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Criterios morales en el caso de Venezuela


En la madrugada del 3 de enero, Delta Force de Estados Unidos, un comando de élite, capturó al dictador Nicolás Maduro en su residencia en Caracas y se lo llevó a Nueva York para ser juzgado. Se le acusa de dirigir una organización criminal catalogada como narco-terrorista que afecta los intereses de Estados Unidos. Han sido, por una parte, días de alegría y júbilo para millones de venezolanos y latinoamericanos que festejan la caída de una narcodictadura, mientras que para otros se trata de una violación al derecho internacional y una injerencia inmoral de una potencia en un país extranjero.

¿Qué criterios los católicos debemos de tener en cuenta para orientar nuestra opinión ante un asunto de tanta importancia, sobre todo para América latina? A quienes piden que los sacerdotes no hablemos de asuntos políticos sólo les decimos que, cuando se trata de asuntos que tocan la moral social, los obispos y sacerdotes tenemos el deber de ofrecer orientación a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, tratando de no dejarnos llevar por corrientes ideológicas ni tampoco por un pacifismo a toda costa. Venezuela es uno de estos asuntos.

Legítima defensa
La Iglesia enseña que la paz social debe ser siempre promovida como fruto de la justicia y la caridad; esto no significa que se trate de un valor absoluto ni que toda forma de violencia sea intrínsecamente ilegítima. Cuando ocurre una grave injusticia o una amenaza seria a la seguridad de una persona, de una comunidad o de una nación, es un derecho legítimo, y a veces hasta un deber, recurrir a la defensa propia. Se puede utilizar una intervención militar cuando hay un daño grave y duradero, cuando se han agotado otros medios, cuando hay perspectivas serias de éxito, y mientras que el uso de las armas no produzca daños más graves de los que pretende eliminar.

Todas estas condiciones se han cumplido en la captura de Nicolás Maduro. Se trata del líder narcoterrorista de un cártel que exportaba droga, durante años a Estados Unidos causando graves daños; se ofrecieron al dictador otras alternativas pacíficas para dejar el poder en Venezuela, pero Maduro las rechazó. El éxito de la operación fue contundente, aunque según informa el NY Times, hubo 40 venezolanos muertos.

Soberanía nacional
La soberanía, principio de doctrina social católica, es la expresión de la autoridad política legítima en una nación o Estado, ordenada al bien común. Es autoridad que tiene su origen en Dios y es ejercida por el pueblo, quien transfiere el ejercicio de esa soberanía a los gobernantes mediante variadas formas como son la democracia, la monarquía o la aristocracia.

La soberanía es un instrumento para el bien común, pero no es absoluta. Está limitada por el bien común universal y nacional, por los derechos humanos, el orden moral natural y la ley divina. La Iglesia defiende la legitimidad de los Estados soberanos, pero siempre subordinados a la dignidad de la persona y al designio de Dios, promoviendo regímenes que respeten la participación ciudadana y la subsidiariedad.

En el caso de Venezuela está comprobado que el régimen chavista tiene un apoyo muy reducido, alrededor del 20 por ciento. Así se vio en el último proceso electoral en el que Nicolás Maduro perdió contra Edmundo González Urrutia, derrota que Maduro nunca aceptó. Desde entonces varios gobiernos del mundo calificaron de ilegítima la permanencia de Maduro en el poder. Se trata, entonces de una soberanía extremadamente débil, desconectada de la mayoría del pueblo y sostenida por la represión y el miedo.

Llama la atención que después del 3 de enero no ha habido resistencia significativa del pueblo venezolano para defender a su supuesto líder capturado. En Caracas y otras ciudades extranjeras hubo algunas manifestaciones chavistas convocadas por organizaciones de izquierda, pero nada relevante. Los ocho millones de guerrilleros que decía Maduro que estaban dispuestos a defender la Patria con su sangre, ¿en dónde quedaron? ¿Qué clase de soberanía es una que no se defiende? Aquí parece que hay una entrega de la soberanía a una potencia extranjera a cambio de salir de un régimen tiránico y opresor.

