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jueves, 14 de junio de 2018

El mejor de regalo de un padre a su hijo

A propósito del día del padre que este domingo celebra la sociedad civil, en mi camino sacerdotal he podido observar cómo algunos padres de familia -me refiero a los varones-, le dan una muy enorme lección de vida a sus hijos. Son hombres que viven en permanente espíritu de sacrificio, dando todo por sus familias y por sus parroquias. Participan de la misa dominical con su mujer y sus niños y, al mismo tiempo, buscan involucrarse en algún servicio de atención a los pobres, a los enfermos, en la evangelización o sirven como lectores o ministros extraordinarios de la Comunión. De ellos sus hijos aprenden una valiosa cátedra: a la vida se viene para amar a Dios con el alma entera, y que a este mundo no nacimos para ser servidos, sino para dar la vida por los demás. Dichosos los hijos que reciben este ejemplo de su papá.

Tuve la fortuna de ver siempre en mis padres una relación de alianza, entre ellos y con Dios. Aunque la cultura hoy nos dice que varón y mujer somos iguales, yo siempre aprendí lo contrario. Mi padre y mi madre nunca fueron iguales, ni física, ni psicológica, ni emocional ni espiritualmente. La misma dignidad y derechos siempre los han tenido, pero son personas complementarias. Sus diferencias me hicieron entender que el varón y la mujer resultan incomprensibles uno sin el otro. Con su ejemplo de unidad y sacrificio por llevar adelante su matrimonio tengo siempre claro que en el origen de mi vida existe una alianza sagrada, y que la vida tiene sentido cuando vivimos en relaciones de alianza.

No hace mucho tiempo, en un programa de televisión apareció una pareja que llegaba en su coche a una tienda con servicio de compras por ventanilla. Ordenaron su boda por el escaparate y sentados en el asiento del coche celebraron su matrimonio; después de hacer el pago correspondiente, les fue entregada una botella de champán junto con su certificado nupcial. Esta escena nos enseña lo patético y trivial en que hemos convertido hoy la alianza santa del matrimonio. Así han llegado a veces a la parroquia jovencitos que piden el sacramento del matrimonio teniendo tres o cuatro meses de noviazgo. A esos los regresamos a que maduren su amor, porque la alianza del matrimonio es sólo para quienes tienen una hombría madura.

Hace tiempo mi amigo José Luis Gabilondo me contaba que una de las experiencias que lo marcaron más en su vida fue ver nacer a su primer hijo. Cuando lo tuvo en sus brazos, José Luis lo recibió temblando de emoción y comenzó a llorar como un niño. Profundamente enternecido, sintió que aquella vida inocente era carne de su carne y hueso de sus huesos. Sintió que ese nuevo ser humano, que él había ayudado a engendrar, era totalmente dependiente de él y de su esposa. Desde ese día en adelante habría de vivir para prodigarle todo su amor incondicional. Por primera vez en su vida, mi amigo experimentó lo que debe sentir Dios por sus hijos, y se sintió infinitamente amado por el Padre celestial, mucho más de lo que él amaba a su recién nacido.

Muchos padres varones han tenido los mismos sentimientos que José Luis cuando vieron nacer a sus hijos. Supieron que, desde ese momento, se abría una etapa nueva para sus vidas, y que desde el fondo de su ser nacía una relación de alianza con sus hijos. Firmaban un pacto con Dios que los llamaba a entregarse totalmente a sus pequeños, con espíritu de abnegación y sacrificio. Dios los invitaba a morir a ellos mismos y a estar dispuestos a sufrir por sus hijos para darles amor y educación. Así son las relaciones de alianza.

Me decía un amigo que él entendía que para mí, por ser sacerdote, era muy fácil amar a Dios primero que a todo lo demás. Sin embargo para él, que tenía su esposa y sus hijos, la prioridad eran ellos, y después Dios. Pasó el tiempo y mi amigo tuvo una relación de adulterio. Su esposa se enteró y tuvieron grandes dificultades para superar la tormenta matrimonial que se desató. Esta experiencia sirvió a mi amigo para entender que sin el amor a Dios como el más importante de la vida, es imposible ser buen marido y buen padre. Y que solamente si tenemos el amor de Dios grabado en el corazón podremos superar muchas tentaciones y estar en mejores condiciones para entregarnos a nuestras familias.

Este domingo en que celebramos a los padres, pidamos a Dios, de quien proviene toda paternidad, que haya más hombres dispuestos a vivir en relaciones fuertes de alianza con Dios, con su esposa y con sus hijos. Sólo en las relaciones de fidelidad a estas alianzas el hombre encuentra la unidad interior y el camino de su felicidad.

miércoles, 6 de junio de 2018

Los pecados del diablo contra el Espíritu Santo

San Juan Crisóstomo decía a los cristianos de Antioquía: “No es para mí ningún placer hablarles del diablo, pero la doctrina que este tema me sugiere que será para ustedes muy útil”. La Palabra divina habla de un misterioso duelo que marca la historia y que deberá continuar hasta el final del tiempo. Dios tiene un enemigo simbolizado por la serpiente, y el escenario de este combate es el alma humana. Desde el primer pecado, Satanás puso sobre la humanidad el primer eslabón de una cadena que dura hasta nuestros días. Desde entonces trata de destruir la obra del Espíritu de Dios en los corazones de los hombres. Si el Espíritu derrama en el alma humana su Inteligencia, Ciencia, Sabiduría, Consejo, Piedad, Fortaleza y santo Temor de Dios, el Tentador hará lo posible por sembrar lo contrario.

El Espíritu Santo derrama su don de Inteligencia cuando aceptamos las verdades reveladas por Dios, y así conocemos sus pensamientos, los secretos del mundo y la intimidad con el Señor. Puede ser que en la misma Iglesia perdamos este don por confusión del demonio, como me parece el caso de muchos obispos alemanes que, por querer iglesias más abiertas y modernas, se enredan en polémicas como la más reciente: dar la Comunión a los protestantes casados con católicos. Gracias a Dios la Congregación para la Doctrina de la Fe prohibió esta iniciativa.

La Ciencia, como don del Espíritu, es la capacidad que tenemos para interpretar las huellas de Dios en el mundo. Desde la contemplación de un amanecer hasta la observación de los astros, todo se vuelve señal que nos conduce hacia Dios. El Engañador intenta hacernos creer que el hombre es un animal como los demás, sin origen divino y sin fin sobrenatural, y que todo lo que existe tiene su explicación solamente en las ciencias humanas. En nuestro paso por las aulas escolares recordamos a algunos profesores que atacaban la fe religiosa y proclamaban su ateísmo.

La Sabiduría es la luz que viene de Dios para nuestras vidas para entender su proyecto. Es el gusto por las cosas de Dios y de su Palabra. El enemigo intenta destruir ese gusto y, en cambio, hacernos gustar de la falsa sabiduría que viene de las ideologías, como el feminismo de género, el comunismo, el ecologismo radical y otras más, para empujarnos a vivir una vida degradante, llena de pulsaciones desequilibradas y con tintes anárquicos. Cuando quitamos a Dios de en medio, nuestras soluciones humanas terminan por fracasar.

Con mucha frecuencia debemos tomar decisiones, a veces en asuntos importantes. El Espíritu Santo viene en nuestra ayuda a través del don del Consejo, porque en cada decisión vemos comprometida nuestra santidad. Se trata de un instinto divino para acertar en lo que más conviene para gloria de Dios. El diablo quiere destruir en nosotros el Consejo poniéndonos atractivos que desequilibran la vida, y así nos volvemos personas carentes de juicio, errantes casi siempre en las decisiones, en detrimento de la propia vida y de las personas que nos rodean.

Por el don de la Piedad tratamos a Dios con el cariño de los hijos, y también a los demás como hermanos de la misma familia. El Espíritu suscita en nosotros la alabanza y la adoración. Sin embargo el enemigo llega a persuadir que la oración es imposible e inútil, que la religión es opio del pueblo o simple neurosis. Hace odiosa la piedad y presenta a Dios como extraño, incluso como un enemigo. Son ilustrativas las manifestaciones de grupos de mujeres radicales como Femen, que desnudándose, llegan a profanar templos y catedrales.

