sábado, 31 de marzo de 2018

Diócesis con olor a Pascua

Hicimos hace unos días en Catedral la ceremonia de los ritos de recepción en la Iglesia a los catecúmenos. Siete candidatos venidos del paganismo -entre ellos un ex mormón- tocaron a nuestras puertas pidiendo ser admitidos para formar parte de la comunidad católica. En diversas parroquias de la diócesis sucedió lo mismo: personas que naufragaban en las aguas de la muerte se bautizaron en la noche de la Pascua para subir a la barca de la Iglesia y navegar hacia la salvación traída por Jesucristo.

Los que tenemos el privilegio de haber sido bautizados jamás nos cansemos de dar gracias a Dios por pertenecer a esta Iglesia que Jesús compró a precio de su sangre. Jesús ha resucitado y ha abierto las puertas del cielo para aquellos que lo seguimos. En nuestro camino hacia la Pascua eterna del Cielo nos llena la esperanza de ser recibidos por los santos. ¿Y quiénes nos recibirán en la gloria? En primer lugar saldrán a nuestro encuentro aquellos que crucificaron a Jesús en el Calvario; nos dará la bienvenida el ladrón arrepentido y el centurión romano. Ellos, quienes crucificaron a Jesús, fueron los primeros en ser salvados, para que así permaneciera, por los siglos infinitos, el testimonio de la grandeza de la misericordia y la bondad del Señor.

En los días previos a la Pascua, en un conmovedor espectáculo de fe y conversión, miles de católicos de Ciudad Juárez acudieron a los confesionarios. El martes pasado los sacerdotes también tuvimos nuestra jornada penitencial donde nos escuchamos unos a otros para ser absueltos de nuestros pecados. “¿Acaso seré yo, maestro?” Ninguno de nosotros quiere ser un judas en la Iglesia.

¿Nos hemos puesto a pensar que todos los bautizados, especialmente quienes vivimos de la fe, somos el premio que el Padre Celestial otorgó a su Hijo Jesucristo como fruto de su Pasión y Muerte? Ni más ni menos dice Dios por boca de Isaías: “Le daré como premio una multitud... por haberse entregado a la muerte y haber compartido la suerte de los pecadores” (Is 53,12). Somos nosotros, los hijos de Dios dispersos, que Dios Padre entrega a su Hijo como fruto precioso de la Pascua.

A partir de hoy, día de la Resurrección del Señor, más niños de Ciudad Juárez serán llevados a los bautisterios de las parroquias para ser bautizados; miles de niños en la diócesis recibirán a Jesús en la Eucaristía por primera vez. El obispo Guadalupe Torres confirmará a cientos de jóvenes y otras cientos de parejas contraerán matrimonio en el Señor. En Catedral este lunes de la octava pascual celebraremos el sacramento del Matrimonio para 33 parejas que decidieron dejar el pecado y vivir más cristianamente. Todos estos sacramentos tienen su origen en el costado abierto del Redentor, en la carne sagrada traspasada, de donde brotó sangre y agua. La diócesis aspira el perfume de la Pascua.

Movimientos diocesanos, iniciativas pastorales, fervor de las religiosas, grupos parroquiales, sacerdotes celosos por Dios, devoción en las familias, pequeñas comunidades cristianas... todo habla de aquel misterioso fuego que Jesús vino a traer sobre la tierra, de aquel bautismo que angustiaba al Redentor mientras no se cumplía (Lc 12,49-50); fuego del Espíritu que sigue sumergiendo en el amor divino a quienes se acercan a beber de las fuentes de la salvación.

Solamente quien tiene ojos mezquinos se repliega en su amargura, como Judas Iscariote, que al ver a María de Betania derramar el perfume de nardo sobre la cabeza y los pies de Jesús, criticó la aparente inutilidad del gesto. Abramos bien los ojos para captar cuánta gracia Dios derrama a nuestro alrededor, aquí en nuestra Diócesis de Ciudad Juárez, en tantas parroquias, familias y comunidades religiosas. “Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión los confines de la tierra” (Sal 2, 8). Gocémonos en la alegría de ser el premio del Padre a su Hijo, el fruto más precioso de la Pascua del Señor. ¡Felices fiestas de Resurrección!

