miércoles, 27 de diciembre de 2017

El tránsito de mi abuela hacia el más allá

Ocurrió el 18 de agosto de 2017. Pasó de la agonía a la muerte. Durante la tarde, sentada en un sillón de su habitación en el hospital, había conversado con Toña sobre asuntos de la familia. Cuando la llevaron nuevamente a la cama, inició su tránsito hacia la otra vida. Esa noche nos reunimos varios miembros de la familia para ayudarle a preparar su viaje. Oraciones, el sacramento de la Unción de los enfermos, los salmos, el rezo del Rosario, la Coronilla de la Divina Misericordia... eran las últimas recomendaciones a esta gran mujer que había vivido cien años, 75 de ellos como esposa y madre, 54 de abuela y 40 años dedicada a las Voluntarias Vicentinas.

En diversas partes de la ciudad, otros enfermos también murieron esa noche. Muchos de ellos escucharon los llantos -gritos quizá- de sus familiares, como si la muerte fuera un castigo, una injusticia cruel que llega inevitablemente. Pocos ven la muerte como un regalo de Dios, un favor divino, un salto de calidad para nuestro crecimiento. A veces imagino este mundo como el último y definitivo, y no soporto esa idea. Nuestro corazón fue creado para el mundo futuro, para el Señor. Es consolador pensar que Dios, para asociarnos a su vida divina, ideó que tuviéramos que atravesar por la puerta de la muerte. Bendita muerte que se abre como un gran puente entre la orilla de este lado y la orilla de la casa del Padre.

Días antes mi abuela había rechazado el marcapasos, ese aparato pequeño que hace latir el corazón por diez años más. Ya estaba cansada. Hubieran sido, quizá, algunos años más de vida para un corazón inquieto que buscaba su descanso en Dios. “Nos creaste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en ti”, escribió san Agustín. Cuando su muerte era inminente, el personal sanitario quiso aplicarle técnicas de reanimación, pero la familia -sabiamente- rechazó el procedimiento. Después de un siglo de vida su misión estaba terminando y lo más prudente era dejarla partir. Como la Virgen, al pie de la cruz entregó a su Hijo, así mi familia, llena de fe y esperanza, puso a mi abuela en los brazos de Dios.

“Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará?, dice el libro de los Proverbios. “El corazón de su marido confía en ella y no faltará compensación”. Mis abuelos se casaron en 1941 en Casas Grandes, pueblo que a ella la vio nacer. Con recursos económicos limitados, subieron al tren para venir a vivir a Ciudad Juárez. Acostumbrada al trabajo de casa, a hacer conservas para el invierno, a desplumar pollos para cocinar un caldo, mi abuela fue una mujer que trabajó toda su vida en su hogar. La vimos muy hacendosa en la granja Las Abejas -ese pequeño paraíso donde pasamos horas entrañables en familia durante mi infancia y adolescencia entre caballos, vacas, ovejas, gallinas, pavos reales y cerdos, con un gran pastizal, una huerta y una acequia escoltada por grandes álamos, y que ahora se ha transformado en Plaza Juárez Mall-, disecando carne, matando algún animal para preparar un guiso, trayendo la leche bronca o recogiendo los huevos del gallinero. Mi abuela nació para trabajar, sin duda.

Mientras ella agonizaba aquella madrugada, mi abuelo se había quedado en casa. Él, a sus 97 años, no sabía bien qué sucedía. Siempre los vimos unidos, juntos en todas partes, con sus discusiones y desavenencias, pero siempre siendo un solo corazón. En su lecho de muerte estuvieron sus hijos, Bertha Ofelia, Toña y Pablo. Ellos la recordarán como la madre que les enseñó a respetar su padre, a entrar en las labores del hogar, a tener el hábito del ahorro, a cultivar el valor de la responsabilidad y de la unión familiar. Pero también enseñó a sus hijas a conquistar a sus maridos por medio de sus secretos de cocina. ¡Qué bien lo hacía! Manejaba tan bien el sartén y las ollas que un día cruzó por mi mente que ella se dedicaba a la brujería. Sí, a todos nos hechizaba con sus platillos.

No fue una mujer tierna. Más bien era de carácter fuerte, enérgica y directa para decir las cosas. Su voz era de profeta. Lo que decía, se cumplía. “Si lo dijo tu abuela, es que así va a suceder”, me decía mi madre. No se perdía los grandes pleitos de box, los deportes en la televisión y las corridas de toros, con su tequila o su cerveza.

Como Voluntaria Vicentina trabajó en obras de caridad durante cuarenta años. Hizo servicio en el Hospital General e impartió clases de cocina. Fue tan activa que inspiró a su marido a construir y regalar el Centro Vicentino en Ciudad Juárez. Cuando la edad y la pérdida de fuerzas le imposibilitaron el servicio, se dedicó en sus últimos años al apostolado de la oración silenciosa en casa.

Mi abuela nos enseñó a morir, a desgastar la vida para ganarla luego, porque “Si el grano de trigo no muere, queda infecundo, pero si muere dará mucho fruto”. La muerte se volvió su aliada. Aprendió bien de Jesús de Nazaret eso de que hay que morir para resucitar. Supo pasar del egoísmo al amor, murió muchas veces a ella misma para vivir para los demás. Por eso san Francisco de Asís llamaba ‘hermana’ a la muerte, porque sabía que estaba conectada con la vida.

¡Oh abuela, cuánto bien nos hiciste! ¡Qué magníficas lecciones de vida nos dejaste como heredad! Gracias por enseñarnos a no mirar lo caduco sino lo duradero; a no fijarnos en lo intrascendente, sino en lo sustancial. Tu muerte no la vivimos con dolor, sino con serenidad espiritual, porque sabemos que quienes murieron aprendiendo a donar su vida están en las manos de Dios, en el reino de la luz, y ahí son felices. Descansa, abuela, en los brazos del Señor, y que la paz de Dios sea tu reposo.

martes, 26 de diciembre de 2017

Confesionario sin absolución: creo que mi hermana tiene un maleficio

La pregunta: Padre: ¿Las cosas malas existen? Me refiero a la brujería o al mal puesto, como luego dicen. Le cuento: somos nueve hermanos, todos de Durango. Mi papá y mi mamá siempre han sido buenos católicos. Somos de rancho y estamos muy metidos en la Iglesia. Papás y hermanos todos estamos casados por la Iglesia. Como familia hemos hecho las cosas bien, pero a mi hermana le suceden muchas cosas malas. Lo último que le quitaron fue la casa, y dos días después quisieron robarle el carro. Antes de eso ya le habían robado uno, y hasta los vecinos le habían quebrado los vidrios. Esos vecinos son muy feos con ella, y hasta la han amenazado de muerte. Veo que mi hermana está muy mal, aunque ella es muy devota de san Juditas y no falta a misa los domingos. Disculpe que lo moleste, pero no hallo palabras de aliento para ella.

Padre Hayen: me alegra que toda tu familia sean católicos practicantes. Para responder a tu pregunta debo señalar que la acción del demonio suele ser de varias formas, entre ellas la seducción y la coacción. La seducción es, lo que muchos conocen como la acción ordinaria del demonio. Es lo que hizo Satanás en el relato bíblico del pecado original, donde sedujo a Eva para que comiera del árbol prohibido. Es lo que también el ángel caído intentó hacer con Jesús, al inicio de su vida pública, en el desierto. Seducción es, pues, lo mismo que tentación. El diablo seduce a sus víctimas para precipitarlas en el pecado. De esta manera el diablo puede llegar a ejercer un poder tiránico sobre los pecadores. Pensemos en tantas personas que, por ejemplo, viven esclavizadas en pecados terribles como el narcotráfico o formas intrincadas de corrupción, de vicios, perversión y malas pasiones.

Otra forma de acción de Satanás es la coacción. Esta es la fuerza que se hace sobre él para que ejecute algo que deseamos, y se logra mediante maleficios y embrujamientos. Hay que dejar clara una cosa: aunque los maleficios existen, son obra extraordinaria del diablo. Cuando digo ‘extraordinaria’ quiero decir rara, excepcional, insólita, infrecuente. A mi oficina parroquial llegan muchas personas creyendo que sus males se deben a que alguna persona maléfica les hizo un trabajo de hechicería. La mayoría de ellos no presentan síntomas de verdadero embrujamiento. En su desesperación recurrieron a curanderos y brujos, y todos éstos les diagnosticaron un maleficio. ¡Ingenuos! ¡Insensatos! Les creyeron a estos embaucadores, pagándoles dinero para que les quitaran ‘el mal’. Pero nunca les quitaron nada. Al contrario, los dejaron confundidos y los males continuaron.

No niego la existencia del maleficio y del embrujo. Pero es, más bien, un fenómeno escaso. ¿Te imaginas que todos nos hiciéramos brujería, unos contra otros, y que ésta fuera infalible? El mundo no existiría o estaría absolutamente bajo el poder del demonio. Realmente es ingenuo tratar de ver al diablo por todas partes o concederle un poder exagerado. La mayoría de las cosas malas que nos suceden provienen de nuestros errores, son consecuencia de los pecados propios o ajenos, o del desorden del mundo. Por eso no es fácil diagnosticar un maleficio.

Sin embargo existen síntomas del verdadero maleficio. Algunos pueden afectar la salud y la vida de la víctima, pero sobre todo dividir a los esposos, las familias y las sociedades. He conocido casos en los que alguna mujer se obsesiona con un hombre, soltero o casado, y logra enredarlo y mantenerlo cautivo dándole alguna bebida o comida preparada. La víctima llega, incluso, a dejar a su familia por irse con la fulana, y siente no tener fuerzas para salir de esa relación, que no es nunca una relación feliz, sino generalmente, tormentosa.