Si dejamos al Espíritu tomar posesión de nuestra vida, nuestra seguridad crece sin límites. Nos hace capaces de superar los obstáculos en el camino hacia Dios, aunque sintamos a veces temores y cansancios. Quien tiene el don de la Fortaleza supera sus miedos gracias al amor. Sin embargo el Tentador nos hace débiles y pusilánimes. Nos pone una mordaza ante las opiniones del mundo que son contrarias a la fe cristiana, y nos dejamos llevar por lo políticamente correcto, con temor de ir contracorriente de la mayoría. Hoy quienes se atreven a defender el matrimonio natural son considerados mochos y son perseguidos.

El santo Temor de Dios, último don del Espíritu, es el que por amor no desea ofender a Dios. Se manifiesta en un sentido profundo de lo sagrado, en un gozo muy grande por la bondad del Padre. Al mismo tiempo nos inspira un fuerte horror al pecado y un arrepentimiento vivo cuando se comete. Satanás ataca este don inspirando el libertinaje en cualquiera de sus formas en una cultura permisiva. La educación sexual escolar que hoy se imparte y que atenta contra la naturaleza humana es, sin duda, obra del Destructor.

Es tiempo de vigilancia y decisión. La diferencia entre los hombres que vivieron antes de Cristo y nosotros, es que aquellos no tenían las suficientes armas para salir victoriosos; en cambio los cristianos no sólo podemos vencer al Tentador, sino extra-vencerlo, tomando la propia Cruz y siguiendo a Jesús. Nos alienta que el mismo libro del Génesis señala que este prolongado conflicto terminará con la victoria del género humano ayudado por la gracia de Dios.

Que la Eucaristía de este domingo repare nuestras heridas de la batalla cotidiana, y que alimente nuestra fe y nuestra valentía: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? (Sal 27/26,1)

jueves, 31 de mayo de 2018

Paso del Norte

Tom Lea es uno de los más grandes artistas que la ciudad de El Paso Texas ha dado al mundo. Cuando visites esta ciudad podrás contemplar este mural llamado “Paso del Norte”, que fue pintado por el artista en 1938. Se encuentra en el Edificio Federal de la Corte, en el número 511 de la calle San Antonio, en el centro de El Paso. Esta es sólo una parte del mural, el cual en su totalidad presenta a los grandes hombres y mujeres que dieron origen e historia a nuestra región: los indígenas que habitaban estas tierras, los españoles, los frailes franciscanos, el ranchero mestizo y los colonizadores anglosajones de Norteamérica. En el centro del mural en la parte superior hay una leyenda que emociona a quienes nacimos en la región de Paso del Norte:
“¡Oh Paso del Norte! Ahora los antiguos gigantes han desaparecido. Nosotros, hombres pequeños, vivimos donde los héroes, una vez, caminaron en la tierra inviolada”. 

SOS: vicio de las redes sociales

Estoy convencido de que una de los peores males que existen para la vida personal y familiar es la adquisición de un vicio. Cualquiera que sea: tabaquismo, alcohol, drogas, medicinas, obsesiones sexuales, trabajo, juegos de azar. Hoy ha aparecido uno que pone en peligro la paz mental de millones de personas. Hablo de la adicción a internet y las redes sociales.

Quienes alguna vez fuimos fumadores recordamos nuestros primeros cigarrillos. Creíamos vernos como Rodolfo Valentino o Sofía Loren, atractivos e interesantes ante los demás, hechando fumarolas por boca y nariz. Al principio estaba en nuestro control. Al poco tiempo, y sin darnos cuenta, ya no eran tres cigarros al día sino seis o siete, luego doce y finalmente los veinte que contiene una cajetilla. Quizá más. Algunos llegaron al punto de ya no fumar entre comidas sino de comer entre fumadas.

El vicio de las redes sociales comenzó cuando abrimos una cuenta de correo electrónico. Nada malo había en ello; hasta las mismas instituciones nos lo pedían como requisito para hacer trámites. Luego pasamos a crear la página de Facebook, abrimos cuenta en Twitter y ahora estamos en Instagram. ¿Vicio? De ninguna manera. Todo bajo control.

Aparecieron después algunos síntomas de que algo se estaba escapando de nuestras manos: angustia si se nos olvidaba el teléfono celular en la casa; curiosidad que nos fue llevando a consultar continuamente el móvil para ver si nuestros seguidores habían dejado un mensaje; interrupción del estudio, la lectura y el trabajo para responder mensajes; pérdida de la concentración en nuestras ocupaciones habituales por estar con un ojo en alguna de las redes; enfrascamiento en polémicas estériles con desconocidos por alguna opinión controvertida, quedando nuestro corazón con inquietud y hasta con enojo; sensación de falta de oxígeno cuando, en los lugares a los que llegábamos, no había servicio de güifi; susto si nos quedaba poca batería por no tener un cargador a la mano.

Las redes sociales aparecieron en el mundo sin que estuviéramos preparados para saberlas utilizar. No hubo ningún adulto que nos enseñara, como cuando una persona mayor acompaña a un adolescente durante sus clases de manejo. Nunca antes habíamos tenido tan bajas las defensas de la voluntad para no adquirir un vicio.

A pesar de todo ello, estoy convencido de que internet y las redes sociales son un don de Dios muy positivo para la humanidad. Desde los inversionistas de bolsa en Wall Street hasta los campesinos africanos buscan las redes para hacer sus transacciones y ofrecer sus productos. Ricos y pobres se benefician por igual. Hay pocas evidencias de que internet sea una cosa horrible. La mayoría lo utilizamos y hasta el papa Francisco, quien tiene una cuenta de Twitter, ha dicho que si no logramos captar este don, fallamos a nosotros mismos, a nuestro pueblo y a nuestro Dios, que nos ha dado como mandato cuidar lo que nos ha dado.

Sin embargo, si utilizamos las redes sin discernimiento ni dominio, habrá dolores de cabeza para muchas personas. Hay investigadores de varios países que advierten a los padres y maestros de conductas destructivas en los niños, tales como el acoso escolar y el intercambio de fotos pornográficas, propias y ajenas, entre numerosos adolescentes y jóvenes. También hoy se afirma que el cerebro se afecta negativamente por el uso excesivo de las redes, sobre todo si se utilizan a edades muy tempranas y con demasiada frecuencia. Y si pensamos que los sacerdotes somos inmunes a este problema, estamos en un error. Un buen porcentaje de los ministros de culto de todo tipo de religiones, más de 30 por ciento, admite tener problemas de adicción a internet.

Hay muchos jóvenes y adultos a los que hoy les cuesta mucho conversar cara a cara porque en la conversación no existe página para cerrar ni se puede bloquear al interlocutor. Los psicólogos advierten también que los adictos a internet están más predispuestos a padecer trastornos mentales como la depresión o el déficit social. Algo verdaderamente sorprendente es que los investigadores están empezando a ver vías neuronales en el cerebro que imitan las adicciones a las drogas con el consumo de pornografía cibernética. Todo ello lleva a hacerse inmunes al tiempo y al espacio, a perder contacto con la realidad.

La pregunta es cómo podemos tener dominio sobre nosotros mismos frente a las redes sociales. Propongo cinco caminos. Para quienes están perdiendo el control, lo primero es reconocer que existe un problema de vicio con internet. Sólo quien reconoce su enfermedad puede pedir ayuda y recuperar la paz mental. Un segundo momento es meditar con frecuencia, cómo las redes o internet están afectando la vida propia, la de la familia, el trabajo o el apostolado. Esto con el propósito de desarrollar una aversión a este desorden y cultivar el amor a una vida ordenada. Meditar estas verdades nos motivará a salir del vicio. Tercero, orar para pedir fuerzas a Dios todopoderoso. Nuestras defensas están bajas para vencer, que nadie, sin la ayuda del Señor, saldrá adelante. Cuarto, acudir con frecuencia al sacramento de la Reconciliación, que no es sólo un sacramento en el que Dios perdona, sino en el que cura y fortalece el alma. Una quinta propuesta es dejar alguna red social. Nuestra capacidad de recibir información tiene límites y a menudo sucede que ya ni siquiera sabemos dónde vimos tal o cual información.

"Nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño”. Por conservar el señorío sobre nosotros mismos vale la pena el esfuerzo.