martes, 27 de marzo de 2018

Confesionario sin absolución: una pareja gay quiere bautizar a un niño

La pregunta: padre, sabe que una amiga me platicó ayer que conoce a una pareja gay que son esposos (pues para mi sorpresa tienen un hijo en adopción; yo no sabía que ya podían adoptar, la adopción la hicieron en la ciudad de Torreón). El punto es que ellos quieren bautizar al niño y llevarlo a Misa, inculcarle la religión católica, pero ellos temen ser rechazados en la Iglesia o por un sacerdote y que no sea aceptado el niño; creo que tiene seis años, pero lógicamente no está bautizado. ¿Qué se podría hacer?

Padre Hayen: en primer lugar no existe en la Iglesia un consenso sobre la admisión de los niños al bautismo por parte de parejas homosexuales. No hay normas escritas sobre el asunto, y la admisión del niño depende del juicio de cada párroco, quien es el responsable de administrar los sacramentos en su parroquia.

El derecho canónico señala que para poder bautizar a un niño es necesario tener el consentimiento de los padres, o al menos de uno de los dos. También dice que debe haber esperanza fundada de que el niño será educado en la fe católica. Si falta esta esperanza, el bautismo debe diferirse, haciéndolo saber a sus padres.

Si te fijas bien, el Código de Derecho Canónico no pone ningún requisito que se refiera a la calidad moral de los padres. Si los padres viven en una relación contraria a las enseñanzas de la Iglesia, el Derecho Canónico no prohíbe solicitar el bautizo del hijo. Hay muchos padres que viven en unión libre y muchos otros que sólo tienen el matrimonio civil. Otros más son divorciados vueltos a casar que quieren bautizar a sus pequeños. Hay madres solas que piden el bautismo de sus hijos. En ninguna de estas situaciones se puede negar el bautismo, con tal de que esté garantizada la educación cristiana del hijo. Una pareja de homosexuales con hijos adoptados evidentemente vive también en contradicción con las enseñanzas de la Iglesia. ¿Se les podrá negar a ellas el bautismo de un niño?

El criterio de la Iglesia es no castigar al hijo por la conducta de los padres. El hecho de que los padres vivan en unión ilegítima no debe impedir que los hijos tengan acceso a las fuentes de la salvación. Es más, la Iglesia ni siquiera exige, para bautizar a un niño, que los padres estén bautizados. Así que por abrir las puertas de la salvación, la Iglesia no puede negar el bautismo a quienes soliciten este sacramento para sus hijos.

Ahora bien, el segundo requisito es que debe haber cierta garantía de que el niño será educado cristianamente. Es claro que quienes viven en situaciones irregulares, como los divorciados, los que viven en unión libre o las madres solas, no están dando un buen ejemplo a sus hijos. Con mucha más razón dos hombres o dos mujeres que son pareja, pues viven en una relación contraria al plan de Dios. Sin embargo en todos estos casos es posible una educación cristiana.

El párroco debe hablar con los padres, o con la pareja del mismo sexo, y debe animarlos a vivir una vida cristiana según el Evangelio. Con toda caridad y comprensión, buscando ayudar a esas parejas, hay que exponerles que su estilo de vida es contrario a las enseñanzas de la Biblia y de la Iglesia, y que el niño quedará confundido cuando reciba su catequesis sobre el sacramento del matrimonio, el cual es exclusivo entre un hombre y una mujer. Es una oportunidad también para que el sacerdote intente acercar a esas personas a Dios. Si el párroco no tiene esperanzas fundadas o garantías de la educación cristiana del niño, el bautismo puede ser diferido legítimamente.

Si no es a través de los papás, ¿cómo puede un párroco tener garantías de la educación cristiana del niño? Es aquí donde tienen los padrinos un rol importante. Ellos son los garantes de la educación cristiana del infante. La función de los padrinos es presentar al niño que recibirá el bautismo y procurar que después éste lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones que conlleva este sacramento. Los padrinos hacen las veces de padre y de madre, por lo que debe haber un solo padrino y una sola madrina. Los padrinos deben de ser católicos, estar confirmados y deben haber hecho la primera Comunión. Pero también se les pide que lleven una vida cristiana congruente con la misión que van a asumir.

