jueves, 15 de noviembre de 2018

Ocho signos de los predestinados al Cielo

Todos estamos llamados a llegar a la cima,
aunque no todos hacen el esfuerzo
Este domingo se abre un escenario maravilloso y terrible. La Palabra divina nos transporta hacia el fin del mundo con la segunda venida de Jesucristo. Antes de subir al Padre, el Señor dijo que regresaría como Redentor y Señor del mundo. Ello llena de sentido nuestra historia porque la humanidad no es un tren que viaja sin dirección, sino que tiene una última estación. El final de la aventura humana no será el regreso al caos, sino el encuentro con aquel que es el principio y el cumplimiento de todas las cosas.

La Iglesia nos invita a no tener miedo, sino una gran confianza porque nuestras vidas están en las manos del Señor. ¿Qué podemos hacer para salvarnos? Hemos de tener un regalo hermoso que para podernos salvar: el don de la perseverancia final. Esto quiere decir que es necesario persistir en el ejercicio del bien a pesar de la molestia que su prolongación ocasione. No es que no podamos pecar en nuestra vida; pecadores somos todos. Pecar es humano, pero perseverar en el pecado es diabólico. Sin embargo la perseverancia final no sólo es una virtud del hombre, sino un regalo de Dios que hemos de pedir con frecuencia, y esto es que nos encontremos en estado de gracia en el momento de la muerte.

Todos estamos predestinados para ir al Cielo, lo que significa que Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tim 2, 3-4), porque Jesús murió por todos. Sin embargo al cielo no todos llegan; solamente van los que libremente abren su alma a Jesucristo y perseveran en la vida nueva que él nos trajo. Salvarse, entonces, es el gran regalo de Dios y responsabilidad del hombre. Antonio Royo Marín nos dice cuáles son signos de que estamos en el camino de la predestinación al cielo. Si perseveramos en ellos, con la gracia de Dios, llegaremos a la  meta.

Primero: Vivir habitualmente en la gracia de Dios. Solamente el pecado puede arrebatarte la perseverancia final. Dice Pablo "El Espíritu da testimonio de que somos hijos De Dios, y si somos hijos, también herederos". En cambio, no hay ninguna otra señal más clara de condenación eterna como vivir habitualmente en pecado mortal, sin preocuparse ni poco, ni mucho, en salir de él.

Segundo: Tener espíritu de oración. Si oras habitualmente, Dios te dará el don de la perseverancia final. San Alfonso María Ligorio decía que "el que ora se salva ciertamente, y el que no ora, ciertamente se condena". Excepto los niños, todos Los Santos se salvaron porque oraron, y todos los condenados se condenaron por no haber orado. ¡Qué espantosa desesperación para un condenado es saber que la salvación era algo tan fácil si hubiera orado!, porque a quienes oran Dios les concede siempre sus gracias.

Tercero: Cultivar la verdadera humildad. Es la base de las demás virtudes. Santiago dice que "Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes" (St 4, 6). Jesús perdonó al instante a toda clase de pecadores, ladrones, adúlteros, pero rechazó el orgullo y la obstinación de los fariseos. ¡Cuántos que se creían superhombres y que no quisieron inclinarse ante Dios pagaron caro su orgullo, muriendo sin los sacramentos y con manifiestas señales de reprobación!

Cuarto: Paciencia cristiana ante la adversidad. El futuro condenado se desespera cuando le salen mal las cosas y se atreve echarle la culpa a Dios como el que lo descalabra. El paciente, en cambio, sabe reaccionar y acepta con paciencia las pruebas que Dios permite que vengan sobre él. Pablo dice que "seremos herederos De Dios y coherederos de Cristo padeciendo con él para ser glorificados con él" (Rom 8, 17).

El tren de la humanidad se dirige hacia la última estación
de la historia
Quinto: Ejercitarse en la caridad con el prójimo. "No apartes el rostro de ningún pobre, y Dios no lo apartará de ti... Con esto atesoras un depósito para el día de la necesidad, pues la limosna libra de la muerte y preserva de caer en las tinieblas" (Tob 4) Si esto se dice de las ayudas materiales, con mayor razón de las espirituales, como es convertir a un pecador o llevarlo al encuentro con Jesús. "Si alguno de ustedes se extravía de la verdad, sepa que quien convierte a un pecador salvará su alma de la muerte y cubrirá la muchedumbre de sus pecados" (Sgo 5, 19-20).

Sexto: Un amor sincero y entrañable a Jesucristo. Es una señal segura y eficaz de predestinación al cielo. "Todo el que mi Padre me da viene a mí, y al que viene a mí yo no lo echaré fuera" (Jn 6,37). Y de su presencia en la Eucaristía dijo: "El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna yo lo lo resucitaré en el último día" (Jn 6, 54).

Séptimo: La devoción a la Virgen María. El rezo frecuente de Rosario es señal de predestinación. Es moralmente imposible que la Virgen deje de atender en sus últimos momentos a aquel que durante largos años la invocó todos los días repitiendo cincuenta veces: "Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte".

Octavo: Un gran amor a la Iglesia. Es la dispensadora de la gracia y de la verdad. Los Santos se llenaban de inmenso gozo al pensar que eran hijos de la Iglesia, y sentían hacia ella todo el respeto y el amor de un hijo para con la mejor de las madres. La falta de respeto y de veneración a la Iglesia, como burlas y blasfemias, es una gran señal de reprobación.