Podemos también hacer algunas cosas prácticas como establecer un horario diario para subir a la red, por ejemplo media hora, quizá cuarenta y cinco minutos durante el día. O bien, cuando estemos en una comida familiar todos podemos poner el móvil en una canasta para no atender mensajes ni llamadas. Hay amigos que salen a cenar y acuerdan que el primero que mire su celular, paga la cena.


miércoles, 23 de mayo de 2018

Campañas políticas y símbolos religiosos

Estamos en plenas campañas políticas para elegir presidente de la república, alcaldes y diputados. Mientras las encuestas hacen sus pronósticos -fallidos tantas veces- las estrategias para ganar votos o para desacreditar a los adversarios están a la orden del día. Recientemente aparecieron 30 millones de panfletos firmados por una confraternidad de iglesias evangélicas en los que acusa a la Iglesia Católica de ser parte de “la mafia en el poder”. Esto no debe ser ofensivo para los católicos porque se trata de una mentira, producto además de mentes ignorantes.

Sin embargo las expresiones sobre la Virgen de Guadalupe que utilizaron en el panfleto han molestado a millones de católicos que tenemos a Nuestra Señora del Tepeyac como nuestra Madre y Reina. Ello hiere las normas básicas de la convivencia social porque hace burla de uno de los símbolos religiosos más importantes del pueblo católico de México, como es la Virgen de Guadalupe. Tan grave fue la osadía que los mismos obispos mexicanos han exigido públicamente el respeto a la sagrada imagen y a no utilizarla como instrumento de discordia. Han pedido a las autoridades competentes que no se permita ningún tipo de propaganda electoral con imágenes o símbolos religiosos venerados por gran parte del pueblo de México, ya que sólo se genera malestar entre muchos ciudadanos creyentes.

Aquí en Ciudad Juárez uno de los candidatos a la alcaldía ha utilizado como imagen personal una fotografía en la que aparece junto al papa Francisco y con la frase “Paz para Juárez”. Ello ha provocado malestar en algunos partidos políticos que piden la destitución del candidato por promoverse fuera de los tiempos de campaña y con la imagen del pontífice, lo que además supondría una violación al estado laico.

La Diócesis de Ciudad Juárez se ha deslindado de estos hechos. La Iglesia local no tiene derechos sobre las fotografías del papa Francisco, ni considera que se trata de una falta de respeto a la imagen del Santo Padre. Son los partidos políticos y la ciudadanía a quienes corresponde protestar por este acontecimiento, no a la Iglesia. 

Los políticos de muchas partes del mundo procuran posar junto a la figura del papa para dar una buena imagen delante de sus ciudadanos. Jefes de Estado, gobernadores y presidentes municipales no dudan en conseguir una audiencia con el Santo Padre en el Vaticano, o un saludo de mano después de las Audiencias generales de los miércoles. Así las cámaras pueden captar el momento, para luego hacer circular las fotos entre el pueblo y provocar una buena impresión en sus gobernados. Lo hicieron Evo Morales, Enrique Peña Nieto, Cristina Fernández de Kirchner y hasta César Duarte Jáquez. Muchos lo hacen y lo seguirán haciendo. En política una imagen puede valer más que mil palabras.

La Iglesia sigue muy de cerca el proceso político que vivimos hoy en México, en una prudente distancia para no apoyar ni descalificar a partido político alguno. Como institución nos corresponde solamente promover la participación ciudadana, ya que se está jugando el bien del hombre y de la sociedad. Ha habido épocas en las que la relación con el Estado ha sido de mucha hostilidad; basta recordar lo que sucedió en 1926, cuando se decretó la suspensión del culto público en el país y la guerra cristera que le siguió. Pero también en otras épocas la Iglesia ha vivido tan unida al Estado que casi eran una y la misma cosa, lo que también se ha pagado con un precio muy costoso. Ambos extremos han sido experiencias muy negativas.

La Iglesia católica y el Estado mexicano son independientes y autónomos. Cada una tiene su ámbito de competencia, aunque los dos están al servicio del bien personal y social del hombre. Por eso es necesaria una cooperación entre las dos instituciones, lo que no significa que se confundan. Ni el Estado debe identificarse con una religión concreta, ni la Iglesia debe tener preferencia por un partido político específico. Cada cristiano es libre de adherirse al partido que, en su conciencia, crea que es mejor. Esto no debe hacerse a la ligera, ya que la Iglesia nos dice que hay temas que son fundamentales para el bien personal, familiar y social, y que todo católico, en conciencia, debe apoyar: el respeto a la vida humana desde el vientre materno hasta su muerte natural, el matrimonio exclusivo entre el hombre y la mujer, y la libertad religiosa.

Por la armonía de estos tiempos electorales exhortamos, pues, a los candidatos a no confundir a la ciudadanía, respetando la saludable autonomía entre ellos y la Iglesia Católica, así como a los católicos a participar en la contienda electoral con responsabilidad y espíritu de cooperación para el buen funcionamiento de nuestra comunidad política.

jueves, 17 de mayo de 2018

Democracia o demagogia


Uno de los aspectos más preocupantes de las elecciones 2018 es que el pueblo no vote con la cabeza sino con el corazón. Como muchacha ingenua y enamorada que siente pero no piensa, así los mexicanos tenemos el riesgo de tomar una mala decisión el próximo 1 de julio, que después sea causa de grandes dolores de cabeza. No me refiero a ningún candidato en particular sino a todos en general, porque hasta hoy todos han caído en ese juego peligroso que se llama demagogia, juego que enciende las pasiones y nubla el buen juicio.

La demagogia es una deformación de la democracia. Se trata de una estrategia política para endulzar el oído del pueblo llenándole la cabeza de halagos y falsas promesas. La demagogia pretende conseguir la atención el pueblo promoviendo ideas radicales en las masas. El político demagogo va por la conquista de los sentimientos de los ciudadanos. Manipula la emoción y no estimula la razón.

Esta semana el periodista Sergio Sarmiento denunciaba las promesas de dinero que algunos candidatos están haciendo por conquistar a los electores. Uno de ellos ha prometido dar 1200 pesos mensuales a las jefas de familia; otro ofrece 3600 pesos al mes para los que ni estudian ni trabajan; otro más ha prometido un ingreso fijo para todos por el sólo hecho de ser mexicanos. Sin embargo ninguno de los candidatos explica cómo será todo eso posible, qué gastos y programas se recortarán para financiar el dinero regalado, cuáles impuestos tendrán un incremento y a cuánto subirá la deuda pública. A ninguno le importan los vicios que sus ofrecimientos puedan engendrar. Todo es demagogia que no mide las consecuencias de las promesas. Concluye el periodista diciendo: “Estamos camino al precipicio, pero no parece haber vuelta atrás. Las elecciones se compran con promesas irresponsables. Para impulsar políticas públicas sensatas, primero hay que llegar al poder”.

Es muy fácil que el pueblo se deje embelesar por soluciones fáciles y simplistas para los grandes problemas que aquejan al país. El político demagogo aprovecha los odios del pueblo, sus deseos recónditos, sus sueños y temores. Pero también un político se vuelve demagogo cuando durante su campaña se ocupa de subrayar los problemas y conflictos que se desatarán en caso de que no se vote por él sino por su rival. Todo ello se hace con el propósito de despertar el temor de los ciudadanos. Eso también es demagogia.

Recordemos cómo en el mundo han desfilado famosos personajes en los últimos tiempos: Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, la pareja Kirchner en Argentina y Donald Trump en Estados Unidos. No importa si son de izquierdas o de derechas: todos ellos manipularon los sentimientos y sueños de sus pueblos, sembraron odios y creyeron que eran ellos los únicos capaces de interpretar los deseos de las masas. Lenin y Hitler también fueron demagogos. La demagogia es una constante de la historia. Ya en la antigua Grecia, Platón y Aristóteles advirtieron que de este tipo de políticos nace el autoritarismo que conduce a los países hacia gobiernos tiránicos y dictatoriales.

Es fácil detectar a los políticos demagogos. Se parecen a los encantadores de serpientes cuya música de su flauta los delata. Lo realmente difícil es que las masas no se dejen hechizar por su discurso, especialmente en tiempos de crisis. Y cuando las masas aplauden al demagogo, el riesgo de un estallido social se vuelve muy grave.