Las situaciones en que viven las personas que quieren bautizar a sus hijos pueden ser muchísimas y ello hace que estas normas del Derecho Canónico sean difíciles de aplicar. Mientras que no existan disposiciones de derecho particular para admitir al bautismo a niños llevados por parejas de homosexuales, es decir, mientras que no haya normas de las conferencias episcopales o de las diócesis particulares al respecto, será el criterio del párroco el que prevalezca para proceder al bautismo o diferirlo.

Recordemos siempre que la Iglesia no es un museo de santos, o de gente impecable, sino que es un camino para que los pecadores y tantas personas heridas se vayan curando, y poco a poco se conviertan, con la gracia de Dios, en santos. Llevándolos a todos a Jesucristo y ayudándoles a vivir en sus leyes divinas y en sus enseñanzas inmutables, la Iglesia muestra su maternidad para todos.

Espero haber sido suficientemente claro. Gracias por tu pregunta y que Dios te bendiga.

jueves, 22 de marzo de 2018

Diáconos y sacerdote a imagen de san José

De izq. a der. Gustavo, J. Figueroa, J. Martínez, Felipe y Ricardo
El lunes 19 de marzo recibieron las órdenes sagradas del diaconado Felipe Ramos, Gustavo Balderas, Jesús Figueroa y Jesús Martínez. Además Ricardo González fue elevado al orden de los presbíteros. Un alfiler ya no cabía en la Catedral. En una bella y emotiva ceremonia de dos horas veinte minutos,  en la que asistió la mayor parte del presbiterio y donde el coro del padre Héctor Aguilar lució las mejores galas del repertorio de David Moreno, los nuevos ministros se vieron alegres y emocionados. Tan viva fue la sensibilidad del nuevo padre Ricardo, que se le vio derramar copiosas lágrimas mientras el colegio de los presbíteros desfilaba ante él para el besamanos.

Durante la misa de ordenación estaba discreta, junto al ambón y al lado de la imagen de la Virgen de Guadalupe, una bella y tierna imagen de san José, a quien abrazaba su niño Jesús. Quienes se van integrando al clero diocesano, y quienes ya somos parte de él, hemos de contemplar con frecuencia al patriarca de la Iglesia para imitar sus virtudes, pues Jesús lo tuvo como modelo de padre, y de él aprendió a ser verdadero hombre. Imitándolo haremos nuestra vida sacerdotal más humana y más de Dios.

Entre las devociones a san José, están los siete domingos previos a la fiesta, en la que la Iglesia medita sus dolores y gozos. La vida de san José enseña a los sacerdotes que el ministerio está entretejido de alegrías y penas, y que la vida sacerdotal no es miel sobre hojuelas. Encontramos muchos momentos de luz, sobre todo cuando celebramos los sacramentos y en el contacto con la Palabra de Dios; pero también hallamos el sufrimiento todos los días tocando las heridas del pueblo cristiano y en la constatación de nuestras propias miserias, contra las que hemos de combatir. El padre adoptivo de Jesús nos enseña a mantener el equilibrio y la serenidad espiritual, fuera de la exaltación descontrolada y de las tristezas depresivas.

La mirada de san José hacia la Virgen María fue de profundo amor y delicadeza. El santo enseñó a Jesús a relacionarse con todos, hombres y mujeres, en el respeto absoluto a la dignidad de cada persona, y a querer a todos con un amor limpio. Cuando José pasó por la crisis de saber que su esposa estaba encinta, pensó repudiarla en secreto, en un respeto delicado hacia ella. San José nos enseña a dominar la ira y la lujuria como dos pasiones que pueden empañar la vida sacerdotal y que impiden que los demás puedan ver en nosotros la presencia de Dios.

A los sacerdotes nos cuesta, a veces, escrutar y obedecer a la voluntad de Dios que se manifiesta a través del cumplimiento de los deberes propios de nuestro ministerio y de la autoridad del obispo. José fue un hombre justo en sus relaciones con Dios, hombre de oración que recibió la misión de custodiar a su familia. Poco a poco comprendió que su esposa y su hijo debían de sufrir mucho, dentro de un misterioso plan divino. Sin embargo supo que en todo Dios actúa y él debía descubrir la voluntad del Señor en su vida. José era piadoso israelita que cuidaba su relación con Dios. No podemos los sacerdotes dejar de orar con la Liturgia de las Horas y de gastar tiempo en oración personal delante de Dios; de lo contrario cuando lleguen momentos de tentación o de crisis, los cambios parroquiales y las nuevas encomiendas, no podremos superar los nuevos desafíos.

