sepulcros, para...

Trigo y cizaña

Papa pacificador en la Iglesia Desde que el pasado 8 de mayo se anunció que el cardenal Robert Francis Prevost era el papa y que León XIV era su nombre, un gran júbilo ha recorrido el mundo católico. Hay una gran esperanza de que este papa pueda traer la paz a la Iglesia. En los últimos años las fracturas al interno del Cuerpo Místico de Cristo se han hecho más profundas. Por una parte están los que reclaman la ortodoxia en la doctrina y la moral católica; al otro extremo y liderados por el Sínodo de Alemania están quienes exigen apertura al fin del celibato, ordenación sacerdotal de mujeres, tolerancia al aborto y una moral sexual abierta a una gama de experiencias. En sus primeras intervenciones públicas, León XIV ha dejado clara su inclinación a la ortodoxia doctrinal y moral, así como la verticalidad de su pontificado, es decir, tener siempre a Cristo como centro. Sin embargo el pontífice ha subrayado el legado del papa Francisco y la necesidad de continuar con él, aunque aún no sa...