jueves, 26 de abril de 2018

En México a los padres les roban la Patria potestad

Mientras todos hablan del debate presidencial del domingo pasado y discuten temas como la inseguridad o la corrupción, muy pocos mexicanos se dan cuenta de que están sucediendo cosas gravísimas en el país, y que son una amenaza más grande para el futuro de México. Desde hace décadas está ocurriendo una revolución silenciosa, a tal grado de que el Estado mexicano, a los padres de familia, les está quitando, poco a poco, la Patria potestad sobre sus hijos.

La Cartilla sobre los Derechos Sexuales y Reproductivos para Jóvenes y Adolescentes, que ya se distribuye en México, es un arma letal de nuestro gobierno para comprometer el futuro de los niños y los jóvenes y, por tanto, la vida de las futuras familias del país. El documento al que ya tienen acceso los menores, no es más que una motivación hacia ellos para que practiquen libremente la fornicación, la masturbación, cualquier depravación y el aborto. En nombre de los jóvenes dice: "Tenemos derecho a ejercer y disfrutar plenamente nuestra sexualidad y vivir cualquier experiencia, expresión sexual, erótica o de género que elijamos”.

No sólo eso. La cartilla roba a los padres el derecho que tienen para formar a sus hijos en algo tan delicado como su sexualidad cuando dice: "El Estado debe garantizar que el ejercicio de este derecho sea libre de presiones, discriminación, inducción al remordimiento o castigo por ejercer o no actividades relacionadas con el conocimiento, exploración y disfrute de nuestro cuerpo y de nuestra sexualidad”. En otras palabras, si papá o mamá tratan de orientar al hijo en las cuestiones de su sexualidad, o si le dicen que alguna práctica no es moralmente correcta, podrían inducir al hijo al remordimiento, lo que el Estado no debe permitir.

La cartilla no sólo habla sobre la vida sexual de los adolescentes, sino que también les insiste en que tienen derecho a decidir si quieren tener hijos o no, cuántos, cuándo con quién, sin que la identidad de género sea un impedimento para ello. Es absurdo. Si un adolescente quiere tener un hijo, ¿los padres no pueden opinar, aunque vivan en el mismo techo y sin importar que al chamaco lo mantengan sus papás? El Estado podría sancionar a los progenitores, pues afirma la cartilla: “Ninguna persona o autoridad, en el ámbito familiar, laboral, escolar y de salud, comunitario o institucional, puede ejercer ninguna acción que tenga como fin lesionar nuestra libertad”.

También habla del aborto diciendo que el Estado "debe garantizar y promover el acceso a la información y a los servicios de salud con pertinencia cultural, garantizando nuestro derecho a la confidencialidad, incluyendo el acceso a todos los métodos anticonceptivos, la atención de un embarazo saludable y los servicios de aborto legal y seguro”. Además propone "el derecho de los adolescentes a la confidencialidad en todos estos asuntos, así como a recibir atención y a que no se les niegue el acceso a los servicios -aborto incluido- por ausencia de padre, madre o tutor legal”. Una niña de 12 años puede así practicarse un aborto sin que sus padres se enteren.

Como vemos, la patria potestad está desapareciendo rápidamente en México. Estamos ante una revolución silenciosa que dejará miles de víctimas y familias destruidas. Vamos por la misma pendiente que en otros países. Ahí donde la ideología de género se ha implementado, los padres han perdido toda autoridad sobre sus hijos. En California, por ejemplo, en las clases de educación sexual se enseña a los niños de nueve años a la práctica de relaciones anales, y a los padres se les niega el derecho de retirar a sus hijos de esas enseñanzas de educación sexual escolar.

