miércoles, 9 de enero de 2019

Hacer una Confesión general de la vida

Esta semana he estado acompañando al grupo de 21 seminaristas del Curso Introductorio en sus Ejercicios Espirituales anuales. Lo he hecho durante los últimos años guiado por los llamados "Ejercicios Espirituales" de San Ignacio de Loyola, diseñados para purificar el alma de todo apego al pecado y ordenar la propia vida en el cumplimiento de la voluntad de Dios.

Quienes hacen los ejercicios meditan fuertemente, entre otros muchos, el tema del pecado para lograr un verdadero aborrecimiento de toda maldad en la propia conducta. Para ello san Ignacio recomienda preparar y hacer, lo que se llama, una confesión general de toda la vida. Consiste en hacer un inventario de todo el cúmulo de pecados acumulados, desde que uno tuvo uso de razón hasta el presente, para decirlos, con un corazón contrito, al sacerdote confesor. Es una experiencia profundamente liberadora.

Hace años, cuando fui seminarista, en unos ejercicios ignacianos en Roma, hice mi confesión general. Recuerdo el temblor y el amor que experimenté. Iba, por una parte, como quien se presenta delante del juez en una corte federal para recibir sentencia por los delitos cometidos. Al mismo tiempo, entré con la confianza de un niño que sabe que no va a encontrar a un severo inquisidor sino a un Padre amoroso para recibir su abrazo. Fue una de las experiencias más importantes de mi vida, una verdadero renacimiento espiritual.

Jesús se formó en la fila de los pecadores para recibir el Bautismo de Juan. Pareciera que el que no tenía pecado fuera hacer una confesión de sus culpas. Los Santos Padres de la Iglesia enseñan que en esta escena Jesús hizo algo parecido a lo que hizo con los enfermos y pecadores. A ellos los tocaba sin temor a contagiarse porque Él era la salud misma. Y sin temor a quedar contaminado por el pecado les concedía el perdón, porque Él era la misma santidad. De la misma manera, el que no necesitaba ser bautizado se sumergió en el agua del Jordán para santificar las aguas en las que todos seríamos bautizados. Sí, Jesús lavó las aguas del Jordán, dicen los Padres. En vez de que las aguas lo lavaran a él, él hizo puras las aguas para que purificara el pueblo.

La experiencia de predicar ejercicios y escuchar confesiones generales me ha hecho ver al Cristo cercano a los pecadores para mostrar lo increíblemente próximo que está el perdón cuando hay arrepentimiento. En efecto, el arrepentimiento cierra las puertas del infierno y abre las del cielo, pisa con un pie la cabeza de la serpiente y, con el otro, se para frente a los umbrales de las moradas divinas. Así lo viví, esta semana, con los seminaristas. Los ví renacer como nuevas criaturas.

Hay ambientes donde el arrepentimiento no parece existir. Las llamadas "marchas del orgullo" que se celebran en diversas partes del mundo, muestran cínicamente aquello de lo que deberían avergonzarse y arrepentirse. Subrayan la palabra "orgullo" para decir que no tienen nada de qué arrepentirnos, sino al contrario. Está también la ola verde de mujeres feministas que ha llegado a México para dar la batalla por el aborto legal. Muchas de ellas, en un estado de muerte total de la conciencia y endurecimiento del alma, se jactan de haberse procurado uno o varios abortos.

Nuestra época rechaza el arrepentimiento. Gente del mundo de la farándula un día se casa y al poco tiempo firma el divorcio. Actores y cantantes revelan que dejaron de ser heterosexuales para ser bisexuales, o se someten a cirugías para un cambio de sexo, como si la naturaleza humana pudiera reinventarse o llenarse de cualquier contenido.

La religión del laicismo, que no conoce las palabras arrepentimiento ni perdón, nos acusa a los cristianos de ser personas que vivimos asustadas, con complejos de culpa y que sólo pensamos en premios y castigos después de la vida. Propone, en cambio, una moral diferente, sin límites ni frenos. El hombre, para la mentalidad individualista y mundana, es un pequeño dios, un rebelde que puede convertirse en lo que quiera. En esta manera de pensar, muy propia del laicismo ateo, no hay lugar para el arrepentimiento.

Los cristianos no vivimos ni en la tristeza, ni con complejos de culpa. Todo lo contrario. Descubrimos, en lo profundo de nuestro ser, que estamos llamados a un "deber ser", a caminar cuesta arriba, hacia una cumbre. Sentimos que nos hemos quedado cortos y que podemos dar más de lo que hemos dado, que no hemos logrado lo que deberíamos ser y por ello buscamos el arrepentimiento. Arrepentirse conduce a mejorar la vida, a subir una escalera. Empieza en el dolor y termina en la alegría.

Quienes hemos hecho una confesión general de la propia vida, reconociendo con humildad delante de Dios nuestros errores y fallas, sentimos que el arrepentimiento nos ha conducido desde la oscuridad de los ojos, sumergidos en las aguas del Jordán, hacia la luz celestial de donde desciende la paloma, hacia el gozo de saber que somos hijos de Dios.

miércoles, 2 de enero de 2019

Sin regalos no podemos vivir

Hace muchos años mi familia decidió que no habría regalos en Navidad. Fue una liberación para todos. Dejamos de sentirnos presionados por la ola consumista que a muchos empuja a tener que comprar algo, muchas veces de manera forzada. Aprendimos que el gran regalo de unos para otros es estar juntos y convivir como familia. Un desprendimiento de la costumbre de darnos regalos navideños nos ha hecho darnos cuenta de que el verdadero regalo es la presencia de Jesús en nuestras almas.

Los magos, reyes o sabios de Oriente hoy nos siguen dando una gran lección: nuestros regalos han de ser para Jesús. Los Santos Padres de la Iglesia, buscando el significado de aquellos regalos nos enseñaron que ofrecieron oro al Niño por ser rey, incienso por ser Dios, y mirra por ser hombre, ya que la mirra, en el imperio romano, era un anestésico para los moribundos o los condenados a muerte. Jesús será, más adelante, el condenado a muerte para nuestra salvación.

Personalmente me gustan mucho los regalos, pero aprecio, sobre todo, los que son más espontáneos, fuera de la presión consumista. Ellos son expresiones de cariño hacia las personas que queremos. Los regalos tienen su origen en Dios, que "tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él tenga vida eterna" (Jn 3, 16). En esta fiesta de Reyes entendamos que Jesús es el gran regalo del Padre para todos, y nosotros estamos llamados a ser regalos para Dios.

