lunes, 26 de septiembre de 2016

Pablo y Chita, 75 años de matrimonio

"No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente, o para ponerla debajo de la cama, sino que se coloca sobre un candelero para que los que entren vean la luz" (Lc 8,16).

Los candeleros del mundo son los reportajes, las fotos de publicidad, las revistas del corazón. Jesús, desde esta perspectiva habría subido al candelero cuando habló ante las muchedumbres en el monte de las bienaventuranzas. Pero ese no era el verdadero candelero. Más tarde subió a su verdadero candelero: la Cruz. Ahí ardió en amor por todos los hombres, y desde la Cruz derramó el Espíritu para todos.

Mis abuelos Pablo Cuarón y María de Jesús Galindo -Chita-, han estado casados 75 años. Desde el 23 de septiembre de 1941, han sido siete décadas y media de predicación silenciosa desde que se casaron en Casas Grandes Chihuahua. Son 75 años de un amor que nos ha predicado en el silencio de todos los días que se ha hecho en la cruz del cumplimento del deber, en el estar juntos en las alegrías y en los momentos penosos y de dificultad.

Celebrar con ellos sus 75 años de bodas es pedir a Dios que a través de este ejemplo de entrega silenciosa, el Señor derrame su Espíritu sobre nosotros, que somos mucho más frágiles para sostener nuestros compromisos y opciones. Es también pedir a Dios que derrame su Espíritu de amor para que muchos matrimonios y familias salgan adelante en la entrega a su vocación con un amor crucificado.

"Dichoso el marido de una mujer buena", dice Eclesiástico 26. Este pasaje exalta las cualidades de la mujer. Es un reconocimiento asombroso de la sabiduría femenina en aquel contexto cultural judío. Pero nosotros añadimos otra lectura: la prudencia, laboriosidad, bondad, servicio, cuidado, discreción, la buena educación, la modestia... de mi abuela lo han enriquecido a él, y viceversa: las virtudes de mi abuelo la han enriquecido a ella.
Cuando se casaron no había intereses externos que los llevara al matrimonio. Eso lleva al fracaso. ¿Qué fue lo que provocó su enamoramiento? ¿Qué hizo que se atrajeran recíprocamente? Fueron las virtudes que descubrieron uno en el otro.

Hay una virtud que siempre les he admirado a los dos, y es la laboriosidad. Han sido un hombre y una mujer de trabajo duro. Conocieron la escasez en sus primeros años y supieron salir adelante con una vida honrada fundado la Compañía Maderera de Chihuahua y después las tiendas Hágalo con casi 70 años de servicio. Mi abuelo, hasta hoy, sigue yendo a su oficina; y mi abuela ha sido una incansable mujer en su hogar. En sus primeros años de matrimonio se hizo una experta en matar pollos tronándoles el pescuezo para preparar un guiso, y después los afanes y trabajos en la granja Las Abejas, que llenan nuestra memoria de muy bellos recuerdos.

Ha sido un matrimonio edificado sobre roca. Ellos no tuvieron mucha instrucción religiosa como las nuevas generaciones la hemos tenido. Sin embargo desde el día que se casaron supieron que el suyo era un proyecto de Dios, y como proyecto que reflejara el amor divino tenía que ser para toda la vida. Setenta y cinco años juntos nos dicen que ellos pusieron en práctica la Palabra de Dios, no tanto con los labios sino con la vida. Habrán visto caer la lluvia, alzarse las crecientes, soplar los vientos. Habrán tenido que decir muchas veces 'te perdono porque te quiero' y hubieron tantas veces de recomenzar de nuevo. Setenta y cinco años después Dios nos permite contemplar su casa de pie.

Su amor nunca se agotó entre ellos dos. Mis abuelos han sabido vivir para los demás. A través de los años quienes somos su familia hemos sido testigos de la preocupación que ellos han tenido por sus hijos, nietos y bisnietos. En innumerables ocasiones hemos visto su desprendimiento para ayudar a que salgamos adelante quienes somos su descendencia.

Y más allá de su familia de carne y sangre, la mano de mis abuelos siempre ha estado abierta para socorrer y abrazar a la gran familia espiritual que todos formamos. Los dos se han involucrado en instituciones, colegios y organizaciones civiles y religiosas para dar ayuda a quien lo necesita. ¡Qué bello ejemplo nos han dado de que a la vida no se viene a ser servido sino a servir.

