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miércoles, 18 de julio de 2018

La enfermedad de Luis Miguel puede ser la nuestra

Para la buena vida, orden y medida. (Sabiduría popular)
Al cantante Luis Miguel le afecta el tinnitus, un mal de oído que se ocasiona por la exposición prolongada a ruidos muy fuertes. Él mismo ha dicho que desde los nueve años de edad ha estado expuesto a altos niveles de sonido. Debe ser espantoso. Un amigo mío que ha sido DJ también lo padece. Quienes sufren de tinnitus escuchan permanentemente un zumbido o silbido sin una causa externa que lo provoque. Si el silencio es para el ser humano una fuente de equilibrio y de contacto con Dios, vivir en la escucha permanente de ruido debe ser un infierno. Oro por quienes, como Luis Miguel, padecen ese mal auditivo. Creo, sin embargo, que nuestra civilización, marcada por la presencia de ruido constante, de alguna manera nos hace padecer de tinnitus.

A veces la atmósfera del centro histórico de Ciudad Juárez --lugar donde yo habito--, repleta de grupos musicales, bailes, payasos, predicadores evangélicos y música ruidosa para atraer a los clientes a los comercios, me provoca un cierto malestar. Sin embargo entrar en la nave de la catedral y tomar asiento en una de las bancas, cerca de esa puerta misteriosa llamada sagrario, junto a la que arde una lámpara roja, es cruzar el umbral hacia el reino del silencio. Ahí se refugian las personas que, sedientas de serenidad y de paz, buscan el contacto con lo divino. No se trata de escapar del ruido de la calle por algún momento, sino de colocarse ante una presencia silenciosa. Dice Robert Sarah que “el silencio no es una ausencia; al contrario: se trata de la manifestación de una presencia, la presencia más intensa que existe”, presencia que da armonía a la vida.

El hombre más sabio de todos los tiempos, Jesús de Nazaret, vivía una vida plenamente equilibrada. No se dejaba arrastrar por las exigencias de la gente. Muchedumbres lo buscaban para pedirle curación para sus enfermos y exorcismo para los endemoniados, o para ser instruidos por sus enseñanzas. Sin embargo el Maestro sabía distribuir bien su tiempo: encuentros con la gente, descanso con sus apóstoles, compartir la amistad con sus amigos de Betania, formación de sus discípulos, soledad y recogimiento. Impresiona la cantidad de tiempo que dedicaba a orar. Como piadoso israelita, no sólo cumplía con las oraciones que debían hacerse durante el día, sino que dedicaba parte de la noche para estar a solas con el Padre celestial.

Muchas veces nuestras parroquias y comunidades religiosas están marcadas por el ruido de un activismo permanente. Se trabaja mucho, se reza poco. La misma vida del sacerdote o las comunidades religiosas pueden también padecer este mal. Los resultados suelen ser palabras que se lleva el viento, en los casos menos graves. La Eucaristía, que debe estar acompasada de momentos de hondo silencio, puede volverse un rito celebrado mecánicamente que no toca el corazón. “El oficio divino --decía Thomas Merton-- recitado sin recogimiento, sin entusiasmo ni fervor, o de manera irregular y esporádica, entibia el corazón y mata la virginidad de nuestro amor a Dios. Poco a poco nuestro ministerio sacerdotal puede convertirse en el trabajo de un pocero que horada pozos de agua muerta. Viviendo en un mundo de ruido y superficialidad decepcionamos a Dios y no somos capaces de escuchar la tristeza y las quejas de su corazón”.

Pienso que el infierno debe ser un lugar o un estado de permanente ruido ensordecedor donde los condenados y los demonios no encuentran el sosiego, una especie de tinnitus eterno. Muy por encima de esos lúgubres antros donde impera el caos, allá en las alturas del cielo, donde todo lo envuelve la dulce presencia de quien el ojo no vio ni el oído oyó, reina la paz y un silencio gozoso y profundo. Ahí las alabanzas sempiternas de los ángeles y de los santos alternan con densos silencios cargados de belleza y majestad.

¡Qué hermosamente se puede construir la vida buscando espacios de silencio! Levantarse por la mañana y vencer la tentación de consultar las notificaciones del teléfono celular, dar lugar a Dios sin dejarse absorber por la angustia del hacer cosas. Buscar al Señor y estar con Él. Luego, a través de la jornada reconstruir nuestra unión con Dios, que el mundo, con su permanente ruido, quiere destruir. Si cada acción y cada decisión de la vida brota de las regiones profundas del alma donde habita el Señor, nuestro día se convertirá en un himno para alabanza de su gloria, y la vida, puede transformarse en un poema de amor.

domingo, 15 de julio de 2018

Iglesias convertidas en antros o librerías

Selexyz Dominicanen, la iglesia que se convirtió en librería en Maastricht, Países Bajos.
Imaginemos que dentro de 200 años un grupo de visitantes en la Ciudad de México llega al Museo Nacional de Antropología e Historia. El guía muestra a los turistas la sala donde se encuentra, colgado en una pared, el ayate del indio Juan Diego con la imagen de la Virgen de Guadalupe. Explica el guía: “Este ayate, considerado milagroso para muchos católicos durante siglos, fue venerado y traído a este museo hace algunas décadas, cuando cerraron la basílica porque los católicos se fueron extinguiendo. Hoy quedan apenas pocos cientos de católicos que celebran clandestinamente su fe”.

Para los creyentes esto se antoja, al mismo tiempo, imposible y escandaloso. Pero no es algo que no pueda suceder. Recordemos que en la historia del cristianismo desaparecieron regiones enteras del norte de África donde fue removida la cruz para implantar el islam. Hoy en Europa el cristianismo languidece ante un secularismo materialista muy agresivo, donde iglesias han cerrado por falta de fieles y se han convertido en librerías o restaurantes. Duele decirlo: los cristianos de Occidente somos hoy una especie en vías de extinción. Me refiero a los cristianos de verdad creyentes y practicantes, porque los cristianos de cascarón son muchos: dicen creer, pero Dios, en realidad, no tiene la mínima influencia en sus vidas. 

Es impresionante la vivacidad y el compromiso con el que los musulmanes difunden el islam. Sabemos que los misioneros cristianos, durante siglos, difundieron a Cristo en el África formando comunidades. Sin embargo los musulmanes han alcanzado también el continente negro. ¿Cómo lograron difundir el islam, que hoy tiene un número importante de creyentes y fervor religioso? El secreto es muy simple. Cada musulmán se siente misionero y todos comerciantes que llevaban las mercancías del norte al sur del continente africano esparcían, al mismo tiempo, las enseñanzas del Corán.