Me impresionó la historia de Manuelito Foderá, un niño de cuatro años que enfrentó su cáncer como una historia de amor inagotable con Jesús. Un pequeño que ofrecía su dolor hasta el final para convertir el mayor número de almas posibles a Dios. Un niño que no entendía cómo era posible que hubiera personas que no amaran al Señor. Un niño que a los nueve años vivía una relación con el Padre celestial como si estuviera en una fiesta, tan seguro del Paraíso que no veía frontera entre la tierra y el cielo. Murió en 2010 ofrendando su enfermedad y su vida a Jesús.

Los reyes magos pusieron sus dones a los pies de Jesús. Es una espléndida enseñanza. Todos hemos recibido talentos como la inteligencia, la salud y el cuerpo, capacidades de liderazgo, talentos artísticos o administrativos. Es triste saber que hay personas con inteligencia muy aguda y capacidades enormes, pero al servicio del mal, del crimen, de la mafia, del daño a la gente. La Epifanía nos recuerda que el oro, el incienso y la mirra han de colocarse frente al Señor. Dice San Pablo: "Yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer" (Rom 12, 1).

La madre de Francisco Javier Olivera tomó muy en serio la exhortación de san Pablo y, como Ana, la madre del profeta Samuel, ofreció a su hijo al Señor, siendo éste un niño, para que fuera sacerdote en Asia. Dios escuchó su petición. Hoy el padre Francisco Javier es misionero en Mongolia, donde apenas hay 1200 católicos y con leyes muy restrictivas para el catolicismo. Ahí lleva la Palabra de Dios y su amor sacerdotal con temperaturas de 30 grados bajo cero en el invierno.

Santo Tomás de Aquino se preguntaba qué sucedió con los regalos que los Reyes magos ofrecieron al Niño. Y cita una antigua tradición que dice que la Sagrada Familia los utilizó para aliviar las necesidades de otros hermanos. Ni el oro que recibió el niño alteró la forma sencilla de vivir de la Familia de Nazaret. Además de llevar nuestros talentos a los pies de Jesús, la fiesta de hoy nos invita a ponerlos al servicio de los hermanos.

Son tantos los testimonios maravillosos de servicio generoso entre hermanos en nuestra diócesis, que no se podrían enumerar. Me quedo con el testimonio del equipo del Método Billings, a quienes Presencia reconoció como los Discípulos de Jesús 2018. Ellos comparten con otras parejas el gozo de amar, defender y celebrar la vida; así contribuyen a fortalecer el amor de los esposos. Instruyen a matrimonios a utilizar el método Billings, y ofrecen conferencias de sexualidad a grupos juveniles.

Los regalos son el sentido de la vida. Sin ellos no podemos vivir. Clave para la felicidad es recibir el regalo del amor divino y hacerlo circular, en el servicio, con los hermanos.

sábado, 29 de diciembre de 2018

La Familia es sagrada, no democrática


Hace unos meses las declaraciones de Olga Sánchez Cordero –la nueva Secretaria de Gobernación– nos dejaron perplejos. Afirmó que había llegado el momento de democratizar a la familia. El término `democratizar´ aplicado al hogar significa que en la forma de conducir la vida familiar todos deben de participar, especialmente los niños. Ellos, durante todos los siglos de historia de la humanidad, han sido relegados a tener que aprender y han sido obligados a obedecer. Eso debe de cambiar porque es injusto, según la funcionaria. Ha llegado el tiempo –dice– en que también los niños sean empoderados y les sean respetados sus derechos, especialmente los sexuales y reproductivos.

A Andrés Manuel López Obrador, a Olga Sánchez Cordero y a los legisladores debemos decirles contundentemente que con nuestras familias no se metan, porque sencillamente la Familia es una realidad sagrada. Esto quiere decir que se trata de una institución natural creada por Dios que antecede al Estado y a las leyes civiles, y que tiene sus leyes y dinámicas propias. Es en la intimidad de la vida familiar donde se vive y se aprende el amor humano y el amor de Dios, donde tiene origen a la vida humana y donde los padres educan a los hijos. Y eso es parecerse mucho a Dios. Por ello ningún gobierno debe manipular o destruir a la Familia natural, sino que debe, por el contrario, defenderla y promoverla.

El nuevo Gobierno de México no tiene ningún derecho a entrometerse entre los muros de los hogares para alterar las leyes naturales que los han regido durante toda la historia: el amor entre el hombre y la mujer, la fecundidad del matrimonio y el derecho y deber de los padres de educar a sus hijos. El sistema educativo escolar debe limitarse solamente a enseñar ciencias humanas y humanísticas a los alumnos, pero en ningún momento debe meterse dentro de los muros de los hogares para manipular sus dinámicas. Hoy el Estado está arrebatando la patria potestad a los padres de familia para imponer el adoctrinamiento ideológico abortista y homosexualista a las nuevas generaciones. Eso es herir de muerte a la familia y secuestrar el futuro de México, que son los niños.

El intento de `democratizar´a la familia es una injerencia del socialismo para crear una sociedad sin clases sociales. Igualando al hombre con la mujer y a los padres con los hijos, aboliendo toda diferencia, se quieren colocar los cimientos de una nueva sociedad de iguales. No hay cosa más antinatural que ello. ¿Son estos los cimientos antropológicos de la cuarta transformación? El Estado debe reconocer la complementariedad de todos los que integramos la sociedad y debe promover la armonía entre todos. Jamás debe buscar dividirnos o confrontarnos en una lucha de mujeres contra hombres e hijos contra padres. El aborto y la eutanasia que el gobierno está proponiendo no es otra cosa sino permitir que madres maten a sus hijos en el vientre, y que hijos maten a sus padres en la ancianidad.

La fiesta de la Sagrada Familia que hoy celebramos nos ayude a tomar conciencia de que a la Familia natural ningún gobierno debe tocarla. Su carácter sagrado ha sido marcado por Dios para bien de todos, y para que toda sociedad tenga futuro. 

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Nace el Salvador, el León de la tribu de Judá

Hay personas que les incomoda la Navidad cristiana. Sus posadas se realizan sólo por seguir una tradición, más cultural que religiosa, pero el tema de Jesucristo nunca se menciona. La cena navideña, para ellos, es sólo una cena de familia con apertura de regalos, música y una buena dosis de vinos y licores. Conozco personas que, envueltas en el ambiente consumista y materialista, gastan grandes cantidades de dinero en regalos para sus seres queridos. De esa manera degradan y trivializan la Navidad.

