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Espíritu del Encuentro eclesial


Los obispos de México han convocado a los católicos mexicanos a lo que llaman el "Encuentro eclesial". Como pastores de la grey del Señor, los obispos quieren escuchar lo que el pueblo de Dios ve, siente, piensa y sueña sobre las realidades de nuestra vida. Se trata de que los laicos, religiosos y sacerdotes, junto con algunas personas de otras religiones, nos encontremos en nuestras parroquias y decanatos para compartir cómo miramos la realidad de nuestro país. De esta manera podremos conocer mejor nuestras alegrías, tristezas, esperanzas y sueños para asumir juntos nuestra responsabilidad y seguir caminando como discípulos y misioneros de Jesucristo.

Este Encuentro eclesial que estamos haciendo en nuestras diócesis de México también lo estarán realizando las diócesis de todo el mundo. Los obispos de la India, por ejemplo, explican que el objetivo del diálogo es establecer amistad, paz, armonía y compartir valores y experiencias morales y espirituales en un espíritu de verdad y amor. En México se recogerán las conclusiones en el mes de noviembre de este año, cuando los obispos se reúnan en asamblea, para que tomen sus decisiones para los procesos pastorales, a nivel nacional y territorial. Estamos ante un gigantesco ejercicio para tomarle la temperatura a la Iglesia y al país; sin duda los resultados serán una buena guía para implementar estrategias que abran espacio al Reino de Jesucristo.

¿A qué se deben estos encuentros eclesiales? A mi juicio es por un doble motivo. Primero, el espíritu tras esta iniciativa no es otro que el del Concilio Vaticano II –brújula del catolicismo desde 1965–, que en su constitución Gaudium et spes señala que "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia" (n. 1). Será importante, pues, compartir en el Encuentro eclesial cómo vemos al mundo, al gran teatro de la historia humana, con sus éxitos y fracasos, esclavizado por el pecado y liberado por Cristo, para que el mundo se transforme según la voluntad de Dios y se dirija hacia su último fin.

El segundo motivo, a mi parecer, es por la eclesiología que mueve al papa Francisco. El papa se aleja de una visión monárquica de la Iglesia donde el gobierno central de Roma controla la disciplina eclesiástica en todo el mundo. Muchos católicos se sienten cómodos con este modelo y prefieren un gobierno en la Iglesia que mantenga todo centralizado. Pero en los primeros siglos de la historia cristiana no era así. En aquellos años los sínodos locales eran la norma. Cada Iglesia particular tenía una identidad muy marcada, regulada por sus leyes y principios, aunque la Iglesia de Roma seguía siendo el centro de la unidad católica. Las Iglesias locales o diócesis no eran departamentos de la Iglesia universal, sino que la Iglesia universal estaba presente en cada diócesis, bajo la autoridad del obispo.

Francisco es un papa que aboga por una reforma en la Iglesia que tiene como punto de partida la cultura del encuentro, del diálogo y la escucha entre los cristianos. Sigue los pasos de san Pablo VI, su antecesor, quien en su época alentaba a los obispos europeos a seguir el ejemplo de los obispos de América Latina que crearon el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) con el fin de dar fuerza e identidad a las Iglesias locales, siempre en comunión con el romano pontífice y por debajo del romano pontífice. El papa Francisco es el impulsor de una Iglesia en salida, de una Iglesia que escucha y dialoga con el mundo, de una Iglesia que quiere acercarse a la realidad de las vidas de la gente para anunciarles el Evangelio, de una Iglesia sin un centralismo excesivo y que concede mayor libertad de acción pastoral a las Iglesias locales.

Oremos para que los encuentros eclesiales, impulsados por el espíritu del Concilio Vaticano II y el liderazgo del papa Francisco y los obispos, tengan como fruto poner al mundo que vive en tinieblas en contacto con Cristo, luz del mundo, fomentando la conversión y a santidad, que es el fin de la vida cristiana.

Comentarios

  1. Me parece muy bueno este ejercicio. Me gustaría participar. La verdad es que en teoría, las cosas suenan muy bien, pero a la hora de bajar esta teoría al pueblo creo que es lo que se puede mejorar. Me encanta este papa. En muchos medios laborales se utiliza el ejercicio de la retroalimentación y Cristo nos dió el ejemplo. En muchos pasajes podemos ver que primero atiende y entiende a las personas y luego entra en acción. ¡enhorabuena!

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  2. Suena muy bien esto de los encuentros. También me gustaría participar. ¿Aqui será diocesano, decnal parroquial, o como será?
    ¿Donde se puede conseguir información?

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