Tratemos de ir reuniendo, en nuestra vidas, estas ocho señales de predestinación al cielo. Cuantas más tengas en el alma, más fuerza tendrás. Si las tienes todas puedes tener la esperanza firmísima de que perteneces al número de los predestinados a la gloria.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Confesionario sin absolución: soy casado y contacté a mi ex novia por Facebook

La pregunta: Padre, soy un hombre de 52 años y 26 años de casado con una linda mujer que me quiere mucho y yo a ella también. Hace más de medio año busqué yo por Facebook una novia que quise mucho hace 23 años, y resulta que la encontré. Ella se alegró mucho de que yo la encontrara y así me contó su vida. Ella está casada por la Iglesia y me platica que su actual marido fue también compañero y amigo cuando estudiábamos. Se sintió muy feliz de que yo la haya buscado. Me proporcionó su WhatsApp. Una noche, en pleno sueño, me puse a hablar de ella y mi esposa me despertó preocupada. Fui sincero y le platiqué lo ocurrido. Me di cuenta de que la lastimé en sus sentimientos. Mi duda es si continuar con esa relación de mensajes o si ya no le contesto nada. En estos días mi ex novia me ha llamado por el celular y por Messenger y no he contestado. Ayúdeme por favor padre a cerrar esta puerta que yo abrí. Gracias.

Padre Hayen: Te llamarán orate si decides continuar con esa relación de mensajes que te colocan en el tentadero. Hoy las redes sociales se han convertido en la pesadilla para muchos matrimonios. Son infinidad de parejas que entran en serios conflictos, y hasta separaciones incluso, porque uno de los dos entabló relación con una persona que era una tentación para él. Hay personas en la vida que no se debe de contactar jamás, como por ejemplo una ex novia, o personas con las que hubo contacto sexual en el pasado, o amistades provocativas. ¿Te invita a comer una compañera de trabajo para contarte sus penas? Ni te le arrimes. Recuerda que estás casado y, si abriste esa puerta por imprudencia, ahora ciérrala por prudencia. Puedes bloquearla en tus redes sociales o cambiar de celular. Piensa en todos los años que has invertido en este gran proyecto que es tu familia y tu matrimonio, como para ponerlo en riesgo. Lo mejor es huir de la tentación siempre. Lo que suele iniciar con un simple saludo y un cómo estás, puede terminar convirtiéndose en un incendio de abrasadoras pasiones adúlteras que se vuelven incontrolables. Ello podría arruinarte la vida, la de ella y la de ambas familias. Te aconsejo cambiar de número celular, y utilizar la opción `bloquear´ en tu Facebook para no volver a saber nada de tu ex novia. Ni la estopa entre tizones, ni la mujer entre varones.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Matar, drogar y amordazar

Todo gobierno tiene el deber de buscar el bien común, sobre todo de las personas más desprotegidas y vulnerables. Es un principio elemental de doctrina social, y es lo que da sentido al quehacer de la política. El Evangelio de este domingo nos muestra dos modos de hacer el bien, profundamente diversos entre sí. Encontramos a los ricos que arrojan muchas monedas en las alcancías del templo para hacerse notar y agradar a los hombres. Hallamos también a la viuda pobre que sólo da, en dos moneditas, todo lo que tenía para vivir. Así agradaba a Dios. El primer estilo es elogiado por Jesús, mientras que el otro es condenado. Es un argumento de máxima importancia porque, al final de la vida, los hombres y los gobiernos serán juzgados por las obras buenas que hayan realizado.

Los hombres y mujeres de la política no sólo tienen el deber de hacer el bien, sino de evitar los males para la sociedad. El gobierno federal electo, hoy está proponiendo cuatro iniciativas que dañarán severamente al país, y que ponen en peligro la vida y el futuro de las personas más vulnerables y frágiles de México. Con la modificación del Código Penal Nacional se pretende la despenalización del aborto en todo el territorio nacional, es decir, se quiere conceder la libertad a los padres para que puedan matar a sus hijos. Además se pretende legalizar la eutanasia, permitiendo que los hijos puedan asesinar a sus padres en la última etapa de la vida.

También está sobre la mesa la despenalización de la mariguana para uso con fines recreativos, lo que atenta contra la salud y el porvenir de los jóvenes mexicanos y contra la estabilidad y la paz en las familias. Por último se quiere imponer una extraña ley mordaza, que pretende encarcelar a cualquier persona que hable en contra de la ideología de género. Si una lesbiana o un gay, por ejemplo, piden ayuda a un psicólogo o a sus mismos padres de familia para sanar su homosexualidad, nadie podría aconsejarles la reversión de su orientación sexual o la vivencia de la castidad, ya que estaría atentando contra el desarrollo de su personalidad.

Estamos ante una situación cada vez más compleja para los católicos. Los temas de aborto, eutanasia, drogas libres y ley mordaza no fueron promesas de campaña, por lo que introducirlos ahora en la agenda política constituye una traición al pueblo mexicano. Muchos cristianos, motivados por presiones sociales, o seducidos por el espíritu del mundo, olvidan que la defensa de la vida y la familia son, para los católicos, principios no negociables; están confundidos, no se atreven a levantar la voz ante el declive moral y social, y acaban adoptando criterios opuestos al Evangelio.

La viuda pobre nos enseña que para que un acto sea bueno, ya se trate de un acto personal o de gobierno, debe tener la aprobación de Dios. La agenda de la cultura de la muerte, que hoy está siendo introducida en México, es contraria al plan divino. Dios no quiere que perezcamos en la violencia o sumidos en los vicios, sino que tengamos vida abundante; por ello la agenda de la muerte no puede tener el beneplácito de Dios. No busquemos las glorias mundanas como hacían los fariseos, y conduzcamos nuestra vida dispuestos a luchar contracorriente buscando sólo el bien del hombre, que es la gloria de Dios. México no necesita más muertes sino respeto a la vida humana, a la familia y un digno porvenir para los jóvenes.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Mi bautismo en una placa

Hace unos días recibí como un regalo de monseñor Isidro Payán un cuadro con mi acta de bautismo estampada en una placa dorada. Me la entregó como signo de gratitud por la organización de los festejos de los 350 años de la Misión de Guadalupe, evento en el que él fue conferencista. El acta está firmada por él mismo, ya que fue quien me recibió en la pila bautismal de la Misión, hace más de 55 años, para derramar sobre mi cabeza el agua bendita y ungirme con el óleo perfumado.