El próximo domingo veremos el segundo debate entre los cuatro candidatos (Margarita Zavala ya declinó). Hasta hoy han predominado los discursos demagógicos y los ataques personales entre los contendientes. Necesitamos ya escuchar argumentos serios y bien razonados que nos permitan discernir quién puede hacer el mejor papel como presidente de México. Estaremos muy atentos a lo que ocurrirá en Tijuana para ver si lo que proponen es razonable y posible, o si detrás de sus palabras se esconde esta forma de manipulación labiosa, y que puede llevar al país por el despeñadero.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Cultura del faje y su efecto en el varón

Esta semana estuvo en Ciudad Juárez María Judith Turriaga, experta en educación de la afectividad y la sexualidad. Su cátedra de 25 horas para instruir a maestros en el curso “Formando corazones” logró cautivarnos por su manejo de conceptos y ejemplos sobre antropología. María Judith demostró cómo a través de las ciencias se puede lograr una formación adecuada en la virtud de la castidad en las nuevas generaciones. Ahí donde “Formando corazones” se ha implementado, los embarazos de adolescentes y jóvenes casi ha desaparecido, así como la violencia y el bullying.

En una de sus charlas la señora Turriaga explicó cómo los varones hoy estamos pasando por una crisis sin precedentes en la historia de la humanidad. Engancharse con otras personas en eso que llamamos “ligue” (hook up), o “faje”, que desde hace 30 o 40 años está presente en nuestra cultura, sobre todo en círculos juveniles, y que son encuentros ocasionales de tipo sexual, ha convertido a los varones en seres más inmaduros y violentos.

María Judith tiene razón. Actualmente ha crecido mucho el número de blogs, programas de televisión, libros y artículos que hablan de la crisis del varón. Todos afirman que el hombre de hoy se parece más a Peter Pan que a un hombre verdadero. Es decir, nos hemos convertido en adolescentes permanentes. Hemos dejado de ser esposos, padres y guardianes de nuestras familias para convertirnos en hombres aniñados, adictos a los videojuegos y vestidos casi siempre con una cachucha hacia atrás.

En su libro “Adam and Eve after the pill” (Adán y Eva después de la píldora anticonceptiva), Mary Eberstadt sostiene que la causa principal de la atrofia de la madurez varonil se debe a la revolución sexual de los años 60. Ésta ha conducido a que el instinto protector del hombre no se desarrolle. Inmerso en el ambiente del “ligue” y del sexo casual, el hombre se queda sin nada qué proteger. El varón, creado por naturaleza para custodiar y brindar protección a una mujer y a sus hijos, se acostumbra a tener relaciones sexuales recreativas, lúdicas, sin compromiso; y así deja de tener relaciones sexuales sin el fin de procrear. Dice un dicho: “Los adultos no hacen a los bebés; los bebés hacen a los adultos”.

Otra razón por la que los varones hemos perdido madurez afectiva es porque el sexo y el romance los hemos convertido en objeto de consumo. El amor, el sexo y la transmisión de la vida son cosas que precisan de un elevado discernimiento, pues en ello nos jugamos la felicidad a largo plazo. En cambio cuando nos dejamos llevar por el sexo pasajero, motivo de cacería fugaz, de esa manera se deteriora nuestra capacidad de amar a por tiempo prolongado en el futuro.

María Judith Turriaga sostiene que esta cultura del ligue o del faje, afecta a la mujer a corto plazo, y al varón, a largo. Envuelta en relaciones pre-matrimoniales o precoces, la mujer pierde su autoestima, su fama, se siente utilizada como objeto de recreo, sufre depresiones. En cambio los efectos que estas conductas sexuales tendrán en el mundo varonil serán más atroces años más tarde. Muchas esposas terminan echando fuera de la casa a sus maridos por considerarlos no funcionales, insoportables, violentos o inmaduros. Fuera de su hogar, los hombres se van a vivir solos, o consiguen otra pareja o terminan viviendo en casa de sus papás. Muchos de ellos acaban siendo mendigos en las calles.

Hoy el feminismo radical presenta a la mujer como víctima de una cultura machista y patriarcal. Sin embargo quien está en verdadera crisis es el varón. Las mujeres tienen su derecho al voto, estudian carreras universitarias y tienen buenos puestos de trabajo. En caso de separación o divorcio el Estado las favorece y se han creado leyes que las protegen de la violencia. En cambio, al hombre no se le escucha. De esa manera el varón, habiendo perdido sus cualidades de líder, custodio, marido responsable, educador y protector de una familia se ha quedado fuera, propenso a las depresiones y a sentirse un inútil. Son las terribles consecuencias de una sexualidad desenfrenada, de vicios adquiridos desde la niñez o adolescencia como la pornografía, de esa ‘obesidad sexual’ de que está enferma nuestra cultura.

Es preciso regresar a recuperar lo que hemos perdido. Términos como ‘castidad’, ‘virginidad hasta el matrimonio’ o ‘fidelidad’ están fuera del léxico de nuestra cultura laicista. Sin embargo en ellos se esconde el camino que lleva a la alegría y al gozo verdadero de la vida.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Decididos a participar en las próximas elecciones

El próximo 1 de julio los mexicanos iremos a las urnas para elegir al presiente de México. Mientras los cinco candidatos llevan a cabo su campaña, la sociedad mexicana tiende a polarizarse según los proyectos de nación que los candidatos proponen para el país. Las circunstancias apuntan para que al final de las contiendas electorales sean dos los contendientes fuertes en los que se decida la elección. Ello seguramente suscitaría apasionamientos y radicalismos que podrían dividir a los mexicanos.

Los obispos de México, preocupados por una de las elecciones más competitivas de las últimas décadas, nos invitan a razonar el voto y a no dejarnos guiar únicamente por nuestras emociones o sentimientos. Sabemos que ninguno de los candidatos es perfecto, pero no por ello estamos llamados a votar por ‘el menos peor’, sino por aquel que pueda hacer el máximo bien posible. Hemos de preguntarnos si con tal presidente habrá más paz, más seguridad, menos crimen organizado, mejor educación y desarrollo humano integral.

Los católicos hemos de tener en consideración algunos criterios que son fundamentales para el bien común de los mexicanos. En primer lugar el respeto que merece todo ser humano desde el vientre materno y hasta su muerte natural; también la definición inalterable del matrimonio, que es entre un hombre y una mujer. Asimismo, el derecho que tenemos todos a la libertad religiosa, es decir, a vivir personal y de manera comunitaria la religión. Algo fundamental es también la búsqueda del bien de los más pobres y excluidos de nuestro país. Por eso hemos de preguntarnos si con tal o cual candidato la vida será respetada, el matrimonio se reconocerá como monógamo y heterosexual, si la Iglesia gozará de libertad para cumplir su misión evangelizadora y si habrá procesos reales y no varitas mágicas para ayudar a combatir la miseria, la violencia y la corrupción.

Al sufragar el próximo 1 de julio, conviene que lleguemos a las urnas bien rezados, sabiendo que con nuestra decisión estamos haciendo la voluntad de Dios. Los obispos nos invitan a no dejarnos manipular para votar en bloque, y mucho menos dejarnos corromper por la compra de votos. Recordemos que las elecciones no son solamente para presidente de la república, sino para senadores, diputados federales, algunos gobernadores y más de mil presidentes municipales. Por ello hemos de votar por las personas concretas que puedan realizar, en lo posible, el auténtico bien de la sociedad. En todos los partidos y las alianzas existen candidatos que pueden aportar al bien común.

El ambiente de ataques entre candidatos y la polarización del electorado pueden hacer percibir que las cosas están pésimas en México, lo que podría llevarnos a vivir en la desesperanza. Pero la desmoralización no debe ser una actitud de católicos. El cristiano católico es, ante todo un optimista, alguien que sabe descubrir oportunidades y retos aún en las circunstancias más difíciles, alguien decidido a participar activamente en la transformación de su patria. Es saludable, entonces, agradecer a Dios por la oportunidad de trabajar por el bien de nuestro país y redescubrir tantas cosas buenas que se han logrado en los últimos años.

Preparemos desde hoy nuestro voto orando por el proceso electoral del 1 de julio. Sirva la oración que los obispos mexicanos han preparado con este motivo:

Dios Uno y Trino, invocamos tu asistencia amorosa a favor de nuestra nación en este año que ejerceremos nuestra responsabilidad ciudadana como una expresión de compromiso y participación en la construcción de nuestra Patria.
Padre eterno y bondadoso, ayúdanos a discernir con tu sabiduría para elegir a aquellos ciudadanos que puedan ejercer las funciones de gobierno con conocimiento, sensibilidad, competencia, honestidad y que sean constructores de la paz y la reconciliación.

