jueves, 13 de junio de 2019

Mujeres tratadas como tontas

Con el objetivo de promover la participación de la mujer para que tenga las misma oportunidades que el hombre, el 6 de junio pasado se publicó en el Diario Oficial de la Federación una reforma a la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos en materia de género. Se trata de una ley de paridad que permitirá equilibrar el número de varones y mujeres en los diversos puestos públicos, incluyendo el poder legislativo. La llaman "ley de paridad de género".

Esta ley es una franco disparate, un desatino y una insensatez. ¿Habrá alguien que tenga duda de que el hombre y la mujer sean iguales ante la ley? Nadie. Sin embargo el que hoy participen más hombres que mujeres en la vida política no se debe a leyes discriminatorias contra las féminas. La razón, simplemente, es de orden antropológico: los varones, por su naturaleza masculina, tienen mayor tendencia que las mujeres a conquistar el espacio público y al ejercicio de la autoridad, así como a jugar luchas con espadas cuando son niños. Esto no significa que no puedan hacerlo las mujeres ni que a ellas deban quedarse haciendo labores domésticas. Ellas tienen todo su derecho de aspirar a cargos públicos y, de hecho, lo hacen muy bien.

En estos tiempos en que la mujer no sólo tiene igualdad de oportunidades que el varón, sino que tiene más que él, la ley de paridad de género está diciendo a las mujeres que son tontas y que, por ellas mismas, no tienen la capacidad, ni los méritos ni la inteligencia para ganar un puesto en el gobierno, sino que deben obtenerlo por decreto de ley. Lo más sensato y lo más justo para ellas es dejarlas de tratar como ineptas con leyes como esta, y permitirles que desplieguen todas sus capacidades para ganar un puesto de servicio a la comunidad.

Con la nueva ley de paridad de género, cuyo objetivo es equilibrar la repartición de los curules en las cámaras y puestos gubernamentales en número equitativo de sexos, en realidad se está haciendo una terrible discriminación a las personas más capaces para ser funcionarios públicos. Un hombre o una mujer de un talento extraordinario para ocupar una oficina de gobierno, podría no llegar al puesto por estar éste reservado a una persona que no es de su sexo, aunque sea menos talentosa. En el fondo la nueva ley puede discrimina a los más competentes y mejor capacitados, y promueve la mediocridad.

Además la ley de paridad de género deberá abrirse para que otras personas de diverso "género" al masculino y al femenino también tengan acceso a puestos públicos. Hoy nuestro gobierno promueve los derechos de los gays, lesbianas, bisexuales, travestis, queers y transexuales. Ellos, según la ley, también son géneros. Países como Australia han reconocido a más de 20 géneros. ¿Por qué la paridad de género sólo competiría a varones y mujeres y no a todos los demás? En la lógica de la ideología de género eso sería discriminación y, tarde o temprano, tendría que hacerse una repartición equitativa para que nos gobiernen todas las comunidades eróticas habidas y por haber.

Además ha habido una reforma al artículo 35 para abrir la puerta al lenguaje inclusivo en la Constitución. Se suprimen términos como "derechos del ciudadano" porque así se discrimina a "las ciudadanas". En cambio decir "derechos de la ciudadanía" es algo inclusivo para todos. No saben hablar español. Olvidan que en nuestro bello idioma el genérico masculino incluye a personas de ambos sexos. Decir "el ciudadano" abarca a varones y mujeres. Es la manera correcta de hablar el castellano, lo que hoy resulta insoportable para los seguidores de la ideología de género. Se llega a ridículos extremos como el decir "ciudadanes" para incluir a hombres, mujeres y a todo el colectivo LGBTQ.

La ideología de género es la nueva dictadura cultural que somete a los políticos. Es la torre de Babel de nuestros tiempos.

lunes, 10 de junio de 2019

Ven, Espíritu, e irriga nuestras almas

Meditación de Pentecostés

Esta semana se hizo una polémica nacional por el uniforme neutro que decretó el gobierno de la Ciudad de México. Se generó una gran controversia cuando la jefa de gobierno dijo que las niñas y los niños podían ponerse lo que quisieran, faldas o pantalones. Sus comentarios, teñidos de ideología de género, empujan a crear una sociedad en la que hombres y mujeres pierden su identidad masculina y femenina y vivan en un permanente estado de confusión sexual, en una situación de caos interior.

La fiesta de Pentecostés celebra el derramamiento del Espíritu Santo que pone orden en el caos, como sucedió en la alborada de la creación, cuando el Espíritu aleteaba por encima de la tierra, que era caos y confusión. Dijo Dios: "Haya luz, y La Luz se hizo" (Gen 1,3). En un mundo caótico y confuso necesitamos que el Espíritu De Dios venga a sacar del caos un cosmos ordenado y armónico donde el hombre y la mujer vivan su identidad masculina y femenina, y donde redescubran que son seres creados para el amor complementario.

Necesitamos que el Espíritu Santo gobierne nuestra carne. Cuando Dios nos creó nos dio el don de la libertad, como si Dios nos dijera: "Te puse en medio del mundo para que descubras lo que hay en él. No te hice celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, para que por ti mismo te modelaras y esculpieras en la forma que ibas a elegir. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores, que son los animales irracionales, y podrás, según tu voluntad, regenerarte en las cosas superiores que son divinas. Muchos van degenerando hacia las cosas inferiores. La violencia, las drogas y los vicios los van hundiendo al hombre en sus apetitos. "Si viven según sus apetitos –dice San Pablo– ciertamente morirán; en cambio si mediante el Espíritu dan muerte a las obras del cuerpo, vivían" (Rom 8,13).

Cuando decimos en el Credo que el Espíritu Santo es "Señor y dador de vida", estamos diciendo que él nos hace vivir como hombres y mujeres espirituales, nos comunica su vida divina, la vida de la gracia. Nos ayuda a mortificar la carne para vivir según el espíritu, nos da una nueva vida. Nos hace morir a nosotros mismos para que otros vivan. Nos hace promover la vida de los demás.

Víctor Hugo es un joven estudiante de preparatoria que recibió el sacramento de la Confirmación en una parroquia de Ciudad Juárez. Después de recibir el Espíritu Santo sintió un llamado a donar un año de su vida en servicio en la Sierra Tarahumara. En el servicio descubrió una forma de felicidad inexplicable para él. Hoy vive en Sisoguichi, en el municipio de Bocoyna, en la sierra de Chihuahua donde colabora como maestro en un internado de religiosas. Imitando a Cristo Jesús, que no vino a ser servido sino a servir, Víctor Hugo ha aprendido que no se puede decir "sí" a los hermanos si no se está dispuesto a decir "no" a uno mismo.

¿Cómo puede entrar esta vida nueva en ti y en mí? Entra por dos medios fundamentales: la Palabra y los sacramentos. La Palabra no sólo está inspirada por el Espíritu Santo, sino también comunica al Espíritu Santo. Cuando leemos la Palabra De Dios de manera espiritual, con La Luz y la unción del Espíritu, empezamos a experimentar luz, consuelo, paz, fortaleza, esperanza y vida. Y junto a la Palabra, los sacramentos. Con el Bautismo iniciamos una vida nueva, nos transforma, nos modela. Con la Eucaristía Jesús nos alimenta con su Cuerpo; con la Penitencia morimos y volvemos a la vida por el perdón de los pecados.

Pidamos el regalo de la humildad para nuestras almas, porque el Espíritu Santo es como el agua que siempre baja, siempre cae, nunca sube. Lo mismo hace el Espíritu Santo: se complace en visitar y llenar al que está abajo, al que es humilde y que está vacío de sí mismo.

Hoy se dice que en algunas partes del mundo hay una desertización. Avanza la ausencia de vegetación y disminuyen las lluvias. Lo mismo podemos decir del corazón, y el Espíritu Santo es el único que puede revertir este proceso y transformar el desierto espiritual en un lugar de vida. "El que cree en mí, que venga y beba", dice el Señor. Brotarán ríos de agua viva. Él se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él" (Jn 7, 37-39). Es Jesús quien hoy nos entrega su Espíritu Santo.