Por lo general la víctima del maleficio sufre casi siempre dolores de estómago que se curan con oraciones de liberación, y que llevan a la persona al vómito de baba blanca espesa y de otros objetos. Si tu hermana tiene estos síntomas, hay que llevarla con algún sacerdote para que rece por ella con oraciones de liberación. Si no es así, lo más probable es que los males de tu hermana se deban a ciertos desórdenes que hay en su vida, a malas decisiones, o bien, a que vive rodeada de personas agresivas y peligrosas. Trata de darle palabras de aliento y ayudarla a tomar sus decisiones cuando atraviese por dificultades. Lo más importante es que sienta que tiene personas cercanas que la quieren y la apoyan.

De cualquier manera puedes llevarla también con un sacerdote para que ore por ella. Gracias por compartir tu situación.

(Para preguntas en 'Confesionario sin absolución' puedes escribir, de manera breve, en un mensaje privado a la cuenta de Facebook/Messenger : Eduardo Hayen Cuarón; o en Twitter: @padrehayen)

jueves, 21 de diciembre de 2017

Confesionario sin absolución: tengo dudas sobre si es útil orar

La pregunta: Buenos días padre, soy una estudiante de la universidad y desde hace algún tiempo me he sentido distanciada de Dios. Me ha surgido una duda respecto a hacer oración: ¿realmente es de utilidad orar? No quisiera caer en una visión deísta de su existencia, es decir, creer que sí existe Dios pero como alguien que no interviene en la vida de sus criaturas. ¿De qué sirve orar si de igual manera las cosas suceden? Bien sé que algunas cosas deben de pasar para nuestro propio bien, pero entonces ¿qué diferencia hace orar? Espero que se encuentre bien, y no me mal entienda, soy creyente y quiero seguirlo siendo, sólo quisiera saber su opinión al respecto. Saludos.

Padre Hayen: gracias por compartir tus dudas sobre la oración. Para entender la oración, primero hay que decir es que si aquel a quien llamamos Dios es verdaderamente Dios, entonces todo lo conoce -pasado, presente y futuro- en la vida de todos los seres. Igualmente es creador, todopoderoso, presente en todas las cosas, infinito y eterno. Por tanto, Dios sabe quién se va a salvar y quién se va condenar, y además sabe qué es lo que necesitamos.

Sin embargo, Él nos hizo libres para que nosotros tomemos la decisión de vivir con él o ser indiferentes con él o, de plano, vivir contra él. Aunque Dios conoce perfectamente lo que va a suceder, lo que ha sucedido y lo que sucederá, todo ello no ha sido programado por Dios, como en automático. Dios hizo seres libres y por ello quiso que fuéramos nosotros quienes tomemos las decisiones del rumbo que le damos a nuestra barca de la vida y a nuestra sociedad.

Los cristianos no creemos en un Dios que creó el mundo y que luego se marchó para desentenderse de sus criaturas. Ese es el dios en el que creen los masones. Ellos son deístas. ¡Nosotros no! Al contrario, creemos en un Dios personal que constantemente está interviniendo en el mundo y en la historia para invitar a los hombres a vivir en comunión de amor con Él, para ayudarnos en nuestra travesía por el océano de la vida y, finalmente, gozar en amor con Él por toda la eternidad.

Es aquí donde tenemos la necesidad de orar. Buscar a Dios en la oración es invocar su intervención en nuestros asuntos y en la marcha del mundo. Por la oración lo anhelamos, lo descubrimos vivo, alguien que se nos va revelando y nos va mostrando cómo podemos vivir haciendo su voluntad. Así, aunque Dios ya sepa lo que necesitamos, el que nos acerquemos a Él para que se lo pidamos es algo que nos beneficia a nosotros, y por eso el Señor quiere que se lo pidamos. El que se niega a orar alegando que Dios tiene conocimiento infinito, se queda al margen del amor divino, no llega a conocer su voluntad, no descubre la misión que Dios le pide y, de esa manera, se aleja de la salvación.

¿Que si es útil orar? Para alguien que cree que la única realidad es la materia, orar es una pérdida de tiempo. Pero para aquellos que buscan una sabiduría superior, para quienes se empeñan en combatir sus tentaciones y males interiores, para quienes pasan por pruebas difíciles y quieren fortaleza y consuelo, para aquellos que buscan alegrías profundas y duraderas, para ellos orar no sólo es útil, sino imprescindible.

Si te sientes distanciado de Dios, sigue el consejo de san Alfonso María de Ligorio: “El Dios de ustedes está siempre cerca de ustedes, y aun dentro de ustedes: en él tenemos vida, movimiento y ser (Hch 17, 28). A Dios le gusta que traten familiarmente con él. Trata con él tus asuntos, tus proyectos, tus trabajos, tus temores y todo lo que te interese. Hazlo sobre todo con confianza y el corazón abierto, porque Dios no acostumbra hablar al alma que no le habla; si ésta no se acostumbra a conversar con él, comprenderá muy poco su lenguaje cuando le hable”.

(Para preguntas en 'Confesionario sin absolución' puedes escribir, de manera breve, en un mensaje privado a la cuenta de Facebook/Messenger : Eduardo Hayen Cuarón; o en Twitter: @padrehayen)

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Cuidados en la hora de la muerte

En estos días previos a la Navidad, nuestra hermana religiosa María de Jesús, Misionera de Jesús Hostia, sufrió un aneurisma que la colocó al borde de la muerte. Luego de que la ambulancia la trasladara al hospital, su respiración se fue volviendo más difícil, por lo que tuvieron que colocarle un respirador artificial. Desde un principio los informes médicos fueron desalentadores: sus posibilidades de recuperación eran prácticamente nulas. El cerebro estaba bañado en sangre y, además, la fractura craneal que se produjo con el golpe de la caída también había afectado gravemente su masa encefálica.

En esas circunstancias flotaba la pregunta sobre qué tipo de cuidados habría de tener nuestra hermana, y surgió la duda sobre si sería adecuado de que el personal sanitario retirara el respirador para dejarla morir tranquila. Estos dilemas se presentan en muchas familias que tienen enfermos terminales. Incluso en las conciencias más claras surgen conflictos de juicio y perplejidades en cuanto a qué se debe hacer. Por la fuerte carga afectiva que les tienen a sus seres queridos, desean naturalmente prolongarles la vida, pero a veces el sufrimiento del paciente es tal, que puede llevar a obrar de manera equivocada.

Retirar un respirador o no hacerlo, puede ser una duda que lleve a cometer el grave error de la eutanasia. Esta se define como la acción u omisión que provoca la muerte de un paciente terminal, con su consentimiento o sin él, con la intención de evitarle sufrimiento y dolor. La Iglesia Católica enseña que nadie puede autorizar la muerte de una persona, sea desde su fase inicial en el vientre materno o durante su etapa agonizante. Tampoco es moralmente lícito pedir a alguien ese gesto, ni para sí mismo ni para alguien que está bajo su cuidado, puesto que se trata de un gesto homicida. A la autoridad pública tampoco le es legítimo permitirla o imponerla porque sería una violación a la ley divina.

Queda claro que a nadie le es moralmente permitido aplicar una inyección a un enfermo para provocarle la muerte. Tampoco se debe de retirar el aire, el agua y la comida para dejar morir a una persona en su fase terminal, como ocurrió en el triste caso de Terri Schiavo en 2005, cuya familia permitió que muriera de hambre. Aunque algunos digan que la eutanasia es una muerte digna, en realidad lo único digno para la persona humana es respetar el misterio de su vida y tratar de aliviar su sufrimiento con los debidos cuidados según las valoraciones del médico. Padres, hijos, parientes, médicos y personal sanitario han de acompañar al enfermo con amor, rodeándolo de calor humano y sobrenatural.

En el caso de nuestra hermana María de Jesús, quien no tenía muerte cerebral, lo correcto era no retirar su aparato respirador, y sí proporcionarle los cuidados básicos de aire, comida, agua y medicamento. La pusimos en las manos de Dios, hasta que Él decidiera el momento de llamarla a su presencia. Si ella hubiera manifestado muerte cerebral, tranquilamente se podría haber quitado el respirador ya que, en realidad, estaría muerta. Como este no era el caso, lo adecuado fue seguir ayudando a su respiración. Al momento de escribir estas líneas, María de Jesús sigue en esa lucha entre la vida y la muerte.

Cuando ocurra algún accidente o percance que afecte la salud de uno de nuestros seres queridos, y la situación nos presione a tomar decisiones que puedan ser de vida o muerte, como es el caso de entubar al enfermo, es muy importante hablar claramente con el médico antes de tomar una decisión. Él deberá explicar a la familia las consecuencias de los procedimientos para que la decisión terapéutica sea la adecuada, y no complique el proceso al enfermo.

Las Misioneras de Jesús Hostia y sus colaboradoras, al saber lo ocurrido con sor María de Jesús, rápidamente se movilizaron para llegar a Ciudad Juárez. Su entrega para el cuidado de su hermana enferma, así como su solidaridad con sus hermanas de comunidad, han sido gestos muy bellos. Las admiro realmente por la entereza de su fe, por su serenidad en el dolor y por la cercanía que han mostrado para quienes sufren.