El detalle de monseñor Payán me ha conmovido y me ha hecho reflexionar. En mi vida he recibido certificados escolares y universitarios, nombramientos en cargos de la Iglesia y reconocimientos por participar en ciertos eventos. Sin embargo mi boleta de bautismo es el documento que supera a todos. Mi constancia de ordenación sacerdotal, aunque muy importante, es secundaria. Por ser mi pasaporte para ir al Cielo, he puesto la placa bautismal colgada en la pared de mi oficina, junto al cuadro de la Virgen.

Observo el documento y descubro en él el regalo de Dios más grande. Al mismo tiempo mirar la placa me roba la tranquilidad. Trae una fecha: 14 de septiembre de 1963. Fue el día en que recibí el don inigualable de ser cristiano. Desde aquel momento inició un camino del que alguna vez me salí para emprender mi propia búsqueda, pero al poco tiempo regresé, como un necio derrotado, al Dios que desde siempre me había amado.

Hay personas que miran su certificado de Bautismo como un documento necesario para recibir los otros sacramentos, pero que no les exige un cambio interior. Otros, en cambio, lo han olvidado por no considerarlo importante para sus vidas. Si antes esa fue mi experiencia, hoy no la es. Jesús me habla por ese bendito papel y me invita a escuchar, a poner atención y buscar comprender: Dios es único. Todo el mundo, con todos sus tesoros, no vale lo que vale Dios. Entonces lo único necesario en la vida es amarlo con todo lo que nos ha dado: mente, corazón y fuerza. Esa es la fuente de la fe y la alegría, el secreto de una vida feliz.

Decía que el bautismo es el pasaporte para ir al Cielo. Sin embargo todo pasaporte, para ser válido y poder entrar en tierra extranjera, debe estar vigente. ¿Cómo mantener en regla la fe bautismal, si no es por vivir en la gracia de Dios? Pero también Jesús nos responde cuando nos dice: "Ama a tu prójimo". En efecto, no bastan las buenas intenciones ni las declaraciones de amor al Señor. A Dios se le ama con los hechos y por eso nos espera en los hermanos. Nuestra bondad se debe ir convirtiendo en la bondad misma de Dios. Él es amor y nos pide amar, y el prójimo es el espacio para nuestra caridad todos los días.

Mi boleta bautismal tiene un sello que dice "Parroquia de Guadalupe Catedral, Ciudad Juárez Chih." Pienso que cuando llegue el momento supremo y decisivo de la muerte tendrá que tener muchos timbres, por delante y por detrás, como el pasaporte que nos van sellando en la medida en que pasamos por diversos países. Aquí se trata de las obras de misericordia, de los actos grandes o pequeños de amor que hagamos por Dios y por los hermanos.

No bastan obras de caridad con los amigos, los parientes ni los demás cristianos. No es suficiente que ellos nos pongan su sello. El prójimo es toda persona a la cual yo pueda llevar el amor y la bondad, independientemente de las gracias que pueda darme. Los sellos más difíciles de conseguir, pero los más meritorios, son los que nos van poniendo las personas que nos han hecho daño, aquellos que más nos han ofendido. Ellos son más prójimo que quienes nunca nos lastiman, porque con ellos nuestra caridad se vuelve un regalo sin intereses. Sólo a ellos podemos amar gratuitamente. Jesús lo decía con otras palabras: “Si aman solamente a aquellos que los aman a ustedes, ¿qué mérito tienen?

Por esos motivos miro con devoción y con temblor, colgada en mi pared, la placa que monseñor Payán me ha regalado. Me recuerda a qué precio mi pobre vida ha sido comprada. Es amor y responsabilidad que me interpela. Es un trofeo y una desafiante misión.

jueves, 25 de octubre de 2018

Se abrirán los ojos de los ciegos

Cuando llegaron los franciscanos a fundar la Misión de Guadalupe en 1659, ocurrió un segundo milagro guadalupano. Los pueblos indígenas de la Gran Chichimeca que habitaban la región Paso del Norte -hoy la región de Ciudad Juárez- habían sido tribus que, como los aztecas en el centro del país, eran adoradores del sol. Fue la presencia de la Virgen morena presentada por los frailes, toda ella revestida del sol de Dios, la que hizo posible la cristianización de los indios. El resplandor de la Señora del Tepeyac abrió los ojos de aquellos pueblos paganos quienes empezaron a conocer los secretos divinos y las promesas reveladas por Dios: "Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no caminará en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida".

Muchos viven hoy marginados de la revelación cristiana porque la conocen poco o la rechazan. Están simbolizados por el ciego del evangelio, que viviendo bajo el resplandor del sol, permanecía, sin embargo, en tinieblas interiores. Hace unos días, Lorena Villavicencio, diputada federal de Morena, lanzó una propuesta para despenalizar el aborto en México y otorgar amnistía a las personas que se encuentren en la cárcel por ese delito. Envuelta en la más densa oscuridad moral y espiritual -ella y quienes apoyan la iniciativa- han perdido la esencia del socialismo que profesan, que es la defensa de los inocentes y los pobres, en este caso, la defensa del ser humano no nacido. Cuando al mal se le llama bien, y al bien se le llama mal, la sociedad se sumerge en un abismo oscuro donde no llega ni el más tenue rayo de sol.