Abramos el alma para recibirlo en la Eucaristía, y seamos como esos trabajadores del campo, que de las acequias sacan canales para que el agua fluya con alegría en los surcos y llegue a todo el sembradío. Abramos nuevos surcos para llevar el agua de la Palabra, la fe, el consuelo, el agua del Espíritu. Amén.

miércoles, 5 de junio de 2019

Pantalones y faldas


Atrás quedaron las leyes patriarcales donde el uso de la falda era exclusivo de la mujer, y el pantalón del hombre. Con el feminismo de izquierda, que prácticamente está metido en todas las esferas de la cultura, ahora "la falda no será exclusiva para las niñas y el pantalón para los niños". Fue lo que dijo Claudia Sheinbaum, la jefa de gobierno de la Ciudad de México esta semana. Acciones sencillas como la promoción del uniforme neutro –expresó en un tuit– promueven la igualdad de derechos.

Los medios le preguntaron si la ciudad estaba lista para que los niños pudieran ponerse falda para ir al colegio, a lo que la señora Sheinbaum respondió que "cuando uno abre derechos se van generando nuevas formas de conocimiento, de entendimiento y, lo más importante, es acabar con esta violencia y esta diferenciación de género". La jefa de gobierno está diciendo que afeminando al varón y masculinizando a la mujer es camino para acabar con la violencia entre sexos, cuando en realidad es todo lo contrario. No se puede ejercer violencia a la naturaleza porque ésta, tarde o temprano, se volverá contra el hombre.

No me cabe la menor duda de que el uniforme escolar neutro implantado por el Gobierno de Ciudad de México es estrategia del homosexualismo político y del feminismo de la izquierda para crear una sociedad sin diferencias sexuales, una sociedad de todos para todos, una gran comunidad donde nos podamos enamorar de cualquier persona y de cualquier edad, donde la naturaleza y la genitalidad no tengan relevancia.

Wilhelm Reich, psiquiatra austrohúngaro nacido en 1897, fue uno de los pioneros en luchar por una sociedad pansexualista. Él afirmaba que la familia es una construcción enferma. A esta patología la llamaba "familitis", y proponía que la liberación sexual era la medicina para curarla. "La sexualidad es el centro alrededor del cual gira toda la vida social, así como la vida interior del individuo", afirmaba en su libro "La función del orgasmo".

Su queja era contra las leyes patriarcales de la cultura, la religión y el matrimonio que tenían reprimida la sexualidad. La promoción de la infidelidad y la liberación de las pasiones eróticas era el camino para destruir a la familia, y curar de "familitis" a toda la vida social. A estas aberraciones se sumaron otros psiquiatras, filósofos y feministas a través de los años, hasta llegar a la situación actual donde los grandes del dinero y del poder político financian a través de los medios el adoctrinamiento de las masas para lograr un nuevo orden mundial, una especie de paraíso pansexualista sin clases sociales ni diferencias sexuales.

Para algunos estas consideraciones parecerán exageradas y creerán que lo del uniforme escolar neutro no tiene mayor relevancia. Pero si a ello sumamos el adoctrinamiento en la ideología de género que hoy se realiza en las escuelas mediante las clases y libros de educación sexual, nos daremos cuenta de que lo del uniforme no es un acto aislado, sino que obedece a una estrategia de gota a gota. Así los hijos van dejando de estar bajo la tutela de sus padres, quienes cada vez tienen menos voz y voto en la educación escolar. De esa manera se van despidiendo de la patria potestad.

Arturo Zaldívar, la vida y el Espíritu

Arturo Zaldívar, desde enero de 2019 es presidente de la SCJN
El presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, ha escrito un artículo titulado "El derecho fundamental a interrumpir el embarazo", en el que sostiene que un bebé en gestación no es persona y, por lo tanto, el Estado no tutela sus derechos. La postura del ministro Zaldívar, además de ser contraria a la demostración científica de que el embrión es persona desde el momento de la concepción, contradice también al Espíritu Santo el cual, como decimos en el Credo, es Señor y dador de vida.

Para el presidente de la SCJN la calidad de vida seguramente se refleja en términos de salud y bienestar. Hoy se propone huir de toda molestia y sufrimiento y abrazar el ideal de la salud y la belleza como medidor de nuestra calidad de vida. La obsesión por la esbeltez, el auge de los gimnasios, las dietas y la comida orgánica, la industria cosmética y las cirugías estéticas proyectan nuevos valores. Se adora la vida joven y saludable para dar la ilusión de que los años no pasan. Esta es la vida que el espíritu del mundo defiende.

La defensa de la vida que hace el Espíritu Santo es muy diversa. En Pentecostés redescubrimos que la presencia del Espíritu de Dios se manifiesta, entre otras muchas formas, en la protección de la vida débil, la del embrión, la vida con discapacidad o amenazada. Siguiendo el principio bíblico de morir a uno mismo para que vivan los demás, el Espíritu Santo nos empuja a promover y custodiar la vida de los demás, tanto la física como la espiritual.

Nuestro modelo supremo es Jesús, quien murió para dar la vida al mundo y renunció a su gozo de vivir, para que el gozo de los demás fuera completo. Los cristianos defendemos la vida, no sólo por ser el derecho humano fundamental, sino por una última razón de fe: la vida humana está llamada a recibir la forma de Jesucristo, a la que Dios la ha destinado. Por ese motivo último decimos no a las drogas, no al aborto, ni a la eutanasia y sí a la vida.

Mientras que el artículo de Arturo Zaldívar adjudica al hombre el poder egoísta de decidir quiénes nacen y quiénes no, Pentecostés nos descubre la acción del Espíritu en muchos cristianos que saben mortificar su cuerpo renunciando a sus goces para ser generosos en aliviar el sufrimiento del cuerpo de sus hermanos, en todas sus formas: minusvalía, enfermedad, hambre, lepra, sida. El Espíritu Santo nos muestra en ellos que sólo se puede decir "sí" a los hermanos cuando estamos dispuestos a decir "no" a nosotros mismos. Es ello lo que humaniza y trae alegría a nuestro país.

viernes, 31 de mayo de 2019

Congreso Nacional de Medios Impresos Católicos

Periodismo católico con libertad de expresión

Pbro. Eduardo Hayen Cuarón
Guadalajara Jalisco

La Palabra no puede encadenarse

La Palabra de Dios no puede estar encadenada. Las autoridades judías mandaron prender a los Apóstoles y los metieron a la cárcel. Pero en la noche, el Ángel del Señor les abrió las puertas de la celda y los sacó fuera, diciéndoles: “Vayan al templo y expliquen allí al pueblo íntegramente este modo de vida”· (Hch 5, 17-26).

El relato termina diciendo que los encerraron nuevamente. Nos preguntamos ¿qué sentido tiene este milagro tan espectacular? El objetivo del milagro no fue evitarles penurias solamente. Esta liberación de la cárcel fue más una señal que una solución. Señal ante todo de la libertad de la Palabra. Fue como decir a las autoridades que sus cadenas jamás detendrán el avance del Evangelio”.

Hechos de los Apóstoles nos narra que los judíos de la sinagoga de los libertos quisieron acudir al soborno con tal de cerrar la boca de Esteban, protomártir, a quien no podían vencer con argumentos. Odiaban a Esteban y terminaron lapidándolo. Lo que dijo Jesús se cumplió: “Me han odiado a mí; los odiarán a ustedes” (Jn 15,18). ¿Qué tiene el Evangelio como para recibir tan drástica oposición y padecer persecución tan cruel? El Evangelio, ni la prensa católica que está a su servicio, no entra en la “lógica del mundo”, que comercia con los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la soberbia de la vida” (1Jn 2,16). La Palabra a la que servimos como comunicadores católicos se sale de ese esquema y se convierte en denuncia viva de todo ese sistema de esclavitudes conectadas.


Barbarie vs. Civilización
Nos preguntamos por qué la prensa católica es más necesaria hoy que nunca. Hoy nuestra cultura occidental parodia, ridiculiza y persigue a la Iglesia. Toda clase de noticias falsas circulan en las redes sociales acerca de la Iglesia. El ciudadano común, que desconoce todo acerca del catolicismo, está al corriente de su supuesta corrupción porque buena parte de la prensa secular se lo ha contado. Muchos viven con la idea de que ser católico es sinónimo de ignorancia, de represión y de retroceso.