Ellas son oblatas, es decir, son como Hostias vivas que se ofrecen en sus apostolados, unidas al Sacrificio del Señor, por la santificación del mundo. María de Jesús tuvo que subir a la Cruz con Jesús, y desde ahí ofrecer su vida. Dios bendiga siempre la vida de las religiosas.

martes, 19 de diciembre de 2017

Mi hermana María de Jesús, su vida en peligro

El sábado por la noche la hermana María de Jesús Cabrera, del Instituto religioso Misioneras de Jesús Hostia (segunda de izq. a der), quien sirve desde hace varios años en la Catedral, fue hallada desmayada en el suelo, afuera de la sacristía. Un aneurisma le provocó el desvanecimiento, lo que hizo que también se golpeara fuertemente la cabeza y sufriera también una fractura de cráneo. El diagnóstico médico es muy desalentador, la hermana religiosa no ha recuperado la conciencia, y ya sólo estamos confiados a que se haga la voluntad del Señor.

En la espera de la Navidad hemos leído: "La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros”.

En la vocación de mi hermana María de Jesús he podido contemplar hoy un reflejo de la vocación de la Virgen María, en quien la vocación de toda religiosa encuentra su esplendor. La hermana renunció a todo amor humano para entregar su alma y su cuerpo al Señor. No quiso compartir su vida con varón porque el destinatario exclusivo de su corazón es Jesús.

Las hermanas religiosas prestan un enorme servicio a la vida de la Iglesia. Con su entrega, tantas veces humilde y abnegada, nos enseñan que han encontrado la perla preciosa del Reino de Dios, y que hemos de preferir ese Reino por encima de cualquier valor. Cuando una religiosa vive su entrega por amor a Jesús, se vuelve una persona espiritualmente fecunda, y por eso las llamamos ‘madre’, porque su maternidad es espiritual y para muchos.

En mi hermana María de Jesús he podido ver cómo una religiosa vive plenamente su vida cuando el amor toca su vida. Ella ha sido mujer espiritual, libre, fuerte, ágil y alegre, de una gran capacidad de trabajo, mujer de sacrificio y con una hermosa voz que cuando la pone al servicio de la liturgia, entonando los salmos, se sienten "ángeles volando en ese lugar".

Pido a Dios que haya más personas que entreguen su corazón indiviso a Dios, como Hostia viva, santa y agradable a Dios, y que en nuestras familias se fomenten las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal. Y que a mi hermana María de Jesús, que hoy lucha por su vida, el Señor la sostenga en la palma de su mano y la conforte.

lunes, 18 de diciembre de 2017

En Navidad, un demonio le dijo al otro

Santa Claus, monos de nieve, regalos, juguetes... ¿Y Jesús, dónde está?
En estos días previos a la Navidad, el centro histórico de la ciudad tiene un tráfico intenso con circulación del triple de visitantes que el resto del año. La gente gasta sus aguinaldos en compras de última hora para su cena navideña o para compartir regalos. Los centros comerciales están atiborrados de gente que camina con sus bolsas de compras, y las filas de coches para cruzar la frontera parecen interminables. Parece que el dinero recibido en esta época nos hace cosquillas y queremos gastarlo.

El conocido apologista británico y cristiano C. S. Lewis publicó en 1942 un libro llamado ‘Cartas del diablo a su sobrino’. La obra contiene 31 cartas que escribe Escrutopo, un demonio malvado, a Orugario, su sobrino, un demonio principiante. Lewis imagina el infierno como una sátira en la que demonios se organizan para hacer el mal, debilitar la fe de las almas, precipitarlas a la indolencia, la tibieza, la gula y la promiscuidad. Sabía que los demonios no pueden proponer a los hombres directamente obras muy perversas; más bien los van precipitando al infierno por un camino gradual.

Recientemente me encontré publicado en la revista Crisis un artículo de Regis Nicoll (Advent: A View from Down Under… Way Under) con semejanzas inquietantes a las enseñanzas de Lewis, que me permití libremente traducir. Veamos.
Decía un demonio a otro: “¡Otra vez llegamos a esta época del año! Hace unas semanas las preparaciones para ese evento llamado ‘Viernes negro’ fueron febriles. ¡Oh qué ironía! El mismo día de la semana en que una multitud colocó una cruz de madera en su espalda, los compradores enloquecidos se apresuraban a poner una cruz financiera en la suya, comprando regalos que no pueden pagar para dárselos a personas que no los necesitan; regalos que se volverán obsoletos para cuando llegue la Navidad.

Durante siglos los demonios creímos que aquella promesa de ‘poner enemistad’ entre nuestro Maestro y la mujer era una amenaza inútil. Pero cuando menos lo esperábamos, un ángel le dijo a una joven judía campesina que sería bendecida. El anuncio envió ondas de choque a través de nuestras cavernas. Pero descubrimos que la chica no estaba casada. Entonces nos entusiasmamos porque creíamos que sería apedreada por adúltera. Pero no fue así. José decidió casarse con ella. Pensábamos que su niño sería ilegítimo. ¿Es así como él planeó aplastar la cabeza de nuestro Maestro? ¡Estábamos desconcertados!

Recuerdo mi satisfacción cuando él estaba colgado en la cruz como un criminal, pensando qué apropiado y poético fue cuando se acostó en aquel pesebre como un bastardo. Pero mi satisfacción duró muy poco. Tres días después sus seguidores vieron la tumba vacía, y el escándalo que rodeaba su nacimiento fue casi olvidado. De la noche a la mañana su indignidad se convirtió en gloria, su derrota en victoria y treinta y tres años de nuestra maldad fueron neutralizados.

Gastar lo que no se tiene, la locura del consumo navideño
Una vez que se conoció la historia de su muerte y resurrección, millones lo siguieron en todo el mundo. ¿Quién hubiera imaginado que la cruz se convertiría en objeto de adoración exhibido en las iglesias, hogares e incluso como adorno de los cuerpos? Sin embargo lo que originalmente fue una celebración religiosa en honor a su nacimiento, ahora es una temporada de consumismo total. La velocidad con que se asimilaron las tradiciones paganas superaron nuestras expectativas. Las prácticas religiosas se fueron eclipsando hasta que el significado cristiano se convirtió en algo secundario. El mayor éxito que tuvimos fue la tendencia desbocada en la entrega de regalos.

Impulsados por la codicia, los comerciantes crearon la combinación de insatisfacción y deseo con su última línea de productos de moda hasta que el los regalos bajo el árbol eran más importantes que el mismo nacimiento. ¿Quién hubiera dicho que en una celebración tan espiritual los feligreses gastarían más en regalos de Navidad que en el diezmo de todo el año en sus parroquias, y más del doble de lo que comparten con los más necesitados?

Tal como están las cosas, aunque hemos podido conquistar gran parte de Europa y hemos avanzado mucho en Estados Unidos, estamos perdiendo el combate en los países en vías de desarrollo. En ellos hay más fe todavía. Pero mientras continúe la tendencia a dar regalos, no te preocupes por sus posadas ni por sus villancicos empalagosos. ¡Y hablando del hombre de traje rojo, pocos personajes nos han servido tan bien como él! Lo que fue un bienhechor común del siglo IV, se convirtió en una leyenda sobre un juez que les trae regalos a los niños buenos. Una vez que un niño aprende la desalentadora verdad sobre la existencia del hombre del traje rojo, naturalmente se preguntará si lo engañaron también diciéndole que Dios existe.

¡Oh! ¿No te mencioné el aumento de depresión mental, abuso de sustancias, suicidio, crimen y violencia doméstica durante esta época tan alegre del año? Como ves, esta es la temporada, repleta de oportunidades, para cazar gente para nuestra causa. Aprovecha entonces, mi alumno, aprovecha”.

¡Feliz Navidad a todos!, pero Navidad con el amor de Jesús. ¡Feliz Navidad!

viernes, 15 de diciembre de 2017

Reconocer la hora de Dios

Ayer me visitó una señora que me narraba su experiencia espiritual. Llevaba muchos años lejos de Dios y había cometido una larga lista de pecados graves. Estuvo casada con un asesino y después se casó de nuevo. Ella comenzó a escuchar las predicaciones en audio del padre José Antonio Fortea sobre el infierno. Arrepentida de su pasado oscuro, no quiere la condenación para su vida. Anhela la salvación con una sed y hambre de Dios que me dejó impresionado.

"¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: '¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!’"(Mt 11,16)

Podemos ser como los muchachos que cuando Dios les toca la flauta y el pandero, no tienen interés en el juego. El Señor nos toca la flauta con miles de señales de amor para que entremos en una relación con él, nos invita constantemente a caminar hacia la santidad por la fe y las obras. Sin embargo con diversas excusas nos atrincheramos para resistir a su Palabra.

La señora que me visitó temía al infierno y eso la llevó a acercarse a Dios. Eso se llama atrición del corazón, es decir, por el miedo a la condenación nos acercamos a Dios. Lo perfecto es acercarnos a Él por el amor. La hora de Dios es, sobre todo, el gozo que nos trae el Evangelio. La hora de Dios es la alegría de saber que Jesús no se avergüenza de ser amigo de publicanos y pecadores. La hora de Dios es una fiesta que comienza hoy, no mañana.

Pidamos al Señor que no deje de dirigir su Palabra a nuestro corazón duro y obstinado. Que reconozcamos en este tiempo de Adviento la gracia que nos ofrece para entrar en su salvación.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Trigo y Cizaña

Kate del Castillo en pelletier
La actriz mexicana Kate del Castillo posó sin ropa frente a las cámaras para apoyar una campaña que pretende evitar el uso de pieles de animales en la industria de la moda. Es la sexta campaña de este tipo en la que participa la señora Del Castillo, aunque es la primera vez que lo hace completamente ‘en pelletier’ con el lema “Prefiero estar desnuda que vestir pieles”.

