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miércoles, 7 de febrero de 2018

Hollywood y las mujeres acosadas

En los últimos meses la prensa ha dado amplia cobertura a los escándalos de acoso sexual en Hollywood. En septiembre pasado aparecieron las primeras acusaciones al productor de cine Harvey Weinstein. Al final del año, la revista Time nombró como personaje del año a todos los “Silence Breakers”, es decir, a las personas que se atrevieron a romper el silencio acusando de acoso o abuso sexual a grandes peces de la industria cinematográfica.

Muchas acusaciones están hechas por mujeres que dicen que fueron acosadas sexualmente, no en las habitaciones de los hoteles, sino durante los rodajes de las películas y en actividades relacionadas con el trabajo. Un gran número de casos son de muchos años atrás. Sin embargo, cualquier mujer que sea aspirante a actriz en Hollywood, y también las viejas actrices, sabe que trabajar en el mundo del espectáculo implica quitarse la ropa ante a las cámaras y hacer escenas de desnudos. ¿Para qué se hacen las víctimas y acusan de abuso a quienes ellas mismas provocan?

Los hombres no se encueran tan fácilmente. Entre las cien películas más taquilleras del 2014, las mujeres hicieron tres veces más desnudos que los hombres. Ahora bien, nadie que vaya a clases de actuación en Hollywood o en Los Ángeles se sorprende al encontrar la materia “escenas de sexo” en el plan de estudios. Actores y actrices deben aprender el arte de la intimidad con las cámaras. No se lamenten, pues, estas actrices de que, de repente, alguien les ponga la mano encima o las invite a pasar a su apartamento, cuando todos trabajan en un ambiente hipersexualizado.

El motivo de escándalo de Hollywood no es, a mi juicio, el que haya productores y directores lascivos, o actores y actrices livianas. Eso, por supuesto, es inmoral y no debe ser así. La industria del entretenimiento no tiene por qué estar inmersa en una atmósfera de acosos. Lo verdaderamente escandaloso es el material cinematográfico que brota de este ambiente hollywoodesco y que el público consume. Este es el acoso que hace la industria del entretenimiento a quienes van al cine. Jesús de Nazaret lo denunciaba: “De lo que está lleno el corazón habla la boca”.

Un simple botón de muestra: en tiempos en que Hollywood está envuelto en escándalos sexuales, hoy está en cartelera “Llámame por tu nombre” (Call me by your name), que cuenta la relación homosexual entre un adulto y un menor de edad. Es el adolescente quien busca al adulto, para no hacer ver a éste como un depredador. Es una película que promueve la pederastia, mientras que diversas voces progresistas la catalogan como “la más romántica del año”, “la favorita a los Óscar” o “un triunfo erótico, aguda emocionalmente y abrumadoramente sensual”. Parece increíble que lo que Hollywood critica en la vida real, lo glorifique en la pantalla grande.

Grave es toda esta basura del cine que contamina a al mundo. Sin embargo hay otro motivo por el que la prensa hoy magnifica las acusaciones de las actrices a los hombres de esa industria. Es la misma razón por la que se acusa a políticos varones de Washington, a diputados en México, a médicos y entrenadores deportivos en Brasil, a dirigentes de empresas, maestros, novios y padres de familia en todas partes del mundo occidental. Es la guerra sucia de sexos que impulsa el feminismo radical y la izquierda, que presenta al hombre como un depredador y un maniático, un abusador del poder y un explotador de la mujer. 

Según las feministas es ella, la mujer, la víctima de la sociedad hetero-patriarcal, la que no necesita al hombre, la que puede ser víctima de un feminicidio, la que debe empoderarse. Pero mientras este feminismo lésbico siga activo, se seguirán amargando las relaciones entre hombres y mujeres. Y también seguirá convirtiéndolas a ellas, como hasta hoy lo ha hecho, en personas más infelices que nunca.