Inglaterra es un país donde las políticas de género se han implementado con mucha amplitud y agresividad, lo que ha llevado no sólo a hacer completamente a un lado a los padres de familia en cuestiones de educación afectiva y sexual a sus hijos, sino a despojarles de su derecho sobre procurar la salud de sus pequeños. Una cosa lleva a la otra. El caso del niño Alfie Evans en Liverpool es elocuente. Alfie es un niño de casi dos años que tiene una extraña enfermedad y que tuvo que ser ayudado a respirar con un aparato especial dentro del hospital. Como los médicos determinaron que el niño debía ser desconectado del respirador y dejarle morir, los padres de Alfie se opusieron a esta decisión y quisieron llevarlo a Italia para tratar de salvarle la vida con otro tratamiento. Sin embargo, siguiendo las recomendaciones del personal sanitario, la Corte británica tomó la decisión de matar al niño. Los derechos de los padres para salvar la vida de su hijo han sido pisoteados. Al momento de escribir este artículo, Alfie seguía vivo, respirando sin el respirador que ya le retiraron por orden de un juez. Implementar la ideología de género, inevitablemente trae como consecuencia la pérdida del derecho natural.

La Cartilla sobre los Derechos Sexuales y Reproductivos de los Jóvenes y Adolescentes, que ya se distribuye en nuestro sistema escolar, y que ya traen los jóvenes en su bolsillo, es una de las evidencias más tristes de que el Estado Mexicano quiere convertirse en un despiadado dictador que desbarata la vida familiar al decidir, no solamente cómo los mexicanos deben comportarse en la cama, sino quién debe nacer y quién debe morir. Estos son los temas que deben estar en los debates de los presidenciables. 

miércoles, 25 de abril de 2018

Trigo y Cizaña

El próximo presidente
México, más que un emperador totonaca vitoreado con copal, necesita un presidente o presidenta con auténtico espíritu democrático; una persona que atraiga inversión y genere trabajo; que proponga mecanismos realistas y no utopías para disminuir la corrupción; un presidente que tenga una moderna visión de la educación que necesita el país para ser competitivo; alguien que tenga la capacidad de sentarse a negociar con los líderes mundiales; un hombre o una mujer con amplia cultura para desenvolverse con soltura en foros internacionales; una presidente enemigo del populismo que sólo da al pueblo atole con el dedo pero que no lo estimula a crecer; México necesita un presidente que no traicione los valores espirituales de la nación entregando al pueblo a la nueva colonización cultural de intereses extranjeros; un presidente que fortalezca a las familias mexicanas tanto en salarios como en valores; un presidente que ame, respete y defienda la vida de cada mexicano librándola de la violencia del aborto así como de la violencia del crimen organizado; un presidente que respete a los homosexuales pero sin equiparar esas uniones con la institución del matrimonio; un presidente que promueva la dignidad de la mujer y que cree las condiciones para que su gente deje de emigrar. Espero que para los próximos debates de Tijuana y Mérida se afiance mi voto con quien más transparente este perfil. A casa vieja, puertas nuevas.

El puntero
No se trata de ninguno de los candidatos a la presidencia, sino de todo México. Somos el país puntero en asesinatos de sacerdotes. Ya son 23 en lo que va del sexenio. El último fue el del padre Juan Miguel Contreras García de la Arquidiócesis de Guadalajara, quien apenas tenía dos años de haber recibido las órdenes sagradas. El año 2018 ha sido considerado por el Centro Católico Multimedial como “un año sin fin contra el sacerdocio mexicano”. La escalada de violencia contra los líderes espirituales del país es un síntoma muy grave de lo que aquí está sucediendo. Matar a los que por su vocación comunican la vida divina debe horrorizarnos, tanto como nos han aterrado tantas historias de muertes y asesinatos perpetrados con crueldad inaudita, como fue el de los tres jóvenes estudiantes de cine cuyos cuerpos fueron disueltos en ácido, en Jalisco la semana pasada. La cultura de la muerte nos está matando. El próximo presidente de México tendrá el enorme desafío de combatir la violencia que tanta angustia ha traído al pueblo, atacándola por todos los frentes. A lo más oscuro amanece Dios.