Esto ha de hacernos reflexionar. ¿Cómo ocurrió que nosotros los cristianos, con el pasar del tiempo, nos hemos convertido en personas cada vez más pasivas, casi hasta llegar a ver a la Iglesia como una institución extraña, a la que se acude a veces como cuando se va a realizar algún trámite a las oficinas públicas, cuando, en realidad, la fe católica es el cimiento de nuestra civilización occidental? Abramos los ojos. Somos cristianos y Jesucristo nos necesita: “Llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros". La experiencia de ser primero llamados antecede a la misión. Dirá el papa Francisco: "La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento”. (Evangelii gaudium 1)

Alguien no puede ser apóstol si primero no es un buen cristiano. La primera cualidad de un apóstol debe ser hablar con convicción. Un católico convencido es un apóstol. La convicción nace y crece en el corazón en la medida en que Jesús se convierte en una presencia viva en la propia vida. “Lo que existía desde el principio, lo que hemos visto y oído, os lo damos a conocer”, dirá san Juan. Es del encuentro con Jesús y de la intimidad con él de donde brota el deseo de darlo a conocer y hacerlo amar. No se trata de dar a conocer un producto comercial. La fe se comunica por contagio. Si Jesús no está vivo en el corazón, no se puede donar a nadie.

Muchos tienen el deseo de ser misioneros en las praderas africanas. Sin embargo las batallas más decisivas por el futuro de la Iglesia están en nuestro mundo Occidental, que ha dado la espalda a Jesús. Aquí se necesita una movilización general que los papas llaman “la nueva evangelización”. En Ciudad Juárez y en México somos testigos de la pérdida del sentido de la vida para tantas personas que viven en el mundo tenebroso del crimen organizado sembrando destrucción y muerte. Vemos a miles de jóvenes que no encuentran sentido para sus vidas, metidos hasta el fondo de la diversión, el alcohol la droga y el sexo.

En los próximos años se plantea el cierre de 14,000
de las 35,000 iglesias protestantes y católicas que hay en Alemania.
¿Podremos permanecer pasivos viendo cómo se destruye nuestra cultura? San Benito Abad no se resignó a contemplar la caída del Imperio Romano. Por inspiración divina fundó una red de monasterios que permitió la difusión posterior del cristianismo en Europa. Nos preguntamos qué podemos hacer nosotros. Hay un apostolado que se llama "de la vida cotidiana", que consiste en vivir la fe con coherencia y serenidad, en el cumplimiento de los deberes en familia y en el trabajo, en el ofrecimiento de la oración, de los sufrimientos y la práctica del amor fraterno. En este ambiente silencioso y discreto es donde Dios realiza, con sus humildes instrumentos, las conquistas más grandes.

Algunos fieles se acercan a su parroquia con la misma frecuencia con la que acuden a las oficinas de gobierno: cuando se nace, cuando se casa y cuando se muere. Otros participan asiduamente en la misa del domingo, pero continúan viendo a su parroquia como algo extraño. Hoy el clima de individualismo y el anonimato que caracteriza a nuestras ciudades han acabado con los vínculos de pertenencia a la comunidad católica.

Hay que hacer una gran obra de reconstrucción de las parroquias. Ellas son el corazón de la comunidad cristiana, de la cual somos miembros. Es necesario pertenecer a una parroquia y ahí alimentar la vida cristiana. Presentémonos al sacerdote de la parroquia y démonos a conocer. Participemos sobre todo en la vida de oración cuyo centro es la Eucaristía. Podemos informarnos de las varias iniciativas y, en la medida de lo posible, donar un poco de nuestro tiempo.

A algunas personas Dios no se limita pidiéndoles el testimonio ordinario de la vida cristiana. No son raros los casos en donde Dios lo pide todo a la persona, todas sus energías, todo su tiempo, toda su vida, como hizo con los apóstoles. Te pide ser un instrumento totalmente disponible en sus manos. Esto ocurre normalmente con la vocación al sacerdocio o a la vida religiosa, pero no sólo ello. A muchos laicos Dios confía una misión especial, pidiéndoles plena disponibilidad para sus planes. Dios necesita apóstoles de este tipo para la gran obra de evangelización en el mundo. Si tienes la certeza de ser llamado, no dudes en decir ‘sí’ y entregarse sin reservas. Nunca te arrepentirás.

jueves, 12 de julio de 2018

Invocar al Ángel Custodio de la ciudad

En este momento en que grupos de poder se están disputando el control de la ciudad para los próximos años, orar invocando al “Ángel de nuestra nación mexicana” y al Ángel Custodio de nuestra ciudad, puede hacer que la situación se resuelva con los menos posibles daños y más beneficios para los juarenses trayendo gracias espirituales y corporales. Los ángeles nos defenderán de tantos peligros para el alma y el cuerpo, y además contendrán a los demonios para evitar que hagan todo el daño que éstos quisieran. También enviarán pensamientos y consejos santos y sabios a quienes hoy se disputan el poder en la ciudad.

Nuestra nación mexicana se encuentra en un momento importante de su historia. Viene un nuevo gobierno y hay disputa por nuevos intereses. Además la violencia y la corrupción han vuelto a cobrar fuerza e innumerables víctimas en los últimos años. Ante esta avalancha de maldad e incertidumbre sentimos que no podemos solos, sino que necesitamos de fuerzas sobrenaturales para poder hacer que nuestra patria, estados y ciudades salgan adelante por caminos de justicia y de paz. Dios en su Providencia, nos ha dejado muchas ayudas espirituales para que se construya en el mundo su reino de santidad y de paz. Una poderosa ayuda es la devoción a los ángeles.

Los católicos creemos en los santos ángeles y los invocamos en nuestras oraciones. Decimos en Misa: “Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos ante Dios nuestro Señor”. Las criaturas angélicas colaboran con Dios en el gobierno del mundo y velan por nuestras ciudades. La Sagrada Escritura revela que un ángel hablaba al profeta Daniel del Príncipe o Custodio de Grecia, de Israel -san Miguel Arcángel- y de Persia (Dn 10, 12-13; 20,21). Atenágoras afirmaba que los ángeles son como las providencias particulares que velan sobre cada parte del universo para hacerlas converger hacia la gloria de Dios. Los Santos Padres de la Iglesia estaban convencidos de que cada nación se encuentra protegida por un ángel concreto.

San Francisco de Sales tenía la devoción y la delicadeza de que, cuando llegaba a una ciudad, saludaba al ángel custodio de esa ciudad. Cuando hablaba con algún grupo de personas, miraba por encima a sus oyentes, saludando a sus ángeles de la guarda y pidiéndoles que dispusieran sus corazones para entender y aceptar sus palabras. Así también lo hacía el papa san Juan XXIII cuando fue Delegado Apostólico en Bulgaria y Turquía; en su delicada misión diplomática tenía que tratar asuntos muy complejos con personas difíciles de gobierno, y decía que la invocación a los ángeles custodios de las personas que hablaban con él le daba magníficos resultados.