Sin embargo el hombre de la calle occidental tiene una enorme deuda con la Iglesia por la existencia de la universidades, de la ciencia, la economía, el derecho internacional, los derechos humanos y la caridad. Además son enormes las contribuciones del catolicismo en el mundo de las artes plásticas, la música y la arquitectura, así como la astronomía. La Iglesia no sólo aportó a nuestra cultura occidental sino que, con la influencia de las culturas griega y romana, la construyó. Todo ello lo ignora la cultura popular, y en cambio cree que “El establecimiento del cristianismo romano marcó el comienzo de los tiempos oscuros: ese período de la historia occidental en el que la luz estuvo ausente de todo aprendizaje y la superstición sustituyó al conocimiento”[1].

Esta cultura occidental que hoy se jacta de progresismo y que rechaza sus raíces cristianas, en realidad se ha deslizado a una peligroso estado de incivilidad. Thaddeus Kozinski afirma que quienes estamos viviendo en el siglo XXI, nos está ocurriendo lo que a los romanos del siglo V. Aquellos vivían –así como nosotros hoy– sin percatarse del declive y caída de su propia civilización[2]. Se derrumbó el Imperio romano y el mundo entró en una época oscura. El mismo drama hoy se repite en nuestros países occidentales.

Haciendo una lectura de los signos de los tiempos, el papa Benedicto XVI, durante su pontificado, explicó en varias ocasiones sobre la dictadura del relativismo, señalando que ésta “no reconoce cualquier cosa como cierta, y tiene sus metas más altas en el propio ego y los deseos individuales”. A los cardenales les decía en noviembre de 2010: “Parece que el relativismo completa el concepto de libertad” pero en realidad puede “llegar a destruirla”, proponiéndose como “una verdadera dictadura”. Y señalaba que “La Iglesia se encuentra en un momento difícil para afirmar la libertad de anunciar la verdad del Evangelio y la cultura cristiana”.

En otros términos, dice Kozinski, lo que el Santo Padre nos está diciendo es que la cultura Occidental se va inclinando hacia tiempos de una gran oscuridad espiritual. Kozinski la llama “barbarie”. La barbarie es lo opuesto a la civilización. Cuando una sociedad tiene alma, cuando reconoce no sólo que otras personas existen sino que las trata con dignidad, con cortesía, en el respeto a sus derechos, estamos hablando de civilización. En cambio una cultura cuyos fines son la satisfacción del ego y de los deseos individuales se inclina hacia la barbarie.

Hemos de ejercer la libertad de expresión porque no sólo nos interpela el declive cultural en el que estamos sino, sobre todo, porque lo acompaña la abolición de lo humano. El eclipse de Dios conduce al eclipse del hombre. Los medios católicos hemos de ponernos al servicio del hombre y de su cultura, ayudándole a descubrir la raíz de su grandeza, y esta es el encuentro con Jesucristo, piedra angular de nuestra civilización. “Un pueblo que olvida su pasado, su historia, sus raíces, no tiene futuro, es un pueblo seco”, señalaba el papa Francisco.[3]Nuestro pasado cristiano debe ser fuente de inspiración para contribuir a edificar el futuro de nuestra nación.


La abolición de lo humano
¿Quién es el hombre con el que debemos ejercer la libertad de expresión? Volviendo al artículo de Kozinski[4], es el hombre común y corriente de mentalidad práctica. Es el hombre que no niega la existencia de los demás pero que vive como si los demás no existieran. No tiene la certeza de que Dios exista, ni tampoco la verdad, el bien y la belleza. Ni se preocupa por encontrarlos. Simplemente Dios no le inquieta ni significa nada para su vida.

El hombre con el que hoy hemos de entrar en contacto mira al mundo de manera muy superficial. En vez de ver al mundo con profundidad, se encierra en su visión superficial. Reduce la realidad al tamaño de su alma. Como hay poco que conocer, también hay poco que amar. El hombre de hoy vive en un estado de aburrimiento permanente. Nada es deseable ni detestable. No hay ideales que lo enciendan. Para él no existe lo sagrado. El resultado es la pérdida de la capacidad de amar, la ineptitud de captar el misterio que nos rodea y, así, la deshumanización.

El hombre occidental se alimenta hoy de comida chatarra para su corazón. Su conocimiento se reduce al saber hacer, a los hechos científicos, a la sucesión de noticias, a banalidades y a temas políticamente correctos. ¿Y qué es esta comida comparada con el suntuoso banquete de la Verdad, que podrían comer, si reconocieran el hambre de sus almas, el hambre de saber el significado más profundo de la realidad?

Nuestro interlocutor llena su hambre de vida comunitaria con “la gente de las pantallas”. Es una persona que se expone excesivamente a las imágenes, que viven en las salas de chat y que cultiva amistades en Facebook. En su corazón hay un vacío muy grande que pide a gritos ser colmado.

Nuestro oyente potencial, en realidad, tiene hambre de intimidad con la Creación, de verdadera amistad, de comunión. Es víctima de la revolución sexual de los años 60. Ha crecido en familia disfuncional y en el orfanatorio de sus propio hogar, en barrios donde nadie se conoce, en comunidades sin raíces, en ciudades donde los mejores festivales de la ciudad son las grandes ventas de los centros comerciales.

Deslumbrado por el oropel de nuestra cultura, nuestro interlocutor cree vivir civilizado. Sin embargo ahí está la trepidante realidad de las drogas y la violencia, la miseria de millones de personas, la corrupción en las empresas y en la política, el sinsentido en que multitudes viven sus vidas. Es el nuevo oscurantismo. Sin religión, sin alma, sin moral y sin Dios la cultura se vuelve pura joyería de fantasía.

¡Qué fascinante y magnífico reto, y qué gran oportunidad nos concede Dios para llevar creativamente el Evangelio a este hombre existencialmente aburrido y ayudarle, con nuestra libertad de expresión, a descubrirle el camino de su libertad!


El derecho a la libertad de expresión
La libertad de expresión es, en realidad, un concepto que se ha pervertido. En nuestra cultura hoy se proclama la libertad de expresión como un derecho absoluto.Sin embargo en el nombre de la libertad se difunden y se enseñan los errores más graves en los que al bien se le llama mal, y al mal, bien. Lo que hace algunos años eran considerados delitos hoy se consideran derechos.

¿Podemos llamar a esto “libertad de expresión” o “libertad de enseñanza”? Ciertamente no. El papa León XIII afirmaba que no existe el derecho a la libertad de expresión cuando se ejerce traspasando todo freno y todo límite. “El derecho –afirma el pontífice– es una facultad moral que no podemos suponer concedida por la naturaleza de igual modo a la verdad y al error, a la virtud y al vicio. Existe el derecho de propagar en la sociedad, con libertad y prudencia, todo lo verdadero y todo lo virtuoso para que pueda participar de las ventajas de la verdad y del bien el mayor número posible de ciudadanos”[5].

La auténtica libertad de expresión se ejerce entonces cuando se comunica la verdad, el bien, la bondad y la belleza de las cosas al servicio del hombre y de la sociedad. “La verdad los hará libres”, dijo Jesús[6]. Hoy en cambio nos encontramos ante la disolución de la libertad en donde todos hablan y todos escriben sin frenos ni límites. En el mundo ya no queda algo sagrado e inviolable. Dios, el respeto a la vida humana, la dignidad de la persona, el matrimonio y la familia, todo lo que es el más noble patrimonio de la humanidad se ido oscureciendo, y nuevas formas de opresión van apareciendo. No se puede ejercer la libertad de expresión al servicio de la esclavitud.

Aunque muchos se consideren libres para decir lo que desean, nos queda claro, entonces, que difundir la mentira, la maldad y lo grotesco es un acto de expresión, pero no de libertad. La genuina libertad de expresión la ejercen solamente quienes sirven a todo lo que es verdadero, bueno y bello. Somos nosotros, prensa católica, la que ejerce la libertad de expresión cuando en comunión con el papa y los obispos hacemos nuestro trabajo para dar a conocer a Jesucristo a nuestros interlocutores de hoy.


No pertenecemos al mundo
“Yo los he elegido sacándolos del mundo”, reveló Jesús a sus apóstoles en la Última Cena[7]. La Biblia nos muestra que la mejor manera de servir al mundo es no ser del mundo. La mejor manera de servir a la gente, el mayor bien que le podemos hacer comienza por no participar de los ídolos, prejuicios y complicidades en los que muchos viven. Para que un periodista católico ejerza la libertad de expresión en el mundo la mejor manea de hacerlo es que sea bien distinto del mundo.

