domingo, 27 de noviembre de 2016

Fidel Castro y la Iglesia en Cuba

Fidel y Raúl Castro fueron bautizados en la Iglesia Católica. Hijos del español Ángel Castro y la cubana Lina Ruz, los dos hermanos estuvieron internos en escuelas católicas de clase media alta. Fueron alumnos de un colegio lasallista en Santiago de Cuba. También estudiaron en un colegio jesuita en la misma ciudad. Después se trasladaron al colegio Belén en La Habana, el mejor de los jesuitas en la isla.

En una entrevista con Ignacio Ramonet, Fidel Castro reconoció que su temperamento se forjó con los jesuitas, a quienes describía como gente de carácter y preparación, austeros, rigurosos, sacrificados y trabajadores. Fidel era practicante católico, se confesaba y comulgaba, aunque durante la universidad fue disminuyendo su vida cristiana. Así lo explica Marcos Ramos del Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad de Miami.

Cuenta la historiadora cubana Silvia Pedraza, de la Universidad de Michigan, que fue el Arzobispo de Santiago de Cuba Enrique Pérez Serrantes, quién salvó al joven Fidel Castro, entonces de 26 años, de la ejecución por el gobierno de Fulgencio Baptista. Pero cuando Fidel Castro llegó al poder en 1959, olvidó sus raíces católicas, expulsó alrededor de 300 sacerdotes y monjas de la isla –especialmente a los extranjeros– e intervino en los colegios religiosos. En la escuela primaria se explicaba a los niños que Jesucristo era un mito creado por las clases explotadas, un invento que ya no se utilizaba.

El padre Álvarez, sacerdote cubano amigo mío, me contaba que en las escuelas se enseñaba el ateísmo y se hacía burla de quienes eran creyentes. De hecho, a quienes se confesaban católicos se les quitaban las becas universitarias, y a esos hogares no llegaban aparatos electrodomésticos necesarios o se les quitaba la oportunidad de tener un buen trabajo. Los miembros del Partido Comunista pagaban un precio muy caro si eran vistos en una iglesia.

Cuando los obispos cubanos vieron los abusos de la revolución –como la abolición de la propiedad privada, la confiscación de medios de comunicación, la incautación de escuelas y hospitales católicos– empezaron a escribir cartas pastorales para comunicar su frustración. Reconocían cosas positivas del gobierno, tales como el compromiso con los pobres y la no discriminación, pero denunciaron los medios y las formas arbitrarias en que el gobierno de Fidel Castro lo estaba haciendo.

Un hecho importante afectó positivamente la vida espiritual de los cubanos. En el año 1989, con la caída del Muro de Berlín, se desplomaba el bloque soviético; ese hecho comenzó a resquebrajar la visión materialista y atea del mundo y de la vida que tenían los cubanos. ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo y a dónde voy? ¿Hay algo más allá de la muerte? ¿Qué sentido tiene vivir? Muchos cubanos empezaron una búsqueda de una verdad más grande que la materia. Tres años más tarde el régimen cambió la Constitución y permitió a los miembros del Partido Comunista participar en las iglesias. Cuba dejaba de ser atea y se convertía en un país secular. La misma historiadora Pedraza cuenta que más jóvenes se reunían con guitarras y cantaban canciones religiosas. La Iglesia así iba abriéndose espacio en la sociedad.

El otro acontecimiento que detonó la vida espiritual de los cubanos y la influencia de la Iglesia en Cuba fue la visita del papa Juan Pablo II a la isla en 1998. Los cubanos habían escuchado toda la vida que el Partido Comunista era la institución más importante y a la que debían absoluta lealtad; el papa les dijo, en cambio, que ninguna institución era más importante que la familia. El pontífice coronó a la Virgen de la Caridad del Cobre –patrona de Cuba y signo de identidad cubana– lo que emocionó incluso a los no católicos.