Los dos están cerca del siglo de vida. Una mirada hacia atrás pudiera encerrar la tentación de decir: ¿para qué tantos afanes, desvelos y esfuerzos? Vanidad de vanidades, todo es vanidad. Si miramos desde lejos pareciera que todo es vana ilusión. Sin embargo si nos acercamos, a través del recuerdo, a tantos momentos bellos y difíciles vividos juntos, descubriremos que Dios ha estado con ellos en las cosas pequeñas de todos los días: cuando estuvieron frente al altar en la iglesia de San Antonio en Casas Grandes, cuando nacieron sus hijos, sus nietos. Cuando recorrieron otras tierras en sus viajes, en momentos tan especiales vividos en la granja Las Abejas, en las reuniones familiares en Ruidoso y en Los Pablos... En tantos pequeños gestos de amor Dios se manifestaba. Por eso los recuerdos no son vanidad, sino gratitud inmensa al Dios que se hace pequeño, como se hizo pequeño en un pesebre o colgando de una cruz.

Hoy mis abuelos no pueden caminar. Ellos pasan muchas horas juntos frente a un televisor y para moverse necesitan ayuda. Pero Dios se sigue manifestando cuando se toman de la mano sentados en ese sofá, cuando se siguen sonriendo y animando a seguir adelante, hasta el final. Ahí sigue estando Dios en el sacramento del matrimonio, diciéndonos cuánto nos quiere, cuánto nos ama.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Sociedad dividida

De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres. (Lc 12,52)

La sociedad mexicana está profundamente dividida. Incluso dentro de la Iglesia hay fracturas. La piedra de escándalo ha sido la Marcha por la Familia que diversas organizaciones civiles realizaron el 10 de septiembre. Estalló una reacción virulenta en todo México, difícil de creer. Las redes sociales fueron el escenario de una guerra campal entre los defensores del matrimonio natural y quienes se inclinan hacia el llamado matrimonio igualitario.

Después de la marcha publiqué, en mi cuenta de Twitter, algunas fotografías de las marchas en diversas ciudades de México. Eso bastó para que muchas personas se indignaran y arremetieran contra mí, pidiéndome que mejor hiciéramos marchas contra los sacerdotes pederastas. Hubo alguno que me preguntó cuántos niños habían sido víctimas de mis instintos y una mujer, indignadísima, me expresó que quería ser excomulgada de la Iglesia. Ataques similares recibieron, en sus círculos familiares, de amigos y de trabajo, quienes fueron a la marcha o la defendieron. De ese tamaño fue la urticaria que provocaron las dichosas caminatas.

Dentro de la misma Iglesia, el obispo Raúl Vera, el padre Alejandro Solalinde y muchos otros, clérigos y laicos, también mostraron sus posturas contra las marchas. Hay quienes afirman que se trata de cosas de la ultraderecha de la Iglesia o de fundamentalismo religioso. No entiendo. La defensa de la vida, del matrimonio y de la familia ¿es cuestión de ‘ultras’, o de sentido común? ¿No es legítimo derecho y deber de los laicos alzar la voz contra una amenaza seria al futuro de sus hijos? Y es que cuando se atenta contra las columnas de la creación, como son las relaciones recíprocas entre el hombre y la mujer y contra la procreación y educación de los hijos, está en juego la supervivencia de la misma sociedad.

No nos extrañe que la sociedad se divida de manera tan radical. Puede ser doloroso recibir insultos o que alguien a quien uno aprecia tome su distancia. Sin embargo la lucha entre el bien y el mal exige una toma de postura, puesto que si llega a instalarse el matrimonio igualitario en todo México, las consecuencias serán terribles. La homosexualidad será exaltada y promovida en todas las instituciones públicas y en muchas instituciones privadas. Pero sobre todo tendrán las nuevas generaciones que ser adoctrinadas en este tipo de conducta dentro del sistema escolar; ningún padre de familia tendrá derecho a levantar la voz, y mucho menos podrá impedir a sus hijos recibir el adoctrinamiento.