No vacilemos en orar invocando al Ángel que custodia Ciudad Juárez, y al Ángel Custodio de la nación mexicana en este momento crucial de nuestra historia. Si más personas crecen en su devoción a los ángeles, las grandes ayudas que tendremos de los ejércitos del cielo nos sorprenderán. “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lc 18,8).

martes, 10 de julio de 2018

Libros: “Razones...” de José Luis Martín Descalzo

Buena lectura para este verano. José Luis Martín Descalzo fue un sacerdote español de honda pluma. Lo que comenzó como una serie de artículos circunstanciales publicados en el diario español ABC, se convirtió en una colección de cinco libros donde se plasma la vida interior del escritor y periodista: “Razones para vivir”, “Razones para el amor”, “Razones para la alegría”, “Razones para la esperanza” y “Razones desde la otra orilla”. Cuando en Roma leí el primero de estos libritos de trasfondo muy humano y hondamente cristiano, sabía que tendría que comprar los otros cuatro y leerlos, y así fue. Los devoré. Por supuesto que se pueden adquirir y leer por separado. Las “razones” de Martín Descalzo se convirtieron en un poderoso estimulante para descubrir nuevas dimensiones del milagro de estar vivo y de afrontar la aventura de la vida con coraje, pasión y alegría.

sábado, 7 de julio de 2018

México, el timón hacia la izquierda


Ciudad Juárez se vistió de morena el domingo pasado. Así quedó manifiesto en las casillas electorales. La elección de Andrés Manuel López Obrador y Javier González Mocken es el efecto de un deseo profundo de cambio político y social, luego muchos años de insatisfacción con los partidos que nos gobernaron. El poder que tendrá el nuevo presidente de la república nos hace recordar los años del presidencialismo mexicano de hace unos años, donde el primer mandatario ostentaba un poder absoluto. Con mayoría en las dos cámaras legislativas, López Obrador tendrá un poder omnímodo, con pocas instituciones que le hagan contrapeso. Ante el nuevo panorama político que se abre en México, como católicos hemos de tener, a mi juicio, cuatro actitudes.

La primera es colaborar con todo lo positivo que venga de su gobierno. El presidente electo tiene, en su programa, propuestas interesantes como la de crear cortinas de desarrollo en diversos puntos del territorio nacional para darle oportunidades a las personas y evitar la migración forzada. Crear una sociedad más equitativa y menos corrupta son objetivos a los que los cristianos hemos de dar nuestra colaboración. La manera en cómo lo logrará se lo dejamos a él y a sus colaboradores, y será la sociedad civil --no la Iglesia-- la que se encargue de juzgar sus acciones a través de una prensa libre.

La segunda actitud cristiana es el rechazo a todo lo que sea moralmente inaceptable. El nuevo gobierno introducirá al país a navegar por las aguas de la izquierda política, y ello tiene sus peligros, así como las derechas tienen los suyos. Los gobiernos inspirados originalmente en el marxismo y después en los socialismos derivados de aquel, han sido gobiernos que niegan la Ley de Dios y la sustituyen por sus propias leyes. Cuando el hombre deja de creer en el Dios que se hizo hombre, empieza a creer en el hombre hecho dios.

Hoy, por ejemplo, la lucha de clases que inspiró el marxismo, con el tiempo se ha transformado en lucha de sexos. Impulsada por el feminismo radical y la ideología de género, la izquierda política es fuertemente impulsora de esta agenda en el mundo. De esa manera pretende construir una nueva sociedad combatiendo a la familia tradicional; cambiar la educación por el adoctrinamiento para aceptar la homosexualidad y el aborto libre; transformar la cultura y perseguir a la religión, especialmente a la Iglesia Católica, cuyos valores son, precisamente la familia, la vida y el matrimonio, entre otros.

La oración por el nuevo gobierno debe ser también una actitud permanente del cristiano. Los hombres que dirigen la sociedad no son dioses ni ángeles. Son propensos a cometer errores en sus decisiones, tienen ambiciones internas que deben combatir y muchas tentaciones qué superar. No podemos dejarlos solos. La Iglesia enseña que Dios estableció que el gobierno del mundo fuera a través de jerarquías. Oremos para que estas jerarquías funcionen en armonía con la Sabiduría que viene de lo Alto. No queremos que se corrompan y, en cambio, sirvan para edificar el bien común el cual, finalmente, está ordenado a conseguir la salvación eterna de las almas. Nuestra oración debe acompañar, desde ahora, al próximo gobierno lopezobradorista.

Finalmente, cultivemos un gran amor a nuestra Iglesia Católica y una escucha permanente de sus enseñanzas. En lo que concierne a la fe y a la moral, ella es luz de la Verdad y del bien, presencia segura de Jesucristo en el mundo. Por eso la Iglesia, cuando sea necesario, deberá emitir juicios sobre la moralidad de las acciones del próximo gobierno, así como lo ha hecho con los gobiernos anteriores. Pobre de nuestra sociedad si, entre tantos errores, no existiera la luz del Magisterio de la Iglesia, si en la confusión de tantos caminos perdidos no resonara la voz de la Iglesia, que es la misma voz de Jesucristo.

El pueblo de México eligió a Andrés Manuel López Obrador como su próximo presidente. Lo lamentan muchos de los que no votaron por él. En cambio quienes le dieron su voto tienen gran esperanza. Hay quienes, incluso, lo han convertido en una especie de deidad, en una encarnación de Huitzilopochtli. Evitemos los extremos y con nuestra fe católica por delante, avancemos hacia los tiempos que se aproximan, confiados en Jesús, que con su vara y su cayado nos dan seguridad; y en Santa María de Guadalupe que intercede por sus hijos.

miércoles, 4 de julio de 2018

Jurassic World, el reino caído


He visto en estos días la película “Jurassic World, el reino caído”. Las escenas de acción son realmente espectaculares y el cine despliega toda su magia en esta historia de ficción y acción ubicada en el siglo XXI, donde conviven seres humanos con dinosaurios.

La historia se ubica, primero, en la isla de Nublar (Costa Rica) habitada por los últimos dinosaurios del planeta, donde existe un volcán que está en plena erupción. La pareja de Claire (Bryce Dallas Howard) y Owen (Chris Pratt) tratan de salvar a los dinosaurios de su destrucción. Para llegar a la isla son engañados por otras personas con diversos intereses, quienes llevarán a los dinosaurios al norte de California, donde serán subastados por empresarios multimillonarios que los utilizarán para sus propios fines. La segunda parte de la historia tiene como escenario los bosques californianos donde utilizarán a los monstruos para experimentación genética y fines privados.