Fueron dos mensajes clave que dejó Juan Pablo II en los isleños: Cuba debía abrirse al mundo, y el mundo debía abrirse a Cuba. Y el segundo mensaje, que la gente en Cuba debía tomar su futuro con sus propias manos y no tener miedo. Gracias a la labor diplomática de los papas Juan Pablo II, luego Benedicto XVI y, por último, Francisco, quien jugó un papel muy importante para el restablecimiento de las relaciones Cuba-Estados Unidos, hoy los cubanos son una sociedad que se va abriendo al mundo, y hoy el mundo también se va abriendo a Cuba.

Al mismo tiempo en la isla se va perdiendo el miedo. En los años comunistas duros de Fidel Castro, cualquier cosa que alguien dijera podía ser usada en su contra. Había espías por todos lados y un miedo evidente a pronunciar ‘el nombre del innombrable, del casi adonai que comenzaba con F’.

Hoy el innombrable ya no existe. Fidel Castro está muerto. Pedimos a Dios para que su desaparición de la faz de este mundo, haga soplar vientos de mayor apertura y libertad para un pueblo que sufrió tanto bajo su dictadura. Y que los cubanos recuperen, poco a poco, con la gracia de Dios, sus raíces católicas que les dieron vida y patria.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Los católicos y la administración Trump


Una puerta abierta en el cielo

La Eucaristía es la presencia del Cielo en la tierra. "El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día" (Jn 6,54)
Vi una puerta abierta en el cielo, y la voz que había oído antes, me habló y me dijo: "Sube hasta acá y te enseñaré lo que va a suceder después". (Ap 4,1). La santa Misa es la puerta abierta al cielo; por la Misa nos remontamos hasta la liturgia celestial donde contemplamos a todas las fuerzas de la creación al servicio de Dios. En la misa nos transportamos al canto de alabanza de los serafines que aclaman a Dios diciendo "Santo, Santo, Santo". Nos unimos al coro de los 24 ancianos que dicen "Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor".

 La Eucaristía, en su liturgia de la Palabra, nos abre los tesoros de los cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás. Son los evangelios: el de san Mateo, con rostro de hombre que describe mejor que nadie la humanidad de Cristo; el de san Marcos, con rostro de león, que inicia con la predicación rugiente del Bautista; el de san Lucas, quien acentuará el carácter sacerdotal de Cristo representado por un toro que evoca los sacrificios; y el de san Juan, con rostro de águila, que por la subliminal de sus revelaciones volará más alto que todos.

La Santa Misa es esa escalera abierta al cielo que nos introduce en los misterios de Dios. Por ella se renueva todo nuestro sentir y nuestro obrar. La Misa nos saca del tiempo y nos introduce en la eternidad, para regresarnos al tiempo y a la historia con un corazón más puro y más bueno.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Qué esperamos de Trump como presidente

Ahora que el presidente electo de Estados Unidos se llama Donald Trump, nos preguntamos qué podemos esperar los católicos durante su gobierno. Quisiéramos políticos que encajaran perfectamente en un molde católico pero, sabemos, eso es imposible. El nuevo presidente en algunos aspectos se acercará a las enseñanzas de la Iglesia, mientras que en otros se alejará.


Causa pro vida, libertad religiosa y pro-familia: la Iglesia enseña que toda vida es sagrada desde su concepción hasta su muerte natural, y que la libertad religiosa es un derecho inalienable. Trump dijo a los católicos: “En cuestión de vida, soy y seré pro-vida. Defenderé su libertad religiosa y el derecho de practicar libremente su religión, como personas, empresarios e instituciones académicas... Y nombraré jueces de la Suprema Corte que interpreten estrictamente la Constitución como el gran pensador católico Antonin Scalia”. Se espera, pues, que vengan recortes de fondos a la organización abortista Planned Parenthood y que en la Suprema Corte domine el ala conservadora, lo que detendría al lobby LGBT.