Hijo único del Padre, que te encarnaste y asumiste un contexto histórico, en medio del pueblo de Israel, que tu ejemplo nos comprometa con nuestro propio pueblo para que ofrezcamos nuestra aportación constante en la participación y el compromiso ciudadano.

Espíritu Santo, fuente del amor del Padre y del Hijo, ilumina nuestra mente e inspira nuestros afectos, para que todos los habitantes de México seamos corresponsables y construyamos una nación donde reine el diálogo, la verdad, la justicia y la paz, que nos haga merecedores de la Patria del Cielo.

Todo esto, Dios Uno y Trino, lo suplicamos amparándonos en la intercesión maternal de Santa María de Guadalupe, Madre de todos los mexicanos, por Jesucristo nuestro Señor, amén.

La tortura de las lavativas

Uno de los recuerdos no gratos de mi niñez fueron las lavativas. Era la panacea universal que curaba muchos males. Apenas enfermábamos de alguna fiebre o de algún mal de estómago, mi madre llamaba a mi abuela por teléfono para solicitar un consejo, y el remedio era casi siempre el mismo: un enema, y si era con un huevo crudo, mejor. Era ya un tormento psicológico ver, mientras uno se bajaba los pantalones, cómo mamá preparaba aquella bolsa de hule con esa cánula amenazadora, lista para ser conectada al cuerpo por las partes más recónditas y respetables, y después ver cómo aplastaba el contenedor con los dedos mientras gritaba “no te muevas”. Entonces entraban violentamente torrentes de agua a los pobres intestinos en sentido contrario, casi medio litro por segundo, arrasándolo todo. Al sentirnos ahogados por dentro, corríamos al baño tratando de contener las aguas caudalosas que reclamaban su salida.

Son anécdotas de mi niñez que hoy recuerdo con una sonrisa, pero que en su momento fueron un verdadero suplicio. Hoy, gracias a Dios, es prácticamente imposible llegar al baño de una casa y ver colgada la bolsa de plástico con la cánula, lo que hace apenas unas décadas era la curación para muchos males. Pero antes no fue así. En tiempos de mis abuelos y más atrás, dejar de ir al baño un solo día era considerado gravemente anormal, por lo que las lavativas estaban a la orden del día. Se utilizaban enemas con manzanilla, con leche, miel, caldo de res y vino blanco, azafrán, clavo y canela; o bien, las naturales de agua con sal.

Uno de los culpables de mis sufrimientos en la infancia provocados por los enemas, fue el doctor John Kellog, quien junto con su hermano, en 1898 fue el creador de los cereales que desayuné durante muchos años antes de ir a la escuela. Sí, ese doctor era gran aficionado a los enjuagues intestinales porque creía que el colon era fuente permanente de intoxicación de la sangre. Por eso hizo esta práctica muy popular y fue el inventor del aparato que me dio tanto terror cuando era niño. Dicen que el artefacto que se inventó, lograba que 50 litros de agua entraran en el cuerpo en pocos segundos. Es increíble que la gente sobreviviera a ese salvajismo. Curioso, el señor Kellog nos motivaba a consumir cereales por la mañana y con sus inventos de los lavados de intestino nos hacía expulsarlos a veces por la noche.

Según José Alberto Palma, la época dorada de las lavativas fue el siglo XVII en Francia, donde se desató una verdadera fiebre y gusto por ellas. Fue el siglo de los enemas, en todas las clases sociales. Se cuenta que Luis XIV, conocido como el Rey Sol, era tan aficionado a la cánula que se la colocaban incluso cuando despachaba los asuntos en la corte. Del rey hicieron burla Moliere y Cervantes, pero al monarca poco le importaban las mofas. Estaba orgulloso del trato que daba a su trasero y a ello atribuía su salud y larga vida. Fueron 72 años de reinado, uno de los más largos de la historia.

Hoy las lavativas se siguen empleando para limpiar el colon de parásitos, desinflamarlo y remediar el estreñimiento severo. Sin embargo no se deben aplicar sin el consejo de los médicos, ya que puede haber efectos secundarios o contraindicaciones. Lo mejor es ir creando en nuestras familias una cultura de la prevención de enfermedades del colon, primeramente tomando suficiente agua para estar bien hidratados. La ingesta de fibra con alimentos como frutas frescas, hortalizas y legumbres, así como los cereales integrales, también previene las enfermedades del intestino. Y, por supuesto, educar a los hijos a que tengan buenos hábitos evacuatorios, enseñándoles que cuando las tripas llaman, hay que atender con prontitud: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Procuremos evacuar siempre a la misma hora y realizar algún ejercicio físico.

Si nuestras madres y abuelas, hace cuarenta años, hubieran tenido la cultura de la nutrición que hoy está emergiendo, muchos no habríamos conocido el tormento de la cánula, y nunca habríamos salido corriendo despavoridos cuando escuchábamos “pónganle una lavativa al niño”.

jueves, 26 de abril de 2018

En México a los padres les roban la Patria potestad

Mientras todos hablan del debate presidencial del domingo pasado y discuten temas como la inseguridad o la corrupción, muy pocos mexicanos se dan cuenta de que están sucediendo cosas gravísimas en el país, y que son una amenaza más grande para el futuro de México. Desde hace décadas está ocurriendo una revolución silenciosa, a tal grado de que el Estado mexicano, a los padres de familia, les está quitando, poco a poco, la Patria potestad sobre sus hijos.

La Cartilla sobre los Derechos Sexuales y Reproductivos para Jóvenes y Adolescentes, que ya se distribuye en México, es un arma letal de nuestro gobierno para comprometer el futuro de los niños y los jóvenes y, por tanto, la vida de las futuras familias del país. El documento al que ya tienen acceso los menores, no es más que una motivación hacia ellos para que practiquen libremente la fornicación, la masturbación, cualquier depravación y el aborto. En nombre de los jóvenes dice: "Tenemos derecho a ejercer y disfrutar plenamente nuestra sexualidad y vivir cualquier experiencia, expresión sexual, erótica o de género que elijamos”.

No sólo eso. La cartilla roba a los padres el derecho que tienen para formar a sus hijos en algo tan delicado como su sexualidad cuando dice: "El Estado debe garantizar que el ejercicio de este derecho sea libre de presiones, discriminación, inducción al remordimiento o castigo por ejercer o no actividades relacionadas con el conocimiento, exploración y disfrute de nuestro cuerpo y de nuestra sexualidad”. En otras palabras, si papá o mamá tratan de orientar al hijo en las cuestiones de su sexualidad, o si le dicen que alguna práctica no es moralmente correcta, podrían inducir al hijo al remordimiento, lo que el Estado no debe permitir.

La cartilla no sólo habla sobre la vida sexual de los adolescentes, sino que también les insiste en que tienen derecho a decidir si quieren tener hijos o no, cuántos, cuándo con quién, sin que la identidad de género sea un impedimento para ello. Es absurdo. Si un adolescente quiere tener un hijo, ¿los padres no pueden opinar, aunque vivan en el mismo techo y sin importar que al chamaco lo mantengan sus papás? El Estado podría sancionar a los progenitores, pues afirma la cartilla: “Ninguna persona o autoridad, en el ámbito familiar, laboral, escolar y de salud, comunitario o institucional, puede ejercer ninguna acción que tenga como fin lesionar nuestra libertad”.

También habla del aborto diciendo que el Estado "debe garantizar y promover el acceso a la información y a los servicios de salud con pertinencia cultural, garantizando nuestro derecho a la confidencialidad, incluyendo el acceso a todos los métodos anticonceptivos, la atención de un embarazo saludable y los servicios de aborto legal y seguro”. Además propone "el derecho de los adolescentes a la confidencialidad en todos estos asuntos, así como a recibir atención y a que no se les niegue el acceso a los servicios -aborto incluido- por ausencia de padre, madre o tutor legal”. Una niña de 12 años puede así practicarse un aborto sin que sus padres se enteren.