Sin embargo, quienes vivimos desde hace mucho tiempo bajo el sol del cristianismo, podemos sufrir de fuertes cegueras morales y espirituales. No vemos nuestras deficiencias, límites ni errores, los pecados y vicios. Somos miopes frente a los beneficios recibidos de Dios y de los hombres. No tenemos ojos para los necesitados y sufrientes. Tampoco tenemos una idea clara de nuestros deberes como la tenemos de los derechos. Los juicios para las personas los hacemos por simpatía o antipatía, mientras nos jactamos de nuestros méritos. La ira y las pasiones nos ciegan.

Así las cosas, mientras los mexicanos pedimos clemencia a las autoridades de inmigración de Estados Unidos por nuestros paisanos indocumentados, y nos volcamos en maledicencias e improperios contra Donald Trump por sus duras políticas migratorias, paradójicamente endurecemos nuestro corazón contra los inmigrantes centroamericanos y los tratamos como sujetos indeseables en el país. Es en México donde los migrantes la pasan muy mal, peor que con los vecinos del norte. Las caravanas de hondureños que amenazan con atravesar el país y llegar a la frontera, nos asusta. Algunos les aterra.

Este domingo hemos de pedir a Jesús con humildad, como el ciego del Evangelio, que podamos curar nuestros ojos para poder ver la realidad como Dios la mira. Don José Guadalupe Torres Campos, nuestro obispo, nos invita a abrir los ojos del alma para descubrir en cada guatemalteco, hondureño o salvadoreño a un hijo de Dios y un hermano que pasa necesidad. Nos anima a abrir las parroquias y comunidades para dar ayuda, consuelo, orientación e incluso hospedaje, a los migrantes que toquen a la puerta. Sin duda la llegada masiva de inmigrantes es un problema que debe resolver, principalmente, el gobierno; sin embargo la Iglesia no puede quedarse de brazos cruzados ante una necesidad tan apremiante. Nos corresponde desplegar la virtud suprema de la caridad.

Pidamos al médico divino que nos aclare la visión, cure nuestra ceguera y nos conceda contemplar el mundo de Dios, de los hombres, de nuestra propia persona y del universo creado con la mirada de la sabiduría humana y de la fe divina.

jueves, 18 de octubre de 2018

Empuje misionero en Ciudad Juárez

Ser parte de la organización del Rosario Viviente 2018 me ha permitido ver, una vez más, la fuerza y el entusiasmo de los laicos en la evangelización. El tiempo invertido en la planeación y organización del evento se ha convertido en un motivo grande para dar gracias a Dios por la pujante Iglesia de Ciudad Juárez de la que formamos parte los sacerdotes, el obispo, los religiosos y laicos. Tanta generosidad y sacrificio en horas de servicio, así como en donativos en especie, me hacen descubrir la presencia de Jesús que dice “El que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos”. Es emocionante y conmovedor entrever, entre tantos fieles comprometidos en el servicio, la presencia del Hijo del hombre “que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por una multitud”.

Además del Rosario Viviente, a través de los festejos de los 350 años de la Misión de Guadalupe, he podido contemplar el heroísmo de nuestros antepasados, que en 1668 consagraron este templo, el cual es hoy la piedra angular de la región Paso del Norte, conformada por Ciudad Juárez, El Paso Texas y Las Cruces Nuevo Mexico. Fray García de san Francisco y los primeros frailes franciscanos, lejos de buscar los primeros puestos, bebieron del cáliz del Señor y recibieron su bautismo. Los mártires de nuestra región asesinados durante las rebeliones de los indios, así como las crisis y resurgimientos que ha tenido nuestra ciudad, expresan el itinerario de muerte y resurrección que ha tenido su historia. En medio de 350 años, la Misión de Guadalupe permanece como un signo de la presencia silenciosa de la Iglesia que sirve y contagia la esperanza sobrenatural.

A los sacerdotes, religiosos y laicos que integramos la Iglesia de Ciudad Juárez, el Señor nos sigue preguntando: “¿Podrán beber el cáliz?” Se necesita dar una respuesta generosa y audaz como la de Santiago y Juan: “Sí podemos”.

Este domingo es el Domingo Mundial de las Misiones. Los católicos de esta región, históricamente recibimos el catolicismo de los frailes franciscanos y estamos ligados a la Misión de Guadalupe por ser la iglesia madre de todas las parroquias. Celebrar 350 años de la consagración de la Misión no es sólo recordar al edificio más antiguo de la ciudad, sino agradecer a Dios por la inmensa labor que el Espíritu Santo ha realizado aquí a través de la evangelización. Pero es también renovar nuestra vocación misionera que hemos recibido con el Bautismo. La violencia y la barbarie siempre es una amenaza que nos exigen a todos dar respuestas creativas, cada uno según su propia condición. Hay quienes se sienten llamados a ser misioneros en tierras lejanas; a otros Dios les invita al sacerdocio diocesano o a la vida religiosa; a la mayoría le pide misionar dentro de sus familias y, a todos, a orar y a ofrecer sacrificios por la misión que como Iglesia en Ciudad Juárez tenemos.

Las festividades de la Misión de Guadalupe nos enseñan a trabajar por crear una cultura del encuentro. Durante los eventos he podido conocer a personas que no son católicas, a católicos no practicantes, incluso a algunos ateos. Todos ellos han dado sus aportaciones porque la Misión de Guadalupe transmite un mensaje más allá de lo religioso. La Misión es un lugar de encuentro entre culturas, entre lo indígena y lo español, entre lo sacro y lo profano. Crear la cultura del encuentro es abrirnos a la enseñanza entre unos y otros, al diálogo, a la escucha respetuosa, al servicio a los necesitados, a la construcción de puentes entre los ricos y los pobres. En el encuentro con personas de diversos credos y condiciones la Iglesia no está para buscar posiciones de privilegio o para afirmar su dominio, sino para servir a todos e invitar a todos, con humildad y sencillez, al encuentro con Jesucristo.