Sistema de salud: la Iglesia Católica enseña que todas las personas tienen derecho a la asistencia sanitaria. Además ese cuidado debe ser accesible a todos y proporcionado en forma gratuita a aquellos que no pueden pagar. Pero también existen prácticas que son incompatibles con la dignidad humana y que no forman parte de la asistencia sanitaria. Es el caso del aborto y la contracepción que destruyen la vida humana, perjudican la formación de la vida y pueden dañar o matar, incluso a los no nacidos. El presidente electo tratará de derogar el plan de salud de Obama llamado ‘Obamacare’, que incluye el acceso a los derechos reproductivos, y buscará que el libre mercado se encargue de la atención a la salud. Trump está de acuerdo en que el seguro no debe ser obligatorio, pero debe ser accesible para todos.

Inmigración: la Iglesia enseña que debemos de ser abiertos con los extranjeros y refugiados, reconociendo la dignidad humana de quienes solicitan ayuda en otras tierras. Los obispos de Estados Unidos afirman que se debe de recibir al extranjero, tanto por el respeto a su humanidad como por caridad. Aquellos que no pueden encontrar trabajo en su lugar de origen tienen derecho a emigrar, aunque sea a un país extranjero, para trabajar y sobrevivir. Enseña también la Iglesia que cada país tiene derecho a proteger sus fronteras y a defender a sus ciudadanos, y que los inmigrantes deben de ser llevados a cumplir requisitos legales razonables. Trump quiere deportar a los 11 millones de inmigrantes ilegales que hoy viven en territorio norteamericano, y asegurar la frontera sur con un muro de tres mil kilómetros. Esta solución se juzga como extremista, carente de caridad y de justicia para tantos inmigrantes que con su trabajo han contribuido con su riqueza a la sociedad norteamericana y cuyas familias, en caso de deportación, quedarían divididas.

Defensa: la enseñanza de la Iglesia sobre la guerra justa es muy concreta y señala ciertos requisitos que deben cumplirse para que un conflicto armado tenga justificación. Todas las naciones tienen derecho a defenderse y a prepararse para un eventual ataque, dentro de límites razonables. Sin embargo los recursos que asigna Estados Unidos para la producción, venta y distribución de armamento es descomunal y se alejan de lo razonable. Si añadimos que para mantener la producción y utilización de armas se deben fabricar las guerras, estamos rayando en una inmoralidad de proporciones descomunales. Como todo presidente de Estados Unidos lo ha hecho, Trump continuará apoyando la financiación militar y el uso de la fuerza en el mundo para promover la supremacía de su país sobre todas las naciones, lo que lo envía al lado opuesto de las enseñanzas de la Iglesia.

Mercados: la Doctrina social de la Iglesia enseña que el mercado es para el hombre, y no el hombre para el mercado. La Iglesia advierte que el capitalismo liberal, dejado a las solas fuerzas del mercado, se vuelve una economía sin rostro humano y crea grandes desigualdades sociales. El papa Francisco, en su discurso al Congreso de EEUU enseñaba que la economía debe ser moderna, solidaria y sustentable. Decía que la actividad empresarial puede ser una manera fecunda de promover la región donde instala puestos de trabajo. Con Donald Trump podemos esperar menos inversiones en tierras extranjeras y más inversiones en su propio territorio; un reajuste o eliminación del TLC, lo que podría perjudicar a sus socios, principalmente a México. No se ve claro cómo hará realidad su promesa de recuperar la gloria que tenía Estados Unidos perjudicando a sus socios comerciales.

Racismo: La Iglesia enseña que todas las personas hemos sido creadas por Dios y por eso tenemos la misma dignidad, por lo que no existen razas ni sexos superiores. El catolicismo condena el racismo en todas sus formas porque niega el valor inherente de toda vida humana. Con los comentarios de Trump contra los mexicanos, las mujeres y los musulmanes durante su campaña, el presidente electo dejó claro su racismo, lo que podría agudizar la violencia por discriminación racial en todo el país. Pero sobre todo, lo que pondría en discusión la grandeza de Estados Unidos, que es ser un gran crisol en el que se funden hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Entierro del padre Cuco Montoya