En algunos lugares decir `Feliz Navidad´ es embarazoso. Prefieren el `happy holidays´ o el `felices fiestas´, y nunca se dice cuál es el motivo de la fiesta. De hecho hay países secularizados donde se busca sustituir la Navidad por las fiestas del solsticio de invierno, como deseando regresar al antiguo paganismo de los romanos que celebraban la fiesta del sol invicto en el mes de diciembre. Este cambio de lenguaje despoja de sentido a la Navidad y también degrada la fiesta.

La fiesta que vamos a celebrar este martes 25 de diciembre es para adorar el misterio de la Encarnación, y después para cantar y bailar en familia de puro gozo espiritual, porque Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros. Las palabras de la Carta a los Hebreos nos introducen en el misterio de Jesús: "Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo. No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: Aquí estoy, yo vengo –como está escrito de mí en el libro de la Ley– para hacer, Dios, tu voluntad".

Navidad es celebrar a Aquél que nace para convertirse en una ofrenda para Dios Padre, en un sacrificio, en un holocausto, es decir, en aquel tipo de sacrificio judío en el que toda la víctima se quemaba en honor a Dios. Así fue la vida de Jesús: holocausto y entrega absoluta. Ese es el sentido de la Navidad. El niño que va a nacer es entrega absoluta y total a la voluntad del Padre, en obediencia a Él y por amor a nuestra salvación.

Este lunes 24 de diciembre muchas familias compartirán juntas la cena de Navidad, y rodearán su celebración de detalles hermosos como acostar al Niño en el pesebre o pedir posada. Recordarán el frío de Belén, la pena de no haber encontrado lugar para María y José en la posada, la incomodidad de la cueva donde nació Jesús, los pañales y la paja. Todos esos detalles son parte del amor de sacrificio de Cristo por nosotros. Todo habla de ofrenda de amor. Ese es el Cristo al que vamos a adorar en el pesebre.

Nacerá quien fue llamado el cachorro de `León de la tribu de Judá´, es decir, el que viene con la fiereza de un león, y al mismo tiempo con la mansedumbre de un cordero, a deshacer las obras del diablo, y arrebatar la presa que el ángel caído había retenido para sí. Esa presa somos nosotros. Jesús nace para devolverle al Padre, por medio de su obediencia amorosa, a aquellos llamados a compartir con él su gloria en el cielo. Esta es la única noticia que puede traer verdadero gozo y alegría a la tierra.

Con estos hechos salvíficos que llevamos los cristianos en lo más profundo del corazón y que celebraremos en la Navidad, ¿cómo podremos saludarnos y decirnos solamente `felices fiestas´? Tampoco es ocasión para desperdiciar la fiesta derrochando dinero y endeudándonos con regalos o excesos. ¡Nace el que es nuestro regalo! ¡Nace nuestro Salvador! Sea el asombro, la gratitud inmensa y el amor lo que inunde nuestros hogares. El amor de Jesús no tiene límites. Bendito sea Él. ¡Feliz Navidad!

jueves, 13 de diciembre de 2018

Podemos rejuvenecer

Existe un antiguo cuento que expresa muy bien lo que significa el Adviento. Describe un pueblo que tenía un castillo y con una vida muy aburrida. Un día el rey informó al pueblo de que habían llegado noticias de que Dios, en persona, vendría a visitar el país y probablemente pasaría por aquel pueblito. El pueblo estalló de entusiasmo. La gente se puso a embellecer su ciudad y nombraron a un noble habitante como el centinela de la llegada de Dios; él debía estar atento, vigilando en una torre, y avisar a todos la llegada del Creador del universo.

El centinela imaginaba las diversas maneras en que Dios podría hacer su entrada al pueblo y permanecía, esperando ese momento, con los ojos muy abiertos. Pasaron los días y las noches, y Dios no llegaba. El pueblo se fue olvidando de esa idea de que Dios vendría. El mismo centinela, que antes pasaba las noches enteras sin dormir, aguardando la llegada de Dios, ahora se entregaba al sueño todas las noches. Era incapaz de vivir concentrado sólo en aquella misteriosa espera. A pesar de que sus esperanzas se fueron debilitando, el centinela decidió seguir viviendo en la torre.

Cuando sintió la muerte cercana por la enfermedad, se dijo: "He pasado toda mi vida esperando a Dios y me voy a morir sin verlo". Entonces escuchó una voz a sus espaldas, que le decía: "¿Es que no me conoces?" El centinela se llenó de inmensa alegría y le dijo: "¿Por qué me hiciste esperar tanto?" “¿Por dónde viniste que yo no me di cuenta?” Y la voz respondió: “Siempre he estado cerca de ti, a tu lado, más aún: dentro de ti. Has necesitado muchos años para darte cuenta. Pero ahora ya lo sabes. Este es mi secreto: yo estoy siempre con los que me esperan y sólo los que me esperan, pueden verme”. El alma del centinela se llenó de un gozo inmenso, y ya casi muerto, como estaba, se quedó mirando, amorosamente, al horizonte.

El Adviento es un tiempo para rejuvenecer, un tiempo para despertar al joven que llevamos dentro y que no debe morir. Hay algo muy noble que llevan los jóvenes en el corazón y que nunca debe perderse. Ese algo son los sueños de grandeza, los grandes ideales que son capaces de inspirar toda una vida. Cuando habitaba en el desierto, Juan el Bautista encendió los sueños de su generación. Les anunciaba a Aquel que iba a venir y que era infinitamente más grande que Juan. La gente que escuchaba al Bautista iba al desierto no a escuchar palabra bonitas, sino a escuchar cuáles eran las exigencias y cómo habría que disponer el corazón para recibir al Mesías.

Cuando éramos jóvenes hubo algún Bautista que despertó nuestros sueños. Quienes entramos en el Seminario teníamos el deseo de ser santos, de conquistar almas para Jesús, quizá de glorificar a Dios con el martirio de una vida inmolada. Los que contrajeron matrimonio recordarán aquellas palabras muy bellas que decían a sus enamorados, los poemas de amor que escribieron y cómo colmaron de detalles su relación de noviazgo. Otros soñaron con estudiar una carrera universitaria y llegar a ser grandes médicos, abogados o ingenieros. Hay quienes la experiencia de su primera Comunión o de su Confirmación les despertó el deseo de una vida entregada a Dios y al servicio de sus hermanos.

Sin embargo el tiempo pasó y nos fuimos acomodando. Nuestro corazón se fue desgastando y los sueños que acariciamos se transformaron en rutina y tibieza. Los sacerdotes y religiosas podemos convivir con el aburguesamiento y hasta con el pecado. Aquellos enamorados en el noviazgo hoy apenas se dirigen la palabra en el matrimonio. Quienes iniciaron su carrera universitaria acabaron por apagar sus sueños. Conocemos a muchos que con enorme ilusión hicieron su Primera Comunión o su Confirmación, pero pasaron los años y hoy son personas que hablan mal de Dios y de la Iglesia. ¿Dónde quedaron aquellos ideales que eran capaces de encauzar toda una vida?