Saber investigar, saber escribir, saberse expresar, todo ello es muy importante para cualquier periodista, en la prensa secular o la prensa católica. Pero, ¿quién es más libre de estos dos periodistas? Ambos son de amplia cultura, muy competentes, igualmente honrados y de muy buen conocimiento. Sin embargo uno de ellos está contaminado por ciertas ideologías y el otro no. ¿Quién es más libre? ¿Quién es más confiable? Seguramente diremos que aquel que no está sujeto a contaminación ideológica.

Santa Catalina de Siena tiene una imagen dinámica de lo que es el mundo. Lo presenta como un río cenagoso y pútrido que va arrastrándolo todo. Al que se queda quieto se lo lleva la corriente. Esto quiere decir que se van adueñando de tu cabeza, de tus palabras, de tu cuerpo, de tu familia, de tus hijos y de tu vida eterna. Muchas personas van siendo arrastradas por lo que dice el mundo: ahora uno se puede casar con cualquier persona, podemos disponer de la vida de los inocentes, consumir drogas es algo normal, el matrimonio es una institución de tiempos pasados… El mundo nos va arrastrando y los medios de comunicación fortalecen este modo de pensar.

¿Cómo puede ser un periodista libre si se deja llevar por esta contaminación? Así no puede dar un buen servicio al mundo. Si me dejo enfermar no puedo prestar un verdadero servicio para que otros sean libres. Al contrario, mi servicio es para reforzar las nuevas esclavitudes. Lo que puede hacer que preste un buen servicio al mundo es tomar distancia de él, y pueda dar una palabra diferente, un espíritu diferente. Todo cristiano está llamado a eso pero especialmente los consagrados y la prensa católica.

Tengamos cuidado de no parecernos y amalgamarnos con el río cenagoso del mundo para tratar de servir al mundo. La gente espera que les enseñemos con humildad y caridad, pero también con la claridad para ayudarles a sanar sus heridas y vencer las trampas del mundo. Así nos lo enseñó Jesús.


[1](Knight, Christopher y Lomas, Robert; “Second Messiah”, Fair Wind Press, Gloucester Mass., 2001, p. 70).

[2]Cfr. Kozinski Thaddeus J., “A new Benedict for a new Dark Ages”, 14 July 2009, MercatorNet.com

[3]Discurso del papa Francisco en el Encuentro con las Autoridades y el Cuerpo Diplomático, Asunción Paraguay, 10 de julio de 2015.

[4]Cfr. Kozinski Thaddeus, Ibid.

[5]León XIII, Carta encíclica “Libertas Praestantissimum”, 20 de junio 1888, n. 18)

[6]Jn 8, 31

[7]Jn 15,19

miércoles, 29 de mayo de 2019

Mi columneja


Consagraciones
El martes 21 de mayo fue consagrado Brasil al Inmaculado Corazón de María. Este evento me ha recordado aquella consagración al Sagrado Corazón de Jesús que hicieron los obispos de la provincia de Chihuahua en 2013. La consagración del Brasil fue proclamada por el obispo Fernando Arias y estuvo presente el presidente Jair Bolsonaro, que apareció junto a la estatua de la Virgen de Fátima. Hay algo que mucho lamento en este hecho, así como lamenté, tiempo después, las circunstancias de la consagración de Chihuahua de hace seis años.

Consagrar un territorio a la Virgen o a Jesús me parece una idea sublime y maravillosa. De hecho en las apariciones en Portugal, la Virgen María pidió la consagración del mundo a su Inmaculado Corazón, petición que pudo llevar a cabo san Juan Pablo II en 1984. Sin embargo involucrar a los políticos en estas ceremonias de consagración daña a la Iglesia y a los políticos. Ambos salen espinados como sucedió en Chihuahua. Los personajes de la vida pública suelen utilizar a la Iglesia para promover su imagen personal mientras sus corazones suelen estar lejos de vivir el Evangelio. Hoy el ex gobernador de Chihuahua, que con tanto fervor consagró su gobierno, está prófugo por haber dejado al Estado grande montado en cuatro ladrillos. Bienvenidas las consagraciones, pero sólo con clero, religiosos y laicos, lejos del César.

Gay Disney
Muchas personas en nuestra niñez alguna vez fuimos a Disneylandia llevados por nuestros padres porque creímos que se trataba de un parque de diversiones de ambiente familiar. Así lo fue en sus orígenes fundacionales y durante las primeras décadas. Llevar a los niños hoy al parque de diversiones más famoso del mundo es exponerlos a procesos de adoctrinamiento en ideologías radicales y extremas. El mes de junio el lobby LGBT celebra la diversidad sexual y estas celebraciones tendrán espacio en el mundo de Disney. El parque en su sede en París programó un desfile gay llamado “Magical pride” u “Orgullo mágico”. Actividades similares se han programado para Disneyland California y Disney World en Florida. ¿Qué sana diversión puede tener para los niños presenciar un desfile gay en un centro de diversiones como Disney? Es tiempo de pensar en otras opciones de entretenimiento para los niños, que sean saludables y que no los adoctrinen con oscuras visiones del hombre, corrompiéndoles su inocencia.

La bronca del diablo
Televisa difundió una entrevista que la periodista Valentina Alazraki hizo al papa Francisco. En ese coloquio recordaron la expresión “El diablo le trae bronca a México”, que el pontífice utilizó hace cuatro años en una entrevista con la misma Valentina, antes del viaje papal a nuestro país. Por esa expresión algunas personas se han molestado con el papa diciendo que es absurda. Las palabras del Santo Padre podrán no tener sentido para muchos, pero para quienes somos católicos sus palabras están cargadas de significado. Ha hecho alusión a una guerra espiritual que no se ve con los ojos del cuerpo, pero que está detrás de la violencia del narcotráfico en México.

Como sucesor de san Pedro, ha señalado que la furia del infierno se está ensañando rabiosamente con nuestro país por una presencia especial de la Virgen María en esta tierra. Además durante la guerra cristera los mexicanos defendieron a la Madre de Dios a precio de sangre de muchos mártires, lo que provoca que el poder de las tinieblas nos siga pasando factura. Esta es una razón espiritual que sólo entendemos los católicos. Pero además Francisco dijo algo que al gobierno de México debe incomodar: pactar con el narcotráfico para conseguir la paz es como si para evangelizar, un predicador hiciera pacto con el diablo. La analogía es sabia. El fin nunca justifica los medios.

martes, 21 de mayo de 2019

Perturbaciones del enemigo y paz de Dios

El hombre entró a la Misión de Guadalupe minutos antes de iniciar la Eucaristía matinal. A una religiosa le dijo que venía a quitarse la vida. La hermana trató de disuadirlo pero el hombre se dirigió a la sacristía y subió rápidamente al segundo piso donde se encerró en un salón. Sacó medio cuerpo por la ventana y con fuerte voz comenzó a pregonar su inminente suicidio. Pronto llegaron policías para tratar de disuadirlo, pero aquel individuo les gritaba groserías. Cuarenta minutos después hicieron presencia los bomberos quienes colocaron su escalera hacia aquella habitación donde estaba el energúmeno. Éste, al verlos cerca, rompió todos los cristales; luego trató de escapar abriendo la puerta, donde ya lo esperaba la policía. Mientras tanto la Santa Misa debió ser suspendida.

Al día siguiente durante las primeras misas dominicales se presentaron algunos incidentes con raros personajes. Entre ellos entró un individuo vestido con una peluca de color azul, de apariencia muy extraña. Durante la celebración permaneció en la parte posterior del templo donde inició una trifulca con otro feligrés al que sujetó del cuello y comenzó a estrangular. Un grupo de personas intervino para separarlos y echar fuera al estrambótico sujeto. Aunque los templos en los centros históricos suelen ser refugio de menesterosos, pícaros y pedigüeños –y estamos acostumbrados a ellos–, estos hechos, a los sacerdotes que servimos en nuestra catedral, nos han parecido absolutamente extraños.

No deja de ser un interrogante por qué ocurren perturbaciones al culto divino, y por qué a veces se acosa a los pregoneros del mensaje de la victoria de Cristo. ¿Qué tiene el amor de Dios que suscita tanto rechazo? Lo que hicieron con san Pablo aquellos judíos que le dejaron caer una lluvia de piedras por predicar a Jesucristo, y después lo arrastraron creyéndolo muerto, nos parece salvaje e inaudito. (Hch 14,19-20).