La película hace una crítica al capitalismo salvaje (compañías farmacéuticas, industria armamentista) que explota la creación para fines lucrativos y egoístas y que, según la película, está causando cuantiosos daños a los ecosistemas en la Tierra. El hombre debe ser más respetuoso porque fue la última criatura en llegar a la Tierra, y la primera en destruirla. Cuando se deja llevar por el egoísmo explotador en el trato a la naturaleza, ésta, tarde o temprano, se volverá contra el mismo hombre.

Tres observaciones sobre lo que nos enseña la Iglesia en el tema de la ecología nos pueden hacer ver con ojos católicos Jurassic World.

Primero, en la escala del ser, el hombre es un ser infinitamente superior en dignidad a las plantas y animales. El libro del Génesis nos enseña que el ser humano es creado a imagen de Dios, y que toda la creación ha sido dada a él como un don y una responsabilidad de parte del Creador, para que el hombre no la explote irresponsablemente tratándola como una objeto de compraventa, sino que la administre con sabiduría. Por tanto, la creación está al servicio del hombre, quien debe custodiarla. Aunque los dinosaurios hayan llegado primero a la Tierra, el hombre es la culminación de la creación y todo está a su servicio: "Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y esplendor; le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros y hasta las bestias del campo” (Sal 8, 6-8).

Segundo, las intervenciones del hombre sobre los animales y vegetales que implican mutaciones genéticas, pueden ser legítimas, siempre y cuando estas intervenciones actúen en la naturaleza “para ayudarla a desarrollarse en su línea, la de la creación, la querida por Dios” (Laudato si 132). El papa Francisco reconoce que no es fácil emitir juicios generales sobre la modificación genética de vegetales y animales, ya que los casos pueden ser muy diversos. Se debe escuchar a la biotecnología molecular y a la genética para conocer las implicaciones y riesgos.

Tercero, el papa señala que “es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada" (LS 91). Muchas veces somos “candil de la calle y oscuridad de la casa”, y otorgamos más más valor a los seres inferiores que al mismo hombre, creado a imagen de Dios.

"Jurassic World, el reino caído” está en la línea del ecologismo moderado. La disfruté en sistema IMAX, viéndola en tercera dimensión, y --¡lástima!-- sin palomitas. Mi dieta, por ahora, no me lo permite.

lunes, 2 de julio de 2018

Nuestra actitud ante el gobierno electo de México

Porque ellos venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; pisotean sobre el polvo de la tierra la cabeza de los débiles y desvían el camino de los humildes; el hijo y el padre tienen relaciones con la misma joven, profanando así mi santo Nombre. (Amós 2, 7)

El profeta Amós ponía sobre aviso al pueblo de Israel: cuidado con olvidar a Dios. Muchas veces lo hizo. Vendió por dinero al pobre y al inocente. Permitió que el que nada tenía se revolcara en el polvo, y torció los procesos de los indigentes. Son palabras duras. Amós nos recuerda lo que Dios hizo por su pueblo, y cómo Israel pervirtió su libertad para olvidarle.

El pueblo de México ha vivido un hartazgo durante los últimos años. La corrupción, la violencia, la impunidad, la migración por falta de oportunidades han estado presentes en la vida de nuestra nación. Todo ello no es sino síntoma de que, por mucho tiempo, hemos olvidado a Dios. Hemos utilizado mal nuestra libertad. Hemos olvidado el precepto del amor. El pueblo de México estaba cansado de esa situación opresora.

Dios no nos hizo libres para que tomemos esos caminos de opresión y de pecado. ¿Se quedaría México ahí para siempre? ¿Sería posible otra realidad? Cansado de su situación, el pueblo mexicano votó el domingo 1 de julio por un nuevo gobierno. El triunfo de la coalición "Juntos Haremos Historia" nos dice que los mexicanos anhelan otra realidad fuera de la opresión de la corrupción y de la falta de oportunidades.

El gobierno electo de Andrés Manuel López Obrador promete la transformación de México, un nuevo hito en la historia del país. Por el respeto a nuestro sistema democrático y a la voluntad popular, hemos de sumarnos a este nuevo proyecto en todo lo que sea un bien para la nación.

Sin embargo, ante el nuevo panorama político, flota en el aire una pregunta: ¿sabremos utilizar nuestra libertad para crear caminos de justicia y de bienestar para todos? Hay que recordar que la libertad verdadera no es independizarnos de Dios y de sus leyes. Al contrario, la ley de Dios es la única que hace al hombre libre, y la que hace posible la convivencia armónica de la sociedad. Emancipándonos de la ley divina sólo seremos prisioneros del mal. Oremos para que el nuevo gobierno elegido por los mexicanos sea promotor de la libertad religiosa y trabaje en armonía con las leyes de Dios, que son leyes inscritas en el corazón del hombre.

“Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas” (Mt 8, 19), dijo un escriba a Jesús de Nazaret. “Tú sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos”, respondió el Señor (Mt 8,22). Seguir a Jesús es nuestro camino de libertad. Él nos dirá por dónde deberemos conducirnos, en sus mandamientos y en su caridad. Así seremos libres. Estamos entrando a una nueva etapa en la historia de México, con nuevas fuerzas políticas. Nuestra misión irrenunciable como católicos es seguir a Jesús, sin importar el rumbo político que lleve el país. Quedarnos añorando tiempos pasados es inútil. Son tiempos muertos que ya no existen. Tendremos un nuevo gobierno y con él, no sólo habremos de convivir, sino de cooperar en todo lo que sea un bien para México.

Tengamos muy claro que la mejor contribución que podremos hacer para el bienestar de nuestra sociedad mexicana es la fidelidad a nuestro Maestro y Señor. El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza, ni nosotros tampoco. A veces lo seguiremos por los caminos tranquilos de Galilea, otras veces en la agitada Jerusalén donde se encuentra el Monte Calvario. Izquierdas, centros y derechas, todos los regímenes políticos tienen luces y sombras. A los católicos nos toca acoger toda la luz y combatir las sombras.

En cualquier situación política en que nos encontremos, seamos como Santa Teresa de Calcuta, que vivía contemplando y sirviendo a Jesús. A cada moribundo que encontraba --porque no tenía dónde reclinar la cabeza--, lo acariciaba y lo sostenía en sus brazos. Sirviendo a los pobres materiales y espirituales, encontraremos a Dios y con ello daremos nuestra mejor aportación para que nuestro país sea una casa más digna para todos.

sábado, 30 de junio de 2018

Superstición, fe y milagros

La superstición está muy presente en nuestra cultura. A una crisis de salud o a un descalabro económico, muchas personas acuden a curanderos buscando el remedio de sus males. Hay lugares famosos, como el mercado de Sonora en la Ciudad de México, donde se ofrece magia china, macumba del Brasil o ritos caribeños de palo mayombe. Aquí en Ciudad Juárez la gente no es tan sofisticada; en la zona del centro histórico se ofrece sólo lectura de cartas y limpias con hierbas o huevo. Buscando un poco más, también se puede encontrar santería.