Custodiar a la familia de Dios, a la comunidad parroquial, defendiéndola de todos los peligros. ¡Qué grande es la misión del sacerdote! Mirar a san José que prudentemente toma al niño y lo lleva a Egipto para protegerlo de Herodes, es lo que debe hacer todo esposo y padre, ante las amenazas de los poderes herodianos y de las ideologías del mundo. La formación, la catequesis, la denuncia del pecado y la promoción de las virtudes es lo que el sacerdote debe fomentar en su comunidad para evitar que los fieles cristianos sean presa fácil de los lobos de nuestros tiempos.

De sacerdotes perezosos líbrenos Dios. San José se nos presenta como modelo de laboriosidad, de entrega apasionada en el cumplimento del deber, de hacer bien las cosas en su taller de Nazaret, de ser responsable y puntual, de entregar los trabajos bien hechos. En este esfuerzo hemos de vivir los sacerdotes, porque al cura que no tiene qué hacer, el diablo se encarga de decirle qué hacer.

Cada vez le tomo más cariño a san José. Él nos enseña a que los sacerdotes seamos verdaderos hombres, esposos y padres de nuestras comunidades. Es un gran modelo para renovar lo mejor de nuestra alegría sacerdotal, y para ayudar a recuperar la importancia que tiene nuestra paternidad espiritual en la vida social. Oremos para que Gustavo Balderas, Jesús Martínez y Jesús Figueroa, Felipe Ramos y Ricardo González, que han sido ordenados ministros sagrados de nuestra Iglesia diocesana, sean alegría para las comunidades a las que han sido asignados para servir, y brillen como sus custodios y verdaderos padres.

miércoles, 21 de marzo de 2018

El padre Solalinde y "La niña bien"

Escena del video “La niña bien”. 
Hace unos días circuló de manera viral por redes sociales el video “La niña bien” en la que una chica llamada Almudena Ortiz Monasterio, danza sensualmente y canta dentro de una iglesia, invitando a votar “por ya sabes quién". El video muestra a un sacerdote (actor) y varios monaguillos que danzan con ella al ritmo de reguetón. Hay un momento en que se da la sagrada Comunión a la chica y ella la rechaza. Sin duda, el video es una blasfemia que mezcla el baile, la música y la sensualidad con lo más sagrado de la Iglesia católica, que son los sacramentos. ¿Fueron el PRI y el PAN que quisieron escandalizar a los católicos para no votar por Morena? No lo sabemos. ¿Fue Morena quien lo produjo y lo lanzó a las redes sociales para atraerse el voto de los estudiantes de clase media y alta? Tampoco lo sabremos. Quien lo haya hecho, no cabe duda, es una mente depravada que aprovecha las turbulentas aguas de la política mexicana para conseguir oscuros intereses y, al mismo tiempo, ofender a los católicos.

Lo que sí es un motivo de escándalo es que un sacerdote como el padre Alejandro Solalinde, haya publicado en su cuenta de Twitter lo siguiente: "Genial, Almudena Ortiz Monasterio, el Jesús oficial y los fariseos de hoy están escandalizados! Pero el Jesús real está muerto de risa! Y siguiendo el ritmo de jóvenes valientes y creativas como tú. Con jóvenes y mujeres como tú, si cambiamos México!” El mensaje del padre confunde a muchos católicos; es un desprecio a la piedad y los sacramentos, y una afirmación de que el verdadero cristianismo está en el activismo político y social, lejos de la hipocresía de los templos. Un ministro de culto que aplaude la blasfemia quizá necesite recuperar el sentido de lo sagrado, el respeto a los obispos y a sus hermanos sacerdotes, la devoción, la vida interior, el celo por la casa de Dios y la alegría de ser dispensador de los tesoros de la gracia divina. Oremos por él.