Obispos: ¡aguzados!
A los obispos reunidos en sus asambleas semestrales a veces se les aparecen ciertos políticos que les halagan por el invaluable trabajo de la Iglesia en México, discursos que mucho adulan y poco aprovechan para el fortalecimiento del catolicismo mexicano. En cambio hay mensajes que son punzocortantes y que no caen tan bien, pero que son los que necesitan escuchar los prelados para fortalecer a la Iglesia. Esa clase de comunicados son los del nuncio Franco Coppola, quien está muy consciente del deterioro social del país y sabe de la clase de líderes espirituales que necesita la gente. A juicio del padre Armando González Escoto "el problema de fondo radica en la condición actual de los seminarios, mismos que requieren de formadores de muy alto nivel. Formadores para la creatividad y la autenticidad, que logren dar respuestas rápidas a las preguntas del hombre actual, capaces de construir nuevas formas de vivir la fe en un mundo que la ha perdido; más que celebradores de impecables ritos, comunicadores de vida, de entusiasmo, de empeño en la transformación integral de una realidad cada vez más deteriorada”. 

miércoles, 18 de abril de 2018

Gaudete et exsultate, la estimulante e incómoda exhortación del papa

Se ha publicado la exhortación del papa Francisco, “Gaudete et exsultate”, Alégrense y regocíjense. Con este documento el Santo Padre llama a la Iglesia a buscar la santidad y purificarse de esa enfermedad que él llama mundanidad espiritual, que había denunciado en Evangelii Gaudium. Sin pretender hacer un tratado de teología espiritual, Francisco nos anima a no perder la meta de la santidad a la que todo cristiano debe llegar. Ya el Concilio Vaticano II había hecho este llamado universal que ahora el papa explica en detalle.

En un lenguaje claro y directo, Francisco nos habla en segunda persona: la santidad también es para ti. “Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad” (n. 15). Nos lo dice porque son los santos quienes hacen creíble y bello el rostro de la Iglesia en el mundo; pero no sólo los santos que forman parte del calendario litúrgico, sino “los de la puerta de al lado”: la madre, la abuela, el vecino o el amigo que nos edifica con su testimonio de vida cristiana y que, aunque falla y tiene sus caídas, se vuelve a levantar para retomar el camino.

Este papa es un reformador. Sabe que las reformas de la Iglesia no se hacen desde grupos cerrados ni de las élites intelectuales; ello lleva solamente a la contaminación ideológica, a la desunión y a la pérdida de la identidad católica. La reforma que Francisco impulsa es desde las periferias, desde los cristianos de a pie. Son los católicos ordinarios los que mantienen la identidad del Pueblo de Dios adorando la Eucaristía, formándose en la catequesis, los que acuden al confesionario, participan en diversas devociones, hacen obras de caridad y rezan. La reforma de la Iglesia se hace impulsando la santidad en el Pueblo como fin último de la fe católica.

Francisco es un papa incómodo. Su incomodidad es saludable porque sabe poner sal en las heridas de la Iglesia para curarlas. Nos ha advertido de las desviaciones del camino de santidad por dos atajos peligrosos y sin salida. El primero es la senda del gnosticismo. Esto es la adoración del conocimiento teológico, bíblico o litúrgico que puede hacernos creer que por ello estamos salvados o que somos superiores a los demás. Sin menospreciar la necesidad de una educación católica en la doctrina, el papa advierte que lo esencial es dejarnos conducir por el Espíritu Santo para encontrar a Dios en Cristo, en la Iglesia, en la carne del hermano necesitado.

La otra ruta peligrosa -advierte- es el del pelagianismo. Como aquel monje del siglo IV llamado Pelagio, que terminó por considerar innecesaria la gracia divina y puso su confianza en las propias fuerzas para llegar a la salvación, también nosotros podemos cometer la misma equivocación. Al vivir obsesionados con los mandamientos, en la ostentación de una liturgia impecable, vanagloriándonos por el prestigio o el triunfalismo de la Iglesia, en la conquista de obras las sociales como si la Iglesia fuera una ONG carente de piedad y oración... estaríamos dando signos de que algunas sombras de pelagianismo se han introducido en nuestra vida espiritual, más confiada en las propias fuerzas y menos apoyada en la misericordia. El papa nos invita a todos a examinar la propia conciencia para reconocer si vamos siguiendo estas vías con olor a soberbia.