En la Última Cena Jesús, con el corazón abierto a sus apóstoles, les dio una razón de su propio sufrimiento. Les dijo: "Se acerca el príncipe de este mundo. Y aunque no tiene poder sobre mí, tiene que ser así para que el mundo sepa que amo al Padre y que cumplo la misión que me encomendó" (Jn 14,30-31). Este razonamiento del Señor lo podemos extender a nuestras propias vidas. Muchas veces el dolor que se causa a los cristianos tiene su última explicación en el odio que el enemigo de Dios tiene a la humanidad.

Hace unos días llegó un joven de 22 años a la Catedral a pedir ayuda. Tenía perturbaciones espirituales severas. Entraba en trances en los que desaparecía su personalidad para convulsionar, contorsionarse, arrojarse por el suelo y arrastrarse como una alimaña; profería toda clase de blasfemias y groserías, y hablaba en lenguas extrañas. En esas crisis adquiría tal fuerza descomunal que ni entre varios hombres podían sujetarlo. Semanas antes el muchacho, en su desesperación por decepciones sentimentales, había invocado al diablo para que viniera a ayudarle. Había hecho oraciones a Satanás entregándole su alma con ruegos y súplicas hasta que el diablo vino a él, pero no para cumplirle sus caprichos, sino para atormentarlo.

"Mi paz les dejo, mi paz les doy, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman!" (Jn 14,27).  Las palabras de Jesús nos dan fortaleza y consuelo en los momentos de perturbaciones y de tribulación. Mientras que el mundo y su príncipe nos invitan a hacer pactos y componendas con el mal, haciéndonos creer que de esa manera aseguramos la paz, el Señor nos enseña que la verdadera paz, la que viene de Él, tiene su origen en el combate espiritual. Sabemos que la victoria de Cristo está asegurada. Mientras tanto nos podrán apedrear como a san Pablo, pero hemos de ponernos de pie una y otra vez, a ejemplo del apóstol, para seguir predicando el Evangelio de la salvación. No importa que el enemigo rechine sus dientes de rabia.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Mi columneja


Iglesia y obras sociales
La obra social que en Ciudad Juárez realizan las iglesias es, muchas veces, poco valorada. Hoy las organizaciones que en la ciudad que más ayudan a enfrentar la crisis migratoria son instituciones religiosas. La Casa del Migrante, por ejemplo, es una institución católica que desde hace 37 años brinda atención a los connacionales y extranjeros que, habiendo dejado su tierra, buscan un futuro mejor. Allí se ofrece a los refugiados habitación, desayuno, comida y cena, teléfono, agua caliente, servicios médicos, apoyo social, jurídico y espiritual. Hay también otras comunidades evangélicas y parroquias católicas que han abierto sus puertas para mostrar la caridad a estos hermanos necesitados.

Hoy católicos y evangélicos sostienen numerosas obras sociales en la ciudad y en el mundo, como son de cuidado a enfermos y ancianos, a huérfanos, leprosos y enfermos de sida, minusválidos y enfermos mentales. El cristianismo sigue siendo la raíz de los principales valores que sustentan nuestra civilización. Cuando vemos la destrucción que trae la violencia, el terrorismo, la guerra, la corrupción, las drogas y el materialismo, nos damos cuenta de la importancia que tiene el cristianismo para la supervivencia de nuestra sociedad. El olvido de la religiosidad es una de las causas principales de la degradación de nuestra cultura, y el cristianismo sigue siendo la fuente de los principios que nos permiten vivir con dignidad, y un poderoso instrumento para mejorar el mundo.

Sopla el Espíritu
Cada obispo que ha pastoreado nuestra Iglesia en Ciudad Juárez ha dado importantes impulsos de vida a las ovejas de Dios que peregrinamos, en estas tierras norteñas, hacia la Casa del Padre. Hoy don José Guadalupe, después de numerosas reuniones con sus colaboradores más cercanos -sacerdotes y laicos- empuja para que todos trabajemos bajo un mismo objetivo, en comunión y participación. Se trata del Proyecto Diocesano de Pastoral que pretende "Sembrar el Reino De Dios impulsados por el Espíritu Santo, anunciando el Evangelio a todos para alcanzar la conversión pastoral a partir del Encuentro con Cristo Redentor, auxiliados por Santa María de Guadalupe".

¿Qué tiene que ver esto con tu vida y la mía? Pues sencillamente que todo este esfuerzo deberá conducir a que, en un mundo tan alejado de Dios, comencemos a vivir más cristianamente, renovando parroquias, sacerdotes, el Seminario, los colegios, las religiosas, los movimientos y las familias para que sean verdaderas escuelas de santificación, todo unificado en un objetivo y en un espíritu de comunión. Rogamos desde hoy para que este gran proyecto diocesano, encabezado por el obispo y en el que todos estamos llamados a participar, vayamos con entusiasmo hacia los tiempos de luz y de esperanza que se avizoran para nuestra diócesis. ¡Enhorabuena!

Parejas sexuales
Tener muchas parejas sexuales hace daño por muchas razones. Una de las más obvias es el peligro de contraer enfermedades de transmisión sexual. Hace algunas décadas eran los marineros los que se contagiaban con las prostitutas en los puertos, y en su mayoría esas enfermedades eran curables con antibióticos. Hoy las enfermedades de transmisión sexual se contagian en el ambiente de las preparatorias y universidades. Muchas son incurables y algunas pueden ser fatales como El VIH o virus del SIDA. También el herpes, que es insuprimible y doloroso. El virus del papiloma humano puede provocar cáncer en el sistema reproductivo. La clamidia que, aunque es curable, puede ser causa de esterilidad permanente en las mujeres; o la sífilis, que si no se trata, puede causar locura y llevar a la muerte.

Recordemos que estas enfermedades y otras que existen son transmitidas por contacto sexual. Lo que quiere decir que una persona que nunca ha sido sexualmente activa, no tiene de qué preocuparse. Es conveniente que aquellas personas no casadas, jóvenes sobre todo, que viven una vida sexualmente activa, se hagan un examen para detectar estas enfermedades. Estas infecciones pueden pasar inadvertidas durante años, y por eso pueden causar grandes daños a la persona. Sin duda quienes son sabios, libres y prudentes son aquellos que se abstienen de sexo hasta el matrimonio, y quienes son siempre fieles a su cónyuge.

domingo, 12 de mayo de 2019

Confesionario sin absolución: soy homosexual y sufro mucho

La pregunta: soy un hombre homosexual que toda su vida ha sufrido por tener esta condición. He sido despreciado por mi propia familia por ser así. Muchas veces ellos me han dicho que me voy a condenar en el infierno. Es cierto que en mi vida he tenido muchos hombres, de hecho soy portador de VIH. Uno de los golpes más duros lo recibí de un sacerdote cuando me confesé. Me dijo que yo era abominable y que estaba fuera de la Iglesia. Me sentí como una basura. Gracias a Dios conocí a otro sacerdote que no es de esta ciudad y que ha sido el único que me ha hecho sentir bien. Él me habló del amor de Dios por mí y lo mucho que valgo como persona, aunque nunca me aconsejó que dejara a mi pareja. Quiero cambiar. De Dios no me quiero separar y estoy dispuesto a darle un nuevo giro a mi vida. Estoy cansado de sufrir y también estoy confundido porque unos me dicen que debo seguir siendo como soy, y otros me dicen que cambie. ¿Usted qué opina?

Padre: es hermoso ver cómo el Espíritu Santo está trabajando en ti. "Quiero cambiar", "Estoy dispuesto a darle un nuevo giro a mi vida", dices en tu mensaje. Esto significa que no estás satisfecho del todo con tu vida y la voz de Dios está resonando dentro de ti para llevarte a dar pasos adelante en tu camino de conversión.

Me alegro que hayas encontrado a un sacerdote que te habló del amor de Dios hacia ti y de lo valioso que eres como hijo de Dios. Acerca del primer sacerdote que te habló con palabras fuertes e hirientes, trata de no permanecer en el dolor y que eso no te haga daño. Perdona de corazón a tu hermano y ruega a Dios por él. El estar con "muchos hombres", como tú dices, es una conducta que te estaba destruyendo; de hecho adquiriste VIH por mantener ese comportamiento. Date cuenta de que tener condición homosexual no es ningún pecado, aunque sí es una herida o un desorden en tu naturaleza masculina que te puede llevar a cometer actos homosexuales, los cuales son sí son pecado. ¿Por qué son pecado? Porque no son expresión auténtica de tu naturaleza varonil, la cual tiene como complemento a la naturaleza femenina.