Adviento es una invitación a ponernos en camino, a buscar aquella época en que todavía no estábamos acomodados. Es un tiempo para regresar a aquel tiempo en el que creíamos en la fuerza de un poema, o en el sentido de una marcha de protesta. Es tiempo para recuperar la certeza de que una noche de oración puede cambiar el mundo. Si así lo hacemos, descubriremos que en esos ideales Dios estaba presente . En ellos Él nos estaba llamando, porque en el fondo de nuestros sueños estábamos buscando a Dios. Regresar a recuperarlos es despertar, entonces, el deseo de que Jesús venga a nuestra vida, que venga a mí.

No nos conformemos con vivir como aquel pueblo del viejo cuento, que esperaba a Dios y que terminó por bajarse de la torre para vivir una vida aburrida alrededor de un castillo. El Señor viene, y el Adviento puede ser muy fecundo.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Casita sagrada

Los seres humanos tenemos necesidad de casa y de familia. Nuestra felicidad depende de la experiencia que tengamos en el hogar. Si vivimos rodeados de amor, de perdón, compasión, cariño, de estímulos positivos, tenemos entonces las bases para vivir una vida de alegría y paz. Esto se vive y se aprende en los hogares.

La Virgen de Guadalupe vino a México para ayudarnos a hacer casa. Como mujer experta en las cuestiones familiares, se apareció para traernos a su Hijo Jesús, Salvador de nuestros hogares. Por eso se presentó a Juan Diego como aquella que pedía que se construyera una casita sagrada. En ella quería mostrar todo su amor personal, y quería mostrarlo a Él, al Señor, que es su auxilio, su defensa y su salvación.

Tenemos hambre y sed de hogar, de vivir en una casa donde se sienta la mano De Dios que nos bendice y nos protege. Tenemos sed de habitar en un espacio donde se respete la vida gestada en el vientre materno y donde no exista la muerte; en un lugar donde los ancianos y los enfermos sean cuidados con cariño, donde los jóvenes no conozcan los vicios ni las drogas legales, sino donde desarrollen sus estudios, tengan oportunidades, hagan deporte y practiquen su religión. Tenemos necesidad de casitas sagradas que nos enseñen lo que es la justicia y la caridad con el prójimo que vive fuera de nuestras casas.

Hoy le pedimos a la Virgen de Guadalupe por los hombres de nuestros hogares, para que aprendan a amar y respetar a las mujeres y no tratarlas como objetos de placer. Pedimos que los hombres seamos más hombres, custodios de nuestros hogares, protectores de nuestras mujeres y niños hasta dar la vida por ellos. Que los hombres sepamos ser líderes espirituales de nuestras familias enseñando a los hijos a orar y a amar a la Iglesia; hombres que seamos brújula moral de la sociedad.

Hoy pedimos a la Virgen de Guadalupe que tengamos madres que amen a sus maridos y cuiden a sus hijos enseñándoles a perdonar y a ser servidores unos de otros, que eduquen a sus hijos en la fe y les enseñen a gustar del silencio y la oración.

México necesita nuevamente aprender a poner sus manos juntas, como las de la Virgen; necesita regresar a sus raíces cristianas y a no olvidarse de Dios. De otra manera nuestra tierra será un lugar inhóspito para vivir. Que sintiendo el amor maternal y fuerte de Nuestra Señora de Guadalupe seamos constructores de casitas sagradas, de civilización del amor y de la vida, de familia y de tierra de hermanos.

martes, 4 de diciembre de 2018

AMLO y los rituales prehispánicos

La investidura presidencial había quedado atrás en el palacio de San Lázaro. Ahora Andrés Manuel, el nuevo presidente, sería investido con el bastón de mando labrado en madera que le regalaron los pueblos indígenas. En la ceremonia participaron algunos brujos vestidos de blanco que dirigieron al nuevo mandatario palabras de consagración, tocaron el caracol y le hicieron una limpia.

Circula en redes sociales un video, que se hizo viral, en el que se hace la denuncia de que el presidente López Obrador, al ser partícipe de este ritual, consagró México al demonio. El mandatario se puso de rodillas. Los brujos le entregaron el bastón de mando con listones de colores, símbolo de autoridad, y en la cabeza del bastón se apreciaba la cabeza de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. Además uno de los chamanes invocó a los viejos abuelos guardianes que cuidan el rumbo del universo. Se le entregó al presidente un crucifijo. Por todo ello, concluye la persona que realizó el video, el presidente puso a México en manos de Satanás.

Considero como algo totalmente fuera de lugar afirmar que el presidente, al haber participado en este ritual indígena, haya entregado México al diablo. Es una afirmación que no tiene sentido. En primer lugar fue un gesto de cercanía y de consideración hacia los pueblos indígenas el haber recibido el bastón de mando, una especie de banda presidencial entre las etnias. López Obrador no participó en el ritual como un creyente de las religiones indígenas, sino como un presidente invitado que recibió, de ellos, un regalo. Pudo haber acudido a un templo evangélico a recibir una Biblia, o a una misa para recibir la bendición de los obispos católicos. Por supuesto que esto último hubiera sido lo ideal.

¿Violó AMLO el estado laico por haber participado en este ritual? Tampoco lo creo. Como presidente debe gobernar para todos los mexicanos y para todas las religiones. A todas debe escuchar. Me pregunto ¿qué tal si el tabasqueño hubiera ido el 1 de diciembre a la basílica para encomendarse a la Virgen de Guadalupe? Es muy probable que las pedradas le hubieran llovido. Sin embargo haber asistido a una ceremonia con brujos no suscitó la mínima crítica. Sin importar si se trata de una falsa religión o la religión verdadera, un buen presidente sabe reconocer lo que aportan las religiones institucionales al bien común y mantener el diálogo con ellas.

Los católicos consideramos que las ceremonias prehispánicas con copal, celebradas por chamanes que utilizan caracoles e invocan a espíritus guía, para alejar las llamadas "malas vibras", son ritos sincretistas. Es decir, son acciones de religiosidad que mezclan elementos paganos y cristianos y, por lo tanto, se trata de una fe contaminada con elementos mágicos. Y sí, efectivamente, pueden abrir las puertas para que espíritus malignos –demonios– perturben a las personas que participan en ellas. Sin embargo la acción de estos espíritus malos depende también de las disposiciones interiores que tienen los creyentes de estos rituales. Por ello no considero que López Obrador, en una mera participación externa, pueda quedar perturbado, a menos de que sea un asiduo practicante de la brujería y consulte chamanes para conducir su vida personal.