La parte central de la Exhortación son las ocho bienaventuranzas del Sermón del Monte, por las que Jesús nos explicó, con simplicidad, cuál debe ser el estilo de vida del cristiano. El discípulo del Señor debe llevar una vida austera con la pobreza de espíritu. Pero también debe cuidar el corazón de lo que ensucia el amor; debe ser un sembrador de paz y de amistad social y debe vivir en una permanente actitud de misericordia. Esta debe ser la gran regla del comportamiento del bautizado. Hay que estar atentos para que las ideologías no nos atrapen, dice el papa, porque hay cristianos que viven su cristianismo llenos de obras sociales pero carentes de oración, gracia y sacramentos; así como también hay católicos muy críticos al compromiso social de los demás, tachándolos incluso de comunistas. El signo de la santidad no son los éxtasis místicos sino vivir en Dios en amor hacia los últimos, que pueden ser los inmigrantes así como los no nacidos.

Francisco no se detiene a explicar los medios tradicionales para crecer en santidad que aconseja la Iglesia, como la recepción de los sacramentos, la escucha de la Palabra o la dirección espiritual. Más bien explica cuáles son las características indispensables para entender el estilo de vida de la santidad: aguantar con paciencia y mansedumbre, la alegría y el sentido del humor, la audacia y el fervor, aprender a santificarnos en comunidad y vivir en constante oración.

En su parte final, el Santo Padre hace alarde de sus buenas dotes de jesuita exhortándonos a practicar el discernimiento espiritual. En una época de tanta distracción que se manifiesta en viajes, tiempo libre y obsesión por la tecnología, el cristiano necesita crear espacios de silencio para escuchar la voz de Dios. Advierte que la vida cristiana es un combate, no sólo contra la propia carne ni contra el espíritu mundano, sino contra el demonio. En una época en que muchos no creen en su existencia ni en su actuación, Francisco nos advierte que el diablo no es un símbolo del mal, sino un ser personal que actúa en el mundo de los hombres para apartarlos del camino de santidad.

‘Gaudete et exsultate’ ofrece a los sacerdotes abundantes puntos de meditación para su vida personal y para sus homilías. Los mensajes desde el púlpito serán, prácticamente, el único vehículo por el que la voz del papa llegará a los fieles. Sin embargo es un documento que merece ser leído, meditado y compartido en todos los grupos parroquiales. Será un fuerte estímulo para vivir sin acomodarnos en una vida tibia o licuada, para ser testigos del Redentor, sal y luz en el mundo.

miércoles, 11 de abril de 2018

Urbano Zea, requiescat in pace

En Ciudad Juárez hay conmoción. Urbano Zea, el atleta, el nadador en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, que ocupa un lugar en el Salón de la Fama deportiva juarense, el buen amigo, esposo y padre de cinco hijos murió de manera repentina. Un infarto hizo que su corazón dejara de latir y con ello muchas personas de esta ciudad quedaron en absoluto desconcierto.

Uno de los grandes misterios que tiene la existencia es que a muchos se les pide suspender la redacción de su vida sin que tengan oportunidad de terminar el párrafo. A media frase deben cortar su inspiración. Quedan así tantas cosas por escribir, asuntos que arreglar, gente para despedir, círculos qué cerrar, una última plegaria para musitar, una esposa y unos hijos para besar. Cayó el telón imprevistamente y no hubo tiempo. Jesús advertía sobre el carácter dramático y fulminante de la muerte cuando dijo: “Estén prevenidos, porque a la hora que menos piensen vendrá el Hijo del Hombre” (Lc 12,40).

En estos días he encontrado a algunos amigos de Urbano. Están francamente impactados. Algunos han empezado a visitar al cardiólogo; otros están haciendo programas de ejercicio físico y otros más están ingiriendo jugo verde por las mañanas. Hay, en el fondo, un miedo a morir súbitamente. Todos sabemos que algún día moriremos, pero el problema es que imaginamos que ese día está lejano todavía. El joven de 18 años piensa que le faltan 80 por vivir; yo, a mis 54 años pienso que, al menos, me quedan otros 30. Mi abuela, que murió a los cien, alguna vez dijo que creía que llegaría hasta los 105. Incluso quien está grave en el hospital no cree que ese día se morirá. Se nos olvida que "boda y mortaja del cielo baja".