La intervención de EEUU
Según la enseñanza católica existe el derecho a la resistencia a la opresión de un gobernante tiránico, incluyendo su deposición. Esta debe ser primordialmente un acto interno, expresión de autodefensa de la comunidad política afectada, y no delegable a potencias extranjeras (Pacem in terris, 120-121). Una intervención del gobierno de otro país se justificaría solamente con la aprobación de organismos internacionales como el Consejo de Seguridad de la ONU, pero no para imponer un cambio de régimen.

Siguiendo este principio, Estados Unidos no tiene derecho a una intervención militar en Venezuela ni en ningún otro país para imponer un cambio de gobierno. No obstante, la intervención del 3 de enero no fue para cambiar al régimen sino para capturar a un narcotraficante y terrorista que estaba causando grandes daños a Estados Unidos, y que tenía una orden de aprehensión por un juez de Nueva York. El gobierno trumpista sólo cumplió con el objetivo de arrestarlo en una operación que duró dos horas y sin haber dejado presencia militar en suelo venezolano.

Justicia o conveniencia
Queda la pregunta si la intervención de EEUU contra Maduro se hizo únicamente por un acto de justicia o por intereses estratégicos y comerciales. Sabemos que Venezuela es el país que tiene más petróleo en el mundo, superior al de Arabia Saudí, y que durante años el petróleo venezolano fue aprovechado mayormente por China e India. Si la intervención estadounidense no fue la justicia sino el interés económico –cosa que no sabemos con certeza– la legitimidad moral del arresto al dictador quedaría seriamente dañada.

Lo sensato del chavismo
A pesar de su gobierno dictatorial y opresor, el gobierno chavista tuvo algunas grandes benignidades: en Venezuela no se permite el aborto, la eutanasia, el matrimonio igualitario, las intervenciones quirúrgicas para cambiar de sexo ni la pornografía. ¿No son estas, lacras sociales que los católicos no deseamos para nuestras sociedades? Personalmente deploro al régimen comunista venezolano pero admiro estos rasgos que ha tenido de conservadurismo social. Temo, más bien, que el próximo gobierno sea liberal en todos sentidos, y que Venezuela llegue a ser un país próspero económicamente, pero moralmente corrompido.

Comentarios

  1. De los males el menor, sobre todo los que van en contra de Dios, lamentablemente así es la política, hacemos pero queremos. Sí ponemos a Dios al Centro todo será mejor. Bendiciones.

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  2. Me imagino que su nota fue antes que el presidente Trump declarara que el objetivo es el petróleo, su retórica es buena y convincente, pero diría San Agustín parcialmente verdadera.

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  3. Gracias por instruirnos, y a la vez ayudarnos a cuestionarnos puntos muy importante. Como siempre excelente su puntos de vista. Bendiciones

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  4. Ahora ya se sabe, porque lo dijo Trump abiertamente, que el objetivo es el petróleo, por lo que se confirma que este ataque es moralmente contrario a la doctrina católica. Pero lo revelador para mí, es su postura, padre Hayen, en todos los apartados de su artículo, totalmente fascista y ridícula. De dónde saca usted que la soberanía proceda de Dios. Acaso la soberanía de la India proviene de Krishna?

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    Respuestas
    1. Este sacerdote es completamente fascista, se esconde detrás de la posición ultra conservadora para manejar a sus fieles y adoctrinarlos para vivir sumisos al imperialismo bajo la condición de la fe. Es una lástima que tenga una plataforma y posición tan alta dentro de la diócesis

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  5. Este tema no tiene respuesta fácil... ¿verdad? Por un lado, quieres que los venezolanos vivan bien, sean libres y puedan prosperar. Por otro... si se puede invadir otro país, ¿será Groenlandia el próximo? ¿Qué harán China o Rusia? Desde luego, como católica, deseo que el mundo sea un sitio donde se respete al prójimo y se busque lo mejor para él.

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