Cuando el cardenal Carlo Caffarra ideó y fundó el Instituto Pontificio para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia en Roma en 1981, escribió a sor Lucía –la vidente de la Virgen de Fátima en 1917– a través del obispo de la diócesis donde ella vivía en un convento. Mientras que el cardenal Caffarra sólo pedía oraciones para el proyecto recién fundado, recibió inexplicablemente una larga carta de sor Lucía, la cual hoy está archivada en el instituto. En esa carta, la beata vidente señalaba que la lucha final entre el bien y el mal será sobre el matrimonio y la familia. “No tenga miedo –le decía al cardenal–, porque quien trabaje por la santidad del matrimonio y de la familia será siempre combatido y odiado de todas formas, porque este es el punto decisivo”.

La unión del alma con Dios


jueves, 8 de septiembre de 2016

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Marchas por la Familia

Nada impidió que el sábado 3 de septiembre alrededor de 18 mil personas decidieran tomar las calles de Ciudad Juárez para manifestarse a favor de la Familia, creada según la lógica de la naturaleza. Otros eventos masivos que hubo en la ciudad no fueron obstáculo para que se formara, a lo largo del Paseo Triunfo de la República, una impresionante marcha de un kilómetro y medio de largo, en donde caminaron juntas personas de todas las clases sociales.

El clamor era uno solo: pedir al presidente de la república y a los legisladores establecer en el artículo cuarto la Constitución que el matrimonio es una institución de interés público y el fundamento natural de la familia; y que como tal debe ser protegido por el Estado, como un compromiso público que toman libremente un varón y una mujer, para amarse, fundar una familia y educar a sus hijos hasta que alcancen la mayoría de edad.

Desde la Constitución de 1917 a los padres mexicanos no se les reconoce el derecho de educar a sus hijos. En América Latina únicamente México y Cuba no reconocen este derecho fundamental. Así que otro motivo de las marchas por la familia es pedir al gobierno que se establezca en la Constitución que los padres tienen el derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos; incluyendo la correspondiente al desarrollo de las aptitudes intelectuales, morales y religiosas, la educación sexual, las actitudes y virtudes.

Otro punto muy importante que ha llevado a la realización de estas marchas es exigir al gobierno que se garantice el respeto del interés superior de la niñez. Todos los niños y niñas tienen el derecho a crecer en su familia, bajo el cuidado y protección de su padre y su madre. En el caso de orfandad de padre y madre de un menor, o si fuese privado de manera definitiva de su familia de origen, se deberá asegurar su cuidado y protección por un padre y una madre adoptivos. El Estado no puede por ninguna causa privar deliberadamente a un niño de este derecho.

La marcha en Ciudad Juárez se realizó en absoluto orden y respeto. No hubo groserías contra quienes piensan de otra manera ni se levantaron pancartas ofensivas contra otros colectivos. La ciudadanía simplemente se levantó pidiendo que la autoridad pública proteja a la institución que ha dado estabilidad, orden y continuidad a la sociedad y al mismo Estado mexicano, y que se ha comprobado que es la única institución, a pesar de sus fallas y debilidades humanas, para formar personas felices.

Los adultos entendimos bien los motivos que originaron la Marcha por la Familia, pero no así lo entendieron las nuevas generaciones. Éstas han sido, hasta cierto punto, adoctrinadas por la ideología de género a través de los medios y del ambiente cultural que respiramos; hay jóvenes que decidieron no asistir a la marcha porque les pareció que trataba de un evento injusto y discriminatorio hacia quienes están a favor del matrimonio igualitario. No quisieron verse ‘homofóbicos’ y prefirieron no participar.

La marcha no fue discriminatoria contra nadie. Cuando los ciudadanos se pronuncian a favor del matrimonio natural de varón y mujer, están reconociendo que la lógica de la naturaleza nos dice que ambos sexos son diferentes y complementarios, y que juntos libremente pueden procrear a sus hijos. Están diciendo que el matrimonio hembra-varón es el único que puede originar familia y que, por lo tanto, es el único que debe llamarse matrimonio. Están diciendo que la familia natural merece ser reconocida y protegida por el Estado. Están diciendo que es un derecho de los niños tener padre y madre, y que otras formas de convivencia, las cuales nadie prohíbe, no pueden equipararse al matrimonio, ni en derechos ni obligaciones.