Nunca nos cansemos de ser misioneros. Sigamos contagiando esperanza en nuestras familias, barrios y comunidades. Nos ha llamado el Señor para santificarnos y enviarnos a anunciar el Reino de Dios, a fin de que todos seamos su Pueblo santo. Sólo desde la misión podemos comprender el camino de la historia de la humanidad y dar sentido a nuestro ser en el mundo.

jueves, 11 de octubre de 2018

Arraigo, amor e identidad

Se dice que los juarenses, por vivir en la frontera, carecemos de historia y de cultura. Dicen que nos falta arraigo e identidad. Eso es falso. Quienes conocemos un poco de los cuatro siglos de historia de la región Paso del Norte descubrimos que nuestro pasado es glorioso y muy digno de ser narrado. Si en algunos existe falta de amor a la propia tierra se debe, en buena parte, a la falta de conocimiento de su propia historia. Por eso es conveniente que la historia de Ciudad Juárez se cuente en temas a los grupos juveniles de nuestras parroquias, así también incluirla como materia de estudio en planteles escolares.

Esta semana el obispo José Guadalupe inauguró la muestra fotográfica “La Misión de Guadalupe, edificio ícono y representante de Ciudad Juárez”. La exposición está en el Instituto de Ciencias Sociales y Administración de la UACJ y consiste en 36 fotografías que muestran el paso del tiempo por el edificio más antiguo de la ciudad. Hemos también inaugurado una exposición urbana de fotografía en el atrio de la Catedral y de la Misión, para que locales y foráneos conozcan más nuestra historia. Esta muestra durará algunos meses para luego abrir otras exposiciones.

Los festejos por los 350 años de la Misión de Guadalupe --la Eucaristía, conferencias, mesas redondas, conciertos y muestras fotográficas--  tienen el propósito de contribuir para que los habitantes de Ciudad Juárez despertemos el amor, el arraigo y la identidad por nuestra región fronteriza. La contemplación del pasado debe inspirar nuestro presente y ayudarnos para heredar una mejor ciudad a las próximas generaciones.

El amor se despierta a través de la contemplación. Contemplar es conocer, es mirar atentamente un espacio, como en un templo, para descubrir lo divino. Un templo en medio del desierto, la única parroquia del norte de México y sur de Estados Unidos por más de 250 años, ¿qué nos dice hoy? Fray García de San Francisco y los primeros franciscanos que aquí habitaron, vieron un signo de los tiempos en tantas tribus indígenas que vivían en las riberas del Río Bravo, y así les ayudaron a organizar su vida según el Evangelio. La Misión de Guadalupe representó un lugar para vivir, orar, trabajar y hacerlo todo con la mirada puesta en Dios. Era un lugar que daba un orden humano y cristiano al mundo inhóspito de aquel tiempo. Era toda una escuela de humanidad y de vida cristiana entre las tribus bárbaras del norte, que no sólo trajo nuestra santa religión, sino que creó economía, urbanización y cultura.

Desde 1668 hasta 2018 han pasado 350 años y el mundo ha cambiado. Ciudad Juárez es hoy una urbe gigante de casi un millón y medio de habitantes. Nuestro modo de vivir, de pensar y de actuar puede hacernos creer que las cosas son muy distintas. Sin embargo no es así. Seguimos siendo hombres, siempre anhelantes de felicidad; hombres que aman, trabajan, luchan, lloran y sufren, y que buscan sentido para sus vidas. Tenemos las mismas necesidades fundamentales que los pobladores de Paso del Norte del siglo XVII.

En medio de una barbarie que ha tomado formas distintas, los juarenses queremos vivir con sabiduría, paz espiritual y santidad. La Misión de Guadalupe nos enseña cómo podemos buscar sinceramente a Dios, y cómo podemos organizar nuestra agitada vida con la mirada puesta en el Señor. Que el primer edificio histórico de la región nos siga llevando a colocar a Dios como el centro de nuestras vidas.

miércoles, 3 de octubre de 2018

350 años de la Misión de Guadalupe

En los primeros meses de este año me reuní con José Mario Sánchez Soledad, el doctor Tomás Cuevas de la UACJ y su esposa Isabel para planear la celebración de los 350 años de la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe, en este 2018. José Mario ha sido un buen amigo mío y devoto católico, apasionado de la historia, los toros y la ópera. Conocedor los hechos que conformaron nuestra región Paso del Norte, escribió el libro `La historia oculta de Ciudad Juárez´-aún no publicado- en el que describe sucesos, asombrosos para muchos, que marcaron nuestra ciudad sobre todo durante sus primeros 200 años.

Tomás Cuevas tiene un doctorado en turismo en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, donde también es profesor. Lo conocí el año pasado en el restaurante propiedad de José Mario, en una conferencia de la señora Adair Margo, esposa del alcalde de El Paso Texas. Ligado a la fundación Tom Lea de El Paso Texas, que preside la señora Margo, Tomás Cuevas también es un conocedor experto de nuestra región. Junto con su esposa Isabel Zizaldra, el diseñador gráfico Josué Nazaret y Luis Carlos González, nos dedicamos a la tarea de planear los festejos del que es el edificio histórico más importante de Ciudad Juárez, El Paso y Las Cruces.

Algunos se preguntan qué es lo que estamos celebrando exactamente, ya que la fecha de fundación de Ciudad Juárez fue en 1659, es decir, hace 358 años. No celebramos la fundación de la ciudad sino la Dedicación de la Misión de Guadalupe. La dedicación de una iglesia es una ceremonia solemne que celebra el obispo cuando termina su construcción. En ella se dedica o se consagra el templo para el culto público, y todo lo que contiene: el altar, la pila bautismal, las cruces, las campanas y las imágenes y las estaciones del viacrucis. La iglesia que se dedica debe tener un titular como la Santísima Trinidad, Jesucristo o la Santa Virgen bajo una advocación o un misterio de su vida, los ángeles o alguno de los santos. Fue en 1668 cuando la Misión dejó de ser un oratorio para ser un estupendo templo franciscano consagrado a Nuestra Señora de Guadalupe.