Se pudiera creer que de los estratos sociales más pobres y con menos educación es donde está la clientela más recurrente de los curanderos, pero no es así. Personas de niveles medio y alto acuden con frecuencia a los magos y chamanes en búsqueda de poderes mágicos, sólo que deben desembolsar más dinero. Las personas que se involucran en estas prácticas esotéricas se aferran a cualquier cosa que le dé esperanza. El pecado es desconfiar de Dios y manipular fuerzas oscuras -demonios- para conseguir los fines deseados.

Veamos lo que sucede en la Iglesia, entre católicos practicantes. Las misas de sanación se han puesto de moda. Ahí donde éstas se anuncian, llegan los fieles y abarrotan los templos. Hay personas que acuden esperando que el sacerdote celebrante ejerza poderes taumatúrgicos para realizar algún milagro. Sin embargo hay que aclarar que el término ‘misas de sanación’ no es correcto. Lo adecuado son las misas para enfermos. En ellas se hacen oraciones litúrgicas propias de petición por quienes padecen males físicos.

En la Catedral celebramos una misa cada primer día del mes llamada ‘de la Divina Providencia’ para encomendarnos a la asistencia del buen Dios durante el mes que inicia. En dicha Eucaristía bendecimos agua, sal, velas y otros objetos religiosos. Es importante que los fieles utilicen en sus casas estos objetos sacramentales con espíritu de oración; de otra manera se tiene el riesgo de darles un uso mágico, como si los objetos, por ellos mismos, tuvieran propiedades curativas. Es Jesucristo, que se vale también de la materia para sanar a las personas -como cuando tomaba barro de la tierra y lo ponía en los ojos de los ciegos (Jn 9,6)-. Así que cualquier objeto bendecido, para evitar el pecado de superstición, debe utilizarse con fe y oración.

Además en las misas de la Divina Providencia de Catedral oramos durante la oración de los fieles por los enfermos y por quienes tienen alguna opresión del demonio. Es una súplica a Dios, a quien dejamos actuar libremente para que Él decida cuándo y cómo ocurrirá el favor que le pedimos. Quizá el Señor no cumpla nuestra petición, porque Él sabe mejor que nosotros lo que conviene para nuestra salvación. Dejemos a Dios ser Dios. Si alguna vez hice largas oraciones espontáneas con imposición de manos durante esas misas, hace mucho tiempo que ya no lo hago. He comprendido que lo importante no es orar con muchas palabras, sino ayudar a los fieles a tener un encuentro con Jesús, y que a la Eucaristía no podemos agregar elementos a nuestro gusto.

Cuando Jesucristo cura a una persona -hoy el Evangelio lo presenta curando a una mujer que padecía una hemorragia-, hemos de entender que el fin de estos prodigios no son las curaciones en sí mismas. La grandeza de una curación de cáncer, por ejemplo, no está en la desaparición de células cancerígenas o de tumores malignos. Lo maravilloso de estos milagros, que hoy siguen ocurriendo, es lo que significan y prometen. En primer lugar quieren decir que nuestras vidas son inmensamente amadas por Dios; estamos en sus manos y nuestro destino únicamente depende de Él.

Hay personas que, luego de encomendarse a Dios, ven en su cuerpo notables mejorías o tienen la curación total, pero pasan algunos años, vuelve la enfermedad y la persona muere. ¿Significa esto que Dios la abandonó y se olvidó del milagro realizado? Absolutamente no. Si Jesús decide un día curar a una persona, no significa que la libra para siempre de futuras enfermedades, ni de la vejez ni de la muerte. ¿Qué sentido tiene que Dios realice un milagro cuando, tarde o temprano, la persona deberá morir? La función del milagro es afirmarnos en la gran promesa de Dios al anunciar que un día no habrá muerte, ni llanto, ni dolor. Con el milagro Dios nos abre un puente hacia la vida eterna.

Particularmente me alegro cuando alguna persona me comparte que se curó de alguna enfermedad gracias a que participó en una misa para enfermos, o cuando algún matrimonio, que era estéril, me anuncia que ya están esperando un bebé y me piden el Bautismo, luego de que se hizo oración por ellos. Mi corazón se llena de alegría al ver en estos hechos a la muerte derrotada, y al vislumbrar los esplendores del siglo futuro. Creamos en las promesas de Dios y cultivemos nuestra fe -“Tu fe te ha salvado”, dijo muchas veces Jesús-, porque sólo quienes la tienen pueden llegar al otro lado del mar de la historia, donde se encuentra aquello que el ojo no vio, ni el oído oyó.

domingo, 24 de junio de 2018

Políticos virtuosos... o viciosos

El próximo domingo iremos a las urnas para elegir al presidente de México, a nuestro alcalde y a los diputados federales. A unos días de tal acontecimiento, en la Iglesia aparece, como una antorcha esplendente, la figura gigante de san Juan el Bautista. El precursor del Mesías, como le llaman, ilumina este momento decisivo de la historia de México y nos invita a orar por nuestros próximos gobernantes, y a elegirlos bien.

El hijo de Zacarías e Isabel no fue un político sino un líder espiritual. Sin embargo sus virtudes de liderazgo ilustran a todo candidato que aspire a sentarse en la silla presidencial o a ocupar un curul en la Cámara. “Yo envío a mi mensajero para que prepare el camino delante de mí”, decía Malaquías el profeta. Si Juan tuvo la tarea de aparejar el camino Jesucristo, varón perfecto, todo servidor público debe aparejar a todos el camino, para que todos los ciudadanos tengan una vida más digna y se desarrollen hacia su perfeccionamiento.

Juan el Bautista tenía muy claro el principio y el fin de la vida. Desde antes de nacer quedó lleno del Espíritu Santo. Sabía que su vida tenía origen en Dios y a Dios se dirigía. Por eso señaló al Cordero de Dios como el que quita los pecados del mundo, y el término de la vida humana. Muchos de nuestros políticos son ateos o no tienen ninguna práctica religiosa. Me pregunto, ¿hacia dónde nos quieren llevar? Piensan que sólo dando trabajo y comida al pueblo los hombres somos felices, como si fuéramos cochinitos que hay que cebar. Se les olvida que la vida tiene una dimensión más profunda, que es intelectual, moral y espiritual. Sin ningún poder superior al que deban rendir cuentas, vemos a muchos de ellos proponer el aborto, pretender destruir a la familia natural y perseguir a la religión. Los católicos no debemos votar por ellos.

