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Cuando escuchas "pasos en la azotea"


A veces tenemos que hacer cambios en la vida y dejar etapas importantes, por ejemplo, cuando te van a cambiar de parroquia o de cargo diocesano. No quiero decir con esto que el obispo me ha llamado para decirme que debo de hacer petacas y dejar la catedral o alguna oficina de la diócesis. San Pablo también sintió que su misión estaba por terminar (Hch 20, 17-27). Había evangelizado en Asia menor y ahora debía ir a Jerusalén movido por el Espíritu. El apóstol hace un balance de cuatro puntos, que bien pueden también ser nuestro balance cuando vemos que se acerca el final de una etapa o cuando escuchamos pasos en la azotea porque Alguien nos llama a la cita con el destino.

Primero, la entrega. Pablo dice que ha servido al Señor con toda humildad, en las penas y las pruebas, y que no se ha ahorrado medio alguno. Su entrega ha sido total. Ha sabido que Dios se le ha entregado totalmente a él, y él se ha donado a Dios sin reservas. El papa Francisco dice que a veces los sacerdotes y consagrados estamos demasiado pendientes de que no nos falten vacaciones y de que tengamos todo. La pregunta es qué tan generosos hemos sido con Dios, y si nos hemos sacrificado por él y por la Iglesia.

Segundo, los destinatarios. San Pablo dice que se ha entregado a judíos y a griegos para que se conviertan a Dios. A veces nos entregamos solamente a los judíos, pero no a los griegos. Tenemos grupos con los que nos sentimos cómodos y dejamos a otros, que son más incómodos, fuera. Ser una Iglesia en salida significa ir al encuentro de todos, tanto en las zonas de confort como en donde soplan tempestades.

Tercero, en lo público y lo privado. El apóstol de los gentiles fue un hombre intrépido y con carácter para dirigirse a las multitudes y hablarles de Jesucristo; al mismo tiempo se dirigió a hombres y mujeres en particular a quienes instruyó privadamente. El evangelizador no es solamente quien toma los micrófonos o se para delante de las cámaras para dirigirse a un gran número de personas, sino el que sabe instruir a sus hijos, dar buenos consejos, consolar a los tristes y orientar a quien ha perdido el rumbo.

Cuarto, docilidad al Espíritu. Este mismo Espíritu es quien ha instruido a Pablo en los misterios del Reino, y quien le ha dicho a dónde debe ir a predicar. Al momento de hacer un balance hemos de examinar nuestra docilidad al Espíritu. Hemos de revisar si nuestras decisiones y nuestra predicación tuvieron su inspiración en la oración y la meditación, que son lugares donde el Espíritu se manifiesta. Sólo en sintonía con Dios podemos llevar una palabra a los corazones.

Dios quiera que cuando me vayan a cambiar de parroquia o de cargo diocesano, o cuando me digan que tengo Covid y sienta que me falta el aire," pueda yo hacer una revisión de vida en estos cuatro rasgos que debe tener un testigo de la gracia divina en el mundo.

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