No cometas el error de definirte como homosexual. La Iglesia Católica no clasifica a las personas según su condición sexual. Eres, ante todo, un hombre hijo de Dios. Como cristiano estás llamado a la santidad, y el camino de la santidad empieza por combatir el pecado para crecer después en las virtudes. Solamente si tú quieres, puedes ir dejando atrás tu condición homosexual e ir recuperando tu verdadera identidad masculina. Lo primero que te aconsejo es cortar tus vínculos con tu antiguo ambiente gay. Hay que dejar los lugares que te llevan a conductas homosexuales como son bares, baños, parques y todo lugar que se preste a ese tipo de actividad.

También es necesario cortar con relaciones interpersonales que te lleven a la práctica homosexual, así como todo vínculo con la pornografía. Quita de tu vida periódicos, revistas y medios de comunicación que apoyen y animen al comportamiento homosexual. Todo esto puede parecerte muy radical, pero es absolutamente necesario si quieres un verdadero cambio en tu vida y una curación de tus heridas. Necesitas rodearte de amistades nuevas heterosexuales, gente que sea positiva y te llene de esperanza. Solamente las relaciones saludables, de cariño y no sexuales son adecuadas para satisfacer tus necesidades más profundas. Las relaciones interpersonales sanas irán reemplazando a las conductas y fantasías sexuales nocivas.

El camino no será fácil, seguramente, pero si te acercas a la Iglesia contarás con la guía de Jesús, el buen pastor. Tu acercamiento a Cristo en la oración, en la escucha de la Palabra de Dios, en los sacramentos y en la comunidad parroquial será decisivo para superar esa condición. Te aconsejo que busques un confesor o director espiritual para que sea él quien te dé consejos prácticos de espiritualidad que te ayuden a caminar en una vida nueva, en Cristo. Dios te bendiga y recuerda que en el Cielo hay una habitación preparada por Jesús para ti. Sólo llegan a las moradas eternas los que han pasado por la gran tribulación y son revestidos de la gracia de Dios.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Mi columneja



Un grito desesperado
El detonante de la violencia en la frontera México-Estados Unidos es la producción, el tráfico y el consumo de la droga conocida como "cristal". Se trata de una sustancia relativamente barata pero una de las más destructivas de la persona, que causa daños irreparables en el cerebro y que termina por matar al consumidor en poco tiempo. El consumo de cristal ha venido a trastornar la vida de la frontera de nuestro país generando una ola de violencia y muerte que parece imparable. En el fondo, los consumidores de cristal y de otras drogas están buscando algo que venga a suplir la necesidad que ellos tienen de vida y felicidad. Sin embargo el resultado es el opuesto: la destrucción de la propia vida, del entorno familiar y social.

Los drogadictos más lúcidos no dudan en lanzar un grito desde su desesperación para que los jóvenes nunca utilicen estos productos, para que tengan el valor de rechazarlos y para que encuentren a otros jóvenes y adultos que les enseñen cuál es el camino verdadero que conduce a la auténtica alegría, y no las drogas. Gobierno, empresas, iglesias y organizaciones: hemos de trabajar por la unidad y el amor en las familias, porque son ellas los primeros lugares donde se previenen las drogas. Una persona con una vida familiar positiva y un desarrollo de la vida interior mediante la oración y el encuentro con Dios, difícilmente probará las drogas y será esperanza para un mundo mejor.

Legalizar las drogas
Algunos países se plantean reducir los niveles del consumo de drogas y el narcotráfico a través de hacer legal el consumo de drogas ilícitas. La propuesta es engañosa porque está comprobado que en donde se facilita la oferta, aumenta la demanda. San Juan Pablo II decía que "La droga es un mal y a la droga no se le vence con la droga". Por experiencia se sabe que legalizarla no produce los efectos que se quieren combatir como son la violencia en las calles y el mismo narcotráfico. Además, al facilitar el consumo de drogas a los niños y jóvenes se estarán fomentando en ellos las conductas de dependencia, la pérdida de la conciencia, el deterioro de la voluntad y de su libertad.

Drogarse a nadie le es lícito, enseñaba también el papa, porque ello es renunciar a ser persona pensante, y a actuar como persona libre. Con drogas al alcance fácil no podemos esperar sino un deterioro en la vida familiar porque frustra a las personas en su capacidad de convivencia con sus seres queridos y va minando en ellas su capacidad de entrega de sí mismas a los demás. ¿A dónde irán los jóvenes si se les facilitan las sustancias que hoy son ilegales? Ellos son la esperanza de que el futuro sea más brillante para todos. Facilitarles las drogas será un serio obstáculo para su felicidad y para el bienestar nuestras sociedades.

Creo en Dios, no en los curas
Hay ocasiones en que personas dicen que se han alejado de Dios porque no creen en los sacerdotes. Es una malísima decisión. ¿Qué culpa tiene Dios de la mala actuación de un sacerdote? Hemos de creer en Dios, no en los curas. El centro de la Iglesia no son las personas, ni buenas ni malas, sino sólo Jesucristo. Entonces no es lógico que alguien se aleje de la Iglesia porque aquel sacerdote lo regañó o le hizo mala cara, o porque le resulta antipático. Es cierto que a todos nos molesta que haya miembros de la Iglesia que no son coherentes con la fe que profesan. El que un obispo, un sacerdote o un laico se equivoquen o hayan hecho muy mal las cosas, nos duele sin duda, pero no tenemos por qué perder la fe, ni pensar que esa fe no es la verdadera.

Imagínese usted que cada vez que una persona dé un mal testimonio dejemos de creer en la institución en la que esa persona está metida. No creeremos en el matrimonio, ni en la juventud, ni en el gobierno, en la familia ni en la Iglesia. Así terminamos perdiendo la fe en todo. He conocido sacerdotes excepcionales y sacerdotes malos. Le invito a que usted valore a los buenos sacerdotes, y si ha tenido problemas con alguno, no abandone a Dios por esa mala experiencia. Nadie es perfecto. Hay que aprender a perdonar, y no a echar a Dios la culpa por la mala actuación de algunos.

lunes, 6 de mayo de 2019

Corrida de toros significa "pelea"

Cuando decimos "corrida" de toros significa que el toro debe correr, atacar y pelear. A la plaza vamos a ver la pelea que da el toro. Sin esos puñales que lleva en su cabeza, y que pueden matar al torero, la corrida no tendría sentido. Dice Francis Wolff que el sentido, la esencia y el valor de la corrida tiene dos columnas: la lucha del toro, que no puede morir sin expresar sus facultades ofensivas y defensivas; y el compromiso del torero, quien se juega la vida frente al toro. Esta fue una hermosa faena de Andrés Roca Rey en Sevilla, el 3 de mayo de 2019.        

miércoles, 1 de mayo de 2019

Mi columneja


Unión, no división
Cada vez que en sus conferencias mañaneras el presidente utiliza el término "fifí", "conservador" o "pirrurris" para referirse con desprecio a cierta prensa o ciertos sectores de la sociedad, el país se divide más. El discurso clasista del presidente no aporta nada a la unidad nacional ni a la reconciliación entre mexicanos porque está teñido del espíritu marxista de la lucha entre clases sociales. Duele escuchar hablar así al presidente. Ese tipo de mensajes que promueven la envidia y el odio de los que tienen menos hacia los que tienen más, pertenecen a un sistema político que termina por hacer que los más adinerados huyan de sus países para dejar al resto sumido en la pobreza.

Era sabio el papa León XIII, quien decía en la Rerum Novarum que "es un mal mayor suponer que una clase social sea espontáneamente enemiga de la otra, como si la naturaleza hubiera dispuesto a los ricos y a los pobres para combatirse mutuamente en un perpetuo duelo. Las clases sociales se necesitan entre ellas: ni el capital puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital. El acuerdo engendra la belleza y el orden de las cosas. Por el contrario, de la persistencia de la lucha de clases deriva necesariamente la confusión juntamente con un bárbaro salvajismo". ¿Acaso no es la delincuencia rampante que padecemos en México un fruto amargo de lucha de clases? Oremos para que el presidente pueda crear fraternidad en el país y no división.