Por muchas razones nos duelen las circunstancias en que vivimos en México y en Ciudad Juárez, pero más hiere que las personas que toman el gobierno del barco no estén a la altura moral de lo que nuestras ciudades y el país necesitan. Los escándalos de corrupción de grandes figuras políticas como algunos gobernadores, alcaldes y funcionarios, descubrieron que los que se decían servidores del pueblo resultaron ser ignominia y vergüenza para sus pueblos.

Es en el seno de las familias cristianas donde se forman los grandes hombres de bien. Los hogares pueden ser escuela de virtudes o fábrica de delincuentes. Juan el Bautista fue formado en la más exquisita caridad, en austeridad de vida, en la forja de virtudes morales y en la santidad interior. Aprendió a vivir y a morir por la verdad cuando denunció la conducta inmoral de Herodes Antipas. Las virtudes de Juan son escasas en la mayoría de nuestros servidores públicos. Sin embargo, cuando se cultivan desde el seno familiar, el mundo puede llegar a conocer personajes de la vida política de enorme talla como santo Tomás Moro, Alcide Gasperi, Alberto Marvelli, Giorgio La Pira, Robert Schuman y Konrad Adenauer, entre otros. Si no todos están en proceso de canonización, fueron grandes católicos.

Juan tuvo la humildad y la sabiduría de sentirse sólo un instrumento para servir al Mesías. No quiso atraer para él las miradas de los hombres, sino que se preocupó únicamente de que toda la atención fuera para Jesús. Sabemos que el Estado no es confesional; sin embargo cuando la política se utiliza sólo para promoverse a sí mismo, se comete un error grande y dañoso para él y para los demás. Con la obsesión de hacerse de fama, prestigio, y muchas veces dinero, se instrumentalizan las tareas que deben estar dirigidas a la comunidad política. El buen político debe ser humilde al grado de desear y trabajar por un bien superior a él mismo: el bien de la ciudad, a semejanza del Bautista que decía “que Él crezca y yo disminuya”.

Los antiguos griegos no andaban tan errados al buscar que sus políticos tuvieran cuatro virtudes: primero, que buscaran el bien de sus padres, es decir, que fueran hombres de familia. Segundo, que fueran hombres valientes en las batallas, es decir, que tuvieran carácter ante sus enemigos. La tercera era el dominio sobre sus impulsos sexuales, ya que para poder gobernar a la ciudad, primero debían gobernarse a sí mismos. Y cuarto, que no fueran derrochadores de sus fortunas personales, que su dinero fuera de buena procedencia. ¿Nos fijamos hoy en estas características de nuestros líderes políticos?

Mientras nos preparamos para ir a votar el próximo domingo, pedimos en oración a san Juan Bautista que conceda a los candidatos y a todos los políticos la gracia del servicio generoso entregado al bien común, libre de intereses mezquinos; pedimos para ellos la gracia de la humildad y que el Espíritu de sabiduría que viene de lo Alto, los dirija en la toma de sus decisiones. Y que de entre nuestras familias surjan líderes que sean orgullo de nuestro pueblo, nunca vergüenza de nuestra raza.

jueves, 14 de junio de 2018

El mejor de regalo de un padre a su hijo

A propósito del día del padre que este domingo celebra la sociedad civil, en mi camino sacerdotal he podido observar cómo algunos padres de familia -me refiero a los varones-, le dan una muy enorme lección de vida a sus hijos. Son hombres que viven en permanente espíritu de sacrificio, dando todo por sus familias y por sus parroquias. Participan de la misa dominical con su mujer y sus niños y, al mismo tiempo, buscan involucrarse en algún servicio de atención a los pobres, a los enfermos, en la evangelización o sirven como lectores o ministros extraordinarios de la Comunión. De ellos sus hijos aprenden una valiosa cátedra: a la vida se viene para amar a Dios con el alma entera, y que a este mundo no nacimos para ser servidos, sino para dar la vida por los demás. Dichosos los hijos que reciben este ejemplo de su papá.

Tuve la fortuna de ver siempre en mis padres una relación de alianza, entre ellos y con Dios. Aunque la cultura hoy nos dice que varón y mujer somos iguales, yo siempre aprendí lo contrario. Mi padre y mi madre nunca fueron iguales, ni física, ni psicológica, ni emocional ni espiritualmente. La misma dignidad y derechos siempre los han tenido, pero son personas complementarias. Sus diferencias me hicieron entender que el varón y la mujer resultan incomprensibles uno sin el otro. Con su ejemplo de unidad y sacrificio por llevar adelante su matrimonio tengo siempre claro que en el origen de mi vida existe una alianza sagrada, y que la vida tiene sentido cuando vivimos en relaciones de alianza.

No hace mucho tiempo, en un programa de televisión apareció una pareja que llegaba en su coche a una tienda con servicio de compras por ventanilla. Ordenaron su boda por el escaparate y sentados en el asiento del coche celebraron su matrimonio; después de hacer el pago correspondiente, les fue entregada una botella de champán junto con su certificado nupcial. Esta escena nos enseña lo patético y trivial en que hemos convertido hoy la alianza santa del matrimonio. Así han llegado a veces a la parroquia jovencitos que piden el sacramento del matrimonio teniendo tres o cuatro meses de noviazgo. A esos los regresamos a que maduren su amor, porque la alianza del matrimonio es sólo para quienes tienen una hombría madura.

Hace tiempo mi amigo José Luis Gabilondo me contaba que una de las experiencias que lo marcaron más en su vida fue ver nacer a su primer hijo. Cuando lo tuvo en sus brazos, José Luis lo recibió temblando de emoción y comenzó a llorar como un niño. Profundamente enternecido, sintió que aquella vida inocente era carne de su carne y hueso de sus huesos. Sintió que ese nuevo ser humano, que él había ayudado a engendrar, era totalmente dependiente de él y de su esposa. Desde ese día en adelante habría de vivir para prodigarle todo su amor incondicional. Por primera vez en su vida, mi amigo experimentó lo que debe sentir Dios por sus hijos, y se sintió infinitamente amado por el Padre celestial, mucho más de lo que él amaba a su recién nacido.

Muchos padres varones han tenido los mismos sentimientos que José Luis cuando vieron nacer a sus hijos. Supieron que, desde ese momento, se abría una etapa nueva para sus vidas, y que desde el fondo de su ser nacía una relación de alianza con sus hijos. Firmaban un pacto con Dios que los llamaba a entregarse totalmente a sus pequeños, con espíritu de abnegación y sacrificio. Dios los invitaba a morir a ellos mismos y a estar dispuestos a sufrir por sus hijos para darles amor y educación. Así son las relaciones de alianza.