Es lamentable la postura ideológica de la actriz. Millones de personas influenciadas por la industria del entretenimiento fundada por Walt Disney han crecido creyendo que los animales, como el ratón miguelito y el pato donald, al cobrar vida como si fueran seres humanos, tienen sentimientos como el hombre. La realidad es otra. Vivimos en un mundo donde en el reino animal impera la ley del más fuerte: comer y no ser comido. Los animales están al servicio de la humanidad para proporcionarle alimento y vestido. El neomarxismo, al haberse visto fracasado en la economía, ahora busca imponer, en la cultura, la absurda ideología igualitaria entre hombres y animales. Me pregunto, si un día un hijo pequeño de Kate del Castillo se llenara de piojos, ¿los mataría su mamá con un buen champú, o se los quitaría pidiéndoles permiso y cuidando de no hacerles daño para respetarles sus derechos? El animalismo es una absurda ideología.

Donald Trump enciende la mecha
Jerusalén es una ciudad muy especial. En ella conviven tensamente judíos, musulmanes y cristianos. Sobre la explanada del Muro de las Lamentaciones está la Mezquita de la Roca, y a unos metros se ubica la Basílica del Santo Sepulcro. Para mantener un clima de paz en los lugares sagrados se debe de respetar el famoso ‘status quo’, es decir, dejar las cosas como están. Nada se puede invadir, nada se puede tocar, nada se puede mover. Sin embargo la misma ciudad ha tenido un status quo muy particular a nivel internacional.

Luego de la creación del Estado de Israel en 1947 con Tel Aviv como capital, la ONU acordó que Jerusalén tenía que permanecer al margen del Estado Judío. Los israelitas no respetaron este acuerdo y así tomaron el control de la ciudad, dando origen a feroces guerras con los palestinos árabes. Para no calentar más el conflicto, el resto de los gobiernos del mundo decidieron mantener sus embajadas en Tel Aviv. En 1995 el Congreso de Estados Unidos, bajo el gobierno de Clinton, reconoció a Jerusalén como la capital de Israel, pero esta decisión se fue prorrogando para no romper el status quo de la ciudad. Ahora Trump ha querido hacer efectiva la decisión del gobierno de Clinton, lo que ha desencadenado levantamientos palestinos. Para los cristianos lo mejor es lo que pide el papa: respetar el status quo de Jerusalén declarado por la ONU, y así la ciudad sagrada siga siendo, para las tres grandes religiones, lo que su nombre significa: ciudad de la paz.

Adviento, tiempo de silencio
Con su ambiente de ruido, de compras, de gastos, de publicidad y la superficialidad de muchas ‘posadas' que nada tienen que ver con lo cristiano, el comercio nos hace creer que ha comenzado la fiesta. Así el Adviento -tiempo de silencio para preparar la venida de Jesús al corazón- lo vivimos llenos de barullo interior, con el riesgo de llegar a la celebración de la Navidad con el alma vacía. Esto ocurre a laicos y a sacerdotes.

Enseñaba Thomas Merton -monje trapense muerto en 1968-: “Si bien es cierto que tenemos que saber soportar el ruido y proteger extraordinariamente nuestra vida interior en medio de la agitación, no es menos cierto que no conviene resignarse a vivir en una comunidad constantemente agobiada por la actividad e inundada por el ruido de las máquinas, de la publicidad, de la radio y de la televisión, que no paran de hablar. ¿Qué hay que hacer? Quienes aman a Dios tienen que procurar preservar o crear una atmósfera en la que poder encontrarle. En los hogares cristianos debe haber sosiego, porque tanto sus cuerpos como sus almas son templos de Dios”. Quien quiera vivir una Navidad espiritual, bella y profunda, rebélese contra la dictadura del ruido y prepare al Señor, en la quietud de los templos o en la propia habitación, un pesebre silencioso para poder acogerle.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Confesionario sin absolución: lucho contra pecados que no son mortales

La pregunta: Hola padre, qué tal, tengo una pregunta: ¿durante cuánto tiempo el sacramento de la confesión nos mantiene en gracia, apoyados por la oración del “Yo confieso” de la misa? Para que se entienda lo que quiero explicar pondré mi ejemplo. Yo me confieso, en promedio, cada tres semanas, sin embargo cometo pecados por “inercia” durante ese período; es decir, no lo hago con intención de hacer algo malo, y estos pecados son por lo general pensamientos de soberbia, mencionar el nombre de Dios en frases comunes como son “ni lo mande Dios” durante conversaciones mundanas. Son pequeños detalles que al hacerlos, siento un espinita en el corazón al instante, señal de que no lo debí haber dicho o hecho. También tengo actitudes de enfado cuando sucede alguna injusticia. No reacciono de manera violenta nunca, tampoco insulto, pero sí me da mucho coraje y pienso cosas malas. ¿Eso me quita la gracia para comulgar? Gracias padre, un abrazo, ¡paz y bien!

Padre Hayen: gracias por tu pregunta, que me parece importante. Para responderte, primero te recuerdo que existen dos clases de pecado: el mortal y el venial. Mientras que el pecado mortal destruye nuestra comunión de amor que tenemos con Dios y con nuestros hermanos, el pecado venial nos mancha pero sin romper la unión que tenemos con Dios. Como católicos estamos llamados a detestar todo tipo de pecado, aún el venial.

Existen dos clases de pecado venial. Una es el pecado venial deliberado, es decir, aquellas ocasiones en las que tenemos conciencia de que traicionamos el amor de Dios y aún así preferimos darnos un pequeño gusto o placer egoísta. Por ejemplo el hacer juicios temerarios a las personas, caer en la murmuración, seguir cultivando los resentimientos o hacer comentarios críticos contra alguien durante su ausencia. Son actitudes que, de alguna manera, nos sujetan a nuestras pasiones y no nos dejan vivir plenamente en el amor de Dios. Esta clase de pecado, aunque no destruye nuestra comunión con Dios, sí se vuelve un serio obstáculo para nuestro progreso espiritual.

La otra clase de pecado venial es el que se comete por sorpresa, por fragilidad o por falta de vigilancia. A esta clase pertenecen las faltas a las que haces referencia en tu pregunta. Por nuestra condición humana tan frágil, es casi imposible no caer en este tipo de faltas. Si estás preocupado(a) por no cometer estas faltas, esto quiere decir que has desarrollado una conciencia muy fina en tu relación con el Señor. Evidentemente decir “ni lo mande Dios” no es ningún pecado grave, sino una fragilidad para alguien que tiene mucho respeto por la santidad del nombre de Dios. Esto no lo entenderá alguien de conciencia muy laxa, sino sólo aquellos que van más avanzados en su camino interior.

Esas pequeñas faltas o imperfecciones de ninguna manera te impiden comulgar. Únicamente lo hace el pecado mortal, y esta clase de pecado exige ir al sacramento de la Confesión. Aunque no tengas pecados mortales, te aconsejo que sigas confesándote con frecuencia. Dices que vas al confesionario cada tres semanas, y esto está bien. Te repito: no importa que confieses sólo pecados veniales o imperfecciones. Eso te mantendrá viviendo en la gracia de Dios y te prevendrá de caídas más graves. Hay muchas personas que, sin tener pecado mortal, van al sacramento a decir sólo sus pecados veniales, porque el sacramento de la Reconciliación no sólo es un remedio para que Dios perdone el pecado, sino que otorga fortaleza para no pecar.

Nunca te conformes con no pecar mortalmente, sino que aspira a la santidad dejando que la gracia de Dios te lleve cada vez más adelante en tu unión con el Señor.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Trigo y Cizaña

El abominable ser llamado varón
No pasa un solo día sin que la prensa publique casos de violencia contra la mujer. Ahora resulta de que el Honorable Congreso de la Unión es una sala donde abundan sátiros legisladores que buscan acostarse con sus colegas diputadas; se dice que no dejan de mirarlas con lascivia y de solicitarles favores sexuales. Términos como ‘violencia de género’ ‘acoso sexual' o ‘feminicidio’ se han hecho parte del lenguaje de lo políticamente correcto. Cuando las víctimas son las mujeres, las noticias ocuparán todas las columnas de la prensa, y se le dará seguimiento durante varios días. Por el contrario, si la víctima es un varón, no habrá noticia. Y si hay noticia es porque se lo merecía, o porque la mujer tenía alguna demencia. Detrás de este tratamiento de las noticias están, sin duda, los lobbys feministas y abortistas que quieren meternos la idea de que la mujer es siempre la víctima de la violencia, y de que hay que protegerla con leyes -incluyendo la legalidad del aborto- para librarse de las consecuencias de su trato con los varones.

Obsesión por la igualdad
Decisión absolutamente arbitraria es la que toma el Instituto Estatal Electoral en Chihuahua al pedir a los partidos que paguen su cuota de género para colocar en puestos públicos a sus representantes. Es una intromisión dictatorial en la vida interna de los partidos que al IEE no le corresponde. Con este reglamento los partidos tendrían que colocar, por ejemplo en el Congreso, o en las sucesiones presidenciales, un número igual de personas de género masculino por otro tanto del femenino. El fin es asegurar que hombres y mujeres tengan equidad de género en la participación política. Como cristianos estamos de acuerdo que féminas y machos tenemos los mismos derechos en la vida pública, sin embargo los puestos políticos no pueden repartirse según el criterio de los cromosomas, sino según la capacidad que las personas tengan para ocupar cargos públicos, no importa que sean damas o caballeros. Según la nueva cuota de género, dentro de poco tiempo los partidos tendrán que colocar en una justa alternancia en los puestos públicos a gays, travestis, lesbianas y transexuales, negros e indígenas. A estos extremos llega el fanatismo hembrista con la obsesión que tiene por la igualdad.