Ante la muerte de un amigo relativamente joven pensamos en cambiar nuestras dietas y comprarnos una máquina de ejercicios cardiovasculares. Recuerdo la muerte sorprendente del padre Carlos Márquez, hace unos años, hizo que muchos sacerdotes hiciéramos fila para entrar a consultar al cardiólogo. Eso de darle un mejor cuidado al cuerpo no está mal, ciertamente. Sin embargo poco hacemos por mejorar el alma y tenerla preparada por si Dios nos arrebata la vida en el momento menos esperado.

Damocles, ese cortesano que solía adular de manera exagerada al rey Dionisio de Siracusa en el siglo IV a. C., fue escarmentado cuando el rey le ofreció intercambiar los papeles durante un día. Sentó a Damocles en el trono real y ofreció un espléndido banquete para que gozara como si fuera el monarca. Damocles disfrutó de todos los manjares y de las hermosas mujeres que había pedido. Al final de la bacanal miró hacia arriba y descubrió, que pendía sobre su cabeza, una filosa espada afilada atada por un solo pelo de crin de caballo. A Damocles se le quitó el hambre y pidió al rey abandonar su puesto.

Además de ser como Damocles, conscientes de que hoy puede ser el último día de nuestra vida, los cristianos hemos de vivir con un solo deseo: ser santos. Dice el papa Francisco en su último documento ‘Gaudete et exsultate’: "Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1)”.

Agradezcamos a Dios por la vida Urbano Zea, por los signos de bondad que manifestó en su vida como esposo, amigo, deportista y padre de familia. El papa Bergoglio reconoce que le gusta ver la santidad del pueblo de Dios: "padres que crían con tanto amor a sus hijos, hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, los enfermos, las religiosas ancianas que siguen sonriendo... Esa es muchas veces la santidad 'de la puerta de al lado', de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, ‘la clase media de la santidad’”. (GE, 7)

Tengamos los ojos abiertos para ver esos signos del amor divino en nuestros familiares y amigos difuntos. Pero sobre todo que no nos llegue el sueño de la muerte con el corazón frío, sin obras de amor a Dios y a los hombres. Entonces sí podríamos ser como los peces en el anzuelo atrapados en el tiempo malo, como los pájaros aprisionados por el lazo (Qo 9,12).

El Señor, en su misericordia infinita, conceda a Urbano Zea el perdón de sus faltas para llegar al lugar de la paz perpetua, a los Campos Elíseos de la eternidad, donde sólo descansan los atletas espirituales, los que supieron dar en su vida la buena pelea del amor.

miércoles, 4 de abril de 2018

El documento más polémico de la historia

Este 2018 se cumplen 50 años de la publicación de la encíclica “Humanae vitae”, probablemente el documento papal más controvertido en la historia de la Iglesia. El mundo en 1968 estaba emocionado con la invención de la píldora anticonceptiva. Los matrimonios brincaban de contento: por fin podrían tener relaciones sexuales libres de embarazos no deseados. Se creía que la sobrepoblación del mundo era el peor de los males de la humanidad. Los anglicanos en 1930 ya habían establecido que la anticoncepción podría ser una opción moralmente buena. ¿Qué diría la Iglesia Católica ahora que la ciencia hacía posible que las mujeres dejaran de ovular ingiriendo la pastilla?

Aunque la comisión de obispos y teólogos que asesoraba al papa se inclinaba a favor de la aprobación moral de la anticoncepción, Pablo VI no podía dejar de ser fiel a la enseñanza perenne de la Iglesia. Sabía que la publicación de la encíclica lo enviaría a vivir un verdadero martirio. En efecto, la enseñanza del papa fue duramente rechazada en muchos ambientes católicos por oponerse a los métodos anticonceptivos y por enseñar que el acto conyugal es verdadero y auténtico cuando los esposos cristianos lo realizan con el amor de esposos y con la apertura a la vida.