Lo grave y lo preocupante del presidente Andrés Manuel es que él, junto con su equipo, traigan a México la despenalización del aborto, la eutanasia, la libre experimentación con embriones humanos, la legalización del consumo de drogas, los derechos reproductivos, la agenda LGBT y la ley mordaza contra quienes se opongan a estos desórdenes. Entonces sí los males se multiplicarían porque México habría perdido su rumbo moral, la cultura de la muerte avanzaría implacable destruyendo familias, y el país estaría en manos del príncipe de este mundo.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Adviento y los ciclos de la vida

La vida en la tierra sigue el ritmo de los ciclos. En la naturaleza, la Tierra tiene períodos de calentamiento y de enfriamiento global que no tienen que ver con la mano del hombre. Las estaciones se repiten en ciclos de cuatro periodos, año tras año, que podemos distinguir muy bien en el estado de Chihuahua. El sol se levanta y se pone en ciclos de 24 horas. El cuerpo del hombre también se rige por ciclos como la respiración, la digestión y la circulación de la sangre. El hombre necesita tiempo de descanso y tiempo de trabajo. Estos lapsos de la naturaleza han marcado la vida humana, al grado que civilizaciones antiguas creyeron que la vida era un eterno retorno y que la humanidad era semejante a un corcho flotando a la deriva en un mar sin playas.

Los ciclos los vemos también en los gobiernos. Un partido político sube al poder y ahí se perpetúa. Se producen pactos y privilegios que generan corrupción y engaños, y el tiempo va desgastando al sistema de gobierno con el consecuente malestar social. En algunos lugares surgen revoluciones que demandan cambios radicales y piden sangre nueva que venga a dar esperanza a los pueblos. Aparecen líderes carismáticos que traen grandes aires de renovación nacional prometiendo honestidad y progreso. Pero una vez llegados al poder se repite el ciclo de corrupción, desgaste y hartazgo social. Hoy en México estamos en uno de esos cambios de época alentados por un partido que logró encender las esperanzas del pueblo. Tengamos por cierto que, después de unos años, el ciclo se repetirá.

Con frecuencia vemos ciclos, muchas veces destructivos, que se repiten en las familias. El abuelo resultó ser un golpeador de su esposa, lo que hizo que su hijo aprendiera a tratar así a las mujeres; ahora el nieto recién casado ya empieza a darle empujones y a levantarle la mano a su consorte. O bien el abuelo, el hijo, los tíos y los nietos todos resultaron ser alcohólicos. Pero no por maldiciones que existan entre las generaciones, como muchos creen, sino por patrones de conducta que se aprenden en la convivencia cotidiana. ¿Qué decir de muchos pecados que nos prometen la felicidad y que después de que los cometemos nos dejan un amargo sabor en el alma y, sin embargo, no podemos romper el círculo vicioso, y volvemos una y otra vez a ellos como los cerdos que regresan a comer su propio vómito?

Dios es el único que puede romper esos ciclos. El tiempo de Adviento está marcado por el Dios que irrumpe en la historia para revelarnos que la humanidad no es un barco a la deriva en el mar de un eterno retorno, sino que tiene un principio y un final. "Hágase La Luz, y La Luz se hizo", dice el relato de la Creación. Es Dios que irrumpe la nada monótona del caos inicial para poblar un universo de color, de maravillas y sorpresas. Por eso un día, viendo a su pueblo Israel vivir en el ciclo mortal de la corrupción y la idolatría, se manifestó en la historia prometiendo la llegada de un rey -Jesucristo- que implantaría la justicia y el derecho.

Estamos viendo señales espantosas en el sol, en la luna y las estrellas. El mal y la confusión se perciben en el ambiente social y familiar; el imperio de la pornografía extiende sus tentáculos a través de internet; las drogas son una puerta de escape que abren cada vez más personas; las rupturas familiares estremecen los hogares; las nuevas generaciones se muestran rebeldes a los padres y los escándalos sacerdotales han llenado a la Iglesia de amargura. Los astros se conmueven. ¿Hacia dónde va el mundo?, se preguntan con miedo muchos corazones.

El miedo y la confusión es para quienes Dios está ausente. Para los hijos de la Iglesia el mensaje de la venida del Señor es de esperanza: "Entonces vendrán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo". La irrupción de Dios en nuestra vida quiere hacer de nosotros una nueva creación, porque donde Dios interviene ahí hay novedad y sorpresas. Sólo con Dios en la vida podemos ser sacerdotes distintos, amas de casa distintas, políticos y funcionarios públicos distintos, médicos, abogados y obreros de maquiladora distintos, estudiantes y pensionados distintos.

Adviento nos invita a dejar a Jesús romper nuestros ciclos, desde la monotonía de una vida que no encuentra su sentido, hasta los ciclos de pecado, horror y muerte en que nos hayamos metido. Abramos el corazón a Jesús para hacerlo nuestro amigo y nuestro médico, y finalmente recibirlo, sin temor, como el juez de la propia vida y de la historia.

lunes, 26 de noviembre de 2018

El canto, la música y la voz de muchas aguas (homilía pro vida)

Nos preguntamos cómo tanta gente cree en la ideología de género. Algo tan absurdo y carente de lógica está presente en los medios, las universidades, la política, el espectáculo. Una ideología a la que le falta todo el sentido común se impone en una guerra cultural que amenaza a las familias.

Ante esa voz que se ha levantado insolente y amenazante, se contrapone la Palabra De Dios. El libro del Apocalipsis tiene dos imágenes muy sugestivas que nos sirven para descubrir la fuerza de la Palabra ante la locura de las ideologías: Oí entonces una voz que venía del cielo, semejante al estrépito de un torrente y al ruido de un fuerte trueno (Ap 14, 2). Con esta imagen del estruendo de las aguas Dios nos revela que ese ruido es capaz de imponerse a cualquier otra voz. Así como millones de gotas de agua, que chocan unas con otras desde diversos ángulos y a diversas velocidades, producen un elenco de frecuencias sonoras que recubren cualquier sonido, así también es la Palabra de Dios que domina sobre cualquier otra palabra.