Armas contra la corrupción
En México, seis de cada diez personas consideran que la corrupción aumentó en este año. Sin embargo la mayoría de los mexicanos anhelamos una patria libre de corrupción. No queremos que crezca la gangrena en nuestro pueblo. El tema se trató dentro del foro sobre la corrupción, que el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana realizó el pasado miércoles 6 de diciembre. En dicho evento participó Carlos Garfias Merlos, arzobispo de Morelia, quien subrayó la necesidad de crear una ecología humana como base para erradicar la corrupción. ¿Cómo podremos erradicar la corrupción sin una formación moral de los ciudadanos, y si la familia no cumple con su función educativa? Es ahí donde la Iglesia puede ejercer un papel importante. Pero además una buena educación es fundamental, decía monseñor; y señalaba el pobre nivel educativo que tienen nuestros legisladores en México; son gente de muy pobre preparación y muchos de ellos ni siquiera saben sobre lo que están legislando. Apuntó también que el único camino para vencer la tentación de la corrupción es el servicio. Mientras que del orgullo y la soberbia nace la corrupción, el servicio hace humilde a la persona, y le da caridad y creatividad para transformar la realidad.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Abominable ataque contra tres niñas

El 21 de noviembre dos sujetos entraron en una vivienda de la colonia Ampliación Felipe Ángeles, donde atacaron a golpes a tres hermanitas de 10, 11 y 12 años, para violarlas y estrangular a una de ellas. Por la brutalidad de los delitos y la fragilidad de las víctimas, estos hechos conmocionaron a nuestra ciudad y suscitaron olas de indignación y repudio. Los acontecimientos llaman, a quienes habitamos esta frontera, a hacer un examen de conciencia.

Los individuos que cometieron estos delitos pertenecen a una categoría que hoy podemos llamar 'muertos vivientes’, personas que no tienen sentimientos ni estructura moral. Es doloroso decirlo, pero se trata de personas que han perdido el alma. Para ellos la vida no vale nada, ni la propia, ni la de los demás. Lo mismo resulta matar que no matar. La única gloria a la que aspiran es disfrutar el momento a través de sus instintos más básicos, aunque para ello se pise o se tenga que quitar la vida a otras personas.

Asusta la banalidad de la perversión. Muy probablemente quienes cometieron los delitos festejaron su hazaña. Vivimos en una sociedad donde se han borrado las fronteras entre el bien y el mal. De hecho el mundo se ha puesto de cabeza: a la luz se le llama tinieblas y, a las tinieblas, luz. Hay delitos atroces a los que hoy se les llama 'derechos humanos'. Hemos olvidado los Diez Mandamientos, si es que alguna vez los aprendimos, y no nos preocupamos porque las nuevas generaciones los asuman y los vivan. El mundo, que una vez fue civilizado, se pronto se está convirtiendo en un páramo desolado donde los fuertes devoran a los débiles.

Nuestra sociedad y familias disfuncionales tienen hoy la tendencia a engendrar la ley de la selva. La organización del trabajo en la industria maquiladora -ambiente laboral de los padres de las niñas ultrajadas- no permite la suficiente convivencia entre padres e hijos. Muchos niños deambulan solos en las calles, como ovejas sin padres ni pastores, y quedan a merced del mundo de las drogas, las pandillas y los grupos delictivos, lobos rapaces de nuestro tiempo.

A las autoridades municipales y estatales les exigimos la pronta detención de estos sujetos y el más duro castigo para ellos, pues impartir justicia y seguridad para todos es el deber primario de un buen gobierno. A quienes habitamos esta ciudad les exhortamos a dejar todo estilo de vida individualista, el cual fomenta el desinterés por los problemas comunitarios, y a asumir, en cambio, una educación para la paz que nos lleve al cuidado de unos por otros. Afirmamos que "la vida humana es sagrada desde su inicio hasta su término, y afirmamos el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política” (Evangelium Vitae, 2).

A la comunidad católica le pedimos, además de la oración incesante por la paz, hacer más esfuerzos por llevar cada vez a más personas al encuentro con Jesucristo vivo, ya que la violencia es el efecto de la separación del hombre con Dios. Un sarmiento separado de la vid, que es Jesús, se seca, se le acaba la vida y puede convertirse en victimario de la cultura de la muerte. Solo en el fomento de una espiritualidad que desarrolle las virtudes para la convivencia humana lograremos que hechos monstruosos no se repitan, y así podremos construir una convivencia que fomente lo bello, santo y noble que existe en el corazón del hombre.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Trigo y Cizaña

Zombis entre nosotros
En este mes de noviembre se han puesto de moda las marchas de los zombis en grandes ciudades de Norteamérica. Estas marchas, en las que participa gente disfrazada de muertos vivientes, quieren manifestar la deshumanización que existe en las urbes de nuestras sociedades. Es cierto. Mire usted: un signo alarmante es la aparición de zombis reales. Se trata de hombres y mujeres sin alma que, a sangre fría, toman un arma y disparan para matar el mayor número posible de personas. Así sucedió hace poco en Las Vegas Nevada y en Springfield Texas.

En México las cosas no están mejor. Las ejecuciones callejeras, en bares, restaurantes y en centros de rehabilitación son bastante frecuentes en muchas ciudades. Conocemos la saña inaudita de los narcotraficantes y secuestradores para intimidar a sus enemigos. Y no se trata de enfermos mentales, sino de personas con vidas aparentemente normales. En Estados Unidos sólo un 25 por ciento de los asesinos en masa han tenido trastornos de la mente. El otro 75 por ciento lo hace porque no siente emociones humanas, carece de sentimientos y de toda moralidad. Este es el nuevo hombre-zombi que está emergiendo.

Nuestros gobiernos y organizaciones de la sociedad civil creen que todo se resuelve con matemáticas. Si desarmamos a todo el país -dicen- disminuirán los asesinatos. Sin duda que las políticas públicas pueden ayudar, pero no solucionan el problema. Los zombis actuales buscarán formas nuevas y creativas de expresar su odio contra la sociedad. Pueden hacerlo envenenando a una población con productos químicos, fabricando explosivos o atropellando en una furgoneta a cuanto cristiano encuentren, como ocurrió en las ramblas de Barcelona.

El zombi no suele ser un trastornado. Lo que lo ha convertido en muerto viviente es haber crecido con una visión defectuosa del mundo. El zombi es una persona que, por lo general, careció de amor y vivió en ambientes de violencia. Es alguien que nunca conoció a Dios y por ello piensa que el universo no está supervisado. Nadie lo cuida ni lo ama, ni se preocupa por él. Por ello el zombi piensa que no hay alguien a quien le deba rendir cuentas de su conducta. Son personas sin estructura moral. Para ellos los sentimientos son absurdos y, de esa manera, cualquier acción como secuestrar, extorsionar, violar o matar da igual que no hacerlo.

El zombi cree que con el asesinato masivo o con la delincuencia se compensarán las injusticias que ha tenido que soportar. Piensa que de esa manera será escuchado, comprendido y aceptado. Cualquiera de nosotros puede ser su víctima.

Entre nosotros están los zombis que no se disfrazan como tales cada mes de noviembre para marchar por las calles. Son los zombis reales y su número seguirá creciendo mientras que no vayamos a la raíz del problema: curar el corazón del hombre al llevarlo con el Médico divino, y sanando las heridas de tantas familias rotas, porque es en ellas donde nos humanizamos y donde adquirimos el sentido de la vida.

Milagro en el Cereso
Hace unos días, Dios se manifestó como un viento huracanado que resquebraja las peñas y hace temblar las piedras. Ocurrió en el Cereso de nuestra ciudad. A un grupo de laicos misioneros de Ciudad Juárez se les permitió predicar el Evangelio durante dos días a un grupo de 25 reos. Los reclusos eran personas que llevan años entre las rejas, algunos con hasta 230 años de condena, y hasta dobles cadenas perpetuas, por los estremecedores delitos que cometieron. Pero Jesús, así como vino a resucitar a Lázaro, hoy sigue dando vida a las almas muertas que claman tener vida. El poder divino hizo que se doblegaran los corazones más endurecidos, las mentes más frías para los asuntos de Dios, las personas más golpeadas por la vida, muchos de ellos con verdaderos pactos con el mal.

¿Qué sucedió? Sencillamente lo que hicieron Pedro y los Apóstoles después de la Resurrección, cuando se plantaron en las plazas públicas de Jerusalén a proclamar que Jesucristo estaba vivo y que ellos eran sus testigos. Así lo hicieron los Laicos en Misión Permanente, este grupo de católicos llamados por Dios a proclamar su Evangelio con ojos abiertos y corazón palpitante. Llegaron al Cereso temblando de frío y de ciertos nervios, pero con la seguridad de ir en el nombre del Señor, como el pequeño David ante el gigante Goliat. Después de hacer largas filas de revisión y cateo personal, luego de atravesar pasillos, rejas y puertas de seguridad, llegaron a la sala donde los esperaban los reos. Y ahí ocurrió el milagro.

Cuando la Palabra de Dios se predica con poder, y como fruto de una vida de oración, hasta las vidas más perdidas se transforman en historias de salvación. Desde ahora, quienes fueron asesinos, secuestradores, violadores, estafadores y narcotraficantes quedaron enamorados del Señor Jesús, y dispuestos además a convertirse en sus misioneros para colaborar a que sus compañeros pasen del mundo de las tinieblas a la región de la luz, del amor y de la paz. Como miembros del Cuerpo Místico de Cristo, nuestro deber es orar por estos hermanos conversos para que perseveren y crezcan en la fe como testigos del Resucitado. 

jueves, 16 de noviembre de 2017

Meditación no. 19 contra los pecados de la carne

¿Y si vuelvo a caer?
(Rosemary Scott)

Tenme piedad, oh Dios, según tu amor, por tu inmensa ternura borra mi delito, lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame. Pues mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar está ante mí; contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí. (Sal 51, 3-6).