miércoles, 14 de marzo de 2018

El exorcismo mayor

Giotto: “Expulsión de demonios en Arezzo” (detalle) 
En días pasados el Señor me concedió estar presente en un exorcismo mayor. Fue un regalo de Dios. Dejo claro que yo no fui el sacerdote que lo realizó, ni tampoco tengo el nombramiento para hacerlo. Estuve ahí simplemente porque fui invitado a hacer oración de intercesión por la persona poseída, junto con un grupo de laicos, un exorcista que presidió el rito y otro más que fungió como su auxiliar. La experiencia fue fuerte y agotadora para todos. Dos horas y media en oración nos dejó con una buena dosis de cansancio, pero con la alegría de haber colaborado con Jesucristo en la curación de llagas muy dolorosas dentro de su Iglesia.

La diócesis en la que estuve ha logrado implementar una pastoral bastante completa de exorcismos y liberación, con exorcistas nombrados por el obispo y laicos preparados para auxiliarles. No describiré aquí lo que mis ojos vieron. ¿Para qué sirve la vana curiosidad? El que quiera saber qué sucede durante un exorcismo, puede alquilar una película sobre el tema para dar satisfacción a su deseo de sensacionalismo.

Muchas personas se preguntan por qué los espíritus malignos, o demonios, pueden llegar al grado de alterar la vida de una persona, poseyéndola. La primera respuesta es por el odio que Satanás y sus ángeles tienen a Dios. Como no pueden aniquilarlo, su odio también lo dirigen a la imagen de Dios en la tierra, que es el hombre. Por eso san Pedro advertía: "Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo firmes en la fe” (1Pe 5,8-9).

La segunda respuesta es porque el alma humana es el campo que vive en permanente disputa entre dos reinos contrarios: el reino de Jesucristo y el reino de Satanás. San Pablo en su Carta a los Efesios dice que “Nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio” (Ef 6,12). Se trata de una lucha que inició apenas el hombre fue creado, ya que después de que el diablo no pudo devorar al Niño, “enfurecido contra la Mujer, se fue a luchar contra el resto de su descendencia, contra los que obedecen los mandamientos de Dios y poseen el testimonio de Jesús” (Ap 12,17).

El agua y la sal bendita se emplean durante el exorcismo
La persona a la que le hicieron el exorcismo que me tocó presenciar llegó en sus cinco sentidos a la cita con el exorcista; no mostraba signos de alteración, sino que saludó a todos amablemente. Demonios la perturbaban porque ella misma lo permitió, participando en actividades esotéricas. Una vez que inició el rito perdió la conciencia y una segunda personalidad se manifestó, hablando y actuando a través de su cuerpo. Concluido el exorcismo, la persona recobró su personalidad amable y encantadora que tenía, antes de que iniciaran los conjuros. No pensemos, pues, que un poseso es una persona permanentemente perturbada. Cuando se hacen los ritos exorcísticos surge el, o los demonios, y queda oculta su auténtica personalidad.

El exorcismo mayor es un acto litúrgico de la Iglesia, acción sagrada del Cuerpo de Cristo. A diferencia de los hermanos evangélicos que carecen de sacerdotes, y que sólo utilizan la Biblia para exorcizar; o peor aún, a diferencia de tantos pseudo exorcistas que con actos esotéricos intentan expulsar al Maligno, la Iglesia Católica ha establecido un ritual de exorcismos con normas muy concretas para echar fuera a los demonios. Fue publicado por la Congregación para la Disciplina de los Sacramentos en 1999.

El exorcismo es un sacramental, es decir, un signo sagrado que ha sido creado por la Iglesia para preparar a la recepción de los sacramentos. Muchos posesos son personas que, durante el tratamiento de los exorcismos, aprenden a vivir de la fe en Jesucristo, se confiesan y comulgan, oran y se alimentan de la Palabra de Dios. Si el Señor ha permitido que Satanás tenga algún influjo sobre ellos, es porque Dios sabe utilizar al Enemigo para sus divinos planes y obtiene, muchas veces en los posesos y sus familias, un crecimiento espiritual muy firme y adelantado.