Me decía un amigo que él entendía que para mí, por ser sacerdote, era muy fácil amar a Dios primero que a todo lo demás. Sin embargo para él, que tenía su esposa y sus hijos, la prioridad eran ellos, y después Dios. Pasó el tiempo y mi amigo tuvo una relación de adulterio. Su esposa se enteró y tuvieron grandes dificultades para superar la tormenta matrimonial que se desató. Esta experiencia sirvió a mi amigo para entender que sin el amor a Dios como el más importante de la vida, es imposible ser buen marido y buen padre. Y que solamente si tenemos el amor de Dios grabado en el corazón podremos superar muchas tentaciones y estar en mejores condiciones para entregarnos a nuestras familias.

Este domingo en que celebramos a los padres, pidamos a Dios, de quien proviene toda paternidad, que haya más hombres dispuestos a vivir en relaciones fuertes de alianza con Dios, con su esposa y con sus hijos. Sólo en las relaciones de fidelidad a estas alianzas el hombre encuentra la unidad interior y el camino de su felicidad.

miércoles, 6 de junio de 2018

Los pecados del diablo contra el Espíritu Santo

San Juan Crisóstomo decía a los cristianos de Antioquía: “No es para mí ningún placer hablarles del diablo, pero la doctrina que este tema me sugiere que será para ustedes muy útil”. La Palabra divina habla de un misterioso duelo que marca la historia y que deberá continuar hasta el final del tiempo. Dios tiene un enemigo simbolizado por la serpiente, y el escenario de este combate es el alma humana. Desde el primer pecado, Satanás puso sobre la humanidad el primer eslabón de una cadena que dura hasta nuestros días. Desde entonces trata de destruir la obra del Espíritu de Dios en los corazones de los hombres. Si el Espíritu derrama en el alma humana su Inteligencia, Ciencia, Sabiduría, Consejo, Piedad, Fortaleza y santo Temor de Dios, el Tentador hará lo posible por sembrar lo contrario.

El Espíritu Santo derrama su don de Inteligencia cuando aceptamos las verdades reveladas por Dios, y así conocemos sus pensamientos, los secretos del mundo y la intimidad con el Señor. Puede ser que en la misma Iglesia perdamos este don por confusión del demonio, como me parece el caso de muchos obispos alemanes que, por querer iglesias más abiertas y modernas, se enredan en polémicas como la más reciente: dar la Comunión a los protestantes casados con católicos. Gracias a Dios la Congregación para la Doctrina de la Fe prohibió esta iniciativa.

La Ciencia, como don del Espíritu, es la capacidad que tenemos para interpretar las huellas de Dios en el mundo. Desde la contemplación de un amanecer hasta la observación de los astros, todo se vuelve señal que nos conduce hacia Dios. El Engañador intenta hacernos creer que el hombre es un animal como los demás, sin origen divino y sin fin sobrenatural, y que todo lo que existe tiene su explicación solamente en las ciencias humanas. En nuestro paso por las aulas escolares recordamos a algunos profesores que atacaban la fe religiosa y proclamaban su ateísmo.

La Sabiduría es la luz que viene de Dios para nuestras vidas para entender su proyecto. Es el gusto por las cosas de Dios y de su Palabra. El enemigo intenta destruir ese gusto y, en cambio, hacernos gustar de la falsa sabiduría que viene de las ideologías, como el feminismo de género, el comunismo, el ecologismo radical y otras más, para empujarnos a vivir una vida degradante, llena de pulsaciones desequilibradas y con tintes anárquicos. Cuando quitamos a Dios de en medio, nuestras soluciones humanas terminan por fracasar.

Con mucha frecuencia debemos tomar decisiones, a veces en asuntos importantes. El Espíritu Santo viene en nuestra ayuda a través del don del Consejo, porque en cada decisión vemos comprometida nuestra santidad. Se trata de un instinto divino para acertar en lo que más conviene para gloria de Dios. El diablo quiere destruir en nosotros el Consejo poniéndonos atractivos que desequilibran la vida, y así nos volvemos personas carentes de juicio, errantes casi siempre en las decisiones, en detrimento de la propia vida y de las personas que nos rodean.

Por el don de la Piedad tratamos a Dios con el cariño de los hijos, y también a los demás como hermanos de la misma familia. El Espíritu suscita en nosotros la alabanza y la adoración. Sin embargo el enemigo llega a persuadir que la oración es imposible e inútil, que la religión es opio del pueblo o simple neurosis. Hace odiosa la piedad y presenta a Dios como extraño, incluso como un enemigo. Son ilustrativas las manifestaciones de grupos de mujeres radicales como Femen, que desnudándose, llegan a profanar templos y catedrales.

Si dejamos al Espíritu tomar posesión de nuestra vida, nuestra seguridad crece sin límites. Nos hace capaces de superar los obstáculos en el camino hacia Dios, aunque sintamos a veces temores y cansancios. Quien tiene el don de la Fortaleza supera sus miedos gracias al amor. Sin embargo el Tentador nos hace débiles y pusilánimes. Nos pone una mordaza ante las opiniones del mundo que son contrarias a la fe cristiana, y nos dejamos llevar por lo políticamente correcto, con temor de ir contracorriente de la mayoría. Hoy quienes se atreven a defender el matrimonio natural son considerados mochos y son perseguidos.

El santo Temor de Dios, último don del Espíritu, es el que por amor no desea ofender a Dios. Se manifiesta en un sentido profundo de lo sagrado, en un gozo muy grande por la bondad del Padre. Al mismo tiempo nos inspira un fuerte horror al pecado y un arrepentimiento vivo cuando se comete. Satanás ataca este don inspirando el libertinaje en cualquiera de sus formas en una cultura permisiva. La educación sexual escolar que hoy se imparte y que atenta contra la naturaleza humana es, sin duda, obra del Destructor.

Es tiempo de vigilancia y decisión. La diferencia entre los hombres que vivieron antes de Cristo y nosotros, es que aquellos no tenían las suficientes armas para salir victoriosos; en cambio los cristianos no sólo podemos vencer al Tentador, sino extra-vencerlo, tomando la propia Cruz y siguiendo a Jesús. Nos alienta que el mismo libro del Génesis señala que este prolongado conflicto terminará con la victoria del género humano ayudado por la gracia de Dios.