Hoy enterramos al padre Cuco Montoya. Fue una ceremonia sencilla pero rica en símbolos que me llenaron el corazón de serenidad y esperanza. Su ataúd fue revestido con la estola y la casulla que llevan los sacerdotes, como signo del sacerdocio eterno del que Cristo Jesús participa a aquellos que ha llamado a ser ministros de su Evangelio. Me emocionó particularmente la entonación de las letanías de los santos, invocando la intercesión de la Iglesia de la gloria, el Cuerpo Místico de Cristo. El misterio de la Comunión de los Santos es una maravillosa unidad de bienes espirituales y oraciones de la que nos beneficiamos todos los bautizados gracias a los méritos de Jesucristo. En el cementerio no estábamos solamente un grupo de 40 o 50 personas; ahí estaba toda la Iglesia acompañando a un alma hacia su encuentro con el Señor. El obispo bendijo la tumba y así devolvimos su cuerpo a la tierra de donde fue formado, con el símbolo del puño de tierra sobre el féretro. Y, por supuesto, cantamos aquellos versos de "Yo lo resucitaré". Duerme el padre Montoya en la serenidad de un camposanto, un lugar bendecido por la Iglesia para que ahí reposen los cuerpos, esperando la Resurrección del último día.

Antes de su sepultura, su cuerpo fue revestido con las vestiduras propias del sacerdote, fue colocado en el ataúd, rociado con agua bendita y perfumado con incienso. ¡Qué dignidad tan alta tiene nuestro cuerpo!; es parte integral de nuestra persona, vehículo con la que fue creada el alma e instrumento del que se sirvió el Espíritu Santo para hacer innumerables obras buenas. ¡Qué amor, qué compasión y respeto les guardamos los católicos a los cuerpos de los difuntos, depositándolos en los cementerios! No me explico que haya cristianos que no quieran participar de estos signos tan bellos y tan esperanzadores, y prefieran que sus cenizas sean arrojadas al mar o sean esparcidas en el bosque. Tampoco entiendo cómo alguien se quiere apropiar del cuerpo de su difunto como si fuera de su propiedad, almacenando las cenizas en casa. Hacer el viaje hacia el cementerio es, de alguna manera, signo de que entregamos a nuestros difuntos a la dimensión del Viviente, del Alfa y de la Omega, de Aquel que tiene las llaves de la muerte y del hades. Descanse en paz José Refugio Montoya, sacerdote de Jesucristo, hasta que venga tu Señor a revestirte de su inmortalidad y su gloria.


domingo, 6 de noviembre de 2016

Estados Unidos: hacia dónde girará el barco

El próximo martes 8 de noviembre se estará jugando algo muy grande en la elección presidencial de los Estados Unidos. Por unos días las encuestas señalaban ventaja de Hillary sobre Trump, pero hoy se dice que avanzan muy parejos. La moneda está en el aire. De resultar Donald Trump ganador, sabemos que quienes resultarían gravemente afectados serían los inmigrantes ilegales –se calcula que son más de 11 millones– con la amenaza de su persecución y expulsión del territorio norteamericano.

También sería afectada la industria maquiladora, a quien muy probablemente le serían gravados nuevos impuestos, lo que quizá provocaría el cierre de plantas en este lado de la frontera. Económicamente con Trump en el poder, una redefinición o un finiquito del TLC podrían traer consecuencias bastante problemáticas para nuestro país, y especialmente para las ciudades de la línea fronteriza.

Una de las consecuencias más importantes que traerá el nuevo inquilino de la Casa Blanca será su influencia en la composición ideológica de la Suprema Corte de los Estados Unidos, que es el órgano supremo de justicia de la nación, la élite de nueve magistrados vitalicios que interpretan la Constitución. Es el presidente de Estados Unidos quien designa a los nuevos miembros y éstos deben ser confirmados por el Senado. Estas designaciones afectarán, para bien o para mal, los intereses cristianos.

Antes de la muerte del católico Antonin Scalia, la Suprema Corte llevaba el timón del gran barco de las barras y las estrellas ligeramente hacia aguas conservadoras. Ello impedía que los magistrados interpretaran la Constitución sistemáticamente a favor de las causas de la izquierda radical (aborto libre, matrimonios igualitarios y agenda LGBT). Pero los nombramientos que hizo el presidente Obama de Sonia Sotomayor y Elena Kagan han hecho que la nación comience a cambiar el rumbo.