Celebrar estos 350 años de la Misión tiene un hondo significado para los juarenses, católicos y no católicos. Durante este mes de octubre, historiadores y amantes del arte y la cultura tendrán la oportunidad de ahondar en los orígenes del desarrollo de la región Paso del Norte. A través de conferencias y paneles, expertos en la historia regional reflexionarán sobre las lecciones que nos deja la Misión de Guadalupe para proyectar el futuro. Una serie de conciertos y recitales adornarán culturalmente el programa, además de dos exposiciones de fotografías.

Para los católicos, lo más importante de celebrar 350 de la dedicación de la primera parroquia de la ciudad es redescubrir las raíces religiosas que dieron origen a Ciudad Juárez, El Paso y Las Cruces. Tenemos una historia sagrada qué contar a nuestras futuras generaciones. La mano de Dios intervino en los pueblos de este desierto para asumirlos como Su pueblo, la Iglesia. La historia de Paso del Norte es, antes que cualquier otra cosa, una historia de salvación. 

Jean Corbon decía: “Sólo la fiel memoria del pasado puede asegurar la buena orientación del futuro”. Si nos olvidamos del Evangelio que llegó a esta región para transformarla, nuestro futuro carecerá de rumbo y dirección. Los 350 años de la Misión de Guadalupe deberán ser, para el Pueblo de Dios en Paso del Norte, una re-lectura espiritual de nuestra historia para identificar los caminos de Dios, e impulsar la misión de la Iglesia: “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda criatura”. 

miércoles, 26 de septiembre de 2018

La mujer más poderosa de la Tierra

Nuestra Señora de la Consolata, Turín Italia
En el año 2002 visité el santuario de Medjugorje, en las montañas de Bosnia Herzegovina. Junto con los padres José Solís y Jorge González asistí a un retiro espiritual sacerdotal organizado por los padres franciscanos del lugar. En algún momento del retiro, una de las videntes de las apariciones de la Virgen María estuvo presente. Parecía que la muchacha llegaba puntual a su cita con la Madre de Dios, pues conocía la hora de la aparición. Los sacerdotes orábamos junto a ella cuando, de pronto, entró en una especie de trance, de éxtasis o arrobamiento, en donde mantuvo fija la vista, mirando hacia lo alto, durante varios minutos, sin parpadear.

Desde 1981 en aquel lugar, la Virgen María se identificó con cuatro niñas y dos niños como la “Reina de la Paz”, y les dio el primero de miles de mensajes, invitándolos a llevar una vida de oración y pidiendo el arrepentimiento de los pecadores. Hoy Medjugorje se ha convertido en un poderoso imán de espiritualidad que recibe millones de visitantes al año. En ese santuario siguen ocurriendo conversiones milagrosas y curaciones inexplicables. La que fuera una pequeña aldea de la antigua Yugoslavia, hoy es el confesionario más grande de Europa.

La Virgen María sigue curando las heridas de la humanidad llevándonos al encuentro con Jesús. Ella, que en Medjugorje reúne diariamente a todo el pueblo para el rezo del santo Rosario, nos congregará el próximo sábado 6 de octubre para orar juntos, como Iglesia que peregrina en Ciudad Juárez. Lo haremos convocados por nuestro obispo José Guadalupe, para contemplar, con la Madre de Dios, los misterios de la vida del Señor. Es un evento singular en la diócesis que atrae una vez al año a miles de personas que, en una gran velada de oración, buscan el abrazo maternal de la Mujer que dio a luz al linaje de los hijos de Dios.

Hace unos días vi en el cine la película “Garabandal", que narra los misteriosos acontecimientos de supuesto origen sobrenatural, ocurridos en una aldea de Cantabria, España, entre 1961 y 1965. Tanto las apariciones de Garabandal, así como las de Medjugorje y Zeitun (El Cairo) entre 1968 y 1971, aún no han sido aprobadas por la autoridad de la Iglesia. Hayan o no ocurrido estos fenómenos, lo cierto es que permanece una fuerte presencia de María en esos lugares. Tantas gracias derramadas de conversión a Jesucristo no se explican sin una fuerte intervención de Nuestra Señora. La Iglesia ha declarado falsas algunas otras apariciones, y solamente alrededor de 30 han sido declaradas como manifestaciones auténticas de la Virgen en la historia del cristianismo.

Mientras que la antigua serpiente amenaza con morder a México inyectándole el veneno del aborto libre, recordemos que la Mujer del Apocalipsis ha venido a dar a luz a un niño, a su Hijo Jesús. En este año de la Juventud, miles de jóvenes de nuestra Iglesia católica que se oponen a la matanza de los inocentes no nacidos, marcharán el próximo sábado atraídos por María --la Mujer más poderosa de la tierra-- desde el Parque Borunda hasta el Estadio Benito Juárez, como una genuina expresión de amor y defensa de la vida humana.

Será una fiesta de alabanza a Dios para, finalmente, rezar unidos el santo Rosario. El estadio se vestirá de pañuelos azules esa noche como signo de nuestro amor y defensa de la vida humana, y nuestras velas iluminarán el recinto, pidiendo que en México brille la luz de Dios. Niños, adultos, jóvenes y personas mayores, sanos y enfermos, unámonos en oración el próximo sábado 6 de octubre en el Rosario Viviente.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Inframundo en el Circo de las pesadillas

Se presenta en Ciudad Juárez, en una nueva versión la del año anterior, el Circo de las pesadillas. Hace unos días tuve la ocasión de presenciar este espectáculo circense en esa atmósfera de inframundo que se crea bajo la gran carpa en la Pedro Rosales de León y Avenida Tecnológico. Fueron dos horas de entretenimiento llenas de acrobacias espectaculares en las que seguí las aventuras de la pequeña Isabela, niña que desaparece de casa de sus padres para viajar al inframundo o, lo que es lo mismo, el reino de los demonios.