Oración: Dios mío, me arrepiento de todo corazón y te pido perdón por todos mis pecados, no tanto porque ellos me hagan sufrir y me hagan vivir un Infierno, sino porque han crucificado a mi amadísimo Señor Jesucristo, y han ofendido a su Infinita Bondad. Me propongo, firmemente, con la ayuda de tu gracia, confesar mis pecados, hacer penitencia y enmendar mi vida, Amén.

Aunque esperamos que no vuelva a ocurrir, es posible que tú puedas caer durante esta serie de meditaciones. Si así sucede, no te desesperes. Sigue, en cambio, el excelente consejo de Lorenzo Scupoli en el capítulo 26 de su libro “El Combate Espiritual”.

Cuando te des cuenta de que has sido herido por el pecado, sea por debilidad o por malicia, no pierdas tu valor ni te vuelvas presa del pánico. Vuélvete a Dios con gran humildad y confianza diciendo: “Mira oh Señor, lo que soy capaz de hacer. Cuando hago las cosas sólo con mis fuerzas, no puedo cometer otra cosa sino pecados”.

Meditando sobre esta verdad, reconoce el alcance de tu humillación y expresa a nuestro Señor tu dolor por las ofensas cometidas. Con un corazón tranquilo, acusa tus pasiones viciosas, especialmente la que ha ocasionado tu caída, y confiesa: “Oh Señor, yo no hubiera dejado de pecar si tu bondad no me hubiera detenido”.

Dale gracias a Dios y, más que nunca, dale a Él el amor completo de tu corazón. ¡Qué generosidad tan grande la del Señor! Tú lo has ofendido y Él, a pesar de ello, te extiende su mano para prevenirte de otra caída.

Con tu corazón lleno de confianza en su misericordia infinita, dile: “¡Oh Señor, muestra tu Divinidad y perdóname! Nunca permitas que me separe de ti ni me dejes sin tu ayuda; y nunca permitas que te vuelva a ofender”.

Después de que hagas esto, no te angusties por examinar si Dios te ha perdonado o no. Eso es perder el tiempo, es una muestra de orgullo, de enfermedad espiritual, una ilusión del demonio que busca dañarte. Ponte en los brazos misericordiosos de Dios, y dedícate en tus ocupaciones habituales, como si nada hubiera ocurrido.

El número de veces durante el día que caigas no puede alterar tu confianza en Dios. Regresa al Señor con la misma confianza, aunque sufras nuevas derrotas. Cada caída te enseñará un mayor desprecio hacia tus propias fuerzas, mayor odio al pecado y, al mismo tiempo, te dará mayor prudencia.

Esta actitud es agradable a Dios y, por tanto, confundirá al enemigo de la salvación. El demonio quedará sumido en la consternación por aquel a quien otras veces ha vencido. Como resultado, el diablo doblará cada esfuerzo para inducirte a cambiar tus tácticas. Él tiene éxito con mucha frecuencia cuando las personas no somos vigilantes de las tendencias de nuestro corazón.

Los esfuerzos hechos por conquistarte tienen que corresponder a las dificultades encontradas. Este ejercicio no puede hacerse una sola vez. No es suficiente. Debe ser repetido con frecuencia aunque hayas cometido una sola falta.

En consecuencia, si tuviste una caída, si estás muy perturbado y tu confianza se tambalea, primero tienes que recuperar la paz mental y la confianza en Dios. Eleva tu corazón hacia el Cielo. Convéncete de que la perturbación que a veces sigue por cometer una falta no es por el dolor de haber ofendido a Dios, sino por el miedo al castigo.

La manera en recuperar la paz es olvidar, por el momento, tu falta y concentrarte en la infinita bondad de Dios y su ardiente deseo de perdonar a los pecadores más obstinados. Dios utiliza todos los medios posibles para llamar a los pecadores, para unirlos completamente a Él, para santificarlos en esta vida, y para llevarlos después de la muerte a la felicidad eterna.

Esta consideración, u otras de esta naturaleza, devolverán la paz a tu alma. Luego tú puedes reconsiderar la malicia de tu error a la luz de lo que hasta aquí hemos meditado.

Finalmente, cuando te acerques al Sacramento de la Confesión –y te aconsejo que lo hagas con frecuencia- recuerda tus pecados y confiésalos con sinceridad. Despierta tu dolor por haberlos cometido, y renueva tu compromiso para enmendar tu vida.

Atención: el demonio puede tratar de aprovecharse de tu caída diciéndote: “Debido a que tienes que ir a la Confesión, antes de ello date el lujo de pecar otra vez. ¡Esta es otra mentira que no debes creer! Tú no sabes cuándo morirás, y no puedes estar seguro de que podrás confesarte con un sacerdote antes de morir. Es por eso que tienes que arrepentirte e ir en ese momento con Dios, en vez de agravar tu pecado. Puedes hacer un Acto de Contrición perfecta en cualquier momento y decidirte ir a la Confesión lo antes posible. En caso de que mueras antes de recibir el Sacramento de la Confesión, ese Acto de Contrición Perfecta borrará esos pecados.

Finalmente, ¡no te rindas! No pierdas la esperanza en la Divina Misericordia. No te sientas tan avergonzado como para no ir a la Confesión. De hecho, a veces nuestra decepción con nosotros mismos cuando hemos pecado es un signo de orgullo. Quizás esperabas demasiado de ti mismo. Pero nuestro Señor no tiene esas ilusiones. Él sabe exactamente qué frágil eres espiritualmente, y por ello Él es tremendamente misericordioso. Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por sus fieles, porque sabe de qué barro estamos hechos; él recuerda que somos polvo (Sal 102, 13-14). Las caídas nos enseñan lo débiles que somos y lo mucho que necesitamos del perdón y de la gracia de Dios. Quizá por eso Dios permite que tengamos caídas ocasionales: para enseñarnos a no confiar en nosotros mismos, sino solamente en Él.

Y cuando salgamos perdiendo en el combate, nunca debemos olvidar que el Inmaculado Corazón de María es también refugio seguro de los pecadores. El invocar su nombre nos hará hallar la gracia del arrepentimiento, seguida de la gracia de la absolución. ¿Quién mejor nos puede afianzar en la perseverancia que la Virgen fidelísima?

Todos vosotros santos penitentes, rogad por nosotros.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Trigo y cizaña

Escultura muy perra
“Yodi”, con ese nombre develaron la escultura de un perro callejero, esta semana, afuera del Hospital Veterinario de la UACJ. El propósito es invitar a la gente a tomar conciencia de que tener una mascota es una responsabilidad. Se calcula que por las calles de Ciudad Juárez deambulan 150 mil perros, muchos de los cuales son abandonados irresponsablemente por sus dueños. Yodi nos dice que los perros son un regalo de Dios para el hombre: brindan compañía para muchas personas que viven solas, sensibilizan a los niños a tener cariño y a cuidar de la creación, alertan a sus dueños de eventuales intrusos en los hogares y algunos ejemplares hasta sirven como rescatistas después de los terremotos.

Los animales son una bendición de Dios y debemos amarlos. Eso no significa que nuestra relación con ellos sea igual que con los seres humanos. En una visión cristiana de la vida, los animales, en la escala del ser, ocupan un grado inferior a los hombres. Aunque son criaturas sensibles, no son seres espirituales. Hoy existe la fuerte tendencia a humanizar a los animales, colocándolos al mismo nivel de dignidad que tenemos los seres humanos. Los grupos animalistas no distinguen jerarquías ni aceptan que los animales fueron creados para servir a la humanidad.

Una visión adecuada de los animales es la que nos lleva a amarlos a todos, pero asignándoles una función al servicio del hombre. Con algunos podemos jugar y sentir su cariño; a otros podemos montarlos y jugar carreras con ellos, o usarlos como bestias de carga; otros sirven para darnos el desayuno en las mañanas o los tacos de mediodía, y otros más para hacer espectáculos como el circo, la charrería e, incluso, la fiesta brava. Felicidades a los veterinarios haber colocado a Yodi en un pedestal.

Migración, nuestra riqueza
(Misa binacional en la frontera Ciudad Juárez-El Paso, 4 nov. 2017)
Un fuerte aplauso merecen los obispos norteamericanos. Ellos se han convertido en los principales defensores de los inmigrantes en Estados Unidos. Lo demostraron esta semana al redactar una carta dirigida al Gobierno federal, llamándoles urgentemente a implementar una reforma migratoria que conceda estatus legal a 11 millones de indocumentados. A muchas parroquias estadounidenses llegan los migrantes porque saben que la Iglesia no tiene fronteras y es la casa de Dios que los acoge. Con razón Mark Seitz, obispo de El Paso, ha señalado en su carta pastoral que los inmigrantes son ciudadanos del cielo, y que las iglesias de su diócesis siempre los recibirán y les brindarán protección.

El obispo Seitz ha mirado la angustia en la que viven los inmigrantes de su diócesis, a menudo por la separación de sus familias, y ha calificado las leyes migratorias actuales como una herida para nuestra frontera. Ha llamado ‘escribas y fariseos’ a quienes tratan de hacer cumplir los detalles de la ley mientras que ponen cargas insoportables sobre las familias y sus niños.

