Gran polémica se armó en estos días, en Chihuahua, en torno al matrimonio igualitario. La demanda de los colectivos LGBT+ no es debido a que el matrimonio entre personas del mismo sexo esté prohibido en el Estado. En la práctica estas personas se pueden "casar" en Chihuahua sin solicitar ningún amparo. Basta que se presenten en el Registro Civil y lo hagan. Ello se debe a un decreto del ex gobernador César Duarte en 2015. Las controversias de las últimas semanas son, más bien, debido a que el Código Civil de Chihuahua todavía define el matrimonio como "entre un hombre y una mujer". Este desempate entre la letra de la ley y la práctica de la ley es lo que los colectivos buscan remediar reformando el Código.
Desde la Iglesia Católica respetamos a todas las personas y grupos sociales, independientemente de sus ideas, aunque no siempre armonicen con la enseñanzas de Jesucristo y la Tradición eclesial. Las familias, organismos de la sociedad civil, grupos sociales y religiones convivimos en una sociedad plural para construir el bien común y la defensa la dignidad de la persona humana. Es el gobierno quien, por medio de la razón y el sentido común, debe buscar lograr el concierto y la armonía entre todos los actores sociales.
El concepto de matrimonio es fundamental para la vida social y el futuro de la humanidad. El hecho de que los hombres tengan atracción por las mujeres y viceversa, y decidan unirse para formar una familia es un hecho fundamental para la supervivencia de la humanidad. La unión hombre-mujer es el ADN que ha construido la raza humana. Es el cimiento más profundo de la sociedad, la ética y la cultura. Principalmente por ese motivo todo gobierno debe asegurar una protección especial al matrimonio del hombre y la mujer.
Es cierto que no todos los seres humanos tienen atracción sexual hacia personas del sexo contrario. Hay una minoría que es atraída hacia su mismo sexo, y otras que tienen formas diversas de comportamiento sexual como el exhibicionismo, el voyerismo, el incesto, la pedofilia, el transexualismo y otros. Este tipo de atracciones, por ser estériles, no deben tener el mismo tratamiento en la ley que la atracción natural del hombre y la mujer. De hecho hay comportamientos sexuales que deben ser castigados por la ley como es la pederastia, el incesto o la violación.
Cuando las minorías sexuales introducen debates sociales sobre el sexo, el género y el matrimonio y, por lo tanto, la confusión sobre la sexualidad, la sociedad camina hacia un desorden moral que deforma la vida social, económica y cultural. Cuando por esta confusión se cambian las leyes, el peligro es que el camino de la raza humana durante milenios de historia quede confundido, sin saber qué es el bien y qué es el mal, y así se ponga en riesgo la supervivencia de una civilización.
El equilibrio de la humanidad está determinado por quién tiene sexo con quién y de qué manera. El Código Civil de Chihuahua define que "el matrimonio es entre un hombre y una mujer". Reformar el Código para establecer que "el matrimonio es entre dos personas" es jugar con la columna vertebral cósmica de la humanidad y con el futuro de la raza humana. Mi exhortación es para que el gobierno chihuahuense trate a la comunidad LGBT+ con respeto y caridad pero sin cambiar la verdad en su definición del matrimonio; y para que la promoción de las uniones sexuales se orienten hacia el amor y a la vida. Sólo así tendremos familias fuertes y Estado grande.

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