Los papas posteriores a Pablo VI, hasta el papa Francisco, siguen enseñando que la anticoncepción es inmoral, primero porque rompe deliberadamente los aspectos del amor unitivo y de la transmisión de la vida que se dan a través del acto conyugal. En segundo lugar porque, de esa manera, los esposos se ponen en lugar de Dios para decidir cuándo comienza la vida. Y por último porque la anticoncepción frustra la donación que los esposos hacen de sí mismos cuando hacen el amor; es decir, en un acto conyugal contraceptivo deja de estar implicada la totalidad de la persona.

La rebelión de muchos a las enseñanzas del Magisterio sigue abierta en cuestiones de moral matrimonial. No son pocos los sacerdotes, laicos y hasta obispos que dejan este asunto a la conciencia personal de cada pareja y que consideran arbitraria la doctrina perenne de la Iglesia. Sin embargo cuando los sacerdotes vivimos opuestos al Magisterio en estos temas, les estamos enseñando entonces a los laicos que todo en la Iglesia es cuestionable y que no hay enseñanza sólida. Así, se vuelve opcional creer que María fue virgen o no lo fue; que en la Eucaristía está la presencia real del Señor o que se trata sólo de un símbolo; que las obras de caridad y de justicia son opcionales y no necesarias en la vida cristiana. Disentir de la verdad en cualquier punto de doctrina abre la puerta a la confusión del relativismo.

Después de casi seis décadas de la invención y comercialización de la píldora anticonceptiva los resultados han sido catastróficos para el matrimonio, la familia y la sociedad. Además de las oleadas de adulterios, divorcios e hijos nacidos fuera del matrimonio, los gobiernos han tomado el papel de Dios al controlar las fuentes de la vida humana. Mediante la contracepción y la promoción del aborto legal es el ser humano el que toma la decisión sobre quién debe nacer y quién no. De la misma manera el hombre se adjudica el derecho de decidir cuándo se debe morir, a través de la legalización de la eutanasia.

Pablo VI no visualizó todas las consecuencias de separar las dimensiones unitiva y procreadora del acto conyugal. El papa profetizó la pérdida de respeto del hombre hacia la mujer, la cosificación de ésta al ser tratada como objeto sexual, y la manipulación de los gobiernos a las parejas en su vida sexual para controlar los nacimientos. Pero las consecuencias han llegado hoy hasta la locura con la pérdida de la identidad sexual del ser humano. Lo que comenzó con la separación del amor y la vida en el acto conyugal, ha llevado al hombre a pretender asignar a sí mismo cualquier género distinto al de su propia naturaleza.

El mundo presiona fuertemente para que la Iglesia cambie su moral del matrimonio. Al no poder lograrlo quiere entonces avergonzar a los obispos y sacerdotes para que callen y dejen de predicar la castidad, el aborto como asesinato y la inmoralidad de la contracepción o de los actos homosexuales. Con los escándalos de abusos de ciertos clérigos se pretende que la Iglesia sea más tímida para hablar sobre estos temas. Sin embargo creo que los escándalos sexuales son una de las pruebas más evidentes de que muchos pastores nos hemos alejado de la verdad enseñada por el Magisterio. Por ello es más urgente que nunca redescubrir la belleza de la moral sexual y de la vida, y fomentar una educación en ella, para nosotros mismos, en los Seminarios y para los feligreses. Callar u orientar con nuestras propias opiniones es echar tinieblas sobre el rebaño del Señor.

En estos tiempos que vive el mundo, cada vez más confusos para los católicos, hemos de reconocer que nuestra catequesis sobre estos temas, aún para los matrimonios, ha sido un fracaso o, al menos, insuficiente. Los jóvenes y los matrimonios jóvenes, sobre todo, están hambrientos de que se les diga la verdad y se les eduque en ella. Por eso “Humanae vitae” seguirá siendo un documento como un poderoso faro de luz en la noche de la historia.