Del próximo presidente de Estados Unidos dependerá que la gran nación vaya por el rumbo conservador o se vuelva más liberal y progresista. El presidente querrá dejar su huella nombrando a alguien de su ala ideológica, y es muy probable que nombre a más de un juez, puesto que hay tres magistrados que, por su edad avanzada, van de salida. La llegada de Donald Trump a la presidencia podrían traer el nombramiento de magistrados pro-vida, tal como él prometió. Si Hillary Clinton resulta electa traería un jueces protectores del aborto libre, incluso el aborto hasta un día antes del parto, como lo especificó en su último debate.

Nathaniel Bruno señala que con Hillary Clinton como presidenta, algunos asuntos de gran trascendencia cultural serían afectados. Primero, las empresas podrían verse obligadas a pagar fármacos abortivos en los seguros de sus empleados. La oración en las instituciones legislativas, que ha sido tradicionalmente cristiana debido a la gran mayoría estadounidense de esa religión, sería restringida en su contenido y sus oradores. Además los símbolos cristianos, desde los crucifijos en aulas escolares hasta grandes monumentos públicos que existen desde hace décadas, serían suprimidos de los espacios públicos si una sola persona lo solicitara.

Con Hillary, el aborto por nacimiento parcial, que consiste en sacar del vientre materno, primero el cuerpo del bebé completamente formado para luego aplastar su cráneo dentro del cuerpo de la madre, se podría practicar libremente en todo el país sin restricciones. No sólo eso, que es ya gravísimo. A los grupos estudiantiles cristianos, por razón de sus convicciones, se les podría negar el acceso a los fondos universitarios para actividades estudiantiles que sí están disponibles para grupos no religiosos.

El horizonte que se abrirá para Estados Unidos y para el mundo, después del 8 de noviembre, no es halagador, gane quien gane. Sufrirán los inmigrantes y los socios de Estados Unidos con la victoria de Donald, o peor aún, sufrirá el matrimonio, la familia, los no nacidos y la libertad religiosa con la elección de Hillary.

Hay una gran confusión sobre las encuestas de las elecciones. Cada candidato afirma que los resultados le favorecerán. Sin embargo se habla también de un empate. La moneda está en el aire. Que la Virgen Inmaculada interceda por la nación que tiene bajo su patronazgo.

El padre Refugio 'Cuco' Montoya

Además de haber sido un gran sacerdote y catequista, el padre Cuco Montoya disfrutaba la comida. Le gustaba llegar a desayunar a la casa de la calle 5 de mayo con donas azucaradas que compraba en la calle, y cuando a algún platillo le faltaba un poco de sabor, pedía la mayonesa para aderezarlo. El padre gozaba comiendo, pero jamás lo hacía solo. Se deleitaba en comer con compañía.

Cuando me cambiaron de la parroquia La Divina Providencia a la Catedral, y al padre Montoya lo hicieron párroco de La Divina Providencia, lo invité a compartir la mesa para el desayuno y la comida, y así lo hicimos durante dos años en la casa donde yo vivía. Las cosas no estaban fáciles para los dos, puesto que había tensiones en la comunidad parroquial que le habían asignado. Sin embargo siempre hubo amistad, cordialidad, prudencia y respeto por parte de ambos para no tocar temas relacionados con la parroquia que nos unía. Compartimos juntos el pan, en franca fraternidad sacerdotal, sin tener roces de ninguna clase.

Recordaré siempre que, al terminar de comer, el padre Cuco aprovechaba el tema de conversación en la sobremesa para elaborar espontáneamente un 'coloquio' con Nuestro Señor, bastante inspirado, para dar gracias por los alimentos compartidos.

Admiré siempre su soltura para hablar, sin respetos humanos, de Jesucristo y de las verdades de nuestra fe. Dios le conceda al padre Montoya gozar hoy de la alegría en la mesa de la casa del Padre, donde seguramente habrá manjares más sustanciosos que donas azucaradas, y en la que no será necesario aderezar platos con mayonesa.