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Libres, coherentes y con visión de cielo


H
oy celebramos la razón y el sentido de nuestra vida. La Resurrección de Jesucristo nos hace contemplar el amor que venció la tumba y que hoy vive victorioso. El perfume que exhala el sepulcro vacío es tan intenso que la Iglesia no puede aspirarlo en un solo día. Necesita ocho días –la octava de Pascua– para inhalar su dulce aroma y proclamar el gran misterio que nos hace sentir su presencia viva y nos hace amarnos como hermanos.

La Resurrección del Señor es el triunfo de la libertad sobre el miedo. Las personas no nos damos cuenta de las cadenas que tenemos hasta que intentamos movernos. El miedo es una cadena. Pedro había asegurado a Jesús que no lo traicionaría, pero ignoraba que dentro de él se escondía el miedo. Cuando a Jesús lo llevaron preso, Pedro acabó traicionando a su maestro por el miedo a ser acusado. Solamente la resurrección de Jesús lo hizo vencer el miedo.

La experiencia que nos ha dejado el Covid-19 durante el último año es también la del miedo. Muchos siguen temerosos del contagio y aún permanecen dentro de sus casas. Ni siquiera se atreven ir a las iglesias porque el miedo los paraliza. Sin duda debemos seguir cuidándonos porque el coronavirus no se ha ido y puede venir una nueva ola de contagios. Pero si bien es cierto que el miedo nos previene de muchos males, el exceso de miedo nos paraliza. Aquellos que son más libres son los que vencen el miedo porque tienen la certeza de que después de esta vida, nos aguarda el mundo del Resucitado.

La Resurrección de Cristo es también el triunfo de la coherencia sobre nuestras inconsistencias. Jesús, durante su proceso hacia la muerte respondió a dos preguntas de vida o muerte, y dijo la verdad. Caifás le preguntó si era el Mesías, a lo que Jesús no se retractó. Pilato le preguntó si era rey, a lo que Cristo respondió afirmativamente. Si hubiera dado una respuesta negativa a ambas preguntas, muy probablemente se hubiera librado de la muerte. Pero Jesús se mantuvo coherente en sus respuestas.

La palabra de los resucitados con Cristo busca ser coherente, sobre todo en aquello que afecta las opciones fundamentales de la vida. Los casados que saben vencer las tentaciones de infidelidad para mantenerse fieles a la palabra dada ante su cónyuge y ante Dios; los sacerdotes y religiosos que viven su celibato con alegría y que mantienen sus promesas de obediencia y respeto a su obispo; el político que cumple con sus promesas de campaña. Tantas veces nuestras incoherencias ante la palabra dada desgarra a las familias, al tejido social y a la misma Iglesia.

La Resurrección de Cristo, finalmente, es la victoria del cielo sobre la tierra. Es la visión de la vida que nos saca de la rueda a la que el mundo nos quiere aferrar: producir, consumir y divertirnos; y cuando ya no producimos, ni consumimos ni nos divertimos, el mundo nos ofrece la eutanasia porque la vida ha dejado de tener sentido. Vivir resucitado con Cristo es sobreponerse a esa rueda esclavizante del mundo para vivir en la alegría de un amor que nos sobrepasa y que nos envía a compartir la mejor noticia que ha recorrido la historia. ¡Feliz Pascua a todos los resucitados con Cristo!

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