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Confesionario sin absolución: creo que mi hermana tiene un maleficio

La pregunta: Padre: ¿Las cosas malas existen? Me refiero a la brujería o al mal puesto, como luego dicen. Le cuento: somos nueve hermanos, todos de Durango. Mi papá y mi mamá siempre han sido buenos católicos. Somos de rancho y estamos muy metidos en la Iglesia. Papás y hermanos todos estamos casados por la Iglesia. Como familia hemos hecho las cosas bien, pero a mi hermana le suceden muchas cosas malas. Lo último que le quitaron fue la casa, y dos días después quisieron robarle el carro. Antes de eso ya le habían robado uno, y hasta los vecinos le habían quebrado los vidrios. Esos vecinos son muy feos con ella, y hasta la han amenazado de muerte. Veo que mi hermana está muy mal, aunque ella es muy devota de san Juditas y no falta a misa los domingos. Disculpe que lo moleste, pero no hallo palabras de aliento para ella.

Padre Hayen: me alegra que toda tu familia sean católicos practicantes. Para responder a tu pregunta debo señalar que la acción del demonio suele ser de varias formas, entre ellas la seducción y la coacción. La seducción es, lo que muchos conocen como la acción ordinaria del demonio. Es lo que hizo Satanás en el relato bíblico del pecado original, donde sedujo a Eva para que comiera del árbol prohibido. Es lo que también el ángel caído intentó hacer con Jesús, al inicio de su vida pública, en el desierto. Seducción es, pues, lo mismo que tentación. El diablo seduce a sus víctimas para precipitarlas en el pecado. De esta manera el diablo puede llegar a ejercer un poder tiránico sobre los pecadores. Pensemos en tantas personas que, por ejemplo, viven esclavizadas en pecados terribles como el narcotráfico o formas intrincadas de corrupción, de vicios, perversión y malas pasiones.

Otra forma de acción de Satanás es la coacción. Esta es la fuerza que se hace sobre él para que ejecute algo que deseamos, y se logra mediante maleficios y embrujamientos. Hay que dejar clara una cosa: aunque los maleficios existen, son obra extraordinaria del diablo. Cuando digo ‘extraordinaria’ quiero decir rara, excepcional, insólita, infrecuente. A mi oficina parroquial llegan muchas personas creyendo que sus males se deben a que alguna persona maléfica les hizo un trabajo de hechicería. La mayoría de ellos no presentan síntomas de verdadero embrujamiento. En su desesperación recurrieron a curanderos y brujos, y todos éstos les diagnosticaron un maleficio. ¡Ingenuos! ¡Insensatos! Les creyeron a estos embaucadores, pagándoles dinero para que les quitaran ‘el mal’. Pero nunca les quitaron nada. Al contrario, los dejaron confundidos y los males continuaron.

No niego la existencia del maleficio y del embrujo. Pero es, más bien, un fenómeno escaso. ¿Te imaginas que todos nos hiciéramos brujería, unos contra otros, y que ésta fuera infalible? El mundo no existiría o estaría absolutamente bajo el poder del demonio. Realmente es ingenuo tratar de ver al diablo por todas partes o concederle un poder exagerado. La mayoría de las cosas malas que nos suceden provienen de nuestros errores, son consecuencia de los pecados propios o ajenos, o del desorden del mundo. Por eso no es fácil diagnosticar un maleficio.

Sin embargo existen síntomas del verdadero maleficio. Algunos pueden afectar la salud y la vida de la víctima, pero sobre todo dividir a los esposos, las familias y las sociedades. He conocido casos en los que alguna mujer se obsesiona con un hombre, soltero o casado, y logra enredarlo y mantenerlo cautivo dándole alguna bebida o comida preparada. La víctima llega, incluso, a dejar a su familia por irse con la fulana, y siente no tener fuerzas para salir de esa relación, que no es nunca una relación feliz, sino generalmente, tormentosa.

Por lo general la víctima del maleficio sufre casi siempre dolores de estómago que se curan con oraciones de liberación, y que llevan a la persona al vómito de baba blanca espesa y de otros objetos. Si tu hermana tiene estos síntomas, hay que llevarla con algún sacerdote para que rece por ella con oraciones de liberación. Si no es así, lo más probable es que los males de tu hermana se deban a ciertos desórdenes que hay en su vida, a malas decisiones, o bien, a que vive rodeada de personas agresivas y peligrosas. Trata de darle palabras de aliento y ayudarla a tomar sus decisiones cuando atraviese por dificultades. Lo más importante es que sienta que tiene personas cercanas que la quieren y la apoyan.

De cualquier manera puedes llevarla también con un sacerdote para que ore por ella. Gracias por compartir tu situación.

(Para preguntas en 'Confesionario sin absolución' puedes escribir, de manera breve, en un mensaje privado a la cuenta de Facebook/Messenger : Eduardo Hayen Cuarón; o en Twitter: @padrehayen)

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