Como vemos, la patria potestad está desapareciendo rápidamente en México. Estamos ante una revolución silenciosa que dejará miles de víctimas y familias destruidas. Vamos por la misma pendiente que en otros países. Ahí donde la ideología de género se ha implementado, los padres han perdido toda autoridad sobre sus hijos. En California, por ejemplo, en las clases de educación sexual se enseña a los niños de nueve años a la práctica de relaciones anales, y a los padres se les niega el derecho de retirar a sus hijos de esas enseñanzas de educación sexual escolar.

Inglaterra es un país donde las políticas de género se han implementado con mucha amplitud y agresividad, lo que ha llevado no sólo a hacer completamente a un lado a los padres de familia en cuestiones de educación afectiva y sexual a sus hijos, sino a despojarles de su derecho sobre procurar la salud de sus pequeños. Una cosa lleva a la otra. El caso del niño Alfie Evans en Liverpool es elocuente. Alfie es un niño de casi dos años que tiene una extraña enfermedad y que tuvo que ser ayudado a respirar con un aparato especial dentro del hospital. Como los médicos determinaron que el niño debía ser desconectado del respirador y dejarle morir, los padres de Alfie se opusieron a esta decisión y quisieron llevarlo a Italia para tratar de salvarle la vida con otro tratamiento. Sin embargo, siguiendo las recomendaciones del personal sanitario, la Corte británica tomó la decisión de matar al niño. Los derechos de los padres para salvar la vida de su hijo han sido pisoteados. Al momento de escribir este artículo, Alfie seguía vivo, respirando sin el respirador que ya le retiraron por orden de un juez. Implementar la ideología de género, inevitablemente trae como consecuencia la pérdida del derecho natural.

La Cartilla sobre los Derechos Sexuales y Reproductivos de los Jóvenes y Adolescentes, que ya se distribuye en nuestro sistema escolar, y que ya traen los jóvenes en su bolsillo, es una de las evidencias más tristes de que el Estado Mexicano quiere convertirse en un despiadado dictador que desbarata la vida familiar al decidir, no solamente cómo los mexicanos deben comportarse en la cama, sino quién debe nacer y quién debe morir. Estos son los temas que deben estar en los debates de los presidenciables. 

miércoles, 25 de abril de 2018

Trigo y Cizaña

El próximo presidente
México, más que un emperador totonaca vitoreado con copal, necesita un presidente o presidenta con auténtico espíritu democrático; una persona que atraiga inversión y genere trabajo; que proponga mecanismos realistas y no utopías para disminuir la corrupción; un presidente que tenga una moderna visión de la educación que necesita el país para ser competitivo; alguien que tenga la capacidad de sentarse a negociar con los líderes mundiales; un hombre o una mujer con amplia cultura para desenvolverse con soltura en foros internacionales; una presidente enemigo del populismo que sólo da al pueblo atole con el dedo pero que no lo estimula a crecer; México necesita un presidente que no traicione los valores espirituales de la nación entregando al pueblo a la nueva colonización cultural de intereses extranjeros; un presidente que fortalezca a las familias mexicanas tanto en salarios como en valores; un presidente que ame, respete y defienda la vida de cada mexicano librándola de la violencia del aborto así como de la violencia del crimen organizado; un presidente que respete a los homosexuales pero sin equiparar esas uniones con la institución del matrimonio; un presidente que promueva la dignidad de la mujer y que cree las condiciones para que su gente deje de emigrar. Espero que para los próximos debates de Tijuana y Mérida se afiance mi voto con quien más transparente este perfil. A casa vieja, puertas nuevas.

El puntero
No se trata de ninguno de los candidatos a la presidencia, sino de todo México. Somos el país puntero en asesinatos de sacerdotes. Ya son 23 en lo que va del sexenio. El último fue el del padre Juan Miguel Contreras García de la Arquidiócesis de Guadalajara, quien apenas tenía dos años de haber recibido las órdenes sagradas. El año 2018 ha sido considerado por el Centro Católico Multimedial como “un año sin fin contra el sacerdocio mexicano”. La escalada de violencia contra los líderes espirituales del país es un síntoma muy grave de lo que aquí está sucediendo. Matar a los que por su vocación comunican la vida divina debe horrorizarnos, tanto como nos han aterrado tantas historias de muertes y asesinatos perpetrados con crueldad inaudita, como fue el de los tres jóvenes estudiantes de cine cuyos cuerpos fueron disueltos en ácido, en Jalisco la semana pasada. La cultura de la muerte nos está matando. El próximo presidente de México tendrá el enorme desafío de combatir la violencia que tanta angustia ha traído al pueblo, atacándola por todos los frentes. A lo más oscuro amanece Dios.

Obispos: ¡aguzados!
A los obispos reunidos en sus asambleas semestrales a veces se les aparecen ciertos políticos que les halagan por el invaluable trabajo de la Iglesia en México, discursos que mucho adulan y poco aprovechan para el fortalecimiento del catolicismo mexicano. En cambio hay mensajes que son punzocortantes y que no caen tan bien, pero que son los que necesitan escuchar los prelados para fortalecer a la Iglesia. Esa clase de comunicados son los del nuncio Franco Coppola, quien está muy consciente del deterioro social del país y sabe de la clase de líderes espirituales que necesita la gente. A juicio del padre Armando González Escoto "el problema de fondo radica en la condición actual de los seminarios, mismos que requieren de formadores de muy alto nivel. Formadores para la creatividad y la autenticidad, que logren dar respuestas rápidas a las preguntas del hombre actual, capaces de construir nuevas formas de vivir la fe en un mundo que la ha perdido; más que celebradores de impecables ritos, comunicadores de vida, de entusiasmo, de empeño en la transformación integral de una realidad cada vez más deteriorada”. 

miércoles, 18 de abril de 2018

Gaudete et exsultate, la estimulante e incómoda exhortación del papa

Se ha publicado la exhortación del papa Francisco, “Gaudete et exsultate”, Alégrense y regocíjense. Con este documento el Santo Padre llama a la Iglesia a buscar la santidad y purificarse de esa enfermedad que él llama mundanidad espiritual, que había denunciado en Evangelii Gaudium. Sin pretender hacer un tratado de teología espiritual, Francisco nos anima a no perder la meta de la santidad a la que todo cristiano debe llegar. Ya el Concilio Vaticano II había hecho este llamado universal que ahora el papa explica en detalle.

En un lenguaje claro y directo, Francisco nos habla en segunda persona: la santidad también es para ti. “Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad” (n. 15). Nos lo dice porque son los santos quienes hacen creíble y bello el rostro de la Iglesia en el mundo; pero no sólo los santos que forman parte del calendario litúrgico, sino “los de la puerta de al lado”: la madre, la abuela, el vecino o el amigo que nos edifica con su testimonio de vida cristiana y que, aunque falla y tiene sus caídas, se vuelve a levantar para retomar el camino.

Este papa es un reformador. Sabe que las reformas de la Iglesia no se hacen desde grupos cerrados ni de las élites intelectuales; ello lleva solamente a la contaminación ideológica, a la desunión y a la pérdida de la identidad católica. La reforma que Francisco impulsa es desde las periferias, desde los cristianos de a pie. Son los católicos ordinarios los que mantienen la identidad del Pueblo de Dios adorando la Eucaristía, formándose en la catequesis, los que acuden al confesionario, participan en diversas devociones, hacen obras de caridad y rezan. La reforma de la Iglesia se hace impulsando la santidad en el Pueblo como fin último de la fe católica.

Francisco es un papa incómodo. Su incomodidad es saludable porque sabe poner sal en las heridas de la Iglesia para curarlas. Nos ha advertido de las desviaciones del camino de santidad por dos atajos peligrosos y sin salida. El primero es la senda del gnosticismo. Esto es la adoración del conocimiento teológico, bíblico o litúrgico que puede hacernos creer que por ello estamos salvados o que somos superiores a los demás. Sin menospreciar la necesidad de una educación católica en la doctrina, el papa advierte que lo esencial es dejarnos conducir por el Espíritu Santo para encontrar a Dios en Cristo, en la Iglesia, en la carne del hermano necesitado.