Que la Eucaristía de este domingo repare nuestras heridas de la batalla cotidiana, y que alimente nuestra fe y nuestra valentía: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? (Sal 27/26,1)

jueves, 31 de mayo de 2018

Paso del Norte

Tom Lea es uno de los más grandes artistas que la ciudad de El Paso Texas ha dado al mundo. Cuando visites esta ciudad podrás contemplar este mural llamado “Paso del Norte”, que fue pintado por el artista en 1938. Se encuentra en el Edificio Federal de la Corte, en el número 511 de la calle San Antonio, en el centro de El Paso. Esta es sólo una parte del mural, el cual en su totalidad presenta a los grandes hombres y mujeres que dieron origen e historia a nuestra región: los indígenas que habitaban estas tierras, los españoles, los frailes franciscanos, el ranchero mestizo y los colonizadores anglosajones de Norteamérica. En el centro del mural en la parte superior hay una leyenda que emociona a quienes nacimos en la región de Paso del Norte:
“¡Oh Paso del Norte! Ahora los antiguos gigantes han desaparecido. Nosotros, hombres pequeños, vivimos donde los héroes, una vez, caminaron en la tierra inviolada”. 

SOS: vicio de las redes sociales

Estoy convencido de que una de los peores males que existen para la vida personal y familiar es la adquisición de un vicio. Cualquiera que sea: tabaquismo, alcohol, drogas, medicinas, obsesiones sexuales, trabajo, juegos de azar. Hoy ha aparecido uno que pone en peligro la paz mental de millones de personas. Hablo de la adicción a internet y las redes sociales.

Quienes alguna vez fuimos fumadores recordamos nuestros primeros cigarrillos. Creíamos vernos como Rodolfo Valentino o Sofía Loren, atractivos e interesantes ante los demás, hechando fumarolas por boca y nariz. Al principio estaba en nuestro control. Al poco tiempo, y sin darnos cuenta, ya no eran tres cigarros al día sino seis o siete, luego doce y finalmente los veinte que contiene una cajetilla. Quizá más. Algunos llegaron al punto de ya no fumar entre comidas sino de comer entre fumadas.

El vicio de las redes sociales comenzó cuando abrimos una cuenta de correo electrónico. Nada malo había en ello; hasta las mismas instituciones nos lo pedían como requisito para hacer trámites. Luego pasamos a crear la página de Facebook, abrimos cuenta en Twitter y ahora estamos en Instagram. ¿Vicio? De ninguna manera. Todo bajo control.

Aparecieron después algunos síntomas de que algo se estaba escapando de nuestras manos: angustia si se nos olvidaba el teléfono celular en la casa; curiosidad que nos fue llevando a consultar continuamente el móvil para ver si nuestros seguidores habían dejado un mensaje; interrupción del estudio, la lectura y el trabajo para responder mensajes; pérdida de la concentración en nuestras ocupaciones habituales por estar con un ojo en alguna de las redes; enfrascamiento en polémicas estériles con desconocidos por alguna opinión controvertida, quedando nuestro corazón con inquietud y hasta con enojo; sensación de falta de oxígeno cuando, en los lugares a los que llegábamos, no había servicio de güifi; susto si nos quedaba poca batería por no tener un cargador a la mano.

Las redes sociales aparecieron en el mundo sin que estuviéramos preparados para saberlas utilizar. No hubo ningún adulto que nos enseñara, como cuando una persona mayor acompaña a un adolescente durante sus clases de manejo. Nunca antes habíamos tenido tan bajas las defensas de la voluntad para no adquirir un vicio.

A pesar de todo ello, estoy convencido de que internet y las redes sociales son un don de Dios muy positivo para la humanidad. Desde los inversionistas de bolsa en Wall Street hasta los campesinos africanos buscan las redes para hacer sus transacciones y ofrecer sus productos. Ricos y pobres se benefician por igual. Hay pocas evidencias de que internet sea una cosa horrible. La mayoría lo utilizamos y hasta el papa Francisco, quien tiene una cuenta de Twitter, ha dicho que si no logramos captar este don, fallamos a nosotros mismos, a nuestro pueblo y a nuestro Dios, que nos ha dado como mandato cuidar lo que nos ha dado.

Sin embargo, si utilizamos las redes sin discernimiento ni dominio, habrá dolores de cabeza para muchas personas. Hay investigadores de varios países que advierten a los padres y maestros de conductas destructivas en los niños, tales como el acoso escolar y el intercambio de fotos pornográficas, propias y ajenas, entre numerosos adolescentes y jóvenes. También hoy se afirma que el cerebro se afecta negativamente por el uso excesivo de las redes, sobre todo si se utilizan a edades muy tempranas y con demasiada frecuencia. Y si pensamos que los sacerdotes somos inmunes a este problema, estamos en un error. Un buen porcentaje de los ministros de culto de todo tipo de religiones, más de 30 por ciento, admite tener problemas de adicción a internet.

Hay muchos jóvenes y adultos a los que hoy les cuesta mucho conversar cara a cara porque en la conversación no existe página para cerrar ni se puede bloquear al interlocutor. Los psicólogos advierten también que los adictos a internet están más predispuestos a padecer trastornos mentales como la depresión o el déficit social. Algo verdaderamente sorprendente es que los investigadores están empezando a ver vías neuronales en el cerebro que imitan las adicciones a las drogas con el consumo de pornografía cibernética. Todo ello lleva a hacerse inmunes al tiempo y al espacio, a perder contacto con la realidad.

La pregunta es cómo podemos tener dominio sobre nosotros mismos frente a las redes sociales. Propongo cinco caminos. Para quienes están perdiendo el control, lo primero es reconocer que existe un problema de vicio con internet. Sólo quien reconoce su enfermedad puede pedir ayuda y recuperar la paz mental. Un segundo momento es meditar con frecuencia, cómo las redes o internet están afectando la vida propia, la de la familia, el trabajo o el apostolado. Esto con el propósito de desarrollar una aversión a este desorden y cultivar el amor a una vida ordenada. Meditar estas verdades nos motivará a salir del vicio. Tercero, orar para pedir fuerzas a Dios todopoderoso. Nuestras defensas están bajas para vencer, que nadie, sin la ayuda del Señor, saldrá adelante. Cuarto, acudir con frecuencia al sacramento de la Reconciliación, que no es sólo un sacramento en el que Dios perdona, sino en el que cura y fortalece el alma. Una quinta propuesta es dejar alguna red social. Nuestra capacidad de recibir información tiene límites y a menudo sucede que ya ni siquiera sabemos dónde vimos tal o cual información.

"Nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño”. Por conservar el señorío sobre nosotros mismos vale la pena el esfuerzo.

Podemos también hacer algunas cosas prácticas como establecer un horario diario para subir a la red, por ejemplo media hora, quizá cuarenta y cinco minutos durante el día. O bien, cuando estemos en una comida familiar todos podemos poner el móvil en una canasta para no atender mensajes ni llamadas. Hay amigos que salen a cenar y acuerdan que el primero que mire su celular, paga la cena.