El área de Ciudad Juárez y El Paso lleva en sus genes la vocación a proteger a los migrantes. Por aquí pasó Juan de Oñate y su gran caravana en 1598, quienes fueron acogidos por los indios mansos. Vivimos en un cruce de caminos entre el norte y el sur, primero por el Camino Real que conectaba la Ciudad de México con Santa Fe, y después por la vía ferroviaria que enlazaba al Atlántico con el Pacífico. En la Misión de Guadalupe se refugiaron los que huyeron de la Misión de Senecú por la rebeldía de los apaches en 1680. El Paso brindó protección a los que huyeron de la violencia de la Revolución Mexicana, y más tarde a los sacerdotes y seminaristas que se sintieron amenazados por la persecución religiosa en México. Chinos e irlandeses llegaron a construir el ferrocarril para conectar los dos océanos. Miles de connacionales han llegado en las últimas décadas a nuestra frontera atraídos por la industria maquiladora. Nuestra historia nos define. Somos región binacional enriquecida por la migración y llamada a acoger a quienes vienen a nosotros.

Buen Fin para los pobres
La frontera México Estados Unidos está plagada de ofertas que anuncian el “Buen fin" y el “Viernes negro". Maquiladoras y negocios han iniciado la repartición de ahorros y aguinaldos para que los trabajadores puedan aprovechar los descuentos. Sólo me gusta el buen fin por un motivo: aprovechar las rebajas en algún producto que realmente necesito. Gastar por gastar sin realmente necesitar los artículos es derrochar el dinero, lo que contradice la vocación a la pobreza a la que todos los cristianos estamos llamados.

Quizá la expresión “vocación a la pobreza” asuste y sorprenda a muchos católicos. Sin embargo el papa Francisco nos ha recordado, en su mensaje de la Jornada Mundial de los Pobres, que en este domingo celebramos, que la pobreza debe ser ideal de todo cristiano. No se trata de amar vivir en la indigencia ni el hambre como estilo de vida, sino de seguir a Jesús pobre en nuestra manera de utilizar los bienes de la creación. Es aprender a relacionarnos con ellos con espíritu de sabiduría y desprendimiento. “La pobreza -dice el Santo Padre- significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de la omnipotencia... Es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de la vida y condición para la felicidad”. Es, por supuesto, desarrollar un sentido de responsabilidad hacia los que menos tienen y aprender a confiar en la Providencia de Dios.

Ojalá que este “Buen fin”, también lo sea para los más necesitados que esperan que alguien les dé una mano amiga, compartiéndoles un poco de lo que hay en su mesa.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Trigo y cizaña

Se derrumba el templo
El domingo 5 de noviembre se derrumbó una parte del templo de Nuestra Señora de Guadalupe, parroquia del Valle de Juárez. Gracias a Dios los daños únicamente fueron materiales. Sin embargo no deja de ser un golpe duro para la comunidad y su párroco, el joven sacerdote Lalo Mendoza. Aunque en un principio perder un templo puede ser muy doloroso, creemos que en todo obra el Señor, y que todo concurre para bien de los que lo aman. Si Él lo permitió, tengamos la certeza de que es para crecimiento y santificación de sus hijos. Las cruces grandes y pequeñas que encontramos en el camino transforman nuestros dolores en fuente de bendiciones. Estemos seguros de que la comunidad parroquial que hoy en el Valle llora la pérdida de su recinto sacro, se verá bendecida con virtudes de solidaridad, de generosidad y de comunión con su párroco. “Al ir iban llorando, llevando la semilla; al volver vuelven cantando, trayendo sus gavillas” enseña el salmo. Nuestra cercanía y cariño con ese gran sacerdote que es el padre Lalo.

Una norteamericana en la Misión de Guadalupe
El martes 7 de noviembre estuvo la primera dama de El Paso Texas en nuestra ciudad, la distinguida y encantadora señora Adair Margo. Ella impartió una conferencia en La Custodia de San Pablo, ese restaurante y museo taurino de nuestra ciudad que José Mario Sánchez Soledad abrió como un esfuerzo para ponernos en contacto con nuestras raíces históricas. La señora Margo, estudiosa del arte de nuestra región binacional, hizo su tesis de maestría en la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe. Tanto fue su enamoramiento de nuestra Misión que la llevó como modelo para construir la casa en la que ella y su esposo, el alcalde de El Paso, habitan.

Gente del gobierno municipal, de la UACJ y de la iniciativa privada tuvimos el deleite de escucharla, y así sentirnos un poco avergonzados de no conocer y apreciar el edificio que se convirtió en la piedra angular del desarrollo de Ciudad Juárez y El Paso. Vinieron a mi memoria las palabras del papa Francisco: “Un pueblo sin raíces es un pueblo que no tiene futuro”. Una buena manera de mostrar las raíces católicas de la ciudad a los jóvenes de nuestras parroquias son las visitas guiadas a la Misión de Guadalupe que ellos pudieran hacer como parte de su formación en la pastoral juvenil.

Combate por la educación sexual
Muy activo se ha puesto el Grupo Estatal de Prevención del Embarazo en Adolescentes (GEPEA) en el Estado de Chihuahua. Su estrategia es dar educación sexual en las escuelas del estado y evitar los embarazos con anticonceptivos, lo que lo convierte, tarde o temprano, en un grupo promotor del aborto legal. A pesar del fracaso monumental que ha tenido este tipo de educación para prevenir los embarazos y las enfermedades, el GEPEA y otros muchos grupos insisten en mantener a los jóvenes y niños en un triángulo perverso: en las escuelas reciben educación sexual hedonista, lo que los lleva a una vida sexual activa, la cual conduce al uso de anticonceptivos, a más promiscuidad, más embarazos, más enfermedades de transmisión sexual y al aborto. Cuando esto ocurre, las ONG’s concluyen que algo ha fallado y que, por lo tanto, necesitan impartir más educación sexual. Así se cierra el triángulo diabólico que mantiene a nuestra juventud prisionera de sus instintos.

Los programas verdaderamente efectivos para prevenir embarazos son los que educan a los niños y jóvenes en el respeto al cuerpo, en el pudor, en la conciencia de la dignidad de la persona y en la abstinencia sexual hasta el matrimonio. Por eso muchas ONG’s harán lo imposible por impedir que estos programas, que aunque no son religiosos y están basados en hechos científicos, se impartan en las escuelas públicas de Chihuahua.

martes, 7 de noviembre de 2017

Romance del alumno de una escuela moderna y avanzada



Esta poesía satírica fue publicada en un boletín parroquial la parroquia de San Bartolomé y San Jaime, en un pueblo de Castellón, España, el domingo XXX del Tiempo Ordinario de 2017. Admirable es quien supo poner en versos los estragos que está causando en el mundo la ingeniería social del llamado Nuevo Orden Mundial que, con sus ideas socialistas y liberales, pretende revolucionar la historia de la humanidad con el perverso propósito de reducir dramáticamente la población del planeta. Una de sus principales estrategias es controlar la educación escolar para impartir educación sexual hedonista.

Papá, por favor, escucha:
llévame a un cole normal.
Que este colegio de ahora
Me está empezando a asustar.

Me dicen que lo moderno,
Es ser experimental,
Que lo único importante 
Siempre es la diversidad, 

Con libertad creativa
Y autonomía moral
(Y si el maestro lo dice, 
Tendrá que ser la verdad). 

De los niños de mi clase
No hay dos que sean igual,
Porque aquí los profes quieren 
Mucha originalidad: 

A Juan le gustan las niñas
Igual que a ti mi mamá,
A Curro, niñas y niños, 
Para mayor variedad; 

A Pedro sólo los niños
Que al fútbol saben jugar;
Vicente no se decide, 
prefiere experimentar; 

Mari tiene dos espíritus
En lucha trascendental;
Estela quiere operarse 
Y ser por fin como Juan; 

Santi dice, muy contento,
que él siempre está más allá
de los roles que ha creado 
la sociedad patriarcal; 

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal.
Yago, además de su padre, 
Tiene también dos mamás 

Y Javi, cada semana,
Estrena un nuevo papá;
A Yennifer la ha criado 
Una comuna ilegal 
Y no conoce a su padre 
Ni a su madre, ¡qué más da! 

El padre de Alba se llama
“Insemin. Artificial”,
Porque su madre pensaba 
Que así se iba a realizar; 

Hay familias numerosas
Como la de Maripaz,
Porque suman cuatro “hermanos” 
(Ella, dos gatos y un can) 
Y, según dicen sus padres, 
Quieren a todos igual. 

Joaquín es niño probeta
Y cuando se va a acostar
Le da siempre un par de besos 
A su tubo de cristal, 
Porque sus padres trabajan 
Día y noche sin parar. 

Yo los quiero mucho a todos,
Como amigos de verdad,
pero me siento muy raro 
Por tener mamá y papá. 

Los otros niños se ríen
Hasta que me hacen llorar
Y dicen que somos pobres 
Y no podemos pagar 
Un divorcio en condiciones 
Como hacen los demás. 

Otros piensan que es un virus
Que se puede contagiar
Y que los médicos llaman 
“Familia tradicional”. 

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal.
Es que, en éste, no me dejan 
Estar ni vivir en paz 

Y en cuanto abro la boca
siempre termino fatal,
Pues si le respondo al profe 
Que algo está bien o está mal, 
O defiendo el matrimonio 
(Salvo el homosexual), 
Hablo de amor para siempre, 
Respeto y fidelidad, 
O pienso que mis hermanos 
Valen más que un animal, 
Me castiga por listillo 
Y por ser un radical.

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal,
Que aquí lo raro es la norma 
Y no existe la verdad.