La otra ruta peligrosa -advierte- es el del pelagianismo. Como aquel monje del siglo IV llamado Pelagio, que terminó por considerar innecesaria la gracia divina y puso su confianza en las propias fuerzas para llegar a la salvación, también nosotros podemos cometer la misma equivocación. Al vivir obsesionados con los mandamientos, en la ostentación de una liturgia impecable, vanagloriándonos por el prestigio o el triunfalismo de la Iglesia, en la conquista de obras las sociales como si la Iglesia fuera una ONG carente de piedad y oración... estaríamos dando signos de que algunas sombras de pelagianismo se han introducido en nuestra vida espiritual, más confiada en las propias fuerzas y menos apoyada en la misericordia. El papa nos invita a todos a examinar la propia conciencia para reconocer si vamos siguiendo estas vías con olor a soberbia.

La parte central de la Exhortación son las ocho bienaventuranzas del Sermón del Monte, por las que Jesús nos explicó, con simplicidad, cuál debe ser el estilo de vida del cristiano. El discípulo del Señor debe llevar una vida austera con la pobreza de espíritu. Pero también debe cuidar el corazón de lo que ensucia el amor; debe ser un sembrador de paz y de amistad social y debe vivir en una permanente actitud de misericordia. Esta debe ser la gran regla del comportamiento del bautizado. Hay que estar atentos para que las ideologías no nos atrapen, dice el papa, porque hay cristianos que viven su cristianismo llenos de obras sociales pero carentes de oración, gracia y sacramentos; así como también hay católicos muy críticos al compromiso social de los demás, tachándolos incluso de comunistas. El signo de la santidad no son los éxtasis místicos sino vivir en Dios en amor hacia los últimos, que pueden ser los inmigrantes así como los no nacidos.

Francisco no se detiene a explicar los medios tradicionales para crecer en santidad que aconseja la Iglesia, como la recepción de los sacramentos, la escucha de la Palabra o la dirección espiritual. Más bien explica cuáles son las características indispensables para entender el estilo de vida de la santidad: aguantar con paciencia y mansedumbre, la alegría y el sentido del humor, la audacia y el fervor, aprender a santificarnos en comunidad y vivir en constante oración.

En su parte final, el Santo Padre hace alarde de sus buenas dotes de jesuita exhortándonos a practicar el discernimiento espiritual. En una época de tanta distracción que se manifiesta en viajes, tiempo libre y obsesión por la tecnología, el cristiano necesita crear espacios de silencio para escuchar la voz de Dios. Advierte que la vida cristiana es un combate, no sólo contra la propia carne ni contra el espíritu mundano, sino contra el demonio. En una época en que muchos no creen en su existencia ni en su actuación, Francisco nos advierte que el diablo no es un símbolo del mal, sino un ser personal que actúa en el mundo de los hombres para apartarlos del camino de santidad.

‘Gaudete et exsultate’ ofrece a los sacerdotes abundantes puntos de meditación para su vida personal y para sus homilías. Los mensajes desde el púlpito serán, prácticamente, el único vehículo por el que la voz del papa llegará a los fieles. Sin embargo es un documento que merece ser leído, meditado y compartido en todos los grupos parroquiales. Será un fuerte estímulo para vivir sin acomodarnos en una vida tibia o licuada, para ser testigos del Redentor, sal y luz en el mundo.

miércoles, 11 de abril de 2018

Urbano Zea, requiescat in pace

En Ciudad Juárez hay conmoción. Urbano Zea, el atleta, el nadador en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, que ocupa un lugar en el Salón de la Fama deportiva juarense, el buen amigo, esposo y padre de cinco hijos murió de manera repentina. Un infarto hizo que su corazón dejara de latir y con ello muchas personas de esta ciudad quedaron en absoluto desconcierto.

Uno de los grandes misterios que tiene la existencia es que a muchos se les pide suspender la redacción de su vida sin que tengan oportunidad de terminar el párrafo. A media frase deben cortar su inspiración. Quedan así tantas cosas por escribir, asuntos que arreglar, gente para despedir, círculos qué cerrar, una última plegaria para musitar, una esposa y unos hijos para besar. Cayó el telón imprevistamente y no hubo tiempo. Jesús advertía sobre el carácter dramático y fulminante de la muerte cuando dijo: “Estén prevenidos, porque a la hora que menos piensen vendrá el Hijo del Hombre” (Lc 12,40).

En estos días he encontrado a algunos amigos de Urbano. Están francamente impactados. Algunos han empezado a visitar al cardiólogo; otros están haciendo programas de ejercicio físico y otros más están ingiriendo jugo verde por las mañanas. Hay, en el fondo, un miedo a morir súbitamente. Todos sabemos que algún día moriremos, pero el problema es que imaginamos que ese día está lejano todavía. El joven de 18 años piensa que le faltan 80 por vivir; yo, a mis 54 años pienso que, al menos, me quedan otros 30. Mi abuela, que murió a los cien, alguna vez dijo que creía que llegaría hasta los 105. Incluso quien está grave en el hospital no cree que ese día se morirá. Se nos olvida que "boda y mortaja del cielo baja".

Ante la muerte de un amigo relativamente joven pensamos en cambiar nuestras dietas y comprarnos una máquina de ejercicios cardiovasculares. Recuerdo la muerte sorprendente del padre Carlos Márquez, hace unos años, hizo que muchos sacerdotes hiciéramos fila para entrar a consultar al cardiólogo. Eso de darle un mejor cuidado al cuerpo no está mal, ciertamente. Sin embargo poco hacemos por mejorar el alma y tenerla preparada por si Dios nos arrebata la vida en el momento menos esperado.

Damocles, ese cortesano que solía adular de manera exagerada al rey Dionisio de Siracusa en el siglo IV a. C., fue escarmentado cuando el rey le ofreció intercambiar los papeles durante un día. Sentó a Damocles en el trono real y ofreció un espléndido banquete para que gozara como si fuera el monarca. Damocles disfrutó de todos los manjares y de las hermosas mujeres que había pedido. Al final de la bacanal miró hacia arriba y descubrió, que pendía sobre su cabeza, una filosa espada afilada atada por un solo pelo de crin de caballo. A Damocles se le quitó el hambre y pidió al rey abandonar su puesto.

Además de ser como Damocles, conscientes de que hoy puede ser el último día de nuestra vida, los cristianos hemos de vivir con un solo deseo: ser santos. Dice el papa Francisco en su último documento ‘Gaudete et exsultate’: "Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1)”.

Agradezcamos a Dios por la vida Urbano Zea, por los signos de bondad que manifestó en su vida como esposo, amigo, deportista y padre de familia. El papa Bergoglio reconoce que le gusta ver la santidad del pueblo de Dios: "padres que crían con tanto amor a sus hijos, hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, los enfermos, las religiosas ancianas que siguen sonriendo... Esa es muchas veces la santidad 'de la puerta de al lado', de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, ‘la clase media de la santidad’”. (GE, 7)

Tengamos los ojos abiertos para ver esos signos del amor divino en nuestros familiares y amigos difuntos. Pero sobre todo que no nos llegue el sueño de la muerte con el corazón frío, sin obras de amor a Dios y a los hombres. Entonces sí podríamos ser como los peces en el anzuelo atrapados en el tiempo malo, como los pájaros aprisionados por el lazo (Qo 9,12).

El Señor, en su misericordia infinita, conceda a Urbano Zea el perdón de sus faltas para llegar al lugar de la paz perpetua, a los Campos Elíseos de la eternidad, donde sólo descansan los atletas espirituales, los que supieron dar en su vida la buena pelea del amor.

miércoles, 4 de abril de 2018

El documento más polémico de la historia

Este 2018 se cumplen 50 años de la publicación de la encíclica “Humanae vitae”, probablemente el documento papal más controvertido en la historia de la Iglesia. El mundo en 1968 estaba emocionado con la invención de la píldora anticonceptiva. Los matrimonios brincaban de contento: por fin podrían tener relaciones sexuales libres de embarazos no deseados. Se creía que la sobrepoblación del mundo era el peor de los males de la humanidad. Los anglicanos en 1930 ya habían establecido que la anticoncepción podría ser una opción moralmente buena. ¿Qué diría la Iglesia Católica ahora que la ciencia hacía posible que las mujeres dejaran de ovular ingiriendo la pastilla?

