jueves, 21 de diciembre de 2017

Confesionario sin absolución: tengo dudas sobre si es útil orar

La pregunta: Buenos días padre, soy una estudiante de la universidad y desde hace algún tiempo me he sentido distanciada de Dios. Me ha surgido una duda respecto a hacer oración: ¿realmente es de utilidad orar? No quisiera caer en una visión deísta de su existencia, es decir, creer que sí existe Dios pero como alguien que no interviene en la vida de sus criaturas. ¿De qué sirve orar si de igual manera las cosas suceden? Bien sé que algunas cosas deben de pasar para nuestro propio bien, pero entonces ¿qué diferencia hace orar? Espero que se encuentre bien, y no me mal entienda, soy creyente y quiero seguirlo siendo, sólo quisiera saber su opinión al respecto. Saludos.

Padre Hayen: gracias por compartir tus dudas sobre la oración. Para entender la oración, primero hay que decir es que si aquel a quien llamamos Dios es verdaderamente Dios, entonces todo lo conoce -pasado, presente y futuro- en la vida de todos los seres. Igualmente es creador, todopoderoso, presente en todas las cosas, infinito y eterno. Por tanto, Dios sabe quién se va a salvar y quién se va condenar, y además sabe qué es lo que necesitamos.

Sin embargo, Él nos hizo libres para que nosotros tomemos la decisión de vivir con él o ser indiferentes con él o, de plano, vivir contra él. Aunque Dios conoce perfectamente lo que va a suceder, lo que ha sucedido y lo que sucederá, todo ello no ha sido programado por Dios, como en automático. Dios hizo seres libres y por ello quiso que fuéramos nosotros quienes tomemos las decisiones del rumbo que le damos a nuestra barca de la vida y a nuestra sociedad.

Los cristianos no creemos en un Dios que creó el mundo y que luego se marchó para desentenderse de sus criaturas. Ese es el dios en el que creen los masones. Ellos son deístas. ¡Nosotros no! Al contrario, creemos en un Dios personal que constantemente está interviniendo en el mundo y en la historia para invitar a los hombres a vivir en comunión de amor con Él, para ayudarnos en nuestra travesía por el océano de la vida y, finalmente, gozar en amor con Él por toda la eternidad.

Es aquí donde tenemos la necesidad de orar. Buscar a Dios en la oración es invocar su intervención en nuestros asuntos y en la marcha del mundo. Por la oración lo anhelamos, lo descubrimos vivo, alguien que se nos va revelando y nos va mostrando cómo podemos vivir haciendo su voluntad. Así, aunque Dios ya sepa lo que necesitamos, el que nos acerquemos a Él para que se lo pidamos es algo que nos beneficia a nosotros, y por eso el Señor quiere que se lo pidamos. El que se niega a orar alegando que Dios tiene conocimiento infinito, se queda al margen del amor divino, no llega a conocer su voluntad, no descubre la misión que Dios le pide y, de esa manera, se aleja de la salvación.

¿Que si es útil orar? Para alguien que cree que la única realidad es la materia, orar es una pérdida de tiempo. Pero para aquellos que buscan una sabiduría superior, para quienes se empeñan en combatir sus tentaciones y males interiores, para quienes pasan por pruebas difíciles y quieren fortaleza y consuelo, para aquellos que buscan alegrías profundas y duraderas, para ellos orar no sólo es útil, sino imprescindible.

Si te sientes distanciado de Dios, sigue el consejo de san Alfonso María de Ligorio: “El Dios de ustedes está siempre cerca de ustedes, y aun dentro de ustedes: en él tenemos vida, movimiento y ser (Hch 17, 28). A Dios le gusta que traten familiarmente con él. Trata con él tus asuntos, tus proyectos, tus trabajos, tus temores y todo lo que te interese. Hazlo sobre todo con confianza y el corazón abierto, porque Dios no acostumbra hablar al alma que no le habla; si ésta no se acostumbra a conversar con él, comprenderá muy poco su lenguaje cuando le hable”.

(Para preguntas en 'Confesionario sin absolución' puedes escribir, de manera breve, en un mensaje privado a la cuenta de Facebook/Messenger : Eduardo Hayen Cuarón; o en Twitter: @padrehayen)