Confesionario sin absolución: tengo miedo de que Dios no exista

La pregunta: Hola padre, buenas noches, últimamente he pasado por muchas dudas, mi fe no ha estado firme y quería preguntarle ¿qué puedo hacer para aumentar mi fe? Ya llevo aproximadamente tres meses con bastantes dudas y un miedo muy grande de que Dios no exista. Eso me causa mucho sufrimiento. A veces el miedo se calma pero sigue volviendo. Esta crisis ya me había pasado hace aproximadamente tres años pero conocí al padre Carlos Márquez; nos hicimos muy buenos amigos y me ayudó mucho. Después de que me volví a sentir feliz, poco a poco fui alejándome de Dios y de la Iglesia y volví a esta crisis de estar dudando sobre si Dios existe y sobre muchas cosas más. No sé qué hacer para que este miedo se vaya y mi fe esté muy firme. Tengo muchas razones para creer, ya sea por la razón o por las experiencias de mis conocidos. Todo me lleva a que Dios existe, pero siempre está la pregunta ¿y si no?

Padre Hayen: antes de contestar a tu pregunta sobre cómo aumentar la fe, veo que hay dos cosas que te preocupan. Primero, la existencia de Dios. Y, segundo, aunque no lo dices explícitamente, te inquieta saber si hay vida después de la vida, si cuando cierres los ojos a este mundo, los abrirás en una nueva forma de existencia y si verás a Dios, cara a cara.

No voy a tratar de convencerte de la existencia de Dios con argumentos filosóficos. Para eso puedes consultar obras de filosofía de la religión o de teología fundamental. Aquí simplemente te pido que trates de contemplar con los ojos limpios de un niño y con un corazón humilde la inmensidad del universo, donde resplandece el poder, la sabiduría y el amor del Creador. Puedes observar una gota de rocío, la inmensidad del mar o las lejanas galaxias, y te darás cuenta de que existimos en medio de una explosión de belleza divina. Cada criatura es un regalo que nos remite a Dios, pero sólo los corazones humildes se abren a la adoración y a la acción de gracias.

El esplendor de Dios, aunque brilla en la inmensidad del cosmos, está presente, sobre todo, en el interior de tu alma. No podrías contemplar a Dios fuera de ti, si Él no viviera en ti. Si tu cuerpo fue formado de la tierra, y a la tierra un día regresará, tu ‘yo’ interior es como un rayo de luz que brota del mismo Dios. No eres Dios, por supuesto, pero por tu inteligencia y tu capacidad de amar, y de vivir en comunión con Él, eres imagen suya en la tierra. Insisto en que para que encuentres la majestad de tu Creador debes de ser humilde y reconocer tu pequeñez de criatura. Muchos no pueden vislumbrar la existencia de Dios por su soberbia y su corazón endurecido.

¿Habrá vida después de esta vida? Muchos hombres creen que la muerte es la disolución total de la persona, incluida su conciencia. Sin embargo Jesucristo dijo “lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lc 18,27). Las religiones de los pueblos creen firmemente que la muerte es sólo una separación del alma y del cuerpo. Cuando llega la muerte, el hombre no desaparece del todo porque su alma inmortal abandona el cuerpo y continúa subsistiendo. El ‘yo’ espiritual no muere sino que entra en la dimensión definitiva de su destino eterno. Mientras que para un ateo la muerte es el fin, para un cristiano es el inicio.

¿Cómo aumentar la fe? Primero, debes pedirla al Cielo, porque la fe es un regalo que viene de Dios a las personas que son humildes. Los Apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe” (Lc 17,5). Ten por seguro que Dios te la concederá si, además de implorarla, te pones a la escucha de la Palabra de Dios. Tantas veces hacemos largas oraciones a Dios, y sentimos que nuestra fe no es fuerte. La fe no crece porque solemos cometer la equivocación de dirigirnos a Dios únicamente para pedir por nuestras necesidades -como si Dios fuera alguien al que le tronamos los dedos para que nos cumpla lo que le pedimos-, y nos olvidamos que lo más importante de nuestra oración es escuchar a Dios.

Un ejercicio que te ayudará es la ‘Lectio Divina’, es decir, la escucha orante de la Palabra de Dios. Por este método podrás leer la Palabra, meditarla, orar con ella y ponerla en práctica. Te aconsejo que adquieras la 'Biblia de nuestro Pueblo con Lectio Divina'. No quedarás en desilusión porque trae, en cada capítulo, un ejercicio de lectura orante de la Palabra. Si dedicas unos momentos del día a ponerte con humildad a la escucha de la Palabra, con hambre de Dios, no sólo tu fe aumentará, sino también tu esperanza de alcanzar el Cielo y la caridad, que es la infusión de amor que Dios dará a tu corazón. De esa manera cualquier cosa que hagas tendrá el dulce sabor de la presencia divina.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

A la muerte del padre Ignacio Villanueva

Méteme, Padre eterno, en tu pecho,
misterioso hogar,
dormiré allí, pues vengo deshecho
del duro bregar.  (M. de Unamuno)

La muerte de monseñor Ignacio Villanueva ocurrió el primero de noviembre, solemnidad de Todos los Santos. Ello es un signo. Sus últimos años el padre los vivió en los altos hornos del sufrimiento, donde el fuego purifica el oro. Desde que concluía su servicio en catedral, en 2013, ya daba señales de agotamiento físico. Más tarde, al caminar por las calles del centro histórico, sufrió una caída que aceleró su deterioro. Entonces creíamos que iba a morir, pero no fue así. Monseñor se quedó unos años más para acompañar a Jesús en su Pasión y expiar por las faltas del mundo pecador.

Tras varios años de estar juntos sirviendo a la diócesis en el mismo decanato, recordaré a monseñor Villanueva como el hombre lleno de bondad que me recibía en el confesionario con una sonrisa, como aquel ministro de Dios que siempre me animó a continuar con mi vocación al sacerdocio. Lo llevaré en mi memoria como aquel sacerdote que desbordaba su amor a la Virgen, como el que acompañaba al Pueblo de Dios desgranando las cuentas del Rosario todos los días como antesala de la santa misa, como un padre dispuesto a ayudar a sus hermanos sacerdotes en sus necesidades.

En los últimos años de su vida el padre Villanueva perdió el habla. Dicen que se comunicaba guiñando sus ojos. ¿Cómo transcurriría el tiempo en su interior? ¿De qué hablaba con Dios? Me hago esta pregunta porque siempre que lo veía en su silla de ruedas mostraba su semblante sereno, imperturbable, ciertamente en parte debido a su enfermedad. Así vivió sus últimos años, cumpliendo en su cuerpo la profecía del Señor a Pedro: “Otro te llevará a donde no quieras”.

Aunque a los mayores no les agrade a dónde los lleven, esos ‘otros’ son demasiado importantes para los ancianos o los enfermos. Ese ‘otro’ para el padre Villanueva fue el padre Efrén Hernández Navejas, párroco de La Sagrada Familia. Tutor, lazarillo, guía, vigilante, cirineo, cuidador, amigo y hermano, el padre Efrén cumplió con la hermosa misión de hacerse cargo de un hermano mayor suyo en el ministerio. En un bello gesto de fraternidad sacerdotal lo llevó consigo para cuidarlo durante años, junto con Martina, la hermana de padre Villanueva. Me pregunto quiénes serán los que me acompañarán al pie de la cruz cuando me encuentre en la agonía de mi propio calvario.

Al recordar a monseñor Villanueva en aquellos lejanos años de mi infancia, en los que fue mi párroco en Nuestra Señora del Sagrado Corazón; al recordarlo cuando conviví con él en el sacerdocio y, por último, cuando lo miré crucificado sobre su gólgota, pienso en el tiempo que se nos escapa como agua entre los dedos. ¿Cómo vivo el sacerdocio que Dios me regaló? ¿Con qué pasión e intensidad hago lo que hago?

Cuentan que cuando san Luis Gonzaga era novicio, estando en un juego de pelota en uno de los recreos, sus compañeros se divirtieron haciendo repentinamente una pregunta. Se dijeron de golpe: “Si supiéramos de pronto, en este mismo momento, que el Juicio Final tendrá lugar dentro de veinticinco minutos, ahora son exactamente las once y diecisiete, ¿qué harían ustedes?” Algunos pensaron en ejercicios espirituales, otros en hacer oración, hubo quienes dijeron que se apresurarían al confesionario, algunos se encomendarían a la Virgen y otros a sus santos patrones. Luis Gonzaga simplemente dijo: “Yo continuaría jugando a la pelota”.

Parecería que el santo jesuita era frívolo con esa respuesta, pero no lo era. Tampoco era que la vida y la muerte le importaran un cacahuate. Lo inmediato de la muerte no lo paralizaba. El juego de la pelota no era una simple distracción para él, sino que era su tarea que como hombre tenía en aquel momento. Luis Gonzaga vivía con amor e intensidad su entrega a Dios en todo lo que hacía. Para él lo importante no era la grandeza de lo que se hace, sino la verdad y el amor con que se hace.

Estar frente al ataúd abierto del padre Villanueva y rezar ahí por él me hizo pensar en que pronto estaremos como él, en un cajón fúnebre. No importa si eso ocurre mañana o dentro de cincuenta años. Lo cierto es que el tiempo corre velozmente, y el que ahora tenemos es un regalo. Recordar la muerte de nuestros seres queridos nos hace vislumbrar la meta a la que hemos de dirigir nuestra carreras.

Ignoro cuántas misas me quedan por celebrar, los feligreses para escuchar en confesión, los momentos de oración, de diversión o de convivencia con los fieles de mi parroquia me esperan. Tampoco sé cuántos momentos vendrán para departir con mis amigos o las ciudades nuevas que conoceré. No lo sé. Lo único que pido al Señor es que, sin perder sentido del humor, lo haga todo con profundidad, es decir, que todo se ordene con vistas hacia el encuentro con Dios.

Entonces sí, como dice Fabrice Hadjadj “jugaremos a la pelota como jugaríamos con los ángeles. Plantaremos árboles como se siembran oraciones. Acogeremos al cliente que viene a abrir una cuenta como al Mesías que viene a abrir nuestras almas”.