Después de la Marcha por la Familia han quedado muchas inquietudes en el ambiente. Me queda claro que así como Dios habla por su Palabra, también lo hace por los acontecimientos. Una respuesta como la que vimos el sábado pasado en Ciudad Juárez, y ayer en más de 100 ciudades de México, no puede ser sino la voz de Dios que nos pide nos mantengamos en la defensa y protección de la Familia, que es la comunidad más preciada por los seres humanos, y la comunidad que Él mismo eligió para encarnarse.

martes, 6 de septiembre de 2016

9. Cómo habita Dios en el alma

San Bernardino de Siena (1380-1444)

8. Radiografía de la vida cristiana


7. La medicina de Dios se llama Redención


6. Los tremendos daños del pecado original


5. Los dones de Dios a Adán y a Eva


4. Dios nos dio la vida natural


3. Prepárese para crecer espiritualmente


2. Las fuentes de la vida espiritual


1. Introducción a la vida espiritual


domingo, 4 de septiembre de 2016

La misa en casa de Juan Gabriel

Le pusieron un dilema al obispo Torres Campos. La familia de Alberto Aguilera Valadez quería la celebración de una misa para Juan Gabriel. Ante la imposibilidad de realizarla en el altar del papa y en la Plaza de la Mexicanidad debido a que esos lugares estaban ocupados por grandes eventos, se optó por hacerla en la casa del divo.

El mismo sábado 3 de septiembre coincidieron los funerales del artista con la Marcha por la Familia, lo que sirvió también para crear una cortina de humo en torno a la marcha y distraer la atención con la ceremonia de las exequias y el homenaje para Juan Gabriel.

El dilema del obispo estaba en celebrar o no la misa. Cualquiera que fuera su respuesta sería usada en su contra. En caso de celebrarse la Eucaristía lloverían las críticas a la Iglesia por hipocresía. ¿Cómo era posible que después de participar en una marcha a favor del matrimonio natural, la Iglesia le hiciera una misa a quien los portadores de la bandera del arco iris identificaron como un ícono de su movimiento?

Por otra parte si la Iglesia se hubiera negado a celebrar la misa se le acusaría de discriminadora, homofóbica, intolerante e incoherente con su mensaje de amor y misericordia. Cualquier acción que tomara, la Iglesia saldría crucificada.

El obispo Torres Campos tomó la mejor decisión: celebrar la Eucaristía para orar por Juan Gabriel. La marcha organizada por el Frente Nacional por la Familia, en la que participaron mayoritariamente los católicos, no fue una marcha homofóbica ni ofensiva para ningún grupo social. Fue una manifestación de alegría y de exaltación del matrimonio según la lógica de la naturaleza, y una petición al gobierno para legislar a favor de este concepto del matrimonio.

¿Fue hipócrita el obispo al celebrar la Misa para Juan Gabriel? De ninguna manera. El cantante no es visto por la Iglesia como lo ven ciertos grupos que tienen fijación por las preferencias sexuales. Eso, para la Iglesia es cuestión sin gran importancia. Juan Gabriel es, ante todo, una persona grandiosa, un hijo de Dios, amadísimo por el Señor, quien no vino al mundo a juzgar sino a perdonar; no vino a condenar sino a salvar. Juan Gabriel es un alma por la que Jesús pagó en la cruz y que hay que salvar.

Era necesaria, pues, la presencia de la Iglesia frente a la casa de la 16 de septiembre después de que la familia pidió la celebración de la misa. Estoy de acuerdo en que el escenario no era el más adecuado para la dignidad de la Eucaristía, pero era mejor mostrar cercanía con la familia del cantante que solicitó la presencia del obispo. Era preferible hacer visible el rostro misericordioso de Jesucristo, quien se sentaba a la mesa con personas creyentes y no creyentes.

Que la Iglesia salga a la calle tiene sus riesgos. Esas son las heridas de las que habla el papa Francisco que podemos sufrir al convertirnos en una Iglesia en salida. Pero es preferible a veces salir con alguna espina, según el pontífice, a quedarnos replegados en nosotros mismos y enfermarnos entre las paredes de la sacristía.