La creencia en el inframundo ha sido una constante en la historia de las religiones. En la antigua Mesopotamia se creía en seres malvados que traían la destrucción, semejantes a los espectros que salen de las tumbas, sedientos de sangre, grotescos y repugnantes. En el antiguo Irán se creía, además del dios del bien, en dioses maléficos que tenían sus cortes de demonios para incitar a los hombres al mal y también para provocarles enfermedades, errores y muerte. Creencia semejantes se encuentran en la cultura egipcia, griega y romana. No se diga en el cristianismo, donde Dios ha revelado la existencia de un reino alternativo al Reino de Dios con la presencia de Satanás, de los ángeles rebeldes y de las almas condenadas.

Una amplia variedad de estos repulsivos caracteres desfila por el Circo de las pesadillas ejecutando toda suerte de contorsiones y malabares dentro una historia de horror, salpicada de momentos de buen humor e improvisaciones con la participación espontánea de algunos miembros del público. De esa manera ilustra la existencia de un mundo espiritual que está en interacción con el tiempo y el espacio nuestro.

Muchos se preguntan si el inframundo es real o el producto de nuestra imaginación. Hemos de admitir que se trata de algo que no puede ser visto normalmente con los sentidos. Se trata de un mundo misterioso de espíritus caídos que habita en una dimensión oculta. El inframundo no es algo que puede probarse científicamente, sin embargo los efectos de su presencia sí los podemos percibir. En los años de servicio a la diócesis, como sacerdote, he podido observar conductas muy extrañas de algunas personas que se introdujeron en el mundo de lo oculto, y acabaron, con sus cuerpos, siendo vehículos de expresión de este reino siniestro.

Muchos afirman que el inframundo no existe y que todo debe tener explicaciones científicas. Cuando un exorcista hace algunas oraciones de su ritual sobre alguien perturbado por el inframundo, la persona suele ponerse mal, puede contorsionarse, rugir como un animal, ser arrojado por el suelo por una fuerza descomunal, volverse agresiva y transformar su voz y semblante. Todo esto pudiera tener explicaciones psicológicas tales como el Trastorno de Personalidad Múltiple, pero muchas veces los mismos psicólogos y psiquiatras reconocen que hay casos que los sobrepasan.

Un número espectacular dentro del circo es la presentación de dos mentalistas que dicen utilizar la telepatía para comunicarse. Mientras que miembros del público muestran sus identificaciones a uno de ellos, el otro, a distancia, va mencionando el nombre y la fecha de nacimiento de cada persona que enseña su documento. Parece increíble.

Sin embargo sabemos que la transmisión de las ideas o el conocimiento de cerebro a cerebro, sin mediaciones técnicas, es algo científicamente imposible. Aunque el gato está muy bien encerrado en el espectáculo, hay muchos ingenuos que creen que se trata de un poder auténtico. Varios de ellos, imprudentes todos y carentes de fe y de sentido común, se pusieron a consultar su futuro con los adivinos durante el intermedio de la función. ¡Incautos! Justamente estas actividades de lo oculto es lo que toca las puertas del inframundo, con la posibilidad de ser perturbado por él.

¿Podemos asomarnos al inframundo con nuestros ojos? En un principio no, por tratarse de una dimensión que no es la nuestra. Sólo por una especial permisión de Dios puede ocurrir. Así sucedió en las vidas de algunos santos. Santa Lucía, vidente de la Virgen de Fátima, cuando la Señora les mostró a ella, a Francisco y Jacinta, la realidad del infierno, así lo cuenta: "Sumergidos en este fuego estaban demonios y almas en forma humana, como tizones transparentes en llamas, todos negros o color bronce quemado, flotando en el fuego, ahora levantadas en el aire por las llamas que salían de ellos mismos junto a grandes nubes de humo... Los demonios podían distinguirse por su similitud aterradora y repugnante a miedosos animales desconocidos, negros y transparentes como carbones en llamas”.

Después de dos horas de divertido espectáculo, salí de la carpa del Circo de las Pesadillas, encendí el coche y regresé a la Catedral, donde vivo. Decidí no poner música durante la ruta y hacer un poco de oración. No tenía miedo, en absoluto. Solamente necesitaba serenidad y silencio en la presencia de Dios. Ahí estaban, a lo largo del camino, la prostitución, los abortistas, el narcotráfico, la trata, las drogas, el vicio. El inframundo -pensé- está más cerca de lo que creemos.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Pañuelos azules

"Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decir a otros que no se maten?” (Santa Teresa de Calcuta)

Llegaron a Ciudad Juárez los pañuelos azules. Hombres y mujeres pueden llevarlos al cuello como mascada, adornando la bolsa de la camisa o del saco, atado en la muñeca, ajustado la cabeza, papaloteando en la antena del coche y hasta en el pescuezo de las mascotas. Lo importante es el mensaje social que transmite. Es un símbolo pro-vida que identifica a los ciudadanos que quieren vivir en una tierra donde la vida humana sea respetada.

Los pañuelos azules se empezaron a utilizar en Argentina como oposición a los pañuelos verdes que utilizan los militantes que reclaman el aborto libre, seguro y gratuito. En medio del debate nacional argentino, la organización Más Vida decidió tomar este símbolo para impulsar la causa a favor de la vida con el lema `Salvemos las dos vidas´.