Desafío en Seminarios
Una de las causas de los escándalos de abusos sexuales por parte del clero católico es la Revolución sexual. Así lo ha señalado el papa emérito Benedicto XVI en un ensayo que dio a conocer recientemente. A partir de la década de los sesenta en el siglo pasado, esta revolución comenzó a luchar por una libertad sexual cada vez mayor en la sociedad. La difusión de los anticonceptivos hizo que el sexo se desvinculara de la procreación y la pornografía fue invadiendo más y más espacios. A los jóvenes había que educarlos sexualmente en las escuelas. La moda y las costumbres se fueron haciendo más permisivas y hoy se enseña que la libertad sexual debe ser total y sin estar sujeta a normas. Incluso se proclama que la sexualidad debe de ser liberada de la misma naturaleza humana.

En este contexto social, los jóvenes que entran al Seminario para querer ser sacerdotes llegan no pocas veces confundidos y hasta con experiencias vividas en este campo. El gran desafío de la Iglesia es educar a los seminaristas para vivir su celibato como una elección de amor, con un corazón agradecido y libre de egoísmos. Volver a Dios es clave, dice el papa emérito. Si el sacerdote no es profundamente espiritual será propenso a vivir muy pobremente su entrega. La clave no es sólo educar para vivir en vigilancia, sino en crecer positivamente en un amor maduro, en una experiencia de relación con Dios que llene el corazón y lo haga capaz de amar de manera divina.

La conversión de Gétaz
Los miembros del partido socialista suizo encomendaron a Gétaz, un hábil político fiel de su organización, que recopilara una amplia documentación sobre la Iglesia Católica para lanzar una campaña contra ella. Eran los años posteriores a la Primera Guerra Mundial. Aquel político empezó su investigación y recogió una amplia información de la doctrina católica, la historia del cristianismo y muchos testimonios. Había que destruir al catolicismo lo más posible entre la población suiza. A medida en que fue ampliando su búsqueda, Gétaz entró en un conflicto interior: se dio cuenta de que la Iglesia Católica no podía ser un invento humano. Era imposible que durante dos mil años de historia tantos ejemplos de santidad, heroísmo y abnegación de muchos de sus miembros, mezclados con las persecuciones, los conflictos internos, las herejías, las divisiones, las traiciones al Evangelio, los errores y los escándalos, no hubieran acabado con ella. Gétaz terminó por desertar de su partido político y se bautizó en la Iglesia Católica, luego se hizo fraile dominico y tuvo su cátedra sobre el tratado de la Iglesia en el Angelicum de Roma.

La Iglesia no puede desaparecer porque es el fruto de la Pascua del Señor, en la tierra y en el cielo. A pesar de nuestros pecados como católicos, la Pascua sigue trayendo a la tierra el perdón de los pecados, la vida de los hijos de Dios, los milagros, las curaciones, las liberaciones, el retroceso del demonio y de la muerte, el gozo y la fecundidad de la Iglesia. Somos el fruto de lo que Jesús sembró con su muerte, y eso nunca puede desaparecer.

miércoles, 24 de abril de 2019

Mi columneja


Terrorismo anticristiano en Sri Lanka
Los ataques terroristas en Sri Lanka, que han dejado más de 300 muertos, han tenido como objetivo matar principalmente cristianos católicos. El mensaje de odio anti Occidente, pero sobre todo anti cristiano fue muy claro. Las explosiones ocurrieron justamente en el día de la Pascua del Señor, el día más grande para la fe de los creyentes en Cristo. Ese día muchos niños hacían su primera Comunión. Las investigaciones dicen que se trató de un acto de venganza de una minoría musulmana por la matanza de 50 islámicos llevado a cabo por motivos de xenofobia en una mezquita de Nueva Zelanda el 15 de marzo. Era viernes aquel día, el día sagrado del islam, mientras que lo ocurrido en Sri Lanka fue en domingo, día sagrado para los cristianos.

El error que cometieron los musulmanes al matar 300 cristianos en Sri Lanka es creer que el cristianismo es practicado por la mayoría de los occidentales. En realidad los cristianos en Occidente somos una minoría perseguida por la misma cultura occidental cuya mayoría es indiferente a la religión. Nuestro mensaje no es de odio ni de supremacía racial, sino el llamado que todos los hombres tenemos a ser y a vivir como hijos de Dios en Cristo. Los cristianos, especialmente los católicos, somos perseguidos porque no aceptamos el aborto, ni la agenda LGBT ni la eutanasia como parte de la cultura occidental. Por eso la prensa aliada a la ultra izquierda intolerante no vacila en llamar "islamofobia" a un ataque donde mueren 49 musulmanes en Nueva Zelanda, pero evita llamar "cristianofobia" a los ataques de Sri Lanka donde la mayoría de las 300 muertes ocurrieron en las iglesias cristianas.

Tutankamón e inmortalidad del alma
Una de las grandes lecciones que nos da la fantástica exposición "Tutankamón: la tumba, el oro y la maldición", que ahora se exhibe en el Centro Cultural Paso del Norte, es el respeto y le veneración que los antiguos egipcios tenían a los muertos. La embalsamación del cadáver era todo un ritual que preparaba al difunto para llegar al misterioso mundo de ultratumba. Conservar el cuerpo del difunto momificado era muy importante, ya que de ello dependía la supervivencia del espíritu en el más allá. Pocos pueblos del mundo antiguo manifestaron tanto interés por la vida después de la muerte como los egipcios. Hasta llegaron a elaborar una gran variedad de textos para darle al difunto guía y apoyo en su largo viaje después de esta vida.

En el siglo XXI nuestra sociedad occidental ha perdido la pasión por la vida futura y ha crecido el ateísmo que niega la inmortalidad del alma. Tenemos la certeza de que nuestro cuerpo servirá para que los gusanos se lo coman o el fuego lo consuma. Sí, nuestro cuerpo se descompondrá, ¿pero el alma, qué? Muchos que hoy se dicen ateos niegan la supervivencia del alma humana porque quieren vivir mejor como animales, decía el padre Bossuet. Creer en la inmortalidad del alma es temible porque nos exige tremendamente. Si creemos en ella, tenemos que trabajar para ella de ahora en adelante. Creer en la vida después de la muerte nos obliga a buscar más los goces espirituales que los carnales. Pero además nos obliga a tratar al cuerpo con cierto rigor y penitencia, negándole gustos y placeres, con el fin de irradiar las alegrías del espíritu hasta en la carne. Se entiende, pues, que muchos hoy nieguen la vida futura.

"La leyenda de la Llorona": para llorar
Ahorraría mis comentarios a "La leyenda de la Llorona" si no fuera porque esta malísima película ha liderado la taquilla durante el fin de semana de su estreno. Porque mucha gente la ha visto o la irá a ver, me veo con el deber de dar una palabra. Muchas personas creen en las almas en pena. Por la Biblia y la enseñanza de la Iglesia, sabemos que tales almas no existen. La fe católica nos dice que cuando alguien muere va, o al cielo, al infierno o al purgatorio. Y de esos tres estados del único que se puede salir es del purgatorio, pero para ir al cielo. Como dice Abraham a Lázaro en la parábola de Jesús: "Un gran abismo está puesto entre nosotros y ustedes, de manera que los que quieran pasar de aquí a ustedes no puedan, ni de allá pasar acá" (Lc 16,26). Así que las almas no penan, como lo muestra este filme.