La muerte de Juan Gabriel

Desde que se supo de su muerte, los medios de comunicación no han dejado de reproducir sus canciones y hablar de su trayectoria artística. El pueblo llora la partida de Juan Gabriel, uno de los grandes íconos de la música popular en México en las últimas décadas. Más que una gran figura del espectáculo, el divo de Juárez se convirtió en leyenda, y mucho agradecemos los juarenses las muestras de afecto que Juan Gabriel expresó por todo el mundo a la ciudad donde inició su carrera. Sobran los elogios a la estrella y los recuerdos de sus canciones. Muchos hablan de su vida, pocos de su muerte.

¿Quién imaginaba que unas horas después de su concierto en Los Ángeles el divo estaría muerto? “Se veía muy bien en el concierto” “No parecía cansado ni enfermo”, dijeron algunos que lo conocían. La causa de su defunción la dieron a conocer sus familiares: infarto al miocardio. Hoy sabemos que desde hace años Alberto Aguilera padecía problemas cardiovasculares. Sus fans en El Paso se quedaron con su boleto en la mano y sus ilusiones rotas por verlo en el concierto que nunca llegó. ¿Acaso no tenía Juan Gabriel otros espectáculos pendientes en su gira por Estados Unidos? ¿No había bocetos de canciones en su mente y discos por grabar? Todo terminó con la llegada sorpresiva de la muerte.

Gracias a Dios a nosotros, como a Juan Gabriel, se nos ha ocultado la hora de nuestra muerte. La mitología griega enseñaba que antiguamente los hombres conocían la hora de su muerte, lo que los hacía vivir obsesionados por la certidumbre de la hora. Pero Prometeo los libró de conocer esa hora de su cita con la muerte, haciendo incierta la hora. ‘Mors certa, sed hora incerta’ dice una famosa frase latina. Así fue la hora de Juan Gabriel.

Durante la semana posterior a la muerte del divo de Juárez, frente a la mansión de la avenida 16 de septiembre que fuera de su propiedad, se reunieron muchos juarenses para cantar, orar, llevar flores, encender velas en homenaje a su ídolo. Es curioso. La muerte de Juan Gabriel la vive el pueblo y no Juan Gabriel. Él sólo cerró sus ojos y su cuerpo se convirtió en un cadáver, pero su muerte la está viviendo su gente. La muerte de nuestros seres queridos la experimentamos quienes nos quedamos con ese vacío y ese dolor que nos deja su partida, mientras que ellos ya no están. El dolor que se queda aquí abajo es quizá mayor que el dolor de aquel que ha partido.

Dice Fabrice Hadjadj que “cuando somos pequeños, creemos en las casas habitadas por espíritus; cuando nos hacemos mayores, dejamos de creer en ellas, pero somos nosotros los habitados por espíritus de verdad. Nuestra cultura está hecha de difuntos. No hay ni una sola calle que no tenga el nombre de uno de ellos. Lo mismo el profesor de literatura que el sabio o el filósofo fundamentalmente dialogan con ellos: ‘Hoy, hijos míos, un poema de Víctor Hugo’, o bien: ‘Ahora la física de Newton’. Así las canciones y videos de Juan Gabriel, el eje vial que lleva su nombre, la gran plaza del centro histórico, el próximo museo, todo ello hará que su espíritu siga habitando entre nosotros.

A través de su música Juan Gabriel buscaba vivir, de alguna manera, en el alma de su pueblo. En sus conciertos se entregaba cantando durante horas. Era un ser que buscaba el amor y la comunión con su gente. Pero más allá de su público, el artista de Ciudad Juárez estaba en búsqueda de un Amor infinito y eterno. Lo buscó a su manera y lo expresó en su canto. Sabemos que no fue educado en la piedad cristiana ni su familia le dio la oportunidad de conocer la fe que muchos tenemos. ¿Quién soy yo para juzgar?, dijo el papa Francisco. Solamente hemos de orar por él para que el Señor lo purifique de sus culpas, sea misericordioso con él y lo conduzca a la morada eterna.

Miremos la muerte de Juan Gabriel de frente. El que conoció la gloria en los escenarios del mundo ha sido reducido a un puño de cenizas. Su grandeza no estaba en su talento sino en cómo supo ponerlo al servicio de los demás y en las obras de amor que pudo haber acumulado durante su vida. Es lo único que podemos presentar delante de Dios para merecer la vida eterna. Que su muerte abrupta avive nuestro deseo de bienaventuranza y que lance cada vez más arriba nuestra esperanza, hasta llevarla más allá de este mundo que pasa.