miércoles, 4 de abril de 2018

El documento más polémico de la historia

Este 2018 se cumplen 50 años de la publicación de la encíclica “Humanae vitae”, probablemente el documento papal más controvertido en la historia de la Iglesia. El mundo en 1968 estaba emocionado con la invención de la píldora anticonceptiva. Los matrimonios brincaban de contento: por fin podrían tener relaciones sexuales libres de embarazos no deseados. Se creía que la sobrepoblación del mundo era el peor de los males de la humanidad. Los anglicanos en 1930 ya habían establecido que la anticoncepción podría ser una opción moralmente buena. ¿Qué diría la Iglesia Católica ahora que la ciencia hacía posible que las mujeres dejaran de ovular ingiriendo la pastilla?

Aunque la comisión de obispos y teólogos que asesoraba al papa se inclinaba a favor de la aprobación moral de la anticoncepción, Pablo VI no podía dejar de ser fiel a la enseñanza perenne de la Iglesia. Sabía que la publicación de la encíclica lo enviaría a vivir un verdadero martirio. En efecto, la enseñanza del papa fue duramente rechazada en muchos ambientes católicos por oponerse a los métodos anticonceptivos y por enseñar que el acto conyugal es verdadero y auténtico cuando los esposos cristianos lo realizan con el amor de esposos y con la apertura a la vida.

Los papas posteriores a Pablo VI, hasta el papa Francisco, siguen enseñando que la anticoncepción es inmoral, primero porque rompe deliberadamente los aspectos del amor unitivo y de la transmisión de la vida que se dan a través del acto conyugal. En segundo lugar porque, de esa manera, los esposos se ponen en lugar de Dios para decidir cuándo comienza la vida. Y por último porque la anticoncepción frustra la donación que los esposos hacen de sí mismos cuando hacen el amor; es decir, en un acto conyugal contraceptivo deja de estar implicada la totalidad de la persona.

La rebelión de muchos a las enseñanzas del Magisterio sigue abierta en cuestiones de moral matrimonial. No son pocos los sacerdotes, laicos y hasta obispos que dejan este asunto a la conciencia personal de cada pareja y que consideran arbitraria la doctrina perenne de la Iglesia. Sin embargo cuando los sacerdotes vivimos opuestos al Magisterio en estos temas, les estamos enseñando entonces a los laicos que todo en la Iglesia es cuestionable y que no hay enseñanza sólida. Así, se vuelve opcional creer que María fue virgen o no lo fue; que en la Eucaristía está la presencia real del Señor o que se trata sólo de un símbolo; que las obras de caridad y de justicia son opcionales y no necesarias en la vida cristiana. Disentir de la verdad en cualquier punto de doctrina abre la puerta a la confusión del relativismo.

Después de casi seis décadas de la invención y comercialización de la píldora anticonceptiva los resultados han sido catastróficos para el matrimonio, la familia y la sociedad. Además de las oleadas de adulterios, divorcios e hijos nacidos fuera del matrimonio, los gobiernos han tomado el papel de Dios al controlar las fuentes de la vida humana. Mediante la contracepción y la promoción del aborto legal es el ser humano el que toma la decisión sobre quién debe nacer y quién no. De la misma manera el hombre se adjudica el derecho de decidir cuándo se debe morir, a través de la legalización de la eutanasia.

Pablo VI no visualizó todas las consecuencias de separar las dimensiones unitiva y procreadora del acto conyugal. El papa profetizó la pérdida de respeto del hombre hacia la mujer, la cosificación de ésta al ser tratada como objeto sexual, y la manipulación de los gobiernos a las parejas en su vida sexual para controlar los nacimientos. Pero las consecuencias han llegado hoy hasta la locura con la pérdida de la identidad sexual del ser humano. Lo que comenzó con la separación del amor y la vida en el acto conyugal, ha llevado al hombre a pretender asignar a sí mismo cualquier género distinto al de su propia naturaleza.

El mundo presiona fuertemente para que la Iglesia cambie su moral del matrimonio. Al no poder lograrlo quiere entonces avergonzar a los obispos y sacerdotes para que callen y dejen de predicar la castidad, el aborto como asesinato y la inmoralidad de la contracepción o de los actos homosexuales. Con los escándalos de abusos de ciertos clérigos se pretende que la Iglesia sea más tímida para hablar sobre estos temas. Sin embargo creo que los escándalos sexuales son una de las pruebas más evidentes de que muchos pastores nos hemos alejado de la verdad enseñada por el Magisterio. Por ello es más urgente que nunca redescubrir la belleza de la moral sexual y de la vida, y fomentar una educación en ella, para nosotros mismos, en los Seminarios y para los feligreses. Callar u orientar con nuestras propias opiniones es echar tinieblas sobre el rebaño del Señor.

En estos tiempos que vive el mundo, cada vez más confusos para los católicos, hemos de reconocer que nuestra catequesis sobre estos temas, aún para los matrimonios, ha sido un fracaso o, al menos, insuficiente. Los jóvenes y los matrimonios jóvenes, sobre todo, están hambrientos de que se les diga la verdad y se les eduque en ella. Por eso “Humanae vitae” seguirá siendo un documento como un poderoso faro de luz en la noche de la historia.