A la voz del engaño abortista y de género que nos dice que el embrión es sólo un amasijo de células, o que el suicidio asistido se llama "muerte digna", o que cada uno de nosotros llevamos por dentro el sexo contrario, se contrapone la belleza y la profundidad de la Palabra de Dios que nos enseña la verdad de la creación del hombre y la mujer, la belleza de la ley divina del no matarás, del honrarás a tu padre y a tu madre, del amor a la familia, la santidad del matrimonio, del respeto y la veneración a los ancianos y del embrión conocido y amado por el amor de Dios en el vientre materno. Ante la belleza de la Revelación cristiana, sin duda la ideología de género, más temprano que tarde, caerá bajo el peso de su propia locura.

La otra imagen que utiliza el Apocalipsis es la de la música y el canto: Esa voz era como un concierto de arpas: los elegidos cantaban un canto nuevo delante del trono de Dios (Ap 14, 2-3). Un canto se compone de la palabra unida a la música. La Palabra De Dios es poderosa porque es Jesucristo que es la Verdad. La música es el símbolo de la inspiración, de tener un mismo espíritu, de compartir.

Quienes luchamos por proclamar el Evangelio de la Vida hemos de beber de la Palabra y hacerla música, compartirla juntos, hacer un solo canto, crear unidad, comunión, comunicación, apoyo, ayuda recíproca, celebración gozosa. Eso nos hará fuertes contra el engaño de la ideología. Hemos de seguir reuniéndonos para profundizar en nuestra fe y ser testigos, unos a otros, del triunfo de la vida sobre la muerte.

La ideología de género ha hecho su apuesta por la cultura de la muerte. Ellos apuestan a que no existe la naturaleza humana, ni la verdad, ni un Dios al que hay que servir y rendir cuentas, y que la vida se puede despreciar y manipular al propio antojo. Los cristianos que creemos en el Evangelio apostamos todo por Dios. Estamos dispuestos a perder la vida para ganarla toda en la eternidad. En este choque de apuestas por causas tan antagónicas estamos llamados a la radicalidad sin darnos por vencido.

Días antes de su muerte, Jesús de Nazaret, que iba a entregarse a su pasión y muerte en la Cruz dándolo todo, buscaba personas de entrega total. Sus ojos vieron a una viuda pobre que, en dos monedas que echó en la alcancía del templo, daba todo lo que tenía para vivir. Si queremos ser pueblo de la vida hemos de ser como esa viuda, que lo dan todo para que cada vez más personas conozcan el Evangelio de la vida, y cómo Jesús y su mensaje ilumina plenamente la existencia de todo hombre.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Gobierno con rostro humano

Mientras que se aproxima la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador como presidente de la república, los católicos este domingo celebramos la Solemnidad de Jesucristo Rey de Universo. Se trata de una gran fiesta que tiene sus orígenes hace muchos siglos, cuando el profeta Daniel tuvo una visión. Habló de una figura de hombre que recibía el trono y la dignidad de rey. Estaba anunciando a Jesucristo que vendría a establecer su reinado en la tierra, un reinado sereno con rostro humano y portador de paz.

Antes de hablar de esa figura de hombre, el profeta en su visión contempló a varios gobiernos, imperios y reyes que vendrían a gobernar la tierra. Pudo ver que esos reinados estaban representados, no por rostros humanos sino por fieras espantosas como un cruel león, el oso implacable, un leopardo dominante y una bestia de ferocidad indescriptible. Todos estos serían reinados deshumanizadores que contrastarían con la majestad, la serenidad y la hermosura del reinado del Hijo del hombre.

El próximo 1 de diciembre llegará el nuevo presidente al Palacio Nacional con todo el poder legislativo a su favor. El pueblo de México lo recibirá con la esperanza de encontrar en López Obrador un gobierno con rostro humano y no con la ferocidad de un tigre. Sin embargo hay signos preocupantes del nuevo gobierno que nos ponen en alerta, como son la despenalización del aborto, de las drogas y del horrendo crimen de la eutanasia. Un país donde crezca el número de fetos destrozados, de jóvenes drogadictos o de padres asesinados por sus hijos sería un país gobernado por una pantera rapaz y no por el espíritu humano de un gobernante sabio y prudente que busca amor y justicia para todos.

El poder puede convertir fácilmente a las personas en seres semejantes a las fieras. En América Latina han existido regímenes de izquierdas y de derechas que desaparecieron a muchas personas. Arbitrariedades del poder también en la Iglesia han ocurrido, en diversas épocas de la historia y aún en la nuestra, donde obispos y sacerdotes se han convertido en abusadores de personas a las que ellos debieron mostrar el dulce rostro del buen pastor. Cuando un servidor público -civil o eclesiástico- no tiene la presencia de Dios en su corazón, se puede transformar fácilmente en depredador de los demás. Nos preguntamos si la militarización de la policía anunciada por el próximo presidente dará al gobierno un rostro más humano o lo hará más semejante al oso y al leopardo.

David, el bendito rey de Israel, es un modelo para cualquier gobernante. Siendo monarca nunca se olvidó de ser súbdito de Dios; siendo pastor conservó la condición de oveja. La Iglesia Católica tiene en su santoral a modelos de reyes y jefes de Estado a los que nunca se les olvidó que su autoridad venía de Dios, y que su poder era para gobernar con rostro humano. San Esteban de Hungría, san Eduardo el Confesor, Margarita de Escocia, san Luis rey de Francia, Berta de Kent, Olaf de Noruega y, más recientemente, Giorgio La Pira y Carlos Abascal en México son ejemplos de servidores públicos que hallaron en Jesucristo el modelo para el servicio público.

En estas vísperas del 1 de diciembre oramos por Andrés Manuel López Obrador y su gabinete, para que nunca nos muestren la figura del león que destroza, sino que sean reflejo del rostro sereno de Aquel que no vino a ser servido sino a servir, y a dar su vida por todos.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Confesionario sin absolución: esparcir sal exorcizada

La pregunta: Padre, ¿cuál es el uso correcto de la sal bendita? ¿Por qué los jóvenes servidores en el evento del Rosario viviente la esparcieron en el piso alrededor de el estadio? ¿Cuál es la forma correcta de usarla? ¿Se toma o se esparce en el piso?

Padre Hayen: Horas antes del Rosario Viviente yo personalmente, junto con un grupo de jóvenes de una parroquia, nos dimos a la tarea de hacer una aspersión de sal exorcizada en todo el estadio olímpico Benito Juárez, suplicando a Dios que el evento estuviera libre de todo influjo del Maligno y que tuviera los efectos y gracias espirituales deseados por todos. El efecto fue maravilloso por los dos factores por los que funcionan los sacramentales: las disposiciones interiores para utilizarlos y la oración de la Iglesia sobre ellos hecha por un sacerdote. La sal y el agua no solamente pueden ser esparcidos sino también consumidos.