Durante el exorcismo mayor pude escuchar oraciones como las letanías de los santos, salmos, súplicas a Dios y oraciones imperativas al diablo que sólo el exorcista pronunció. Es peligroso que un sacerdote no autorizado por su obispo para hacer exorcismos, y menos los laicos, den órdenes al demonio. Estas personas pueden verse luego seriamente perturbadas con influjos diabólicos como son obsesiones o depresiones severas. El gran exorcismo al que asistí se caracterizó por una gran piedad de los exorcistas y del equipo de laicos, por una gran humildad, obediencia a las normas de la Iglesia y armonía entre todos. Terminado el exorcismo, sólo vi rostros radiantes de paz y alegría.

Crece el número de personas perturbadas por la acción extraordinaria del Maligno. Es un fenómeno en muchas diócesis. Pidamos al Señor que se apiade del pueblo que sufre, nos conceda la conversión y nos libre de nuestros enemigos.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Confesionario sin absolución: los hombres que se me acercan quieren otra cosa

La pregunta: Padre, buen día. Tengo una pregunta. Hace 15 años me embaracé (sin estar casada). Entendí, desde ahí, que lo más correcto hubiera sido esperar al matrimonio para tener los hijos. Comprendí que me equivoqué. Desde entonces he tratado de hacer las cosas correctamente. He tenido varios novios, pero cuando me doy cuenta de que ellos no quieren un compromiso serio, porque no creen en el matrimonio o porque ya fueron casados por la Iglesia, entonces prefiero salir de la relación. Mi interés es hacerlo bien y llegar al matrimonio frente al altar. ¿Será que a nadie le gusta casarse, o me estoy quedando anticuada al expresar que si no hay matrimonio, no hay más?

Padre Hayen: gracias por compartir tu situación. Siento decirte que eres una víctima de la revolución sexual. Sí, te equivocaste, y te explicaré por qué. Desde hace unos 60 años comenzó esta revolución sexual, la cual es una nueva forma de concebir la sexualidad. Al aparecer la píldora anticonceptiva en el mercado, las parejas sacaron de contexto el acto sexual de su ambiente adecuado, que es el matrimonio. El sexo comenzó a verse como un acto solamente que servía para unir a las parejas, pero quitándoles la apertura a la vida. La consecuencia es que hoy el acto sexual se vuelve algo superficial, como simple forma de diversión o de hacer deporte.

Sin embargo el acto sexual tiene una dignidad altísima porque a través de él se crean nuevas personas que entran en la vida. Por ello sólo el matrimonio es el contexto adecuado para realizarlo. Por eso la Iglesia lo llama ‘acto conyugal’. Fuera del matrimonio se convierte en un juego que despersonaliza y retrasa la madurez de las personas. Desafortunadamente, por tu equivocación, nació un niño sin padre y tú te quedaste solita para sacarlo adelante. Quiérelo mucho porque ese niño es tan amado por Dios como tú y como yo. Eso sí, aprendiste la lección de manera dolorosa.

Los varios novios que has tenido y que te piden que te entregues a ellos en la cama, sin querer asumir la responsabilidad que de ello puede derivarse, son también víctimas del ambiente de sexo desenfrenado en que vivimos. Ellos quieren seguir jugando con las mujeres, sin estar dispuestos a asumir la parte de sacrificio que lleva el entregarse a una mujer y a unos hijos para toda la vida. Personas así, con esa inmadurez psicológica, no deberían de contraer matrimonio. Sólo quien está dispuesto a jugarse la vida contigo hasta que la muerte los separe, y jurándote amor frente a un altar, merece que te entregues a él en cuerpo y alma. De lo contrario, sólo estarás permitiendo que un hombre juegue contigo, te utilice por un rato, y luego te aviente lejos, probablemente con un segundo hijo en tus brazos. No mereces esto, ni tú ni tu hijo, ni un segundo hijo que pudiera venir.

¿Será que a los jóvenes no les gusta ya casarse? En efecto, a muchos les da miedo un compromiso estable y para toda la vida. Así lo está demostrando la caída de los matrimonios cristianos. De esa manera retrasan su madurez humana y cristiana, y se quedan sin conocer lo que es el amor verdadero. Sigue con tu manera de pensar, que vas por buen camino, y que pronto encuentres a alguien que te quiera, en serio. Que la Virgen te conceda sabiduría y fortaleza.