El aborto mata. No sólo le quita la vida a un ser humano inocente que no se puede defender, sino que también, de alguna manera, mata a la madre al causarle una herida emocional, psicológica y espiritual de dimensiones muy hondas. Muchas mujeres dicen haber experimentado una muerte en vida después de que voluntariamente se sometieron a un legrado. Incluso hay quienes después de muchos años no pueden perdonarse a sí mismas, aunque Dios ya las haya perdonado. Por eso `Salvemos las dos vidas´ es el lema de esta campaña.

Los pañuelos azules están llegando a Ciudad Juárez porque soplan los primeros vientos de un vendaval que se anuncia con la llegada del nuevo gobierno federal, a partir de diciembre. El equipo que rodea al presidente electo de México está marcado por una tendencia fuertemente abortista, sobre todo por el impulso que Olga Sánchez Cordero -ex ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación- y Marcelo Ebrard -ex jefe de gobierno del Distrito Federal- dieron al aborto durante sus desempeños públicos, además de tantas personas de la izquierda política que promueven la agenda abortista.

Quienes anhelamos que en nuestro país se respeten los derechos humanos -la vida humana desde el vientre materno es el primero de ellos-, podemos agregar el uso del pañuelo azul a nuestra vida cotidiana. De esa manera expresaremos que estamos a favor de salvar la vida del niño por nacer y la de su madre. El Rosario Viviente, el próximo sábado 6 de octubre, será una ocasión especial para hacernos sentir como Pueblo de Dios y de la vida llevando nuestro pañuelo azul.

Creo que el pañuelo azul no se limita a la cuestión política. Es un signo de amor a la vida, de amor a todo ser humano que viene al mundo; es signo incluso de amor a quienes no piensan como nosotros y promueven el aborto, pues las vidas de estas personas, aunque piensan equivocadamente, son inmensamente amadas por Dios y valen tanto como las nuestras y las de los niños por nacer. Y desde una óptica cristiana lleva el color mariano -el azul- como signo de amor a la Virgen María que trajo al mundo a Aquel que ha venido a traernos vida en abundancia.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

El "11 de septiembre" de la Iglesia

La Iglesia está viviendo su 11 de septiembre propio. En esa fecha del año 2001, en Nueva York, perdieron la vida casi tres mil personas por el derrumbe de las torres. Pasaron 17 años y vino para la Iglesia el informe de Pensylvannia en el que reporta que número grande de almas fueron mortalmente heridas por sacerdotes en la Iglesia Católica. Monseñor Gänswein -secretario de Benedicto XVI- ha dicho que es como si todas las iglesias de Pensylvannia hubieran colapsado repentinamente, junto con la Basílica de la Inmaculada Concepción de Washington DC.

La inmensa mayoría de los sacerdotes -quiero creerlo así- entramos un día al Seminario deslumbrados por la persona de Jesucristo. “Tú eres el Mesías”, le dijimos sin titubear. Por eso estábamos ahí, dispuestos a entregar la vida por él. ¿Qué sucedió en el camino? Pudo ser que hayamos tenido la experiencia de Pedro. El apóstol, en el caminar con el Señor, se dio cuenta de que Jesús le invitaba a la renuncia al mundo, a la sobriedad y la castidad, al servicio generoso y al cultivo de las virtudes, al sacrificio y la entrega de la propia vida. Asustado, Pedro trató de disuadir a su Maestro.

“Apártate de mí, Satanás”, le dijo Jesús al que sería la cabeza de los apóstoles, reprimiéndolo. Seguramente el pescador de Galilea jamás olvidó aquella frase. Pedro creía que Jesús era otro tipo de Mesías. Lo confundió con un mesías político y militar, cuando en realidad Jesús venía como el Siervo sufriente de Yahvé. Venía a derrotar a sus enemigos con las armas de la obediencia, el sufrimiento y el servicio. Su dominio era desde la Cruz y no desde las victorias humanas. Cuando como sacerdote olvido la cruz y mis glorias pasan a ser las del mundo: competencia social, parroquias económicamente pudientes, fiestas y banquetes, carrera eclesiástica, puestos de poder en la diócesis... temo haber perdido el rumbo de mi ministerio y temo escuchar al Señor que me reprenda con aquella misma frase que Pedro nunca olvidó.

Mis glorias pueden llegar a ser las construcciones y las mejoras a los templos, la participación en los medios de comunicación social, el haber celebrado los matrimonios de la alta sociedad o la lucha por mejorar el progreso material de las comunidades. Si es así, entonces al final me esperará el cansancio, la incertidumbre, la desilusión, una vida de pecado y quizá la pérdida de la vocación. Escandalizada por la corrupción moral de algunos miembros de las altas jerarquías de la Iglesia, mi madre en estos días me preguntaba cómo era posible que Dios haya llamado a un obispo de tanta importancia como el de Washington y haya caído en tan abominables actos. Le respondí que Dios hace el llamado, pero que la vocación se puede perder, si no se cultiva o se descuida. Le sucedió a Judas y puede suceder a cualquiera que se duerma en el camino.

¿Cuál es la ruta para recuperarnos de este “11 de septiembre” que está haciendo tanto daño a la Iglesia? Sin duda necesita la Iglesia obispos fuertes, valientes, decididos a no tolerar la corrupción en sus diócesis, presbiterios y Seminarios. Sin embargo el trabajo lo hará principalmente el Espíritu de Dios. Hemos de ponernos de rodillas y pedir al Señor que venga a reparar la viña que su diestra plantó y que un día él hizo vigorosa con los testimonios de los santos. Nuestra actividad en la Iglesia debe quedar subordinada al cultivo de una fe profunda y a la búsqueda de la santidad personal y comunitaria, desde una visión de eternidad, viviendo no para nosotros mismos, sino para Aquél que murió y resucitó por nosotros.