La sal y otros objetos religiosos, al recibir la oración de bendición del sacerdote se convierten en sacramentales. Estos son signos externos instituidos por la Iglesia que nos disponen a recibir la gracia de Dios. Esas gracias dependen de las disposiciones interiores que tenemos al utilizarlos y del poder de la oración de la Iglesia que respalda estos signos. Cuando la Iglesia bendice la sal, hace oración pidiendo que su uso obtenga la salud del cuerpo y del alma de los que la utilicen o consuman, y ahuyente y aleje de los lugares donde ésta sea esparcida todo influjo de demonios y espíritus infernales.

El uso correcto de los sacramentales, para no caer en la superstición y utilizarlos como amuletos u objetos mágicos, es utilizarlos con fe y oración. Hay que tomar conciencia de que simbolizan una realidad sagrada, y ello debe debe elevar nuestra mente hacia Dios para alabarle, darle gracias o hacerle una súplica.

Cuando se exorcizan la sal y el agua, la Iglesia suplica al Señor para que traiga la gracia divina, ahuyente los demonios, aleje las enfermedades, para que las casas y otros lugares de los fieles, al ser rociados con esa agua, queden limpios de toda inmundicia y libres de todo mal. Se pide que ningún espíritu inmundo permanezca en ese lugar, y que se frustren ahí las trampas del enemigo. Se suplica también que todo aquello que pueda amenazar la paz espiritual de los que ahí habitan, por la aspersión del agua huyan, y que sea contenido el terror de la serpiente infernal para que la presencia del Espíritu Santo visite ese lugar con su misericordia. Se trata de una oración de exorcismo sobre la sal que cualquier sacerdote puede hacer.

A quienes sufren de infestación demoniaca en sus hogares, principalmente por incurrir en prácticas esotéricas, recomiendo colocar pequeñas cruces en las esquinas de las habitaciones hechas con sal exorcizada, a manera de protección espiritual contra espíritus malignos, siempre invocando la protección del Señor.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Ocho signos de los predestinados al Cielo

Todos estamos llamados a llegar a la cima,
aunque no todos hacen el esfuerzo
Este domingo se abre un escenario maravilloso y terrible. La Palabra divina nos transporta hacia el fin del mundo con la segunda venida de Jesucristo. Antes de subir al Padre, el Señor dijo que regresaría como Redentor y Señor del mundo. Ello llena de sentido nuestra historia porque la humanidad no es un tren que viaja sin dirección, sino que tiene una última estación. El final de la aventura humana no será el regreso al caos, sino el encuentro con aquel que es el principio y el cumplimiento de todas las cosas.

La Iglesia nos invita a no tener miedo, sino una gran confianza porque nuestras vidas están en las manos del Señor. ¿Qué podemos hacer para salvarnos? Hemos de tener un regalo hermoso que para podernos salvar: el don de la perseverancia final. Esto quiere decir que es necesario persistir en el ejercicio del bien a pesar de la molestia que su prolongación ocasione. No es que no podamos pecar en nuestra vida; pecadores somos todos. Pecar es humano, pero perseverar en el pecado es diabólico. Sin embargo la perseverancia final no sólo es una virtud del hombre, sino un regalo de Dios que hemos de pedir con frecuencia, y esto es que nos encontremos en estado de gracia en el momento de la muerte.

Todos estamos predestinados para ir al Cielo, lo que significa que Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tim 2, 3-4), porque Jesús murió por todos. Sin embargo al cielo no todos llegan; solamente van los que libremente abren su alma a Jesucristo y perseveran en la vida nueva que él nos trajo. Salvarse, entonces, es el gran regalo de Dios y responsabilidad del hombre. Antonio Royo Marín nos dice cuáles son signos de que estamos en el camino de la predestinación al cielo. Si perseveramos en ellos, con la gracia de Dios, llegaremos a la  meta.

Primero: Vivir habitualmente en la gracia de Dios. Solamente el pecado puede arrebatarte la perseverancia final. Dice Pablo "El Espíritu da testimonio de que somos hijos De Dios, y si somos hijos, también herederos". En cambio, no hay ninguna otra señal más clara de condenación eterna como vivir habitualmente en pecado mortal, sin preocuparse ni poco, ni mucho, en salir de él.

Segundo: Tener espíritu de oración. Si oras habitualmente, Dios te dará el don de la perseverancia final. San Alfonso María Ligorio decía que "el que ora se salva ciertamente, y el que no ora, ciertamente se condena". Excepto los niños, todos Los Santos se salvaron porque oraron, y todos los condenados se condenaron por no haber orado. ¡Qué espantosa desesperación para un condenado es saber que la salvación era algo tan fácil si hubiera orado!, porque a quienes oran Dios les concede siempre sus gracias.

Tercero: Cultivar la verdadera humildad. Es la base de las demás virtudes. Santiago dice que "Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes" (St 4, 6). Jesús perdonó al instante a toda clase de pecadores, ladrones, adúlteros, pero rechazó el orgullo y la obstinación de los fariseos. ¡Cuántos que se creían superhombres y que no quisieron inclinarse ante Dios pagaron caro su orgullo, muriendo sin los sacramentos y con manifiestas señales de reprobación!

Cuarto: Paciencia cristiana ante la adversidad. El futuro condenado se desespera cuando le salen mal las cosas y se atreve echarle la culpa a Dios como el que lo descalabra. El paciente, en cambio, sabe reaccionar y acepta con paciencia las pruebas que Dios permite que vengan sobre él. Pablo dice que "seremos herederos De Dios y coherederos de Cristo padeciendo con él para ser glorificados con él" (Rom 8, 17).

El tren de la humanidad se dirige hacia la última estación
de la historia
Quinto: Ejercitarse en la caridad con el prójimo. "No apartes el rostro de ningún pobre, y Dios no lo apartará de ti... Con esto atesoras un depósito para el día de la necesidad, pues la limosna libra de la muerte y preserva de caer en las tinieblas" (Tob 4) Si esto se dice de las ayudas materiales, con mayor razón de las espirituales, como es convertir a un pecador o llevarlo al encuentro con Jesús. "Si alguno de ustedes se extravía de la verdad, sepa que quien convierte a un pecador salvará su alma de la muerte y cubrirá la muchedumbre de sus pecados" (Sgo 5, 19-20).

Sexto: Un amor sincero y entrañable a Jesucristo. Es una señal segura y eficaz de predestinación al cielo. "Todo el que mi Padre me da viene a mí, y al que viene a mí yo no lo echaré fuera" (Jn 6,37). Y de su presencia en la Eucaristía dijo: "El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna yo lo lo resucitaré en el último día" (Jn 6, 54).

