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El purgatorio de Norma McCorvey

En los años 70, algunas mujeres pro-aborto hicieron mentir a Norma McCorvey, quien estaba embarazada de un muchacho que ella quería. La mentira fue decir que unos pandilleros la habían violado. Se necesitaba un caso dramático y fuertemente emocional para que se encendiera un debate nacional por el derecho a abortar. El propósito era abolir la ley pro-vida de Texas. El caso fue apoyado económicamente por Hugh Heffner, fundador de la revista pornográfica Playboy, para hacerle fuerte propaganda. Así, Norma utilizó el seudónimo “Roe” en la batalla legal contra “Wade”, el fiscal de Texas que ganó esa batalla legal. Pero luego el caso saltó hasta el Tribunal Supremo de Justicia y fue allí donde se falló a favor de Roe. La decisión fue interpretada para despenalizar el aborto en los 50 estados de la Unión. Cuando Norma reconoció su mentira, ya era demasiado tarde. El holocausto de niños no nacidos había comenzado.

Norma McCorvey se hizo cristiana evangélica y activista pro-vida. Pero luego se bautizó católica y, desde entonces, nunca dejó de luchar contra el aborto. Tuvo su purgatorio aquí en la tierra. Cuenta que, cuando veía en las escuelas patios vacíos, o en los parques columpios desocupados, casi enloquecía sintiéndose culpable porque los niños abortados pudieran ocupar esos espacios, niños que ella había contribuido, de alguna manera, a matar. Sin su proceso de conversión, tocada por la gracia de Dios, muy probablemente la señora McCorvey se hubiera vuelto loca. Ella murió el pasado 18 de febrero a los 69 años, en un asilo de ancianos, por muerte natural. ¿Habrá ido al cielo? Muy probablemente sí. El peso del pecado era demasiado para poder soportarlo y Norma, arrepentida y convertida al catolicismo, tuvo más de 40 años para expiar su error a través de obras de misericordia, oraciones, sacrificios, misas y en la participación en la gran ‘March for Life’ en Washington, donde se le vio con frecuencia. La misericordia del Señor es eterna. Descanse en paz.

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