miércoles, 5 de septiembre de 2018

Disparos contra el Santo Padre

Hace unos días, apenas concluía el Encuentro Mundial de las Familias en Dublín, el papa Francisco sufrió un atentado moral. Carlo María Viganó, ex nuncio apostólico en Estados Unidos, en una carta-testimonio de once páginas, denunció al Santo Padre por haber encubierto las perversiones del cardenal McCarrick, quien fuera arzobispo de Washington. Pasados unos días, Viganó volvió a arrojar otro dardo contra al pontífice, esta vez sacando a luz una reunión privada que el papa habría tenido, durante su viaje a Estados Unidos, con una mujer activista anti-gay, y que a su tiempo no se hizo pública.

El ex nuncio Viganó tuvo buena puntería. Supo lanzar las acusaciones al papa en el momento preciso, justo al terminar el Encuentro de las Familias en Irlanda y después de que se hiciera público el informe de Pennsylvania, en el que se denunciaron a alrededor de 300 sacerdotes por abuso sexual en los últimos 70 años. Era el momento justo para provocar una perfecta tormenta mediática. El efecto fue una división en la Iglesia, principalmente en Estados Unidos, con clérigos y laicos a favor y en contra de Francisco, a quien Viganó pedía la renuncia como obispo de Roma. Y es que sectores muy conservadores de la Iglesia estadounidense tienen gran desprecio por nuestro papa actual y quieren verlo fuera del Vaticano, como es la agencia de católica de noticias Life Site News, que constantemente difama al papa.

En el arte de corregir al hermano que supuestamente ha fallado, Monseñor Viganó tomó un camino diverso al de Jesucristo. Se le olvidó que la corrección fraterna es el camino del cristiano para hacer una denuncia contra una persona de la comunidad. Hizo pública su carta y provocó una escisión gravísima en la Iglesia. “Si tu hermano peca, primero ve y corrígelo a solas”, dice el Señor. Si no te hace caso, entonces hazte acompañar de algunos de la comunidad para que hablen con la persona. Si ni así te hace caso, entonces díselo a la comunidad (Mt 18, 15-20). Este no fue el camino de Viganó para corregir al sucesor de Pedro. 

Con sus cartas acusadoras, el ex nuncio ha escandalizado a muchos en la Iglesia, incluyendo a los pequeños de fe sencilla. Ignoro si midió las consecuencias, pero con seguridad perturbó a muchísimas almas, tentándolas a abandonar su fe católica. Santo Tomás de Aquino enseña que el pecado de escándalo consiste en provocar la ruina espiritual de otras personas.

Los abusos sexuales de menores por algunos sacerdotes son, sin lugar a duda, actos mucho más abominables, perversos y escandalosos que las cartas del ex nuncio Carlo María Viganó, lo que exige al papa y a toda la Iglesia erradicar las causas de manera inmediata. Sin embargo, así como los sacerdotes abusadores dejaron entrar al diablo en sus corazones para hacer el daño que hicieron a sus víctimas, también me parece oler, entre los escritos de Viganó, el azufre del Tentador. Diablo significa ‘acusador’ o ‘calumniador’. Satanás es el nos acusa día y noche delante del trono de Dios, pero además es quien provoca divisiones en la Iglesia, el que nos hace entrar en guerra unos contra otros. ¿No ha sido este el efecto de las acusaciones del ex nuncio?

Los acusadores de Francisco quieren que el papa se defienda, que hable, que discuta y que diga lo que piensa. Quieren que siga la tormenta con gran estruendo en los medios para que, presionado, al fin abandone el papado. Sin embargo el Santo Padre ha tomado el camino más sabio y prudente en este momento, que es el camino del silencio. Lo dijo a los periodistas en en avión que lo traía desde Irlanda: “Lean ustedes atentamente el comunicado y hagan ustedes su propio juicio. Yo no diré una palabra sobre esto, creo que el comunicado habla por sí mismo y ustedes tienen la capacidad periodística suficiente para sacar sus conclusiones”. Y en su homilía del lunes 3 de septiembre expresó: “La verdad es suave, la verdad es silenciosa; con las personas que buscan solamente el escándalo, que buscan solamente la división, el único camino a seguir es el del silencio y la oración”.

El papado siempre será el blanco de ataque preferido de los dardos mortíferos del Engañador, porque sabe que una vez herido el pastor las ovejas se dispersan. Como muchas conferencias episcopales y movimientos laicales de todo el mundo han manifestado su adhesión al papa Francisco en medio de las acusaciones del ex nuncio, así nosotros le brindamos nuestro apoyo incondicional y, sobre todo, nuestra oración. Mientras que la Iglesia se mantenga firme en la fe de Pedro -roca visible de la unidad de la Iglesia- podremos navegar serenos en el mar tempestuoso de la historia.