Aunque la comisión de obispos y teólogos que asesoraba al papa se inclinaba a favor de la aprobación moral de la anticoncepción, Pablo VI no podía dejar de ser fiel a la enseñanza perenne de la Iglesia. Sabía que la publicación de la encíclica lo enviaría a vivir un verdadero martirio. En efecto, la enseñanza del papa fue duramente rechazada en muchos ambientes católicos por oponerse a los métodos anticonceptivos y por enseñar que el acto conyugal es verdadero y auténtico cuando los esposos cristianos lo realizan con el amor de esposos y con la apertura a la vida.

Los papas posteriores a Pablo VI, hasta el papa Francisco, siguen enseñando que la anticoncepción es inmoral, primero porque rompe deliberadamente los aspectos del amor unitivo y de la transmisión de la vida que se dan a través del acto conyugal. En segundo lugar porque, de esa manera, los esposos se ponen en lugar de Dios para decidir cuándo comienza la vida. Y por último porque la anticoncepción frustra la donación que los esposos hacen de sí mismos cuando hacen el amor; es decir, en un acto conyugal contraceptivo deja de estar implicada la totalidad de la persona.

La rebelión de muchos a las enseñanzas del Magisterio sigue abierta en cuestiones de moral matrimonial. No son pocos los sacerdotes, laicos y hasta obispos que dejan este asunto a la conciencia personal de cada pareja y que consideran arbitraria la doctrina perenne de la Iglesia. Sin embargo cuando los sacerdotes vivimos opuestos al Magisterio en estos temas, les estamos enseñando entonces a los laicos que todo en la Iglesia es cuestionable y que no hay enseñanza sólida. Así, se vuelve opcional creer que María fue virgen o no lo fue; que en la Eucaristía está la presencia real del Señor o que se trata sólo de un símbolo; que las obras de caridad y de justicia son opcionales y no necesarias en la vida cristiana. Disentir de la verdad en cualquier punto de doctrina abre la puerta a la confusión del relativismo.

Después de casi seis décadas de la invención y comercialización de la píldora anticonceptiva los resultados han sido catastróficos para el matrimonio, la familia y la sociedad. Además de las oleadas de adulterios, divorcios e hijos nacidos fuera del matrimonio, los gobiernos han tomado el papel de Dios al controlar las fuentes de la vida humana. Mediante la contracepción y la promoción del aborto legal es el ser humano el que toma la decisión sobre quién debe nacer y quién no. De la misma manera el hombre se adjudica el derecho de decidir cuándo se debe morir, a través de la legalización de la eutanasia.

Pablo VI no visualizó todas las consecuencias de separar las dimensiones unitiva y procreadora del acto conyugal. El papa profetizó la pérdida de respeto del hombre hacia la mujer, la cosificación de ésta al ser tratada como objeto sexual, y la manipulación de los gobiernos a las parejas en su vida sexual para controlar los nacimientos. Pero las consecuencias han llegado hoy hasta la locura con la pérdida de la identidad sexual del ser humano. Lo que comenzó con la separación del amor y la vida en el acto conyugal, ha llevado al hombre a pretender asignar a sí mismo cualquier género distinto al de su propia naturaleza.

El mundo presiona fuertemente para que la Iglesia cambie su moral del matrimonio. Al no poder lograrlo quiere entonces avergonzar a los obispos y sacerdotes para que callen y dejen de predicar la castidad, el aborto como asesinato y la inmoralidad de la contracepción o de los actos homosexuales. Con los escándalos de abusos de ciertos clérigos se pretende que la Iglesia sea más tímida para hablar sobre estos temas. Sin embargo creo que los escándalos sexuales son una de las pruebas más evidentes de que muchos pastores nos hemos alejado de la verdad enseñada por el Magisterio. Por ello es más urgente que nunca redescubrir la belleza de la moral sexual y de la vida, y fomentar una educación en ella, para nosotros mismos, en los Seminarios y para los feligreses. Callar u orientar con nuestras propias opiniones es echar tinieblas sobre el rebaño del Señor.

En estos tiempos que vive el mundo, cada vez más confusos para los católicos, hemos de reconocer que nuestra catequesis sobre estos temas, aún para los matrimonios, ha sido un fracaso o, al menos, insuficiente. Los jóvenes y los matrimonios jóvenes, sobre todo, están hambrientos de que se les diga la verdad y se les eduque en ella. Por eso “Humanae vitae” seguirá siendo un documento como un poderoso faro de luz en la noche de la historia.

sábado, 31 de marzo de 2018

Diócesis con olor a Pascua

Hicimos hace unos días en Catedral la ceremonia de los ritos de recepción en la Iglesia a los catecúmenos. Siete candidatos venidos del paganismo -entre ellos un ex mormón- tocaron a nuestras puertas pidiendo ser admitidos para formar parte de la comunidad católica. En diversas parroquias de la diócesis sucedió lo mismo: personas que naufragaban en las aguas de la muerte se bautizaron en la noche de la Pascua para subir a la barca de la Iglesia y navegar hacia la salvación traída por Jesucristo.

Los que tenemos el privilegio de haber sido bautizados jamás nos cansemos de dar gracias a Dios por pertenecer a esta Iglesia que Jesús compró a precio de su sangre. Jesús ha resucitado y ha abierto las puertas del cielo para aquellos que lo seguimos. En nuestro camino hacia la Pascua eterna del Cielo nos llena la esperanza de ser recibidos por los santos. ¿Y quiénes nos recibirán en la gloria? En primer lugar saldrán a nuestro encuentro aquellos que crucificaron a Jesús en el Calvario; nos dará la bienvenida el ladrón arrepentido y el centurión romano. Ellos, quienes crucificaron a Jesús, fueron los primeros en ser salvados, para que así permaneciera, por los siglos infinitos, el testimonio de la grandeza de la misericordia y la bondad del Señor.

En los días previos a la Pascua, en un conmovedor espectáculo de fe y conversión, miles de católicos de Ciudad Juárez acudieron a los confesionarios. El martes pasado los sacerdotes también tuvimos nuestra jornada penitencial donde nos escuchamos unos a otros para ser absueltos de nuestros pecados. “¿Acaso seré yo, maestro?” Ninguno de nosotros quiere ser un judas en la Iglesia.

¿Nos hemos puesto a pensar que todos los bautizados, especialmente quienes vivimos de la fe, somos el premio que el Padre Celestial otorgó a su Hijo Jesucristo como fruto de su Pasión y Muerte? Ni más ni menos dice Dios por boca de Isaías: “Le daré como premio una multitud... por haberse entregado a la muerte y haber compartido la suerte de los pecadores” (Is 53,12). Somos nosotros, los hijos de Dios dispersos, que Dios Padre entrega a su Hijo como fruto precioso de la Pascua.

A partir de hoy, día de la Resurrección del Señor, más niños de Ciudad Juárez serán llevados a los bautisterios de las parroquias para ser bautizados; miles de niños en la diócesis recibirán a Jesús en la Eucaristía por primera vez. El obispo Guadalupe Torres confirmará a cientos de jóvenes y otras cientos de parejas contraerán matrimonio en el Señor. En Catedral este lunes de la octava pascual celebraremos el sacramento del Matrimonio para 33 parejas que decidieron dejar el pecado y vivir más cristianamente. Todos estos sacramentos tienen su origen en el costado abierto del Redentor, en la carne sagrada traspasada, de donde brotó sangre y agua. La diócesis aspira el perfume de la Pascua.

Movimientos diocesanos, iniciativas pastorales, fervor de las religiosas, grupos parroquiales, sacerdotes celosos por Dios, devoción en las familias, pequeñas comunidades cristianas... todo habla de aquel misterioso fuego que Jesús vino a traer sobre la tierra, de aquel bautismo que angustiaba al Redentor mientras no se cumplía (Lc 12,49-50); fuego del Espíritu que sigue sumergiendo en el amor divino a quienes se acercan a beber de las fuentes de la salvación.

Solamente quien tiene ojos mezquinos se repliega en su amargura, como Judas Iscariote, que al ver a María de Betania derramar el perfume de nardo sobre la cabeza y los pies de Jesús, criticó la aparente inutilidad del gesto. Abramos bien los ojos para captar cuánta gracia Dios derrama a nuestro alrededor, aquí en nuestra Diócesis de Ciudad Juárez, en tantas parroquias, familias y comunidades religiosas. “Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión los confines de la tierra” (Sal 2, 8). Gocémonos en la alegría de ser el premio del Padre a su Hijo, el fruto más precioso de la Pascua del Señor. ¡Felices fiestas de Resurrección!