Séptimo: La devoción a la Virgen María. El rezo frecuente de Rosario es señal de predestinación. Es moralmente imposible que la Virgen deje de atender en sus últimos momentos a aquel que durante largos años la invocó todos los días repitiendo cincuenta veces: "Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte".

Octavo: Un gran amor a la Iglesia. Es la dispensadora de la gracia y de la verdad. Los Santos se llenaban de inmenso gozo al pensar que eran hijos de la Iglesia, y sentían hacia ella todo el respeto y el amor de un hijo para con la mejor de las madres. La falta de respeto y de veneración a la Iglesia, como burlas y blasfemias, es una gran señal de reprobación.

Tratemos de ir reuniendo, en nuestra vidas, estas ocho señales de predestinación al cielo. Cuantas más tengas en el alma, más fuerza tendrás. Si las tienes todas puedes tener la esperanza firmísima de que perteneces al número de los predestinados a la gloria.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Confesionario sin absolución: soy casado y contacté a mi ex novia por Facebook

La pregunta: Padre, soy un hombre de 52 años y 26 años de casado con una linda mujer que me quiere mucho y yo a ella también. Hace más de medio año busqué yo por Facebook una novia que quise mucho hace 23 años, y resulta que la encontré. Ella se alegró mucho de que yo la encontrara y así me contó su vida. Ella está casada por la Iglesia y me platica que su actual marido fue también compañero y amigo cuando estudiábamos. Se sintió muy feliz de que yo la haya buscado. Me proporcionó su WhatsApp. Una noche, en pleno sueño, me puse a hablar de ella y mi esposa me despertó preocupada. Fui sincero y le platiqué lo ocurrido. Me di cuenta de que la lastimé en sus sentimientos. Mi duda es si continuar con esa relación de mensajes o si ya no le contesto nada. En estos días mi ex novia me ha llamado por el celular y por Messenger y no he contestado. Ayúdeme por favor padre a cerrar esta puerta que yo abrí. Gracias.

Padre Hayen: Te llamarán orate si decides continuar con esa relación de mensajes que te colocan en el tentadero. Hoy las redes sociales se han convertido en la pesadilla para muchos matrimonios. Son infinidad de parejas que entran en serios conflictos, y hasta separaciones incluso, porque uno de los dos entabló relación con una persona que era una tentación para él. Hay personas en la vida que no se debe de contactar jamás, como por ejemplo una ex novia, o personas con las que hubo contacto sexual en el pasado, o amistades provocativas. ¿Te invita a comer una compañera de trabajo para contarte sus penas? Ni te le arrimes. Recuerda que estás casado y, si abriste esa puerta por imprudencia, ahora ciérrala por prudencia. Puedes bloquearla en tus redes sociales o cambiar de celular. Piensa en todos los años que has invertido en este gran proyecto que es tu familia y tu matrimonio, como para ponerlo en riesgo. Lo mejor es huir de la tentación siempre. Lo que suele iniciar con un simple saludo y un cómo estás, puede terminar convirtiéndose en un incendio de abrasadoras pasiones adúlteras que se vuelven incontrolables. Ello podría arruinarte la vida, la de ella y la de ambas familias. Te aconsejo cambiar de número celular, y utilizar la opción `bloquear´ en tu Facebook para no volver a saber nada de tu ex novia. Ni la estopa entre tizones, ni la mujer entre varones.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Matar, drogar y amordazar

Todo gobierno tiene el deber de buscar el bien común, sobre todo de las personas más desprotegidas y vulnerables. Es un principio elemental de doctrina social, y es lo que da sentido al quehacer de la política. El Evangelio de este domingo nos muestra dos modos de hacer el bien, profundamente diversos entre sí. Encontramos a los ricos que arrojan muchas monedas en las alcancías del templo para hacerse notar y agradar a los hombres. Hallamos también a la viuda pobre que sólo da, en dos moneditas, todo lo que tenía para vivir. Así agradaba a Dios. El primer estilo es elogiado por Jesús, mientras que el otro es condenado. Es un argumento de máxima importancia porque, al final de la vida, los hombres y los gobiernos serán juzgados por las obras buenas que hayan realizado.

Los hombres y mujeres de la política no sólo tienen el deber de hacer el bien, sino de evitar los males para la sociedad. El gobierno federal electo, hoy está proponiendo cuatro iniciativas que dañarán severamente al país, y que ponen en peligro la vida y el futuro de las personas más vulnerables y frágiles de México. Con la modificación del Código Penal Nacional se pretende la despenalización del aborto en todo el territorio nacional, es decir, se quiere conceder la libertad a los padres para que puedan matar a sus hijos. Además se pretende legalizar la eutanasia, permitiendo que los hijos puedan asesinar a sus padres en la última etapa de la vida.

También está sobre la mesa la despenalización de la mariguana para uso con fines recreativos, lo que atenta contra la salud y el porvenir de los jóvenes mexicanos y contra la estabilidad y la paz en las familias. Por último se quiere imponer una extraña ley mordaza, que pretende encarcelar a cualquier persona que hable en contra de la ideología de género. Si una lesbiana o un gay, por ejemplo, piden ayuda a un psicólogo o a sus mismos padres de familia para sanar su homosexualidad, nadie podría aconsejarles la reversión de su orientación sexual o la vivencia de la castidad, ya que estaría atentando contra el desarrollo de su personalidad.

Estamos ante una situación cada vez más compleja para los católicos. Los temas de aborto, eutanasia, drogas libres y ley mordaza no fueron promesas de campaña, por lo que introducirlos ahora en la agenda política constituye una traición al pueblo mexicano. Muchos cristianos, motivados por presiones sociales, o seducidos por el espíritu del mundo, olvidan que la defensa de la vida y la familia son, para los católicos, principios no negociables; están confundidos, no se atreven a levantar la voz ante el declive moral y social, y acaban adoptando criterios opuestos al Evangelio.

La viuda pobre nos enseña que para que un acto sea bueno, ya se trate de un acto personal o de gobierno, debe tener la aprobación de Dios. La agenda de la cultura de la muerte, que hoy está siendo introducida en México, es contraria al plan divino. Dios no quiere que perezcamos en la violencia o sumidos en los vicios, sino que tengamos vida abundante; por ello la agenda de la muerte no puede tener el beneplácito de Dios. No busquemos las glorias mundanas como hacían los fariseos, y conduzcamos nuestra vida dispuestos a luchar contracorriente buscando sólo el bien del hombre, que es la gloria de Dios. México no necesita más muertes sino respeto a la vida humana, a la familia y un digno porvenir para los jóvenes.