Sin embargo el daño más grave que hace la película es sembrar la desconfianza en la Iglesia Católica y sus ministros para expulsar a los espíritus malignos. Los exorcismos de la Iglesia no tienen importancia. En cambio el curanderismo, la magia y la brujería son presentados como el camino adecuado para salir de problemas espirituales. El filme muestra a un sacerdote católico que dejó de creer en la Iglesia y por eso colgó la sotana -mas nunca abandonó a Dios-, y acabó convirtiéndose en chamán. El cura-brujo combate contra la Llorona con el poder de sus ritos esotéricos mezclados con oraciones cristianas a la Trinidad, lo que es absolutamente aberrante. De esa manera destruye a la Llorona. ¡Oh porción del pueblo mexicano, ignorante de tu fe y abierto a hincarte ante cualquier demonio! Ya lo hiciste con la Muerte. ¿Prenderás también velas a la Llorona?

lunes, 22 de abril de 2019

Mi columneja


Resurrección y mar de la muerte
¡Qué gracia enorme tenemos los cristianos en esta Pascua al haber subido al navío de la misericordia de Dios! En Cuaresma nos arrojamos a los brazos de Jesús para ser perdonados y ahora sentimos que navegamos resucitados con Cristo hacia la Casa del Padre. Pensaba yo en estas cosas, en medio de mi alegría pascual, cuando recibo una llamada telefónica de un conocido que, desesperado, me pide ayuda. Desde hace años no deja de meterse cocaína por la nariz y alcohol por la boca. Sale exhausto de trabajar y no hace otra cosa más que alimentar a las empresas cerveceras y al monstruo del narcotráfico con sus sesenta dólares diarios de consumo. De esa manera, como un zombi, vive su vida, destruyéndose lentamente. Abandonado por su esposa y su propia familia, este hermano ha tocado fondo y me suplica que le tienda la mano. De pronto en la conversación me pregunta: "¿Qué estamos celebrando hoy, padre?". "La Resurrección de Jesús", le digo. "¿Qué es eso?", me responde. Tomo conciencia de mi riqueza y de la pobreza de mi hermano. Mi gran tesoro -lo digo con humildad- es la fe y la libertad en Cristo resucitado. La miseria de mi hermano, en cambio, es su ignorancia de Jesús resucitado y vivir prisionero del mal.

Muchas personas viven marcadas por los golpes, los fracasos y los recuerdos tristes del alma. Dice el papa Francisco que "muchas veces son las heridas de las derrotas de la propia historia, de los deseos frustrados, de las discriminaciones e injusticias sufridas, del no haberse sentido amados y reconocidos. Además están las heridas morales, el peso de los propios errores, los sentimientos de culpa por haberse equivocado". Creo que si Jesús se nos ha manifestado resucitado, es para que nosotros hagamos transparente la resurrección a nuestros hermanos ofreciéndoles amistad, llevándoles un poco de alivio, de compañía sanadora. Los resucitados con Cristo hemos de ser instrumentos para que muchos hermanos no se ahoguen en el mar de la muerte, sino que puedan restaurarse interiormente y encontrar la paz del corazón. La resurrección es un don de Dios y una tarea misionera.

La Iglesia "desde Abel"
Mientras preparábamos las fiestas de Pascua a Catedral llegaron migrantes centroamericanos en los últimos días pidiendo un lugar dónde pasar la noche. No querían dormir en la calle y buscaban cualquier refugio más seguro. Escuché sus historias sobre las situaciones que los han hecho emigrar, y la mayoría culpaban a la violencia de la Mara Salvatrucha, coludida esta organización mafiosa con los gobiernos locales. Escuchar sus historias de dolor nos hace entender lo que está detrás del rostro de la migración. El obispo, por su parte, lavó los pies en la Catedral a un grupo de migrantes durante la Misa de la Cena del Señor, el Jueves Santo. A muchos nos conmovió hasta las lágrimas. Es el gesto de la caridad fraterna que nos mandó el Señor, gesto que algunos no entendieron y se atrevieron a criticar, y lo más doloroso es que las críticas eran de cristianos católicos de corte trumpista.

Es muy bello unirnos a Cristo en nuestras ceremonias litúrgicas de Pascua. Tenemos el privilegio de confesarnos, escuchar la Palabra y comulgar. ¿Y ellos, los migrantes, qué? No se confiesan, no escuchan la Palabra, no suelen comulgar ni han preparado las fiestas de Pascua. Ellos sólo van huyendo del hogar y, entre tantos peligros y zozobras, buscan una vida más digna. Estoy convencido de que, de una manera misteriosa, ellos están unidos a Jesús. Junto con las víctimas de la trata de personas, los niños abortados y tantas personas que viven en el dolor, los migrantes forman lo que algunos Santos Padres de la Iglesia llamaron alguna vez "la Iglesia desde Abel". Esta es aquella misteriosa incorporación a Cristo formada por los justos inocentes que, en la historia, son víctimas de la maldad humana como lo fue Abel asesinado por su hermano Caín. El dolor los une a Dios. Sin saberlo sirven al Cordero, confiesan a Cristo padeciendo. Forman con el Inocente Hijo de Dios un solo bloque. Su dolor no es inútil, y hemos de creer que si viven en la justicia, Cristo resucitado les dará la recompensa eterna de los justos.

martes, 16 de abril de 2019

Mi columneja


Reconstruir Notre Dame
Una de las escenas más conmovedoras durante el incendio de Nuestra Señora de París la hicieron muchos católicos franceses que, entre lágrimas, cantaban el Ave María mientras se despedían de su catedral. Eran los descendientes de aquellos que resistieron la persecución a la Iglesia que vino con la Revolución Francesa. Con su llanto y su canto nos han dicho lo que significan estos templos. Las catedrales son principalmente las casas que el Señor edifica para su pueblo; fortalezas cuyos gruesos muros representan el abrazo y la protección de Dios a sus hijos; lugares en los que resuena la Palabra de Dios revelando la Verdad y el camino de la salvación; santuarios donde se congrega el pueblo de Dios en torno a su obispo, sucesor de los Apóstoles y representante de Cristo; espacios sagrados recubiertos de la majestad y belleza de obras artísticas como expresiones del amor a Dios que tiene el pueblo. Por eso la destrucción de la catedral nos ha dolido a los católicos del mundo.

Mientras que el mundo secular lamenta el incendio de Notre Dame solamente por el valor histórico, cultural y artístico que se ha perdido, pero no por ser un monumento de la fe católica, nosotros hemos de orar para que se reconstruya, además de la catedral, y sobre todo, el cristianismo europeo. Porque es el cristianismo el que ha unido a Europa en un mismo espíritu, el que la ha consolidado con los mismos valores y el que puede guiar al continente en su camino de libertad.

Condenado, además, por ser varón
El discurso que se maneja en algunos medios de comunicación en torno al asesinato de la estudiante de la UACJ Dana Lizeth Lozano, cometido por su ex novio, es un pregón teñido de ideología de género. "Misoginia", "violencia de género" y "feminicidio" son términos de los que se valen organizaciones feministas para hablar sobre este crimen y llevar agua a su molino, atizando más leña al fuego de esta absurda guerra de sexos que siguen provocando. Sin pretender disminuir la culpabilidad del victimario, quien sin duda merece el castigo de la Ley, ese hombre está sufriendo no sólo por haber cometido un asesinato, sino por haber nacido varón.

Hablar de "violencia de género" sólo complica más las cosas que si hablamos simplemente de violencia. Es mejor admitir que la violencia no tiene género. Ello nos da una visión más completa del problema que aquella visión que mira la realidad social desde la perspectiva del género. Para empezar, según el INEGI, en 2017 el 89% de los homicidios en México fueron de varones mientras que el 11% fueron de mujeres. Esto pone en evidencia que tendríamos que preocuparnos más por los asesinatos de hombres que por los de mujeres. El discurso feminista ha instalado la falsa idea de que la violencia es únicamente la agresión del varón hacia la mujer, y que esta agresión está motivada en todos los casos por odio de género. Es hora de cambiar el discurso feminista y dejar de estigmatizar al varón como un ser abominable.

Sociedades secretas
Callar a la Iglesia, mantenerla en las sacristías y arrinconar a la religión en el ámbito de lo privado ha sido una meta de quienes se proclaman defensores del Estado laico. Mientras que la Iglesia defiende el derecho a la libertad religiosa, el cual además de poder tener templos para celebrar el culto incluye el derecho a poseer medios de comunicación, los defensores del laicismo se han puesto mal por este motivo. Así son las sociedades secretas. Todas ellas se ocultan en las tinieblas. Sus planes íntimos y verdaderos no los conocen ni siquiera los iniciados en estos grupos.

León XIII denunciaba que el principal intento de las sociedades secretas, cuyos miembros están metidos en la política y en las empresas, es destruir hasta los fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y levantar a su manera otro nuevo orden. La Iglesia, respetuosa del Estado laico, sólo quiere obedecer a su Fundador, quien dijo que "no hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido". (Mt 10,26). No es tanto el anuncio de Cristo lo que temen las logias, sino el que la Iglesia proclame la verdad sobre la dignidad de la persona, la inviolabilidad del derecho a la vida, la verdad del matrimonio y la familia. Son estas grandes verdades, sobre todo, las que ellos quieren que no lleguen a saberse.